29.10.2004 | Espectáculos ········································································································································· MUSICA: ENTREVISTA CON DEBBIE HARRY, DE BLONDIE "Me decían la Greta Garbo del punk..." La cantante, que debuta con su banda en la Argentina en el Personal Fest, habla de todo: de sus orígenes punk, de su decisión de ser rubia, de Madonna y Britney Spears. También opina su ex marido y guitarrista de Blondie, Chris Stein. Aquí, viaje al centro de una máquina de hacer hits. --------------------------------------------------------------------------------- Pablo Schanton. pschanton@clarin.com A usted no le gustaría dejarla hecha trizas? Con este slogan fue rubricado un retrato de la cantante Debbie Harry en un viejo aviso de su banda, Blondie. Sería 1977 más o menos; cuando ella cantaba: "Quiero ser una rubia platinada/ como todas las estrellas sexies/ Marilyn y Jeane, Jayne, Mae y Marlene/ Ellas sí que la pasaban bien". El objetivo de esta mujer que llegaba al candelero del rock a los 30 era representar la Blonde ambition a la que luego aspiró Madonna. Esa ambición de rubicundidad que uno de sus fans, el crítico inglés Chris Roberts, describió como: "Todo aquello que es puro estilo pero que, ocasional y accidentalmente, tiene sustancia". Su perversión siempre consistió en ironizar sobre el marketing del sexismo (el tipo de mujer que les gusta a los hombres) vendiéndose justamente a través de esa ironía. Sí, de eso se trataba aquel slogan fundacional. Y Blondie. La Harry nació en Miami mediando 1945, pero se crió con sus padres adoptivos en New Jersey. En la zona, ella fue vistiéndose de lo que cada década impusiera: hacia los 50, fue bohemia jazzera; después, hippie folkie y finalmente chica new wave. Recién en 1973, se topó con las cejas Groucho Marx del guitarrista Chris Stein, recién graduadito de la Escuela Neoyorquina de Artes Visuales, con quien formó pareja y Blondie en 1975. Hasta entonces se había ganado la vida como conejita Playboy, camarera de minifalda y corista. Blondie sería una versión más rockera de su banda de chicas, The Stilettos, con quienes entonaba homenajes a bandas femeninas de los 60 tipo Las Ronettes y Las Vandellas. De la formación de Debbie, Chris, Nigel Harrison (bajo), Frank Infante (guitarra), Jimmy Destri (teclados) y Clem Burke (batería) que nos ofrendó álbumes clásicos power pop como Parallel Lines (78) y Eat to the beat (79) además de un número uno (Heart of glass), hoy quedan la ex pareja Harry—Stein más Destri y Burke, juntos tras una larga pausa que duró entre 1982 y 1999. Escuchando hits como In the flesh, I'm gonna love you too, Sunday girl o Slow motion, es fácil descubrir que la esencia de Blondie está en aquellos grupos pop de chicas. Desde sus primeros dos discos del 77 —Blondie y Plastic Letters—, se nota que Blondie había llegado para desarrollar en dos exactos minutos radiales una intensidad que no se corresponde totalmente con la agresividad y la testosterona del rock. Debbie vino a poner estrógeno. Al contrario de Los Ramones, para Blondie la clave no era rockear melodías pop, sino volver más pop al rock. Deborah se especializaba en cantar sobre los estados alterados de una enamorada en la era del teléfono: su energía está puesta en la ansiedad de esperar esa llamada (Hanging on the telephone, Call me). Y todo en Blondie estaba al servicio de esa nueva hormona: el estribillo atropellado de Picture this; ese baterista siempre embalado, frenando a cada esquina con un redoble; esa guitarra que por contenida aporta combustión y sobre todo, un teclado naif, de sonido platinado. En su dignísimo último disco, The curse of Blondie (2003), Debbie rappea cosas sobre vivir en una torre de marfil y ver el mundo a través de un telescopio. Antes de aterrizar en Buenos Aires para el Personal Fest (tocan el 6 en el Club Ciudad de Buenos Aires) y via telefónica, nos habla de este rap aquel póster al que recurrían en urgencias hormonales los seguidores del punk (a quienes Farrah Fawcett Majors les resultaba careta). "Bueno, en Shakedown, usé sólo una ironía sobre mi vida, no siento que vivo en una torre de marfil. Pero creo que la gente famosa a veces sentimos cierta distancia de la realidad", admite. Alguna vez cantó versos que sintetizan su imagen: "Una chica tan fría como un helado pero que no pierde la dulzura" (Sunday girl). Siempre fue vista como una estrella cool, impasible, alejada de la realidad. El director David Cronenberg la puso en una pantalla de televisor para que un hombre la besara en Videodrome (83). Uno alabó su "vacuidad luminiscente" (Paul Morley) y otro llegó a hablar de que Blondie reivindicaba la represión sexual con su música "emocionalmente neutra" (Lester Bangs). "En los 60, yo fui seguidora de rockeras apasionadas como Janis Joplin o Grace Slick, pero personalmente fui menos expresiva", admite. "Me decían la Greta Garbo del punk y me gusta esa etiqueta. Fue una de las actrices y bellezas más singulares de todos los tiempos. Y si todavía yo fuera un décimo de lo que ella fue, estaría sumamente feliz". También por teléfono, su ex marido busca explicaciones de esa "frialdad" en Blondie. Y sí, tanta obsesión con el plástico, la moda, el glamour y el brillo tuvo que ver. "Quizá ésa haya sido nuestra forma de no ser tan sucios, machistas y tan volcados al rock and roll, y también de sostener la imagen de Debbie", confiesa. "Sé que ella siempre quiso traer algo de estrella hollywoodense al rock, algo que no existía cuando ella empezó a hacerlo. A mí atrapó la idea porque nunca me gustó el tipo de banda metálica con machos de pelo largo. Me gusta el rock de pelo corto.". ¿Cómo fue eso de llevar Hollywood al rock, Deborah? Siempre quise ser rubia, desde chica. Mi modelo fuera del mundo musical era Marilyn Monroe, la sentía mi madre. Ella fue el arquetipo de la rubia de la pantalla de plata. Tenía una mezcla de sexualidad e inocencia y al mismo tiempo era una maravillosa comediante y actriz. Todo el mundo estaba fascinado por su belleza y su talento y yo me volvía loca. Su trágica muerte fue algo terrible. Que alguien tan talentoso tuviera tantas tragedias que resolver fue lamentable. Pero no puedo imaginarme lo que ella hubiera llegado a ser sin todas esas cosas malas porque las personas se vuelven mejores cuando tienen que superar dificultades. Es algo que yo aprendí en mi vida y por eso nuestro disco se llama, un poco en broma también, La maldición de Blondie. ¿Será por eso que te atrae James Dean, por su vulnerabilidad? Sí, los artistas que revelan esta vulnerabilidad son amados de forma especial por el público porque siente que puede identificarse con ellos. Todos nos sentimos niños internamente y luchamos como locos para no demostrarlo. Yo colecciono todas las fotos que veo de James y amo a los hombres vulnerables. Ni Deborah ni Chris quieren referirse hoy a los años de tregua de la banda en que ella tuvo que hacerse cargo de su marido mientras él trataba de superar una enfermedad genética de la piel. La desgracia llegó tras editar The Hunter (1982), un disco que suena a Coca sin gas y donde Debbie lleva tan lejos su amor a Hollywood que en la tapa se pone una peluca de león Metro Goldwyn Mayer... Los Blondie no eran tan callejeros como Los Ramones ni tampoco intelectuales como Talking Heads ni poetas como Patti Smith. Finalmente, ¿se sentían adentro o afuera de la escena punk? Chris Stein: Al principio todos tocábamos en el CBGB de New York. Lo único negativo fue cuando las compañías discográficas empezaron a querer ganar más dinero y todo se volvió más competitivo. Pero la palabra "punk" era un insulto y asustaba a la gente, no era conveniente. Por eso un par de revistas de Nueva York comenzaron a hablar de "new wave" para hablar de nosotros, The Cars, The Knack y otros. Para mí, lo punk es algo más que un estilo musical. Pero para nosotros, fue un estigma al principio. ¿No sentís a veces que la escena retro del movimiento new wave con Yeah Yeah Yeahs, Strokes, Rapture se inspira en ustedes? Chsris Stein: Sí, las zapatillas y las corbatas... Pero es que hay tanta mala música por ahí: todo se volvió digital, todo es muy de plástico. Es bueno algo de rock de nuevo. Es terrible lo que pasa en la radio. No sé cómo son las cosas por allá, pero en los EE. UU. la radio es un desastre. Los Strokes me parece que son originales en cuanto a su estilo. Nosotros también copiábamos cosas como Velvet Underground, Ronettes, los Stones, y juntábamos todas esas influencias. Uno siempre está copiando algo. Y como están las cosas desde el ataque terrorista, yo también extraño la New York de los 70. ¿Y vos, Deborah, te sentías cómoda al ser un sex symbol y a la vez una chica punk en los 70? Creo que de algún modo fue conflictivo porque en aquella época era difícil para las chicas ser tomadas en serio. Al mismo tiempo, sentía que ser una lolita era una forma de arte, era parte de la cultura pop, algo conceptual. Son cosas que yo aprendí de mi amigo Andy Warhol. Fue una persona muy dulce conmigo y escucharlo hablar era aprender sobre el futuro del arte. De modo que fue como una especie de nueva forma de pensamiento el combinar lo comercial y lo artístico en Blondie. Hoy la gente automáticamente supone que ser una lolita y ser rockera son cosas complementarias. Pero sufrí bastante por ser mujer en un mundo rockero machista. A comienzos de los 80, apareció Madonna, ¿cómo fue tu reacción cuando la viste por primera vez? Supongo que tuve una serie de sentimientos feos como celos o la sensación de que me había llegado una imitadora (risas). Yo había grabado mi primer disco solista (Koo Koo) en el mismo sello que ella y la publicidad fue toda invertida para su debut, no para mí, ¿cómo me iba a sentir? Pero después también tuve un cierto conflicto ante ella, porque Madonna hizo muchos discos increíblemente buenos y música excelente. También fue una intérprete genial y una maravillosa bailarina, y probablemente debo haber estado celosa de ella en muchos aspectos. Pero, al mismo tiempo, también creo que ella se ha visto muy influida por mí y lo admitió. ¿Qué sentís ahora cuando ves que tu modelo continúa en estrellas pop como Gwen Stefani (No Doubt), Shirley Manson (Garbage) o Pink? Me parece genial, todas tenemos algo en común. En esta etapa de mi vida ya no siento los celos que que sentía de más joven. ¿Y de Britney, qué opinás? ¿Opinar? No opino sobre ella. ----------------------- MODELOS. "SIEMPRE QUISE SER RUBIA, DESDE CHICA. MI MODELO FUERA DEL MUNDO MUSICAL ERA MARILYN MONROE. TENIA ESA MEZCLA DE INOCENCIA Y SEXUALIDAD", DICE LA CANTANTE, QUE LLEGO A CANTAR CON LOS CADILLACS Y QUE EL SÁBADO 6 DEBUTA EN LA ARGENTINA. (Foto: AP) Pioneros pop ¿Por qué Atomic (1980) es uno de los mejores simples pop de todos los tiempos? Porque como hit equivale a un signo de exclamación en una historieta: tatúa de entusiasmo al toque. En la letra, casi hay una sola palabra: "Tonight". Ella la vocifera como Juana de Arco lo hacía con "Venceremos". La canción trota la promesa adrenalítica de una madrugada "magnificente" (eso se oye). Es más, la noche va a ser atómica. La canción ilustra la frase hecha "Pasarla bomba". La sensación del pelo arremolinado fuera de la ventanilla camino a la fiesta, ésa adonde se siente que va a pasar algo. Sí, Debbie canta tras el imán de ese "algo". Y qué decir de cuando dice "Ah, tu pelo es hermoso". Hace juego con la tapa: un atrevimiento que esa mujer se esté arreglando una mecha con indiferencia posada mientras atrás, sobre su cabeza, se arma un hongo nuclear igual de rubio. Así es lo más intenso de Blondie: un ascensor para la euforia. Contagia el vértigo de extremar la frivolidad, tanto que el brillo empieza a deslumbrar y el rimmel se corre. Como Kiss, Bowie y los Stones, Blondie practicó "música disco para banda de rock", no sólo con Atomic, sino también con su máximo hit, Heart of glass (1979). Ahí nomás fueron tachados de "comerciales". Desarrollaron su exhibición mediática a fondo: su álbum Eat to the beat fue uno de los primeros de la historia en hacer un videoclip de cada tema. Más Guinness: con Rapture (1980), fueron los primeros en hacer el crossover entre rock y hip hop, incluso Debbie rapea a favor de los djs y del hipnotismo del dance. En la madurez de su último álbum, The curse of Blondie(2003), Blondie prueba el máximo de eclecticismo (de la balada al free jazz, pasando por el metal) con una naturalidad pop que No Doubt y Garbage envidiarían. De la escuela de The Who Flavio Cianciarulo Cualquiera sabe que los Cadillacs respetábamos a los Stones pero la mejor banda del mundo era The Who y de ahí para abajo nos interesaba toda su escuela. Obvio entonces, que fuéramos fieles seguidores de la movida punketa new wave de los 80, donde estaban Talking Heads y Blondie. El baterista de Blondie, Clem Burke, tenía la herencia de Keith Moon, de The Who: el tipo mete palazos sin dejar de hacer un tema pop. Sergio (Rotman) era el más fanático de Blondie de todos y los otros lo seguíamos; me acuerdo que en la pieza tenía posters rarísimos de Debbie Harry. En esa época creíamos en una frase de Specials que decía "La moda es mi única cultura" y de Blondie nos gustaba el look de la banda, cómo usaban el pelo corto y la estética nuevaolera. Cuando grabamos Strawberry fields forever para Rey Azúcar (1995), queríamos cumplir con otro caprichito de argentos. Ya teníamos a la base de Talking Heads (Chris Frantz y Tina Weymouth) en la producción, ahora queríamos a Debbie y a Mick Jones de The Clash. Para mí fue un berretín lograr que Debborah Harry cantara con nosotros. Y descubrimos que era una gran cantante.