La maldición de la rubia A estas alturas, se sabe que el concierto que dará Blondie en Lima podrá ser visto solamente por 2 mil personas, máximo. Además, que sus demandas gastronómicas apuntan a suculentos potajes marinos -con el peruanísimo ceviche de rigor- y condimentadas viandas criollas, usted sabe, ají de gallina, arroz con pollo, lomo saltado, causa rellena... Como para que no queden dudas de que la banda estará en Lima. Se sabe también que somos el punto de partida de la porción latinoamericana de su tour mundial. Y que luego volarán a Chile, Argentina, Brasil, Costa Rica, Panamá y México. Pero, no mucho se ha dicho acerca de su más reciente lanzamiento discográfico: "The Curse Of Blondie". Placa cuyo nombre -"La maldición de Blondie"- es el resultado de ciertas experiencias difíciles por las que atravesó el grupo liderado por Deborah Harry; incluyendo una etapa de ruptura, una extraña enfermedad que afectó a Chris Stein (guitarra), entre otros obstáculos. Sin embargo, los integrantes de la banda le restan dramatismo a estas situaciones cuando intentan una lúdica explicación al nombre de marras: "Es una broma entre nosotros -han dicho-. Cada vez que algo raro nos pasa decimos: 'es la maldición de Blondie', pero no es tan serio. Es un título como de película de terror, pero creo que nos da suerte". EN BUSCA DEL CONJURO Blondie tomó los 80 con las manos y les extrajo lo mejor del momento. Tres números uno en los charts norteamericanos ("Heart Of Glass", "Call Me" y "The Tide Is High") y más de 50 millones de copias vendidas. Pero, debajo de cifras y frías estadísticas, existe todo un baúl de música brillante, de tránsito fluido y paraderos impensados. Punk y new wave en los orígenes, ritmos disco, pop, rock, después. Y también rap, reggae y calypso. De otra manera no podríamos haber recibido un bagaje tan ecléctico como magnético: De "Atomic" a "Island Of Lost Souls"; de "Dreaming" a "Rapture"; de "One Way Or Another" a "(I'm Always Touched By Your) Presence, Dear". Blondie fue más que osado al intentar un regreso en el nuevo milenio, con "No Exit". El panorama pop, rock, postrock, había cambiado mucho desde sus últimos coletazos. Pero, la banda de Debbie Harry (una conejita senior de Playboy) se las arregló de alguna forma para reaparecer con dignidad y frente alta. Este año editaron, ya se dijo, "The Curse Of Blondie". Catorce surcos. Disco enhanced con el video de su primer sencillo: "Good Boys". Un menú de canciones que conservan ciertas bondades de la época firme y una frescura difícil de pronosticar para una banda germinada hace treinta años. Los sabores son variados, desde el rap inicial de "Shake Down" hasta el pop suntuoso del éxito "Good Boys" y "The Tingler". Rock directo ¿modern? en "Undone" y "Golden Rod". Gusto exótico en "Magic" y "Background Melody". El revival típico-Blondie en "End To End", acaso lo más parecido al viejo "Call Me". Rabia contenida en la contundente "Last One On The Planet" y los fluidos jazzeados de "Desire Brings Me Back". No es nada difícil dejarse envolver por el nuevo álbum de la banda, fundamental en las inflexiones del rock/pop ochentero. Vigente en el nuevo milenio. Nuevamente, hemos sido convencidos. Tal como 25 años atrás. Y ahí estaremos: 3 de noviembre, vértice del Museo de la Nación. Rafo Valdizán