*******

Capítulo 1

*******

Los personajes de Weiss Kreuz  pertenecen a sus respectivos creadores.

Advertencia:  Yaoi.  Leve referencia a muerte.

*******

Aya traspasó el último cuerpo en el interior del  laboratorio. Pronto el lugar estaría en llamas gracias a los explosivos que el  resto de su equipo había colocado en el edificio. Sólo faltaba el cuarto de  experimentación y podrían regresar a casa. Giró la perilla de la puerta con  suavidad, el cuarto estaba completamente a obscuras y una especie de olor como a  medicamentos y alcohol etílico permeaban el ambiente.

Con su mano  enguantada tanteó la pared hasta hallar el interruptor y se preparó para  cualquier sopresa... excepto la de encontrar al telépata de Schwartz atado a una  camilla. Con su katana en posición de ataque se acercó, al poco tiempo su pose  se suavizó.

Schuldig estaba inconsciente, sin más ropas que una bata de  hospital y por los moretones que podían verse en los brazos y parte de los  muslos, había sido inyectado varias veces. Seguramente habían estado  experimentando con el telépata. Dudó por unos instantes más antes de acercar su  mano al comunicador.

"Omi... tenemos una víctima. Dame diez minutos  adicionales y luego activa los explosivos." Sin esperar respuesta cortó los  amarres de la cama y se quitó la chaqueta de cuero, envolviéndo en ella la  frágil figura y saliendo precipitadamente del laboratorio.

Cinco minutos  más tarde una potente explosión quebró el silencio nocturno mientras Aya  colocaba su carga en el asiento trasero de su auto, Yohji subía al asiento  delantero y Ken y Omi se alejaban en la Ducati del jugador de  fútbol.

*******

Schuldig despertó con un horrendo dolor de cabeza.  Le dolía todo el cuerpo y lo peor era que las voces y pensamientos de varios  centenares de personas a la redonda se filtraban a su cabeza. Cerró los ojos con  fuerza mientras se esforzaba por reconstruir sus barreras naturales.

Al  cabo de varios minutos se percató de que alguien trataba de hacerlo sentir mejor  abrazándolo y acariciando sus cabellos. Algo frío y húmedo se posó en su frente  y suspiró complacido al sentir la reconfortante frescura. Aquello sólo  significaba una cosa. Ya no se encontraba en aquel laboratorio infernal donde  días atrás había sido sorprendido por ex- miembros de Estet. Un suave suspiró  escapó de sus labios mientras trataba de acercarse más a la fuente de calor y  suavidad que le era ofrecida.

Cuando finalmente logró tener una semblanza  de lo que eran sus barreras mentales naturales, se aventuró a echar un vistazo a  su alrededor. El lugar no era demasiado elegante, pero estaba en perfecto orden  y limpio. Aquellos brazos continuaban sujetándolo sin agotarse y Schuldig pensó  que sería buena idea ver a quién pertenecían. Trató de voltearse pero el abrazo  se volvió más fuerte, impidiéndole moverse.

"Descansa." Fue la única  palabra que escuchó, susurrada muy cerca de su oído en un tono suave y  conciliador. Cerró los ojos nuevamente y se relajó en los brazos que lo  sujetaban. Aquella debía ser la persona que lo había sacado del laboratorio y si  a esas alturas no le había hecho daño entonces se encontraba relativamente  seguro. Además, sólo le hacía falta descansar un poco y en el momento en que  pudiera controlar sus poderes nuevamente los papeles cambiarían.

Volvió a  sentir las suaves caricias en su cabello y en su frente, instándolo  irremediablemente a un estado de relajación más profunda y sucesivamente al  sueño.

*******

"Aya-kun..."

"Iee."

"Por  favor."

"Iee."

"¡No es justo! Sólo quiero verlo una vez Aya-kun,  por favor."

"Bien. Pero no lo despiertes."

Aya abrió la puerta de  su habitación y Omi se escurrió con rapidez al interior. La figura estaba  vestida con una de las batas de Yohji, que era la ropa más cercana a su talla.  La seda negra contrastaba nítidamente contra la blanca piel y las mangas largas  ocultaban los obscuros moretones que adornaban sus brazos en ese momento. Omi se  acercó en silencio hasta la cama y se sentó en el borde al lado de la cabecera  del mueble.

"Se ve tan sereno." Murmuró y Aya asintió a su vez,  sentándose al lado contrario. "¿Qué piensas que estarían haciendo con él en el  laboratorio?" Dijo al tiempo que quitaba unos mechones anaranjados del élfico  rostro para observarlo mejor.

Aya se encogió de hombros, no tenía la  menor idea de lo que habían estado tratando de hacer con el telépata alemán en  aquel laboratorio pero de algo sí estaba seguro. Lo habían torturado lo  suficiente, la noche anterior se la había pasado gimiendo y murmurando frases  incoherentes o en otro idioma y por la forma en que se sujetaba la cabeza debía  ser un problema con su telepatía.

"No tengo idea, chibi. Pero ya no  importa." Aya sonrió tímidamente. "Lo que importa es que está aquí." Omi le  devolvió la sonrisa pero en proporciones épicas.

"Hai." Se inclinó con  cuidado sobre Schuldig y le rozó la sien con los labios en un casto beso. "Iré a  preparar una sopa para cuando despierte." Aya asintió y el joven salió de su  cuarto, él también se puso en pie y observó a Schuldig quien todavía dormía  profundamente, calculando que tendría dos o tres horas más antes de que  despertara salió de la habitación.

*******

Eran aproximadamente  las once de la noche cuando Schuldig despertó. En toda la habitación la única  luz que se podía ver eran los números rojos del reloj. Se estiró levemente y  sintió dolor de inmediato. Se quedó muy quieto sobre la cama, tratando de  descubrir dónde se encontraba y quiénes lo habían sacado del laboratorio. Su  telepatía aún estaba algo descontrolada, pero sus barreras estaban más sólidas.  Era como un domo de silencio donde no había estado hacía mucho tiempo, su propia  mente. No era lo más interesante del mundo, estaba acostumbrado al constante  murmullo de los pensamientos ajenos y a estar en el interior de más de una mente  a la vez. Pero en esos momentos el silencio era bienvenido, aunque eso  significaba que necesitaría usar la forma tradicional para saber dónde se  encontraba.

A pesar del dolor se levantó de la cama, no estaba tan  maltrecho como para quedar inútil pero le costó, cada paso agravaba una parte de  su cuerpo que había sido brutalmente maltratada. Llegó a tientas a la puerta,  guiado por la luz que pasaba bajo ella y con mucho cuidado giró la cerradura.  Estaba a punto de abrir cuando escuchó voces y se detuvo. Desde el otro lado  podían escucharse las voces un tanto apagadas de dos personas.

Schuldig  se estremeció, reconocía las voces, eran Abisinio y Bombay. Estaba en la guarida  de los Cazadores Blancos... totalmente indefenso y encerrado en una habitación.  Sus ojos buscaron en la obscuridad. Pudo distinguir las ventanas, los cristales  estaban abajo pero por ellos se filtraba la luz de la ciudad. Se acercó y trató  de subir el cristal, sellado, seguramente una precaución. Reclinó la cabeza  sobre la fría superficie, tendría que encontrar algo para  defenderse.

Nuevamente sus ojos voltearon la habitación hasta que cayeron  en un objeto conocido. Se acercó con paso lento y tomó la empuñadura de la  katana de Abisinio. Estaba enfundada en su vaina. Lentamente la sacó hasta dejar  parte del filo al descubierto. La poca luz de la habitación se reflejó  fantasmagórica sobre el metal.

Abisinio no podía ser tan descuidado como  para dejar su arma a la vista en su habitación mientras uno de sus mortales  enemigos estaba allí, sin restringir y con el potencial de utilizarla. Un  movimiento extra al otro lado de la puerta lo hizo voltear y con rapidez se  metió bajos las cobijas, colocando la katana justo al lado de su pierna. Escuchó  la puerta entreabrirse y varios susurros. Cerró los ojos justo cuando la luz se  encendía.

Omi entró a la habitación cargando una bandeja con un tazón de  sopa caliente, tras él entró Aya.

"Aún está dormido." Comentó el joven  con decepción.

"Déjala sobre la mesa. Si despierta podrá  comerla."

"Hai." Omi salió de la habitación y cerró la puerta. Aya  comenzó a desvestirse para ponerse la pijama. Con cuidado se deslizó bajo las  cobijas y estaba a punto de voltearse para apagar la luz de la lámpara cuando  sintió el metal contra su cuello. "No te muevas." Le susurró Schuldig al oído.  Aya se dejó caer con lentitud sobre la almohada hasta quedar viendo al alemán,  con una mano sujetaba la katana contra su cuello mientras se apoyaba en el codo.  "Tú me ayudarás a salir de aquí gatito." Le volvió a susurrar entrecerrando los  ojos. "Vamos." Aya lo siguió por el mismo lado de la cama sin dejar de mirarlo a  los ojos.

Caminaron en sincronía hasta la puerta, Aya caminando de  espaldas y Schuldig de frente amenazándolo con la katana.

"Los demás  deben estar despiertos aún." Murmuró Aya.

"Entonces bajaremos por la  ventana."

"Están selladas. Además, no sería práctico escapar en ropa de  dormir." Schuldig frunció el ceño con disgusto, el pelirojo tenía razón,  adicional a eso, no se sentía tan bien como aparentaba. Aparentemente las  pruebas que le habían realizado en el laboratorio tenían efectos secundarios  adversos. Trató de pensar en otra solución pero su cerebro no parecía querer  cooperar. Cerró los ojos unos instantes y dejó escapar un suspiro cansado. Se  pasó la mano por los cabellos en un intento por esclarecer sus  pensamientos.

Aya lo observó unos instantes y con sumo cuidado se le  acercó. El telépata parecía estar en algún trance, por lo que aprovechó para  tomarlo por la muñeca que sujetaba la katana. Schuldig se sobresaltó y gimió  levemente. Ambas muñecas portaban negras marcas donde había estado sujeto a la  camilla en el laboratorio, el esfuerzo por soltarse durante los experimentos lo  había lastimado. Soltó la katana de inmediato y trató de retroceder pero Aya no  se lo permitió. Con destreza lo volteó y en poco segundos lo tenía sujeto por el  torso, los brazos contra el cuerpo. Schuldig se retorció por un rato hasta que  terminó exhausto y jadeando, todo su cuerpo dolorido por el  esfuerzo.

"Quédate quieto. No quiero lastimarte más." Le dijo quietamente  al pelirojo.

"Déjame ir."

"Iie. Estás muy débil aún."

"¿Por  qué habría de importarte si lo estoy o no?" Se retorció un poco más y al  comprobar que no tenía fuerza suficiente para escapar emitió un gruñido  frustrado.

"¿Por qué no descansas un poco más?" El alemán emitió un  sonido sospechosamente sarcástico en respuesta. "Omi preparó algo de sopa, aún  debe estar caliente."

"Me asombra tanta amabilidad." Aya suavizó  levemente el abrazo y reclinó su cabeza sobre el hombro del  telépata.

"Necesitas comer algo si deseas tener fuerzas para escapar."  Schuldig se quedó quieto, sin saber cómo responder al repentino cambio de  actitud. Si pudiera usar su telepatía sabría lo que sucedía en el interior de la  mente de Absinio, pero aún no podía controlarla completamente. Trató de safarse  nuevamente y Aya lo dejó ir. Se masajeó los brazos al descuido, el joven lo  estaba mirando fijamente, por lo que desvió la vista y dio con el tazón de  sopa.. Se acercó titubeante y tomó la cuchara, haciendo gran esfuerzo porque no  temblara antes de llevársela a la boca. Estaba caliente aún, el chico debía  haberla hecho hacía poco. Sintió al joven moverse. En su mano llevaba la katana  pero no en su dirección. Lo vio enfundarla nuevamente y dejarla en el lugar  donde él la había encontrado.

Schuldig acercó la silla a la mesa y se  sentó frente al tazón sin darle la espalda al joven asesino. Aya sólo se acercó  a la cama y se sentó a la cabecera a esperar pacientemente que Schuldig  terminara. Cuando había terminado la mitad del tazón ya no pudo seguir comiendo,  un leve malestar comenzaba a formarse en su estómago. Miró por otro rato el  tazón y decidió que no sería buena idea continuar comiendo. Se levantó de la  silla y de inmediato sintió náuseas. Por un momento trató de contenerse y le  pareció que no llegaría a tiempo al baño.

"¿Schuldig?" En un segundo el  pelirojo estuvo a su lado sosteniéndolo. Lo ayudó a llegar hasta la cama y  comenzó a pasarle la mano por la espalda y a quitarle los cabellos de la frente.  Al cabo de un rato las náuseas habían pasado y se hallaba cómodamente acurrucado  sobre el pecho de uno de sus enemigos. Se preguntó si todo lo que le estaba  sucediendo era un sueño o ya la tortura lo había llevado a la locura. Sin  embargo, el calor, el cuidado del que era objeto y la protección que Abisinio le  estaba brindando podían más que cualquier razonamiento lógico en esos momentos.  Lentamente se sumió en un profundo sueño.

*******

El despertar al  día siguiente fue mucho más agradable que el día anterior, el cuerpo le dolía  menos y podía sentir sus barreras mentales mucho más fuertes y con ellas su  telepatía en control. Estaba solo y al observar el reloj se sorprendió de que  fuera pasado el mediodía, casi el atardecer. Tenía que tratar de comunciarse con  Crawford y decirle dónde estaba.

Bajó las barreras mentales y un torrente  de pensamientos invadió su cabeza. Trató de filtrarlos pero le era muy dificil  aún, por lo que al cabo de un rato desistió y puso las barreras en su  lugar.

Se levantó, decidido a echarle un vistazo al lugar. Se asomó al  pasillo fuera de la puerta y no vio a nadie, aunque le pareció escuchar voces  provenientes del comedor. Bajó las escaleras con sumo cuidado hasta llegar a la  puerta del comedor. Desde lejos comenzó a observar a los que estaban sentados a  la mesa. Balinés simplemente mordisqueaba un emparedado. El joven Bombay comía  alegremente mientras que Abisinio bebía tranquilamente con su cena ya  terminada.

Trató de fijarse en dónde estaba Siberiano pero no alcanzaba a  verlo por ninguna parte, cosa que lo preocupó. Quizás el más torpe de los  mininos estaba fuera o quizás estaba en otra parte de la casa. Se volteó para  retroceder y se detuvo al instante. Una mujer, de rizados cabellos rojos y  mirada amenazante le apuntaba con un arma.

"Mastermind." Dijo con  claridad. El grupo que cenaba en el comedor se fijó de inmediato en las dos  figuras cerca de la puerta. "Cazadores Blancos, ¿qué significa esto?" Los tres  ocupantes del comedor se habían puesto en pie, las posiciones tensas. "¿Cuándo  pensaban informar de la presencia de un Scwharz?" La mujer miró a Omi de forma  admonitoria.

El pelirojo retrocedió levemente pero la mujer lo detuvo con  el sonido del martillo del arma al posicionarse sobre el barril. "Ni lo  intentes." Los hombres se habían movido más cerca de Schuldig, especialmente  Abisinio.

"Manx, baja el arma." Le dijo con voz fría el líder de los  Cazadores Blancos interponiéndose entre ambos.

"Abisinio, será mejor que  no te interpongas." Manx se había acercado unos pasos a los dos hombres cuando  un repentino golpe en el brazo la hizo tirar el arma. Al voltearse se encontró  con Siberiano, que la sujetó de inmediato.

"¡Ken! Suéltame." Gruñó la  mujer desconcertada.

"Iie."

"¿Qué les sucede a todos?" Exclamó la  peliroja con furia. "¿Por qué hacen esto?" Ninguno le respondió, en cambio, a  una órden de Aya, Ken llevó a Manx al sótano, donde la ató y la dejó, gruñendo  su furia.

"¿Qué vamos a hacer ahora Aya?" Preguntó  Omi

*******

Dudas, preguntas, comentarios, flamas, todo es  bienvenido.
Capítulo 2 en proceso
Regresar al índice de historias
Regresar a la página principal
Hosted by www.Geocities.ws

1