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Capítulo 20

Tan Cerca Pero Tan  Lejos

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Lo de siempre, los personajes de Slayers pertenecen  a su creador. Yo sólo soy dueña de la trama y responsable de torcer las  personalidades de los personajes.

En fin, la sangre no llega al río, al menos no en mis  historias, no soy capaz de escribir escenas demasiado violentas, prefiero el  romance, la aventura y algo de intriga. Además que ya hay quien escriba de los  demás géneros, ¿para qué antojarme también?

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Enzeru se  había encerrado en su recámara, un continuo temblor recorría su cuerpo mientras  trataba de calmarse caminando de lado a lado. Un leve susurro caía de sus  labios, apenas audible en su volúmen. Así lo encontró el Primer Ministro cuando  entró a la habitación.

"¿Y bien? ¿Qué lograste con la princesa?" El joven  lo ignoró por completo, ni siquiera lo había mirado aún cuando sabía que había  entrado a la recámara. Enojado se acercó y lo tomó de los hombros zarandeándolo  bruscamente. "¡Te estoy hablando mocoso del demonio!"

El susurro fue la  única respuesta y entonces fue que se fijó en la mirada del chico, los ojos  parecían helados en sus órbitas y la expresión algo desquiciada y el susurro una  y otra vez sin poderlo entender. "¿Qué dices?" Dijo acercándolo aún más. Cuando  finalmente entendió lo que Enzeru decía levantó la mano y lo golpeó con fuerza  tirándolo al suelo.

"¡Te asusta un simple muchacho!" Gruñó amenazador.  "Deberías temerme a mí más que a él, que tengo tu vida en mis manos." Siseó con  furia al ver sus planes frustrados una vez más.

"Es un demonio. La muerte  en carne y hueso. Destruirá todo lo que toquen sus manos porque sus manos están  malditas. Es un demonio... sus garras se clavan en el corazón de los que cruzan  su camino, su maldad calcina todo lo que respira a su alrededor. Nos destruirá a  todos, dará nuestros cuerpos a los lobos cuando aún estemos respirando." Otra  sonora bofetada resonó en el interior de la recámara y todo se volvió silencio  hasta que una pequeña risa histerica comenzó a escucharse.

Enzeru yacía  en el suelo, el labio inferior le sangraba levemente por el golpe y sus ojos  continuaban muy abiertos. "Nos matará a los dos. Y se deleitará con nuestros  gritos."

"¡Silencio!" Rugió el Ministro. "Eres un cobarde, sólo es un  miserable demonio."

"Es el príncipe demonio. El que desapareció. Su madre  lo busca. ¿Conoces a su madre? Es como la plaga, es peor que la bestia que crió  en su seno." Dijo con una sonrisa el joven mientras observaba al Ministro  acercarse y agacharse para escucharlo. Se arrastró para cerrar la distancia. "Su  madre es una loba que busca a su cría, la que le robaron, y si el hijo no nos  destruye, su madre lo hará. Ella es la emperatriz de la tierra salvaje donde  sólo habitan bestias sedientas de sangre." Enzeru hablaba con una mezcla de  ansiedad, desesperación y alegría. El Ministro entendió que el chico estaba algo  más que intimidado pero toda aquella verborrea llamó su atención.

"Es  sólo un demonio, un miserable demonio que no tiene poder." Dijo terminante el  hombre, pero Enzeru lo tomó de las ropas.

"Yo lo he visto, vi sus ojos,  sus garras, su aura maligna pulsando hambrienta a su alrededor." De repente se  alejó del hombre y lo señaló tembloroso. "El vendrá por usted... no lo olvidará,  él vendrá, lo consumirá con una mirada." Dijo mientras retrocedía como si el  Ministro estuviera maldito.

El Ministro se levantó enojado. Ahora no  tenía caso tratar de razonar con el chico, sería mejor dejarlo descansar. Salió  y cerró la puerta tras de sí. Apresurado bajó por el pasillo cuando escuchó un  grito. Volteó los ojos y maldijo entre dientes. "Condenada princesa, condenados  mocosos." Y continuó pasillo abajo.

Apenas había desaparecido del pasillo  una esbelta figura de largos cabellos se deslizó silenciosa hasta la puerta y  sin mucho problema quitó el seguro, escurriéndose al interior de la recámara del  joven.

Enzeru levantó la vista al sentir la presencia en su habitación,  sus asustadas órbitas azules se encontraron con unos cálidos ojos grises. Trató  de retroceder para hasta quedar con la espalda contra la pared. Era una joven de  largos cabellos blancos y piel bronceada, vestida como una sirvienta. Pero el  joven podía ver en ella algo más que resaltaba claramente y que hacía que las  ropas de sirvienta parecieran estar fuera de lugar. La joven se llevó un dedo a  los labios para luego extenderle la mano. Con algo de temor salieron Enzeru tomó  la mano que se le ofrecía y siguió a la joven.

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El grupo de  príncipes continuaba en la recámara de Xellos, con algo de aburrimiento y  miradas cansadas Amelia, Zelgadis, Lina y Gourry observaban a Filia y a Xellos  discutir y casi agarrarse de las greñas en una pelea interminable.

Amelia  bostezó visiblemente. "Creo que yo me voy a dormir." Dijo para luego estirar los  brazos en el aire. Zelgadis le dio una sonrisa al tiempo que Amelia se acercaba  y le daba un beso de buenas noches.

Gourry, que estaba sentado en el  alfeizar de la ventana ya estaba cabeceando pero Lina continuaba pensativa.  "Gourry, ¿por qué no vas a tu habitación a descansar? Si sigues así podrías  caerte del ventanal." Le sugirió Lina. El rubio se levantó algo atontado y se  despidió de todos aunque no fue escuchado por un par de tercos  príncipes.

Lina entonces se acercó a Zelgadis y ambos se sentaron en el  suelo sobre una de las acolchadas alfombras.

"¿En qué piensas  Lina?"

"Ummhh... Creo que nos equivocamos."

"En qué crees que  estaba pensando el Ministro cuando lo trajo aquí a Tougen?" Musitó  Zel.

"Pienso que intentaba utilizar a Xellos a su favor pero con Filia  siempre a su lado no ha podido."

"¿Sentiste su poder?" Murmuró Zelgadis.  "Fue impresionante." Lina asintió.

"Aterrador querrás decir. Si no  hubiera sabido que el collar podía detenerlo puedes estar seguro que no me  hubiera acercado."

"Sí, Monuke tuvo mucha suerte que estuvieras  cerca."

"Monuke... esa serpiente, creo que le voy a preparar una  despedida que nunca olvidará." Dijo con seriedad la peliroja. "Si tan sólo  supieramos cuál hechizo van a utilizar el día del compromiso podríamos buscar la  forma de falsificarlo."

"¿Qué objeto tiene falsificar el hechizo? De  todas formas van a estar comprometidos."

"No seas denso Zel. Alguna razón  debe tener el Ministro para exigir un hechizo."

"Tienes razón. De todas  formas y regresando al tema de Xellos. ¿Qué vamos a hacer ahora que sabemos lo  que es? Su raza trae mala suerte y podría ser peligroso."

"Tiene el  collar." Dijo Lina como si aquella fuera una solución. Zelgadis le devolvió un  sonido lleno de sarcasmo.

"¿Qué piensas que hará cuando se libere del  collar?" Dijo al tiempo que hacía ponía una mano sobre su cuello como para  protegerse de sus pensamientos.

"Ohh Zel, ¿crees que Xellos sea capaz de  dañar a Filia?" Le dijo con incredulidad la peliroja.

"No lo sé.  Realmente no lo sé. Pero algo es obvio. Están enamorados."

"¡¡NO ESTAMOS  ENAMORADOS!!" Gritaron al unísono Xellos y Filia.

"Acéptenlo de una buena  vez. Si no estuvieran enamorados el hechizo de Monuke no se hubiera  roto."

"¿Cómo lo sabes?"

"Sólo lo sé." Les dijo la peliroja sin  dar demasiado detalle e ignorando las miradas sospechosas que estaba  recibiendo.

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Enzeru temblaba como una hoja aún cuando iba  fuertemente sujeto de la mano de la joven. Mientras más se adentraban por los  pasillos del palacio más le parecía que todo aquello era una especie de sueño  inducido por el propio Ministro. La joven lo llevó hasta un enorme salón lleno  de telas y materiales de costura. Ya en el interior la joven cerró la puerta y  lo llevó hasta otra puerta donde esperaba lo esperaba un hombre alto y  delgado.

"Bienvenido príncipe Enzeru." El hombre le hizo una corta  reverencia y al escucharlo hablar pudo reconocerlo como el sastre real. Cierto  que sólo lo había visto en una ocasión mientras el Ministro lo controlaba pero  podía recordarlo, en especial por los llamativos ojos verdes. Sin embargo había  algo diferente, era como una presencia conocida. El hombre le hizo un gracioso  ademán con la mano para que se sentara en un sillón cercano al suyo y los ojos  del joven se abrieron con temor. Aquel hombre tenía garras y ahora que lo miraba  mejor pudo entender. El sastre real poseía un aura muy similar a la del joven  Xellos y sus pupilas estaban rasgadas.

Trató de retroceder pero el gentil  agarre de la joven lo mantuvo en su lugar e incluso lo hizo sentar. Cuatro  jovencitas más de características similares entraron al lugar y se sentaron  alrededor de ellos.

"Joven Enzeru, sé que no está aquí por su voluntad,  sé que el Ministro es el responsable de ello y que de alguna forma lo está  coaccionando. Estoy en contra de los métodos de submisión que utiliza el  Ministro y por eso quisiera poder ayudarlo a salir de toda esta situación."  Sonrió suavemente pero el joven sólo tembló más.

"Usted es un demonio."  Lo señaló con un dedo trémulo.

"Hai." Enzeru comenzó a temblar nuevamente  y su rostro se volvió pálido. Youki se levantó y se arrodilló frente al joven,  con un gesto suave lo tomó del rostro. "Espera, no tienes por qué temer." Le  dijo tratando de calmarlo. "Sólo quiero ayudarte." Al tiempo que lo decía el  sastre tomaba su forma más humana.

Enzeru comenzó a tranquilizarse y el  hombre se sentó a sus pies. "¿Por qué no nos cuentas cómo fue que el Ministro  logró atrapar a un ninfo del mar?"

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Lina estaba harta de la  discusión y así lo dejó saber. "Si no dejan de discutir en estos momentos los  voy a enviar al próximo reino en un viaje sin escalas." Dijo interponiéndose  entre ambos. Filia y Xellos se detuvieron unos instantes por la amenaza pero  ambos continuaban igual de enojados el uno con el otro. "Deberían madurar,  parecen dos chiquillos testarudos." Suspiró masajeándose las sienes. "¡Abran los  ojos por L- sama!"

"¿Abrir los ojos, Lina? Si ya sé que Filia es una  princesa malcriada, mimada y mandona. Y yo sólo soy una marioneta, como un perro  con correa y collar que la tiene que seguir a donde quiera que vaya, temiendo  que en cualquier momento me ordenen hacerme el muerto." Filia lo observó  asombrada, se llevó una mano al pecho tratando de respirar pues un agudo dolor  le impedía siquiera moverse. Un dolor tan fuerte en su alma que su cuerpo lo  podía sentir claramente. Retrocedió levemente, temerosa de que las piernas no la  fueran a sostener.

"Creo que necesito un poco de aire." Susurró insegura,  los enormes ojos azules brillosos de humedad. Algo aturdida salió de la recámara  y se dirigió a la propia. Lina le dio una mirada frustrada a Xellos y salió tras  Filia.

Xellos emitió un gruñido rabioso y se dejó caer sobre la cama boca  abajo. "Odio este lugar." El sonido salió algo mascullado por tener la cara  sobre la almohada. Zelgadis se acercó despacio y con mucho cuidado se sentó en  la orilla de la cama. Pasaron unos minutos en completo silencio hasta que  Zelgadis volvió a hablar.

"Xellos. Quizás no es el momento más  apropiado." Le dijo tentativamente. "Pero quería preguntarte. Cuando estabas en  el balcón con Filia y Monuke, ¿recordaste algo?" Xellos se levantó un poco para  contestarle.

"¿Por qué iba a recordar?" Dijo lleno de  curiosidad.

"Xellos... ¿acaso no te sentías diferente?"

"No, sólo  me sentía algo..." *¿celoso?* Se quedó pensando unos instantes pero de repente  sacudió la cabeza testarudo y vovió a gruñir. "No, no me sentía  diferente."

"Xellos, tu físico cambió totalmente. Tus ojos eran de otro  color... ...eran rasgados. Y tu pelo también era de otro color. Y a tu alrededor  había una especie de obscuridad... Kisama, Xellos." Le dijo algo nervioso. "Eres  un demonio." Al sonido de la palabra Zelgadis obtuvo toda la atención del joven  que se levantó sobre sus codos.

"¿Qué dices?"

"Lina y yo te vimos,  Gourry también. Fue algo impresionante."

"Es imposible. No recuerdo nada  de eso, sólo recuerdo haber visto a Filia y a Monuke en el balcón..." La imagen  de la princesa besando a Monuke le provocó malestar. Luego la imagen del rostro  de Filia luego de besarla le provocó una especie de dolor sordo. "No sentí nada  diferente. Nada en absoluto."

"¿Podría intentar algo? Sólo una órden."  Dijo quedamente el joven de cabellos color chocolate.

"Yare, yare, ¿desde  cuándo alguno de ustedes me pide permiso para darme una órden?" Masculló con  ironía. Zegladis se llevó una mano a los ojos en un gesto  cansado.

"Xellos, necesito tu ayuda en esto. No quiero que un demonio me  consuma sólo porque no pudiste controlar tu poder." Suspiró, su amigo tenía  razón, debía ser cuidadoso. Si era cierto lo que Zel le estaba diciendo entonces  él era una criatura peligrosa. Se sentó en la cama con lentitud y se quedó unos  mintuos meditando los pro y los contra. Finalmente accedió.

"Bien." Se  puso en pie. "¿Qué quieres que haga?"

"Pues, quiero que te concentres.  Trata de controlar tu poder."

"¿Qué es lo que piensas hacer?"

"Voy  a ordenarte que tomes tu forma de demonio. Si es cierto que lo eres entonces te  transformarás como lo hiciste cuando estabas en el balcón. Si no eres un demonio  no sucederá nada. Al menos esa es mi teoría."

"Humh... De acuerdo."  Xellos tomó varias respiraciones. "Estoy listo."

"Xellos, te ordeno que  tomes tu forma demoníaca para que yo pueda verte como realmente eres." El collar  comenzó a pulsar suavemente y de inmediato comenzó la transformación ocurrió de  inmediato.

Los cabellos de Xellos tomaron su color natural y sus ojos  negros se tornaron de un color púrpura claro, sus pupilas rasgadas, su piel algo  bronceada se tornó pálida y un tanto luminosa. Xellos no sintió ningún cambio,  pero cuando vio la expresión de Zelgadis cambiar por una de asombro y admiración  se tornó rápidamente hacia el espejo.

Levantó una mano hacia el cristal y  lo acarició suavemente. Por primera vez se sentía normal. El aura  distintivamente maligna lo rodeó por unos instantes, pero la suprimió con  naturalidad. "Asombroso." Musitó mientras se observaba más  detenidamente.

"Y ahora ¿puedes recordar algo de tu pasado?" Preguntó  Zelgadis.

Xellos se concentró, sus recuerdos tratando de escapar la  espesa neblina que los cubría. Unos mechones platinados... unos ojos dorados.  Una selva de exhuberante vegetación y una voz sedosa llamando su nombre con  insistencia. Se llevó una mano a la frente con aprehensión, la necesidad de  contestarle a esa voz era imposible de contener. ¿Pero cómo se suponía que tenía  que responder?

"Aquí estoy..." Susurró con los ojos muy apretados. "Aquí  estoy..." Zelgadis lo observaba sin comprender pero con preocupación. No sabía  qué le estaba sucediendo a su amigo, pero parecía que de un momento a otro  perdería el control pues el aura comenzó a pulsar de completa obscuridad a un  color violeta intenso. "Por favor... ven por mí."

En otro lugar unos ojos  dorados se abrieron azorados. Zellas detuvo su montura y con trepidación observó  a su alrededor, jalonenado a la bestia para que girara. El caballo protestó ante  el injusto trato pero obedeció. "¿Xellos?" Podía escucharlo tan cerca de ella,  como si estuviera nuevamente a su lado. Podía sentirlo nuevamente como hacía dos  años no había podido. "¡Xellos!" Gritó con todas sus fuerzas.

En palacio  Xellos pudo escuchar el grito pero también comenzaba a sentir como si le faltara  la respiración. Aún no se había dado cuenta de que el collar refugía con toda su  intensidad tratando de evitar la conexión entre madre e hijo. "Madre." Zelgadis  se apresuró a sujetar a un Xellos que perdía el conocimiento, agotado por el  esfuerzo de la comunicación.

Lejos de allí una especie de aullido,  parecido a un lastimero grito de angustia se escuchó en todo el campamento de la  Emperatriz de Koubuchi.

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Y bien, ¿qué les pareció? Seguro  me dirán, más X/F, pero de eso habrá suficiente dentro de un par de capítulos  más. No se asombren cuando después de la partida de Monuke del castillo los  acontecimientos avancen un año más, quedan advertidos.

Bueno, dudas,  preguntas, críticas, sugerencias, flamas, todo es bienvenido. Gracias por leer y  se cuidan mucho. Ja ne!
Demon Child
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