| Erase una vez, en un lugar muy apartado, una granja. De esas que son enormes y est�n casi ocultas entre el paisaje. En un peque�o letrero de madera le�a: "Granja de Unicornios". Los establos, muy limpios, estaban llenos de unicornios. Los hab�a de todos los colores, blancos, negros, rubios, pintos, alazanes, morenos, en fin, de todos los colores que pudieran existir. Pero los unicornios de esa granja no ten�an magia, nadie sab�a el por qu�, ni tan siquiera el mismo granjero. El dec�a que les hab�a quitado la magia y la hab�a embotellado para impedir que escaparan. El precio que le hab�a puesto a la botella era tan alto que nadie hab�a logrado pagarlo, ni el m�s rico de los reyes de la tierra. As� el granjero ocultaba el hecho de que sus unicornios no ten�an magia, a�n as�, los animales se vend�an muy bien. El granjero no era un hombre malo, al contrario, trataba de que los unicornios estuvieran muy c�modos. En verano hac�a colocar grandes abanicos movidos manualmente y los llevaba a refrescarse a un cristalino estanque que ten�a en su propiedad. En invierno hacia funcionar unos enormes hornos que trabajaban d�a y noche para mantenerlos calentitos. Gracias a la venta ocasional de alguno de los animales, ganaba suficiente para todos esos lujos y personal de mantenimiento durante todo un a�o. Parte de la tierra del granjero estaba sembrada con los mejores pastos de forraje, y la mejor avena y cebada. Tambi�n pose�a excelente vi�edos de donde sacaba vino para remojar las patas de los animales cuando se fatigaban. Cada unicornio ten�a su propio establo, con paja limpia todos los d�as, una fina manta para abrigarlo y sus aparejos d elujo a la medida para evitar cualquier incomodidad. Todas las ganancias del granjero eran para sus unicornios, s�lo guardaba una peque�a parte, suiciente para vivir c�moda, pero humildemente, pues dec�a que las riquezas echaban a perder los corazones. El granjero ten�a un hijo, fuerte por dem�s, que era su orgullo y felicidad. Ese hijo se encargaba de escoger la comida y el agua de los unicornios, decid�a cu�ndo era tiempo de ba�arlos y cuales necesitaban atenci�n especial. Era el encargado de domarlos y velaba toda la noche cuando alguno estaba enfermo o era tiempo para alguna de dar a luz. Tambi�n decid�a si el unicornio se vend�a o no a la persona que deseaba comprarlo, casi siempre reyes. Su padre lo amaba mucho pues era un muchacho noble de coraz�n, tanta era su bondad con los unicornios que cuando trataba con alguno parec�a que ten�a una conversaci�n con el animal. Era un ecelente jinete y parec�a volar en el viento cuando cabalgaba en alguno de los unicornios. Era el alma de la granja y su madre le adoraba pues de ella hab�a heredado aquellos negros cabellos como el �bano. Cierto d�a, mientras ejercitaba algunos unicornios por las tierras de su pare, desapareci� sin dejar rastro. Tan s�lo regresaron los unicornios desbocados. Lo buscaron por toda la granja pero no apareci�. El granjero se sumi� en una honda pena, enerm� tanto que, de no ser por los cuidados de su esposa hubiera dejado el mundo en poco tiempo. Al recuperarse un poco decidi� revisar a su s mimados unicornios y descubri� que estos hab�an desmejorado mucho a pesar de las atenciones que los cuidadores les proporcionaban. Y era que los unicornios extra�aban al hijo del granjero. Los cuidadores estaban desesperados, pero hab�an sido sabiamente escogidos por el hijo del granjero, pues ninguno hab�a osado maltratar alg�n unicornio. Con todo, los animales segu�an empeorando, era un cuadro desolador, el granjero lloraba y lloraban los cuidadores, lloraba la esposa del granjero y lloraban los unicornios. Parec�a que los unicornios no sobrevivir�an un d�a m�s cuando los cuidadores le avisaron al granjero que hab�a aparecido un nuevo unicornio, uno salvaje. Doscientos unicornios, todos en sus corrales y segu�a sobrando uno. El nuevo unicornio corr�a de un lado a otro en el pasillo del establo. Y mientras tanto, los dem�s unicornios comenzaban a mejorar, los que agonizaban se repon�an. Era algo asombroso para el granjero y orden� que ninguno tratara de atrapar al unicornio salvaje, que lo dejaran ir por donde quisiera. Entonces todo volvi� a ser casi como antes. Ya hab�a pasado un a�o desde la aparici�n del nuevo unicornio, cuando lleg� a la granja una comitiva procedente de un lejano reino en busca de un unicornio muy especial, para el cumplea�os de la hija del rey. El granjeo les dijo que el rey y la princesa deb�an venir en persona pues quer�a asegurarse de que el unicornio tuviera un buen trato y un buen hogar. As�, al tiempo, regres� la comitiva y con ella el rey y la princesa en persona. El rey ya estaba entrado en edad pero su porte esbelto y regio impon�a respeto, la princesa era un ser angelical, con delicado talle, como una florecilla de primavera. Pero el granjero no pod�a discernir si eran gente buena o no, tan s�lo su hijo sab�a c�mo hacer eso, y segu�a indeciso. Cuando la princesa casi terminaba de recorrer el largo pasillo, alcanz� a ver el unicornio. Qued� fascinada con el animal que pose�a rizadas crines blancas, y le dijo al granjero que aquel era el que iba a comprar. El granjero palideci�, aquel era un unicornio salvaje, el que manten�a alegres a todos los dem�s unicornios. Pero la princesa estaba antojada y antes que nadie le dijera nada, fue tras el animal. Este se qued� quieto cuando la princesa se le acerc� y ella, que era buena jinete, se encaram� en el unicornio con todo y corona. Para sorpresa del rey y en especial del granjero, el unicornio se comport� mansamente al sentir el suave peso de la princesa, ella le amarr� una de sus cintas para dirigirlo y as� dio un largo paseo. Cuando al fin baj� del lomo del animal, trenz� la cinta en la slargas y espesas crines, y continu� acariciando el hocico del unicornio. El rey quer�a comprarlo de inmediato, aunque tuviera que quedarse en la pobreza, pero el granjero no ced�a, y le dec�a que sin ese unicornio todos los dem�s animales morir�an de tristeza. Encontes la princesa le dijo a su padre que no ser�a necesrio comprarlo, si el granjero le permit�a venir y montar el animal de vez en cuando. El granjero accedi� complacido, dici�ndole que pod�a venir cuantas veces lo deseara. Y as� la princesa ven�a seguido a montar el unicornio, hasta que un d�a, no regres� de uno de los paseos. El rey y el granjero buscaron por toda la granja pero no dieron con la princesa y el rey se sumi� en una gran tristeza. Al poco tiempo apareci� un nuevo unicornio en la granja y as� se lo hicieron saber los cuidadores al granjero. Este di� las mismas �rdenes que hab�a dado para el otro unicornio, ten�a una sosprecha que le alegraba y le entristec�a a la vez. La pareja de unicornios recor�a los corrales y los dem�s unicornios se manten�an felicies. As� transcurri� bastante tiempo, hasta que un d�a, a la entrada de la casa del granjero apareci� un ni�o, hermoso por dem�s, no hab�a notas ni rastro de qui�n pudiera haber dejado al peque�o. El granjero y su esposa lo acogieron y lo educaron vi�ndole crecer sano y fuerte con los unicornios de la granja. El granjero ve�a en el ni�o las mismas cualidades de su hijo, pero con cierto porte real y sus negr�simos cabellos hac�an que el coraz�n le latiera con fuerza dentro del pecho cuando el peque�o montaba alguno de los unicornios con suma facilidad. Al ni�o no se le permit�a que fuera solo con los unicornios, o que montara cualquiera de los unicornios salvajes que rondaban la granja., pues el granjero tem�a que le sucediera lo mismo que a la princesa o a su hijo. A pesar de todas las precauciones, un d�a el ni�o escap� y los cuidadores vieron cuando se dirig�a al estanque, montado en uno de los unicornios salvajes. Sin perder tiempo, el granjero corri� hasta el cristalino estanque. Mientras se acercaba escuchaba como una risa lejana y se acerc� con cautela. Al observar entre los arbustos vi� que el estanque se hab�a convertido en uno inmenso, casi imposible de cruzar. En la otra orilla vi� correr cientos de unicornios y junto con ellos corr�an su hijo y la princesa, tomados de la mano. Contuvo la respiraci�n cuando de la enorme manada se separ� un tierno unicornio y comenz� a vadear el estanque. Fue entonces cuando vio aterrorizado que el ni�o se met�a al agua en adem�n de ir a la lejana orilla donde sus padres corr�an felices. Apresuradamente entr� al agua y tom� al ni�o, abraz�ndolo fuerte contra su pecho. Cuando mir� nuevamente, el peque�o unicornio dio la vuelta y regres� con la manada, desapareciendo todo en una densa niebla. Al disiparse la niebla todo hab�a vuelto a la normalidad, quedando el granjero s�lo con el peque�o en brazos. Esa noche el granjero no pod�a dormir, pensaba en su hijo y se romp�a la cabeza tratando de descifrar el misterio. Apenas comenzaba a vencerle el sue�o de madrugada cuando tuvo la certeza de una soluci�n. Con el ni�o en brazos corri� hasta los corrales de sus unicornios y los abri�. Luego, con cuidado, encamin� la manada hacia el estanque. All� la niebla no dejaba ver mucho, pero el granjero, esperanzado, comenz� a llamar a su hijo. Lentamente la neblina fue levant�ndose y dej� ver a los unicornios corriendo en la otra orilla del estanque que nuevamente era inmenso. Al verlos, los unicornios del granjero comenzaron a exaltarse en nerviosa aitaci�n y poco a poco fueron adentr�ndose en las aguas y cruzando el estanque. Cuando finalmente cruzaron los dos unicornios salvajes, el hijo del granjero cruz� con la princesa en brazos. El granjero no pudo esperar a que salieran del agua y junto con el ni�o les recibi� gozoso dentro del agua, donde se confundieron en un abrazo los cuatro. La esposa del granjero llor� de alegr�a al ver a su hijo de vuelta en la casa y a la princesa sana y salva. El ni�o, por supuesto, era el nieto del granjero, ambos sab�an que no pod�an haberse equivocado. Pronto amaneci� y el granjero decidi� dar una vuelta por los establos vacios antes que nadie se levantara. Para su sorpresa, all� estaban sus mimados unicornios, todos en sus respectivos corrales. Los revis� uno por uno sin encontrar tan siquiera un rasgu�o. El granjero no sab�a qu� hab�a ocurrido, pero all� estaban. Lo �nico diferente que pudo notarles ue un extra�o brillo en sus cuernos, como un polvillo dorado. Era que sus unicornios hab�an recuperado la magia, y estaban all� para cuidar del granjero y de su familia, como �l hab�a cuidado de ellos. |
| La Granja de los Unicornios |