| Caminaba con la cabeza muy erguida, lo que la hac�a ver m�s alta de lo que en realidad era. Siempre con el pelo recogido. Sus compa�eros de clase pensaban que era una chica fuera de grupo. En realidad le ten�an miedo, pues cuando Alba los miraba a los ojos, parec�a que pod�a ver hasta el m�s obscuro de sus pensamientos. No hablaba mucho, s�lo iba y ven�a, abrazando con fuerza los libros por temor de que le hicieran una broma pesada. Para ese a�o lleg� a la escuela cierto muchacho, de malas costumbres y de car�cter burl�n. Era uno de esos chicos pandilleors de mala reputaci�n, cruel y sin escr�pulos. En un principio no se percat� siquiera de que Alba exist�a. Pero despues de aterrorizar a cada uno de sus compa�eros de clase, le toc� el turno a ella. La esper� a la hora de la salida en el angosto pasillo por donde ten�a que pasar. Uno a uno pasaron los otros chicos y por �ltimo Alba. Entonces, cuando casi hab�a pasado, le atraves� el pie y ella cay� de rodillas. Los libros se regaron por el suelo, ella tard� un rato en levantarse y �l comenz� a reir estruendosamente. Lentamente Alba recogi� los libros y se puso de pie, el muchachote sigui� riendo hasta que su mirada se cruz� con la de Alba. En realidad no supo qu� le caus� aquella mirada, pero dej� de reir de inmediato, mientras que Alba se alej� muy erguida. Al d�a siguiente el muchacho aquel esperaba a la entrada de la escuela, comprobando satisfecho, el terro que causaba su presencia a sus compa�eros. En eso lleg� Alba, caminando muy erguida, como siempre. Se miraron unos instantes y �l tuvo que cambiar la vista, no resist�a aquella mirada que le traspasaba, demasiado transparente para la crueldad que escond�a en su coraz�n. Al terminar ese d�a, �l la esperaba nuevamente en el pasillo. Cuando Alba iba a pasar, el muchacho se interpuso, aunque no se atrev�a a mirarla. Entonces Alba, con voz dulce, le pregunt� si quer�a acompa�arla a su casa. Todos pensaron que estaba loca, pero el muchacho acept� timidamente la invitaci�n. Caminaron mucho pues ella viv�a lejos de la escuela y nunca usaba transportaci�n. Mientras caminaban, ella recitaba de memoria las clases del d�a. La casa de Alba no era muy grande ni lujosa, aparentemente viv�va con sus familiares. Al llegar le agradeci� por haberla acompa�ado y se despidi�. Desde ese d�a el muchacho la acompa�aba a su casa sin decir palabra, s�lo escuch�ndola recitar las clases. Poco a poco, el muchacho dej� de hacer bromas y de tanto escuchar las clases que Alba recitaba, sus calificaciones mejoraron. Los maestros estaban contentos con el cambio, pero Alba segu�a siendo la misma, callada y erguida. Sus compa�eros pensaban que estaba a�n m�s extra�a que antes, por eso no la invitaron a la fiesta de fin de curso que celebrar�an all� en un hotel de la ciudad. Ese d�a Alba no recit� las clases y el chico se contagi� con su tristeza. Cuando llegaron a la casa �l le pregunt� si quer�a ir a la fiesta con �l. Alba se puso muy contenta y le dijo que la recogiera a las ocho. El muchacho llego a casa de Alba puntual, en el auto de su pap�, elegantemente vestido. Alba sali� con un abrigo largo, pues su vestido dejaba al descubierto sus hombros y parte de su espalda, se sent�a un poco inc�moda. El pelo lo llevaba como siempre, recogido, pero para el muchacho ella luc�a muy bonita y as� se lo hizo saber. Ella le prometi� que se quitar�a el abrigo en la fiesta y partieron. Al llegar al sal�n Alba a�n llevaba puesto el abrigo y todas las chicas la miraron de forma extra�a, murmurando a escondidas, los chicos hac�an lo mismo y Alba sali� corriendo del lugar. Tras ella fue el muchacho pero no logr� encontrarla. Camin� por horas hasta que finalmente lleg� al parque principal. All�, de pie junto a una fuente estaba Alba. Se le acerc� poco a poco, cin decir nada. Observ� la fuente que ella miraba. Era la escultura de un unicornio, levantado en dos patas y mirando al cielo. De su boca sal�a el agua que se deslizaba perezoramente por las crines de piedra. Finalmente se detuvo a su lado. La luna se asom� entre los negros nubarrones y entonces Alba comenz� a cantar suavemente. Al muchacho le parec�a que sollozaba, pero a�n as�, la voz de Alba era tan melodiosa que lo hac�a so�ar. Alba se quit� lentamente el abrigo y se solt� el pelo, siempre mirando su reflejo en el agua y cantando. Sus cabellos eran larguisimos y su piel blanca como la leche. Se ve�a m�s hermosa que todas las chicas que �l hab�a conocido. Alba se peinaba el cabello con las manos y el muchacho la observaba anonadado. Entonces la fuente dej� de funcionar y ella se sent� en el borde con los pies dentro de la fuente. El agua estaba tan quieta que reflejaba con nitidez la silueta del muchacho, pero la de Alba se esfumaba. Le parec�a que era la silueta de la escultura. Trat� de fijarse mejor pero ella movi� los pies y las siluetas desaparecieron. Le pregunt� si quer�a volver a la fiesta, pero ella neg� con la cabeza y continu� con su canci�n. La fuente volvi� a funcionar y Alba se adentr� en ella. El miraba c�mo se mojaba el pelo y el vestido en el agua. Del surtidor de la fuente comenz� a brotar m�s agua, tanta que Alba desapareci� bajo ella. El muchacho no supo lo que sucedi� despu�s. La luz, el agua de la fuente, la escultura de piedra, el hermoso animal de rubias crines, erguido. Lo �nico que tuvo seguro en su mente fue que Alba no era una chica cualqujiera, era algo m�s puro y tierno que el amanecer. Ella ten�a que ser algo m�gico y maravilloso como los unicornios. |
| ALBA |
| FIN |
| Actualizada el 2 de marzo de 2003 |