Miércoles 10 de noviembre, 2004 Espectáculos crónica Canas... ¡pero con ganas! Blondie derrochó actitud y talento en una noche para veteranos Debbie Harry demostró que el punk se basa solo en actitud. Bien dijo alguien que “ojalá mi abuela fuera tan tuanis como esa doña”. Eyleen Vargas/ ParaLA NACIÓN Víctor Fernández G. vfernandez@nacion.com Entre el mítico CBGB neoyorquino y el tico Planet Mall hay un abismo de diferencia, en todos los sentidos. Sin embargo, la noche del lunes la discoteque del Mall San Pedro le tomó prestado al legendario club punk uno de sus “ahijados”, a uno de esos grupos que arman su propio CBGB en cualquier escenario. Arrugados, con libras de más y kilometrajes de seis dígitos, los integrantes de Blondie demostraron que los años en su caso no los han hecho menos dinámicos. Solo un poco más sabios. Rubia endiablada, Debbie Harry fue la reina absoluta de la noche. La “abuela” del new wave y el punk dejó claro que la actitud es la que cuenta. Y a ella la actitud se le sale por todos los poros. Todo un viaje Aunque la asistencia se quedó corta con respecto a lo esperado, los que sí llegaron tienen hoy motivos para rajarle. En cambio, aquellos que al final no se decidieron a llegar deberían ir buscando una camiseta que diga “¡Soy un salado!”. Sí, así de bueno estuvo. Dos voluptuosas modelos recibían a los fiebres en la puerta (¿cómo hacen para respirar dentro de esos trajes?) y en el interior de la discoteque Dr. Leo y el veterano José Antonio Sonri Soto se encargaban de las mezclas. Simple Minds, Billy Idol, ZZ Top, Yes, The Clash, B52's, Men at Work, los Rolling Stones y A Flock of Seagulls sonaron por los parlantes y transportaron a la audiencia a aquella época en que Magnun, Hunter y Michael Knight eran los hombres más hombres de la televisión. El público era –en un 90 por ciento– compuesto de mayores de 25 años. Muchos llegaron con las corbatas con las que horas antes estuvieron en sus oficinas y otros aguantaron la sed al toparse con los prohibitivos precios de las bebidas en el Planet. Reino rubio Tal y como se había anunciado que sería, pasaditas las 10 p. m. Blondie apareció en escena. Sin mayor introducción que la lluvia de aplausos, Debbie Harry se plantó frente a los suyos. A esa mujer dejar de verla es imposible: su dorada cabellera no daba pistas de sus casi seis décadas de vida. Enfundada en unas botas altas y una minifalda que ya es su sello personal, la más rubia roquera de todos los tiempos arrancó con la conocida Escape. Imán de las miradas, Debbie fue grande pero claro está que en sus compañeros reside gran parte de ese éxito. Ver y oír al veteranazo Chris Stein fue todo un placer, no solo por su calidad como guitarrista sino porque se trata de un hombre que le ganó la pelea a una extraña enfermedad por puro amor al rock. Sobre el mismo escenario que meses atrás soportó a su colega Marky Ramone, el baterista Clem Burke fue un monstruo. Su camisa del CBGB fue emblemática y es que si alguien la puede usar ese es Clem pues... ¡él tocó ahí! El grupo contó con el apoyo de excelentes músicos, siendo el joven e incendiario guitarrista Paul Carbonara uno de los puntos más altos de la noche. El repertorio incluyó de todo: Atomic, Dreaming, Hanging, X-Offender, Screaming Skin, Rules for Living y End to End. Los puntos altos los marcaron María –la primera que fue coreada–, y Good Boys, un piezón que deja claro que Blondie aún puede escribir buenas canciones nuevas. El cierre del bloque central fue intenso y cargado de energía. Sin dar tiempo para tomar aire, la banda tiró seguidas a las más esperadas de la noche: The Tide is High; Rapture; Call Me y One Way. La seguidilla fue espectacular y Debbie brincó, bailó, gruñó, peló los dientes, fue tierna y sexy... todo a la vez. Cuando el grupo se preparaba para responder a los gritos y retornar a escena con Heart of Glass un apagón les saboteó el cierre. ¿O sería cierto que existe La maldición de Blondie?