Bernardino Rivadavia

Período: 8 de febrero de 1826—
7 de julio de 1827

Bernardino Rivadavia (nacido Bernardino de la Trinidad González Rivadavia y Rivadavia en Buenos Aires, 20 de mayo de 1780 - Cádiz, España, 2 de septiembre de 1845) fue un político argentino, ejerció su presidencia entre el 8 de febrero de 1826 y el 9 de agosto de 1827.

Se educó en el Real Colegio de San Carlos, pero abandonó sin terminar los estudios. En las Invasiones Inglesas actuó como teniente del Tercio de Voluntarios de Galicia. En 1808 Santiago de Liniers lo nombró alférez real, pero este nombramiento fue rechazado por el Cabildo. Asistió al Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810 votando por la deposición del virrey.

El Primer Triunvirato

La Junta Grande lo tachó de «españolista» y lo deportó a Guardia del Salto. Sin embargo, en 1811, fue designado Secretario de Guerra del Primer Triunvirato, iniciándose así en la vida pública. Adquirió preponderancia en las decisiones que se tomaron durante la represión del motín de las trenzas, el fusilamiento de Martín de Álzaga y el armisticio de Rademaker, el representante portugués.

La revolución del 8 de octubre de 1812, que depuso al Primer triunvirato, tomó la decisión de arrestarlo y obligarle a alejarse de la capital por un tiempo.

Volvió a ocupar una función en el gobierno cuando en 1814, junto a Manuel Belgrano, viajó en misión diplomática a Europa, enviado por el gobierno revolucionario del Río de la Plata en busca de un candidato de sangre azul a quien ofrecer el gobierno de estos países. Tras varios intentos, la misión fue un fracaso.

En 1821, Martín Rodríguez, flamante gobernador de Buenos Aires, nombra a Rivadavia en el cargo de Ministro de Gobierno y relaciones Exteriores de las Provincias Unidas. En mayo de 1824 Juan Gregorio Las Heras es elegido gobernador y ofrece a Rivadavia continuar en el cargo, pero no acepta porque desea partir hacia Londres.

Misiones diplomáticas

Pero en octubre llegó la noticia de que, contradiciendo las órdenes del Triunvirato, el Ejército del Norte había vencido a los invasores realistas en la batalla de Tucumán y los habían expulsado hacia el norte. Inmediatamente estalló la revolución del 8 de octubre de 1812, dirigida por José de San Martín, Carlos María de Alvear, Manuel Guillermo Pinto y Francisco Ortiz de Ocampo. Exigieron la renuncia del Triunvirato y su reemplazo por un Segundo Triunvirato, que tomó la decisión de arrestarlo y obligarle a alejarse de la capital por un tiempo. Y de tomarse en serio la guerra de independencia y la convocatoria a la Asamblea Constituyente.

Volvió a ocupar una función en el gobierno cuando en 1814, junto a Belgrano, viajó en misión diplomática a Europa, enviado por el gobierno revolucionario del Río de la Plata con órdenes secretas de felicitar y someterse a Fernando VII a cambio de autonomía para las Provincias Unidas. En caso de no obtener nada del rey, debía ofrecer la corona del Reino del Río de la Plata a un príncipe español, inglés, o a cualquier otro candidato de sangre azul. Tras varios intentos, incluido el absurdo proyecto de coronar por la fuerza a un hermano de Fernando, la misión fue un fracaso.

En Londres se entrevistó con el filósofo Jeremy Bentham, fundador del positivismo, y se dedicó a traducir sus obras al español. Se trasladó más tarde a Madrid, de donde fue expulsado por orden del rey. Permaneció varios años más en Europa, dedicado a apoyar otros proyectos monárquicos, con varios candidatos españoles y uno francés (éste era el futuro rey francés Luis Felipe de Orleáns.

Cuando en 1820 cayeron el Directorio y el Congreso, Rivadavia fue convocado por el nuevo gobernador, Martín Rodríguez, que lo nombró en el cargo de Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de la provincia de Buenos Aires. Ocupó su puesto en julio de 1821.

Rivadavia como Ministro

Prácticamente desplazó a sus compañeros de gabinete, Manuel José García y Francisco Fernández de la Cruz. En su discurso de asunción declaró su plan de gobierno:

"La provincia de Buenos Aires debe plegarse sobre sí misma, mejorar su administración interior en todos los ramos; con su ejemplo llamar al orden los pueblos hermanos; y con los recursos que cuenta dentro de sus límites, darse aquella importancia con que deberá presentarse cuando llegue la oportunidad deseada de formar una nación"

Eso fue exactamente lo que hizo.

Claro que entre los recursos con los que contaba "dentro de sus límites", estaba la Aduana, que era nacional, y de la que simplemente se apropió. Los ingresos de aduana representaban la enorme mayoría de todos los ingresos públicos del país. Además, por razones ideológicas y para aumentar el comercio, proclamó la libertad de comercio, colocando las tasas aduaneras a un nivel muy bajo. De modo que aisló a las provincias y ahogó sus economías. Ésta sería la misma política económica que conservaría la provincia con todos sus gobiernos siguientes, incluidos Juan Manuel de Rosas y Bartolomé Mitre.

La provincia pasó en esos años por lo que, más tarde, el gobernador Las Heras llamaría la "feliz experiencia": salía de diez años de desorden económico y político y de un año increíblemente revuelto. Y entró de lleno en una etapa de aumento de la calidad de vida de sus clases acomodadas, inversión externa, grandes ganancias de la aduana, importación de artículos delicados, y descenso aparente del costo de vida, causado por el descenso de los precios. Y también de depresión económica en el resto del país.

Inició una modernización del sistema económico: fundó la Bolsa de Comercio, que sólo existió en los papeles. Y el Banco de Descuentos, dotado de un poder financiero inaudito, y en el que, aunque la participación de la provincia pasaba del 60% del capital, sólo tenía un número mínimo de votos. Estaba controlado por comerciantes ingleses y algunos socios locales, y se dedicó a otorgar créditos a corto plazo, pensados para el comercio, no para fomentar la industria o la ganadería. Los beneficiarios fueron casi exclusivamente los socios del Banco, por lo que los comerciantes poderosos de la década pasada, abandonados financieramente, se pasaron rápidamente a la actividad ganadera y se convirtieron en estancieros. Serían la clase política y socialmente dominante por varias generaciones, pero nunca tendrían el control económico del país.

Política interior

En noviembre de 1821 hizo sancionar una ley de amnistía para todos los opositores, de modo que pudieron regresar muchos exiliados, como Manuel Dorrego, Miguel Estanislao Soler, Manuel de Sarratea, Alvear y otros.

Proclamó una reforma militar, por la que pasó a retiro a los oficiales que no tenían destino fijo. Pero, como era de esperar, en la lista fueron anotados todos los opositores. Esta reforma puso automáticamente en su contra a todos los militares alejados, y casi todos se unirían a las rebeliones en su contra.

También llevó adelante una reforma religiosa, centrada en la disolución de las órdenes religiosas (una pocas se salvaron porque tenían muchos miembros) y la provincialización de los bienes de la iglesia católica. De modo que muchos católicos se unieron a las conspiraciones.

En agosto de 1822 fue denunciada una conspiración en su contra, dirigida por el ex ministro Gregorio García de Tagle, que fue rápidamente sofocada. La segunda revolución, llamada la "revolución de los Apostólicos", fue una reacción clericalista contra las reformas de Rivadavia, estallada en marzo de 1823, a la que se unieron muchos oficiales descontentos. Fue rápidamente sofocada, y sus cabecillas ejecutados tras un rápido juicio secreto.

Lo cierto es que toleró la disidencia, siempre que se mostrara moderada y que no viniera de sectores clericales. Propuso una ley de sufragio universal, que nunca fue realmente aplicada a fondo, pero permitió a algunos opositores llegar a la Legislatura. Para hacer algo más democrática la política local, suprimió los cabildos, tanto el de la capital como los de Luján y San Nicolás de los Arroyos. Pero no impulsó ninguna municipalidad, como buen unitario.

Fundó la Universidad de Buenos Aires, reuniendo en un solo cuerpo las academias de leyes y medicina, con algunas nuevas fundaciones. Tardó varios años en funcionar orgánicamente. Refundó el viejo Colegio de San Carlos como Colegio de Ciencias Morales, en el cual el cambio más importante fue otorgó becas a algunos jóvenes de las provincias. También un museo público, un gabinete de física, un registro oficial, cementerios públicos, etc. Y trajo algunos grandes científicos a trabajar y enseñar en el país.

Construyó edificios públicos, ensanchó avenidas, ordenó construir ochavas, mejoró la iluminación de las calles, etc. Pero las modernizaciones que emprendió estaban pensadas para la ciudad, como si hubiera sido un intendente, y casi no emprendió nada en el interior de la provincia.

Además, toda su atención estuvo centrada en las clases altas y medias. Los pobres no existían para él: siguiendo los dictados utilitaristas y conservadores de Bentham, eran los mismos pobres quienes debían esforzarse por salir de su situación, y sólo después podrían disfrutar de los beneficios del “progreso”. Para proveer de mano de obra al comercio y a la ganadería, impulsó fuertemente la obligación a los no propietarios de demostraran que tenían empleo por medio de la “papeleta de conchabo”. Quien no la tuviera era arrestado y enviado como soldado a la frontera.

De las pocas ideas que se le conocen para el interior, cabe destacar dos: el desarrollo de la minería para conseguir metales preciosos con que acuñar moneda, y un increíble proyecto de un canal navegable desde el sur de Mendoza hasta Buenos Aires. Increíble, porque ignoraba que en Cuyo no hay agua suficiente para alimentar semejante canal, y que la poca que había la querrían usar los cuyanos para riego.

Política exterior

Desde el inicio de su gobierno, el gobierno porteño se negó por completo a colaborar con los ejércitos que luchaban contra los realistas, tanto el de Martín Miguel de Güemes en Salta, como la campaña de José de San Martín en Perú.

Dos enviados de San Martín tuvieron que oír en la Legislatura que a Buenos Aires le convenía que no se fueran los realistas de Perú. El resultado fue que San Martín tuvo que dejar a Simón Bolívar que terminara lo que él había comenzado, porque los colombianos sí ayudaban a su libertador. Cuando finalmente renunció al gobierno del Perú y regresó a Buenos Aires, fue amenazado con encarcelarlo por su desobediencia de años atrás.

Mientras tanto, se perdían la Banda Oriental y el Alto Perú. Cuando el cabildo de Montevideo le pidió ayuda, envió un emisario, Tomás de Iriarte, al gobernador brasileño a solicitar la devolución de la provincia usurpada…

 

El empréstito Baring Brothers

La Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires decretó el 19 de agosto de 1822 una ley que facultaba al gobierno a "negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real". Los fondos del empréstito debían ser utilizados para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, y la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Patagones. Además debía dotarse de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires.

La Junta de Representantes había autorizado la colocación a un tipo mínimo del 70%, pero Rivadavia acepta constituir un consorcio que represente al Gobierno de Buenos Aires para la colocación del empréstito al tipo de 70%. Este consorcio estaba encabezado por los señores Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson, quienes en virtud del poder conferido celebraron el acuerdo en Londres con la firma Baring Brothers & Co.

Como la colocación en el mercado sería fácil, la Baring propuso al consorcio colocarlos al 85%, pagando 70% a Buenos Aires y repartíéndose el 15% de diferencia con el consorcio.

El 1º de julio 1824 se contrató con la Banca Baring el empréstito por 1.000.000 de libras esterlinas. El 15% de diferencia de colocación representó 150.000 libras, de ellas el consorcio en su conjunto se llevó 120.000 libras en carácter de comisión, y los 30.000 restantes fueron para Baring.

El Bono general dispuso que:

  • Los intereses serían pagados semestralmente, encargándose la Casa Baring de hacerlo a nombre de Buenos Aires cobrando una comisión del 1%.
  • El Estado de Buenos Aires "empeñaba todos sus efectos, bienes, rentas y tierras, hipotecándolas al pago exacto y fiel de la dicha suma de 1.000.000 de libras esterlinas y su interés".
  • Baring retendría 200.000 títulos al tipo de 70, acreditando a Buenos Aires las 140.000 libras correspondientes y disponiendo para sí del excedente de su venta.
  • Por cuenta del consorcio, Baring vendería en bolsa los 800.000 títulos restantes al tipo de 85%, cobrando un 1% de comisión por ello, y acreditando a Buenos Aires el 70%. Si lograse colocarlas a más del 80% la comisión subiría a 1,5%.
  • En toda suma a entregarse en lo futuro por Buenos Aires, en concepto de intereses y amortizaciones, Baring cargaría un 1% de comisión a cuenta del gobierno.

Como no se había especificado como llegaba el dinero a Argentina, el consorcio informa a la Casa Baring que la mejor manera era enviando letras giradas contra casas comerciales de prestigio que dieran garantías en Buenos Aires. No por casualidad, una de esas casas comerciales era la de Robertson y Costas, dos miembros del consorcio. Al final, del millón de libras que totalizaba el mismo, sólo llegaron a Buenos Aires unas 570.000, en su mayoría en letras de cambio y una parte minoritaria en metálico.

El empréstito solo se pagaría por completo ochenta años más tarde.

En cuanto el préstamo llegó, la Legislatura cambió de idea: el dinero no era necesario. De modo que fue entregado al Banco de Descuento para que lo entregara como créditos a sus clientes, a intereses mucho más bajos que los que pagaba la provincia por ese dinero.

El empréstito argentino de 1824 no fue el único de su tipo en Latinoamérica. Ya en 1822 Colombia había negociado un crédito por valor de 2 millones de libras esterlinas, lo mismo había hecho ese año Chile con un crédito por 200.000 libras. El reino de Poyais (actual Nicaragua) hizo lo propio por 200.000 libras, y Perú colocó un empréstito por 1.200.000 libras. México también tomó un crédito de este tipo en 1824, y Colombia obtuvo su segundo crédito. Entre 1822 y 1826 las colonias españolas se endeudaron con Londres por la suma de 20.978.000 libras, habiendo Inglaterra desembolsado una suma real de sólo 7.000.000 de libras.

 

La enfiteusis

Como garantía del empréstito Rivadavia hipotecó todas las tierras y demás bienes inmuebles de propiedad pública, prohibiendo su enajenación en toda la Nación. No siendo posible enajenar las tierras por la existencia de esta hipoteca, les aplicó el régimen de enfiteusis, mediante el cual se arrendaban contra el pago de un canon.

El 16 de marzo de 1826, siendo ya presidente, ratificó mediante un decreto la prohibición de vender, donar o entregar de cualquier otra forma las tierras fiscales. Posteriormente, el 18 de mayo, la Ley Nacional de Enfiteusis volvió a ratificar la prohibición de enajenar tierras de propiedad pública y fijó el lapso de concesión en "cuando menos" 20 años desde el 1º de enero de 1827. Pero de hecho la ley sólo se aplicó en territorio porteño y en Corrientes, habiéndola reconocido ésta última recién en 1830.

La ley no establecía límites para la concesión, ni exigía la producción agrícolo-ganadera de las tierras, ni requería que se poblasen. Además, se permitía el subarriendo y la transmisión de derechos, cosa que resultó en todo tipo de especulaciones.

Finalmente la tierra fue concedida a ricos terratenientes que se las arreglaban en este aspecto para burlar el pago del canon, careciendo el gobierno de la fortaleza necesaria para obligarlos. Según Jacinto Odonne, en su libro La burguesía terrateniente argentina, entre 1822 y 1830 se adjudicaron 8.600.000 hectáreas a 538 propietarios, habiendo pagado finalmente estos sólo 5.008 pesos en concepto de canon.

La llegada a la presidencia

En mayo de 1824 fue elegido gobernador Juan Gregorio Las Heras y ofreció a Rivadavia continuar en el cargo, aunque posiblemente no sentía simpatías por él. Rivadavia no aceptó y partió hacia Londres, con una autorización de la legislatura para gestionar la explotación de minas. Pero las minas en cuestión no estaban en Buenos Aires, sino en la La Rioja, donde el caudillo Facundo Quiroga se había asociado con el capitalista porteño Braulio Costa y otros socios, como Anchorena y los Aguirre, y con capitales de la Baring Brothers formaron la Famatina Mining Company, nombre extranjero para la Sociedad del Banco de Rescate y Casa de la Moneda de La Rioja, reconocida por el gobierno de esta provincia.

El ex ministro se asoció en Londres con el banco Hullet Brothers y fundó la Río de la Plata Mining Association, con un capital nominal de 1.000.000 de libras esterlina, cuyo relativo éxito se debió, sobre todo, a una “burbuja financiera” que estallaría poco después. Esa aventura financiera no le sirvió de mucho, pero le ganó la terrible enemistad de Quiroga.

En 1821 se había firmado el Tratado de Benegas, que convocaba a un congreso nacional en Córdoba, que se llegó a reunir a fines de 1821. Pero el ministro Rivadavia ordenó el regreso de los diputados porteños, con la excusa de que las provincias representadas no se habían organizado interiormente. La razón real era que un congreso reunido en el interior no podría ser controlado por los porteños. Por otro lado, Buenos Aires exigía que el número de diputados por provincia debía estar en proporción al número de habitantes de cada una, lo que siempre había sido rechazado por las demás provincias.

Esto precipitó el fracaso del congreso. El Tratado del Cuadrilátero, firmado en enero de 1822 entre las provincias del litoral y Buenos Aires, obra de Rivadavia, significó la muerte definitiva del Congreso federal. El ministro invitó a los diputados de las demás provincias a reunirse nuevamente en congreso cuando la situación interna de las provincias lo permitiera.

El nuevo Congreso General se reunió en diciembre de 1824 en Buenos Aires, y bajo las condiciones porteñas.

El Congreso llevaba unos pocos meses discutiendo dificultosamente la futura constitución, cuando en abril de 1825 desembarcó en la costa oriental la expedición libertadora de Juan Antonio Lavalleja y sus Treinta y Tres Orientales. En poco más de dos meses, obtuvieron dos importantes victorias, encerraron a los brasileños en Montevideo y le pusieron sitio. Y reunieron un congreso que declaró que la Banda Oriental se reincorporaba a la Argentina. El Congreso Nacional aceptó la reincorporación de la Banda Oriental el 25 de Octubre de 1825, y el emperador declaró la guerra a la Argentina en diciembre.

Inesperadamente, la Guerra del Brasil obligó al congreso a formar un ejército urgentemente, y se pensó que también tenía que formar un poder ejecutivo nacional para unificar el mando militar. De modo que, sin empezar siquiera a discutir una constitución que le diera marco legal al cargo, el 6 de febrero de 1826 se sancionó la ley de presidencia, creando un Poder Ejecutivo Nacional Permanente, con el título de Presidente de la República Argentina. Duraría en sus funciones el tiempo que estableciese la constitución. A fuerza de innovar, se innovaba incluso en el nombre del país, que aparecía sin aviso.

Sus ministros fueron: Julián Segundo de Agüero de gobierno; Carlos de Alvear de guerra y marina; Francisco Fernández de la Cruz de relaciones exteriores y Salvador María del Carril de hacienda.

Claramente, Rivadavia llevaba al gobierno un proyecto centralizador, es decir, unitario. La primera comunicación a los gobernadores del interior les hacía saber que les concedía a cada uno el mando político y militar que ya tenían como gobernadores, sólo que de forma provisoria, hasta que decidiera reemplazarlos.

La presidencia

Busto de Bernardino Rivadavia en la ciudad de América, partido de Rivadavia

La ley de Capitalización

Inmediatamente luego de asumir Rivadavia presentó provincia. También se ganó el odio de los estancieros, que no estaban dispuestos a perder la ventaja que les daban las relaciones en Buenos Aires, y las acciones de empresas en América rebajaron sus precios y algunas sociedades quebraron. El capital inglés se retrajo; durante tres décadas no estuvo dispuesto a afrontar riesgos en estas tierras.

Guerra del Brasil

Rivadavia reorganizó el Ejército, incrementó el número de cuerpos de la Escuadra Nacional y creó el Estado Mayor. Si bien inicialmente la posición del Imperio del Brasil fue más ventajosa, las fuerzas eran parejas y la guerra se alargaba, transformándose en una carga económica. Luego de que las fuerzas argentinas vencieran en los triunfos parciales de Ombú y [[batalla de Bacacay| == TeRivadavia rechazó el convenio; pero igualmente sufrió el costo político del pacto, que se convertiría en una de las razones de su renuncia.

Constitución de 1826

Artículo principal: Constitución Argentina de 1826

En 1826, pese a las dificultades internas y externas (la guerra con el Brasil había sido declarada el 1ro de enero de ese año) Rivadavia instó al Congreso a dictar una Constitución.

La Constitución sancionada en 1826 proclamaba el sistema representativo, republicano, consolidado en unidad de régimen. El gobierno nacional se organizaba en base al principio de división de poderes. Los gobiernos de provincia estarían a cargo de gobernadores, elegidos por el presidente con acuerdo del Senado, a propuesta en terna de los Consejos de Administración; estos organismos eran elegidos por el pueblo de cada provincia.

La Guerra civil en el interior

Las provincias habían sido sacudidas por varias guerras civiles durante la primera mitad de esa década. Parecían a punto de pacificarse, cuando el coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid, uno de los oficiales que debía reunir tropas en las provincias del norte para la guerra del Brasil, las usó para usurpar el gobierno de la provincia de Tucumán. En lugar de desautorizarlo, Rivadavia lo incitó a usar esas tropas para atacar a los caudillos federales vecinos, que se oponían a su política. El más capaz de ellos, Facundo Quiroga, lo derrotó en dos batallas, pero esa nueva guerra civil garantizó el rechazo de varias provincias a su autoridad y a la constitución.

Efectivamente, la Constitución fue rechazada por todas las provincias: las misiones enviadas por el Congreso ante los gobiernos de provincia fracasaron.

Renuncia de Rivadavia

Además de ganarse la enemistad de las provincias del interior gracias a la Constitución de 1826 y todas las medidas centralistas que tomó; la guerra con el Brasil había agotado los recursos. Gran Bretaña presionaba para acordar una paz que garantizase la reanudación del comercio exterior.

La noticia de la negociación de García colmó la paciencia de todos: el presidente desconoció el acuerdo, pero, considerado responsable de la situación, renunció ante el congreso el 27 de junio de 1827. Entregó el mando a Vicente López y Planes, presidente provisorio elegido por el Congreso por una ley de emergencia. El congreso se disolvió y nadie volvió a acordarse de la constitución. La provincia de Buenos Aires recuperó su autonomía, eligiendo gobernador a Dorrego.

El conflicto con Brasil continuó hasta que, durante el gobierno de Manuel Dorrego y con la presión de Inglaterra, se llegó a una Convención preliminar de paz, donde se disponía la independencia de la República Oriental del Uruguay y el cese de las hostilidades.

El exilio

En 1829 Rivadavia partió hacia España, retornando a la Argentina en 1834, pero el gobernador de Buenos Aires, Juan José Viamonte no le permitió desembarcar, motivo por el cual se estableció primero en Mercedes (Soriano, Uruguay) y luego en Colonia (Uruguay). Pasó luego al Brasil y volvió definitivamente a España a fines de 1842.

Murió en la ciudad española de Cádiz 2 de septiembre de 1845. A pesar que en su testamento pidió que sus restos "no fueran enterrados en Buenos Aires y menos en Montevideo", éstos fueron repatriados en 1857, rindiéndole el gobierno honores de Capitán General ante una muchedumbre calculada en 60.000 personas. En ese año se dispuso darle su nombre a la por muchos considerada la avenida más larga del mundo. Sus restos descansan en un mausoleo en la Plaza Miserere de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sobre dicha avenida, desde 1932.

Su impulso renovador en la vida cultural del país

Durante lo que se conoció como la «época de Rivadavia» la ciencia y la cultura prosperaron de manera significativa en el país. Su impulso reformista dio a la vida intelectual una dinámica desconocida hasta entonces, creando un clima propicio que fructificó en diversos campos a través de la obra personal de muchos individuos.

Siendo secretario del Triunvirato, ayudó a Mariano Moreno en la creación de una Casa de Libros en Buenos Aires que se abrió en 1812. Creó varias escuelas, proyectó la confección de un plano topográfico de la provincia de Buenos Aires y la formación de un museo de historia natural, que recién comenzó a funcionar en 1823.

Gracias a su gestión como Ministro de Gobierno de Martín Rodríguez se inauguró el 12 de agosto de 1821 la Universidad de Buenos Aires. Durante la época de Rivadavia se contrataron a distinguidas personalidades intelectuales del extranjero, como el matemático mexicano José Lanz, el naturalista francés Aimé Bonpland, los físico y astrónomos italianos Pedro Carta Molino y Octavio Fabricio Mossotti, el publicista e historiador, también italiano, Pedro de Angelis, el ingeniero francés Carlos E. Pellegrini y otros. La mayoría de ellos se establecieron a enseñar e investigar en el país. También en su época se crearon laboratorios de química, el primer observatorio astronómico del país, el Museo de Ciencias Naturales, el Archivo General, el Departamento Topográfico y Estadístico.

Sólo en 1822, por acción oficial o privada, se habilitaron seis instituciones académicas: La Sociedad Literaria, La Sociedad de Ciencias Físicas y Matemáticas, La Sociedad de Jurisprudencia, La Academia de Medicina y dos academias de música y canto. Cinco librerías existentes en Buenos Aires en 1825 vendían toda clase de obras literarias y científicas editadas en Europa. Debe tenerse presente que por un decreto de 1821 se habían derogado antiguas prohibiciones a la introducción de determinados libros sin censura ni trabas de ninguna índole.

Su renuncia provocó el exilio de la mayor parte de los protagonistas comprometidos con el régimen caído, lo que empobrecería notoriamente el quehacer intelectual del país.

 

Empréstito Baring Brothers  
Monto prestado: £1.000.000
Tasa de

interés:

6% anual
(£60.000 por año pagadas semestralmente)
Amortización: 1% anual
(£5.000 por año)
Comisión de la Casa Baring por los pagos: 1%
Tipo de colocación: 70% del valor nominal

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