Lunes 8 de Noviembre Artes y Espectáculos Una multitud colmó el Personal Fest Decenas de miles de espectadores colmaron las dos jornadas maratónicas del Personal Fest, que tuvo lugar en el Club Ciudad de Buenos Aires de la Capital Federal. En la extensa programación de casi 12 horas cada día -desde las 17 hasta las 6 de la mañana- se dieron cita figuras de primerísimo nivel internacional que fueron ovacionadas por una multitud de personas de todas las edades. Segunda noche El glamour y la melancolía del artista británico Morrissey, la evocación de los '70 y '80 con la legendaria banda neoyorquina Blondie, el festivo folclore de los balcanes con Goran Bregovic y el auge de la música electrónica con el grupo francés Rinocerose, fueron los números más destacados de la segunda noche del festival y apuntalaron la idea de contemporánea diversidad de la música del mundo. La amplitud musical del festival también dio lugar a la actuación de Blondie, la banda encabezada por la rubia cantante Debbie Harry, que a los 60 años ofreció un show musicalmente lineal pero con picos emocionales cuando abordó hits de toda su carrera como “Atomic” y el más reciente “María”. “¿Se habrá hecho una cirugía?, “Mirá como baila la vieja” o “¿Quién es esta señora?”, fueron algunos de los comentarios que se escucharon del público y que son reflejo de las sensaciones que muchos sintieron, que iban entre el recuerdo, la admiración, el asombro y cierto respeto más allá de todo. Con una figura más robusta que en su época de apogeo y envuelta en un traje negro y rojo brillante que incluía anteojos y boina negra y del que se fue despojando a medida que avanzaba el show (finalizó con una especie de camisolín ajustado y escotado), Harry bailó, recorrió el escenario de punta a punta y cantó bien aunque con pocos matices. Pese al volumen bajo, la audiencia celebró los clásicos del grupo que se formó en 1974 y sobrevivió a catorce años de separación, y no así los temas más nuevos incluidos en su último disco “The curse of Blondie”, donde la banda continúa en la línea del pop-rock. Al igual que en su jornada inaugural, el Personal Fest concluyó extendiéndose hasta las 6 de la mañana en los cuatro espacios destinados a los djs. Detalles organizativos A diferencia de otros festivales rockeros, en el interior del estadio no había policías. Unicamente en las carpas VIP podían observarse los fornidos “patovicas”, de riguroso traje negro. En lo concerniente a las distintas puestas escénicas, el sonido tuvo algunas deficiencias, aunque resultaron muy logrados, en las dos noches, el trabajo de luces y el de las pantallas ubicadas a los costados de los escenarios. El público, una concurrencia heterogénea en las edades -iba desde los 15 a los cincuenta años-, pero homogénea en pertenencia, disfrutó aunque en forma alternada de las diferentes propuestas musicales en los cinco escenarios. Lo comprimido y superpuesto de la programación -con retrasos en los horarios de los shows, que en casos como los de los sets de P.J. Harvey y Pet Shop Boys, permitieron paradojalmente que se pudiera apreciar a ambos números- hizo que la gente debiera repartirse, corriendo de un escenario a otro, lo que generó una gran confusión que conspiró contra la atención que el público podía prestarle a los artistas. Los servicios de comida en el amplio espacio del club del barrio de Núñez funcionaron ordenadamente. Una porción de pizza costaba 4,50 pesos y una hamburguesa 3; una botella de champán se vendía a 40 pesos; en un exclusivo puesto se vendía "speed", trago energizante de moda a 5 pesos y 6 si salía con vodka, y había stands de venta de revistas de rock. Lo que más se consumió fue pizza, que se podía compartir en el campo de juego desde su caja de cartón, y sushi (a 15 pesos el plato). Los teléfonos celulares no pararon de funcionar, ya que no sólo sirvieron para que muchos espectadores se comunicaran de escenario a escenario sino como artefacto luminoso para acompañar determinadas canciones, y también abundaron las cámaras digitales con las que muchos espectadores filmaron los shows.