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Recuerden,  los personajes de Slayers pertenecen a su creador, de ninguna forma me estoy  adjuicando propiedad alguna sobre ellos. Esto lo hago por diversión, nada  más.

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"Eres un demonio... un niño demonio." Susurró la  hermosa guerrera. El príncipe era un demonio. Varios pensamientos le pasaron por  la mente, el más sensato de ellos era terminar con la vida del pequeño. Un  demonio, si llegaba a la adultez, era algo sumamente peligroso, por eso cada vez  que nacía un niño con las características de uno, los padres de deshacían del  infante de inmediato. Aparentemente los padres del pequeño se habían negado a  terminar su vida.

Debía de ser una razón demasiado buena o demasiado  tonta. Pero ahora que observaba a la criatura detenidamente pudo comprender la  razón. El pequeño era tan hermoso, sus ojos eran lo único que delataba su  verdadera naturaleza. Se preguntó qué pasaría si aquel pequeño llegaba a la edad  adulta. Seguramente sería un demonio sanguinario que se volvería contra su  propia familia, traicionero y peligroso. También se preguntó qué pasaría si ella  lograba dominar esa naturaleza y usarla en su favor. Sería una ventaja para  ella, pero era imposible conocer el futuro.

"Ahh... Zelas, ¿pero cuándo  has sentido miedo de lo desconocido?" Sonrió orgullosa de sí  misma.

Finalmente se decidió. Tomó al pequeño con mucho cuidado y lo  levantó en brazos. El infante tembló, aún sus extremidades no tenían la fuerza  suficiente para sostenerlo, pero al instante siguiente se sintió descansar sobre  el pecho de la mujer. Se acurrucó lo mejor que pudo en aquella cálida seguridad  y dejó escapar un hondo suspiro. La mujer sonrió.

"Espero no estar  cometiendo un error." Y muy despacio, abandonó la solitaria  habitación.

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El palacio de Koubuchi era lo que podía  llamarse exótico. Para comenzar, la tierra en sí estaba rodeada por un amplio  desierto, por lo que aquel pedazo de tierra verde y exhuberante parecía un oasis  en medio de toda aquellas doradas dunas. La ciudad no estaba protegida por  murallas de ninguna clase, la abundante vegetación actuaba como una barrera  natural. El único camino hacia la ciudad y hacia el palacio estaba protegido por  feroces bestias leales a su señora, Juu-ou, emperatriz de Koubuchi.

Hacia  ya aproximadamente un año y medio que la emperatriz había acogido al extraño  príncipe en su seno. Justo en esos momentos, dicho príncipe corría por todo el  lugar, los pañales colgándole peligrosamente de un sólo alfiler. Sus cabellos  púrpuras apenas cubrían su cabeza. Las nanas del castillo corrían agitadamente  tras él, pero a pesar de su corta edad no lograban darle alcance.

"¡Niño  Xellos, por favor, regrese!" Gritaba la más anciana de todas. "Es hora de su  baño."

En vano gritaban las nanas, porque el pequeño de dos años  continuaba corriendo felizmente por todo el lugar. El pandemonio continuó hasta  que se escuchó una nueva voz llamando al infante.

"¿Xellos?" La voz no  mostraba enfado, simplemente llamaba al pequeño. De inmediato el aludido se  dirigió en desbocada carrera a la fuente de aquella voz y de un salto cayó en  sus brazos en un paquete de risas y cabello.

"Xel, pequeño, ¿por qué le  das tanto trabajo a las nanas?" Le regañó dulcemente. El niño simplemente sonrió  cerrando sus ojitos fuertemente.

"Señora, lo sentimos mucho, pero es muy  difícil alcanzarlo..." Dijo agitadamente una de las nanas.

"No te  preocupes, yo me encargaré de su baño. ¿Qué te parece Xel?" El pequeño asintió  entusiasmado. "Ese es mi pequeño valiente." Y se lo llevó en dirección a su  cuarto donde estaba preparado el baño que las nanas pensaban darle.

Tomó  la toalla que estaba sobre la cama y se la puso en el hombro, terminando de  quitarle el pañal. Con mucho cuidado lo metió dentro de la tina de agua  caliente. El pequeño comenzó a jugar con el agua de inmediato y Juu-ou lo dejó  un rato que satisfaciera su deseo de juego.

Lo observaba con una sonrisa,  el pequeño era perfecto, lo único que continuaba delatándolo eran sus hermosos  ojos púrpuras. Aún no estaba muy segura de que la decisión de salvarle la vida  fuera la correcta, aún le faltaba madurar y pudiera suceder que al llegar el  tiempo el pequeño se volviera contra ella. Deseaba con todo su corazón que eso  no sucediera, por eso pasaba todo el tiempo que podía acompañando al infante,  dejándole saber que daría su vida por él de ser  necesario.

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Era el cumpleaños número cuatro de Xellos y los  sirvientes del palacio estaban preparándose para el evento. Juu-ou les había  ordenado todos los detalles y el pequeño observaba por entre las pesadas  cortinas cómo iban los preparativos.

El cabello casi le llegaba a los  hombros y sus ojos estaban muy alertas, había crecido muchísimo y casi alcanzaba  a llegar a las caderas de Juu-ou. Seguía teniendo aquella inocencia que su edad  le confería, pero ya tenía suficiente consciencia como para saber que algo  pasaba con su apariencia.

Cada vez que algún visitante iba a palacio y lo  llegaba a ver, de inmediato podía sentir que temblaban de miedo y se volvía peor  cuando lo observaban de cerca. Algunas veces había escuchado pronunciar ciertas  palabras a los visitantes pero ahora que podía separarlas claramente sabía que  una de ellas se repetía... demonio.

Su curiosidad con respecto a su  apariencia ya estaba llegando al límite, quería saber qué sucedía, por qué las  personas se asustaban al verlo. Claro que sabía que Juu-ou no se asustaba, y  ninguna de sus nanas se asustaba al verlo, pero los sirvientes nuevos sí le  temían. No era hasta después de mucho tiempo que dejaba de sentir que le  temían.

"¿Xel, bebé, qué haces ahí escondido?" El pequeño dio un leve  salto al saberse sorprendido, pero de inmediato sonrió al ver que era Juu-ou. Se  abrazó de inmediato a sus piernas.

"¿Qué sucede?, pareces preocupado."  Dijo Juu-ou seriamente.

"Kaasan... ¿qué es un demonio?" Le dijo con su  mirada más tierna. Juu-ou palideció por unos instantes.

"¿Q-quién dijo  esa palabra?"

"Todos la dicen Kaasan..." Dijo el pequeño con algo de  tristeza. "Todos la dicen cuando me ven."

Juu-ou levantó al pequeño en  brazos. "Es su forma de decir que eres más hermoso que ellos..."

"¿Los  demonios son hermosos?"

"Tú lo eres más bebé."

"¿Entonces por qué  dicen que soy un demonio?"

"Porque no te conocen bien. Las personas  juzgan lo que no conocen. Son tontas, no debes preocuparte por lo que  digan."

"¿Tú crees que soy un demonio, Kaasan?"

"Yo creo que eres  un diablillo." Le dijo en tono jugueton. "Un pequeño diablillo que ya debe  estarse preparando para celebrar su cumpleaños. Ambos se echaron a reir mientras  Juu-ou lo llevaba a su habitación.

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Hey, dudas, preguntas,  comentarios y críticas ya saben.

Gracias por leer. Muchos besos y  abrazos, hasta la próxima. ¡Ja ne!
Demon Child
Capítulo 1
Demon Prince
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