SUE II: Una noche aún más fría, pero más prendida Por Sebastián Arancibia El público después del show de Cerati volvió al suelo, esperando que llegara el turno de Blondie. Con el frío a peak, Blondie pisó el escenario y la gente se paró de su sitio para acercarse al escenario para tomar fotos de esta "milenaria" banda que en honor a su vocalista le pusieron Blondie. Con la canción "Atomic" comenzó el show y la gente lentamente empezó a saltar y corear las canciones del grupo estelar de la noche. Sonaban bien y la voz de Debbie (Deborah Harry) en vivo, a sus 59 años de edad, es notable aunque a ratos desafinada. Para esta banda que alcanzó la cima de la popularidad en los años '80, tocar en el siglo XXI frente a 8 mil personas y en un país al que nunca había venido es algo que los fanáticos no podían perderse. La gente reaccionaba "freakmente" ante las canciones más conocidas de la agrupación. Bailaban desenfrenados y cantaban junto a Debbie, pero a ratos algunos preguntaban "oye, ¿cómo se llama este tema?" y nadie sabía la respuesta de famosísimos sones como "María", "Hanging on the telephone" o "Tide is high". Con este último, la gente despertó de una especie de trance, probablemente porque hacía más frío que en el Titanic. La vocalista es toda una show woman. Saltó sobre el escenario y movió el pedestal del micrófono desenfrenadamente. Es imposible dejar de mencionar al baterista que, lejos, uno de los mejores músicos en vivo (por lo menos que he visto). Él es un espectáculo aparte y se podría decir que tocaba con el alma, girando las baquetas en el aire entre cada golpe sin errar. Blondie hizo el primer termino con "One way or another", canción que los asistentes disfrutaron a cada segundo. La gente quería más y el grupo volvió a dar las gracias. Blondie cerró definitivamente su show con "Heart of glass" y Harry dijo al finalizar: "significó mucho para mí, pasé un gran momento. Ahora viene Rinocerose". Haber visto a Cerati y a Blondie en una noche es algo que a cualquiera dejaría extasiado. Algunos comenzaron a irse, pero había que quedarse a ver a Rinocerose.