Guerra de las Malvinas

La Guerra de las Malvinas o Guerra del Atlántico Sur (En ingles: Falklands War) fue un conflicto armado entre la Argentina y el Reino Unido ocurrido en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982 por la soberanía sobre estos archipiélagos australes tomados por la fuerza en 1833 y dominados desde entonces por el Reino Unido. Sin embargo, la Argentina los sigue reclamando como parte integral e indivisible de su territorio, considerando que se encuentran "ocupados ilegalmente por una potencia invasora" y los incluye como parte de su provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

El saldo final de la guerra fue la reocupación de los tres archipiélagos por el Reino Unido y la muerte de 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños. En la Argentina, la derrota en el conflicto precipitó la caída de la junta militar que gobernaba el país y que había sucedido a otras juntas militares instauradas tras el golpe de Estado de 1976 y la restauración de la democracia como forma de gobierno. Por otro lado se sostiene que la victoria en el enfrentamiento permitió al gobierno conservador de Margaret Thatcher lograr la reelección en 1983.

Guerra de las MalvinasFecha:2 de abril - 14 de junio de 1982

Lugar:Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur e Islas Sandwich del Sur

Desenlace:Victoria británica

Resultado:El Reino Unido toma la posesión de los archipiélagos.

CombatientesArgentina contra Reino Unido

ComandantesPresidente Leopoldo Galtieri
Vicealmirante Juan Lombardo
Brigadier Ernesto Horacio Crespo
General de Brigada Mario Menéndez
contra

Primer Ministra Margaret Thatcher
Almirante Sir John Fieldhouse
Contraalmirante Sandy Woodward
General de División Jeremy Moore

Fuerzas en combate Ejército: 10.001
Armada: 3.119
Fuerza Aérea: 1.069
Barcos:38
[1]
Aviones: 216
contra Ejército: 10.700
Armada: 13.000
Fuerza Aérea: 6.000
Barcos:111
[2]
Aviones: 117

Muertes: 649 contra Muertes: 2582

Heridos: 1.188 contra Heridos: 777

Señal en una carretera de la provincia argentina de Entre Ríos con la frase Las Malvinas son Argentinas

Antecedentes

Mapa de las islas Malvinas (con los topónimos en inglés).

Las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur son tres archipiélagos situados en el Océano Atlántico, frente a las costas argentinas, que constituyen un dominio colonial británico desde 1833. No obstante, desde su ocupación en 1763 fueron motivo de conflicto entre el Reino Unido, Francia y España, y después entre el Reino Unido y la Argentina, que al considerarse heredera de los derechos españoles sobre el territorio, ejerció en éste su soberanía efectiva hasta que se produjo la invasión británica.

Sólo uno de estos archipiélagos, las Islas Malvinas, tiene población civil propia permanente (llamados en inglés despectivamente como los kelpers). Generalmente de origen escocés, esta comunidad se considera a sí misma británica y apoya la permanencia de la posesión británica de las islas. Los otros dos están ocupados, esencialmente, por personal científico. En 1965 la Argentina consiguió que la ONU aprobase la resolución 2065, calificando la disputa como un problema colonial y urgiendo a las partes a negociar una solución; no obstante, las negociaciones resultaron infructuosas durante los siguientes diecisiete años. De todas formas, las relaciones entre la Argentina, el Reino Unido y los habitantes de las islas hacia finales de la década del 60 y principios de la década del 70 fueron en general muy buenas. Tal es así, que durante gran parte de los años previos a la guerra, semanalmente operaba un vuelo entre la Argentina y Puerto Stanley (actualmente Puerto Argentino), del cual los isleños dependían fuertemente para su provisión y hasta la atención médica compleja. Incluso la pista de aterrizaje original de Puerto Stanley (realizada en aluminio) fue construida por la Fuerza Aérea Argentina hacia principios de la década del 70.

 Relevancia de las islas

En otro tiempo en las islas existían importantes puestos balleneros, pero la gradual desaparición de numerosas especies de ballenas en los mares australes y los profundos cambios en el negocio aceitero hicieron que la relevancia económica de la actividad se redujera dramáticamente. El interés por el archipiélago obedece fundamentalmente a cuatro causas:

1.      Para la Argentina, las Malvinas son un territorio irredento cuya recuperación es una causa nacional que une a todos los argentinos; para el Reino Unido conservar la posesión sobre estos archipiélagos representa una cuestión de orgullo y credibilidad nacional[cita requerida].

 2.      La posesión de territorios adyacentes a la Antártida puede otorgar derechos sobre este continente en futuras negociaciones relacionadas con el mismo.

3.      El control de este archipiélago entrega una posición estratégica a su ocupante sobre el cruce austral y su tráfico marítimo.

4.      Numerosas investigaciones confirman yacimientos de crudo en la plataforma continental en la que se encuentran las Malvinas. La plataforma es además una rica pesquería.

 La decisión de atacar

A principio de los años 1980, el modelo económico de la Junta militar se agotó, con las subsiguientes tensiones sociales: 90% de inflación anual, recesión profunda, interrupción de buena parte de la actividad económica, generalización del IVA (impuesto al valor agregado), empobrecimiento de las clases medias, brusco aumento del endeudamiento externo de las empresas y el Estado, salario real cada vez más depreciado, aumento de la pobreza y sus lacras, etc. La sustitución del jefe de la Junta Jorge Rafael Videla por el general Roberto Viola y luego éste por el general Leopoldo Fortunato Galtieri es indicativa de esta crisis económica, social y política, y el momento en que la decisión de recuperar las islas se pone en marcha con objeto de recuperar el crédito perdido entre los sectores sociales sensibles a este discurso patriótico.[3][4] Esta decisión se basó en presupuestos políticos y militares que, en principio, parecían acertados:

1.      Las Naciones Unidas habían adherido firmemente a la doctrina de la guerra justa mediante la aprobación por grandes mayorías de las resoluciones 2131 (1965), 2326 (1967), 2908 (1972), 3281 (1974) y 3314 (1974), que reconocían explícitamente la legitimidad de las guerras de liberación, de autodeterminación, contrarias a la opresión racial, etc. Amparada en este antecedente legal, la mención a una hipotética recuperación de las islas por la vía armada había estado presente en el discurso diplomático bilateral desde 1972.[5]

2.      Entre 1981 y 1982, varias acciones del gobierno británico fueron interpretadas por la junta militar argentina como señales de desinterés por el archipiélago, sus habitantes y su futuro:

· Debido a recortes presupuestarios, el ministerio de defensa británico decidió prescindir de sus dos portaaviones (‘‘HMS Hermes y ‘‘HMS Invincible), sus dos buques de desembarco de tropas (‘‘HMS Fearless y ‘‘HMS Intrepid) y del patrullero antártico ‘‘HMS Endurance, llamado por los británicos "el guardián de las Islas Falkland". Varios periódicos argentinos llegaron a afirmar que el Reino Unido abandonaba la protección de las Islas Malvinas. En el mismo sentido, los representantes malvinenses en Londres expresaron su profunda preocupación por el inminente desarme.[6]

· Motivada por causas racistas, la nueva ley de nacionalidad aprobada por el parlamento británico relegaba a la mayoría de los nativos malvinenses a una segunda categoría y les negaba la ciudadanía completa.[7]

1.      La guarnición británica en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur era reducida, y la lejanía a la metrópoli impedía la llegada de refuerzos a tiempo.

2.      La capacidad de guerra anfibia del Reino Unido a medio mundo de distancia no parecía estar a la altura de las circunstancias, pese a su gran poderío aeronaval.

3.      No parecía probable que el Reino Unido realizara un contraataque a gran escala, afectando al territorio continental argentino —por ejemplo, usando sus submarinos nucleares— por una cuestión colonial sobre unas islas remotas.

No obstante, la Junta no tuvo en cuenta elementos geopolíticos y diplomáticos esenciales a la hora de tomar tal decisión:

1.      Existen numerosos conflictos fronterizos en el mundo. En el contexto de la Guerra Fría, no era probable que la comunidad de naciones viera con buenos ojos la resolución violenta de uno de ellos, pues eso podría legitimar y desencadenar un racimo de guerras regionales en los cinco continentes.

2.      En el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos daba más importancia a la OTAN, concebida directamente para detener a la URSS, que al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) más orientado para contener al comunismo en América del Sur y percibido como de interés secundario por Washington.

3.      Una dictadura de extrema derecha no podía esperar el apoyo de la URSS ni de ninguno de los países alineados con ella o influenciados por ella, ni tampoco de la mayor parte de democracias occidentales, donde las graves violaciones de los Derechos Humanos cometidas por la Junta ya eran del dominio generalizado de la opinión pública.

4.      La Junta subestimó, además, las estrechas relaciones entre Estados Unidos y el Reino Unido que trascienden del marco de la OTAN.

5.      El Reino Unido es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con derecho a veto.

6.      La Junta subestimó la importancia que tiene para la credibilidad del Reino Unido el mantenimiento de los territorios coloniales de la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth).

7.      1982 era año electoral en el Reino Unido. Si en algún momento estuvo en duda responder o no, la proximidad de los comicios impedía que una humillación así fuera sometida a negociaciones. En una encuesta de Gallup realizada a pocos días del inicio de la guerra, el 28% de la población británica declaró que "el asunto de las Malvinas" iba a ser su elemento fundamental de decisión de voto.

8.      La Junta subestimó el potencial y la habilidad militar de la que por tres siglos fue la armada más poderosa del mundo, y particularmente la capacidad de algunos de sus elementos sustanciales.

9.      La Armada Real Británica se encontraba próxima a radiar de servicio al 70 por ciento de su flota, lo que hubiera dificultado su contraataque o incluso su eventual victoria sobre las Fuerzas Argentinas.

10.  Se estaban llevando a cabo numerosas acciones diplómaticas que tenían posibilidades de acabar en una soberanía argentina sobre las islas. La pista de aterrizaje de las Malvinas había sido construída con capitales argentinos, e YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) era quien abastecía de combustible a las islas.

Con este análisis erróneo, el gobierno argentino diseñó un plan para la recuperación militar de los tres archipiélagos en disputa llamado Operación Rosario, alterando el statu quo por la vía de los hechos. La operación fue creada a finales de 1981 y principios de 1982 por el Almirante Jorge Isaac Anaya, miembro de la Junta presidida por Galtieri.

La Operación Rosario

La Operación Rosario consistía en una serie de acciones de intensidad creciente encaminadas a la recuperación argentina de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur que se ejecutarían en sentido inverso (de Este a Oeste y de menor a mayor relevancia política), iniciándose de la manera más discreta posible y culminando con la toma del archipiélago de las islas Malvinas y de su capital, Puerto Argentino/Stanley mediante un asalto directo. La Junta logró mantener en secreto el plan de Anaya hasta apenas 48 horas antes del inicio de las hostilidades.

La última Thule del Sur

Ya el 18 de marzo de 1977, la Armada Argentina había establecido la estación científica Corbeta Uruguay en la isla Morrell (grupo Tule del Sur), en el archipiélago de las Sandwich del Sur, y llevaba operándola desde entonces. Esta instalación tuvo gran repercusión en la prensa argentina, pero el Reino Unido había optado por ignorarla considerándola irrelevante.

Las causas

En septiembre de 1979 el empresario argentino Constantino Davidoff, especializado en negocios con chatarra, firmó un contrato con la empresa Christian Salvensen de Edimburgo (Reino Unido), adquiriendo instalaciones balleneras abandonadas en las Islas Georgias.

Davidoff gestionó en la Embajada británica de Buenos Aires el servicio del buque Endurance a fin de transportar a las Islas el personal y equipos necesarios para desmantelar las instalaciones, pero como su pedido no fue aceptado, la Armada Argentina llevó a cabo la tarea.

El empresario comunicó a la Embajada británica su viaje al archipiélago de Malvinas y en diciembre de 1981 zarpó con destino a las Georgias, a bordo del rompehielos [[ARA Almirante Irízar (Q-5). El 19 de marzo de 1982, Davidoff regresó al lugar en el ARA Bahía Buen Suceso (B-4) en donde se produjo el izado de una bandera Argentina en las islas. El Foreign Office ordenó el envió del Endurance con el objetivo de obligar a los operarios a arriar la bandera y evitar el desembarco del personal.

El 21 de marzo, luego de que zarpara el ARA Bahía Buen Suceso (B-4) dejando el grupo de Davidoff en tierra para seguir con sus tareas, se solicitó al gobierno argentino desalojar a los operarios allí apostados.

Después que la Junta Militar enviara al ARA Bahía Paraíso (B-1) a Georgias para evitar que los marines ingleses del Endurance desalojaran por la fuerza a los trabajadores argentinos, se sucedieron una serie de reuniones y conversaciones de alto nivel mandatario a fin de suavizar el tono de la negociación diplomática.

El 26 de marzo el comité Militar argentino resolvió prestar apoyo y proteger al citado grupo de ciudadanos. A tal efecto fueron destacadas al lugar varias unidades de la flota de guerra argentina; entre ellas, el ARA Bahía Paraíso (B-1) con 200 infantes de Marina a bordo.

Durante las horas subsiguientes, las noticias procedentes del sur daban cuenta de un inusual movimiento de buques de guerra de la Armada Argentina en el Atlántico Sur.

En vísperas del 2 de abril, mientras la guerra estaba por comenzar, seguían las tareas de desmantelamiento de la paralizada planta ballenera.

 El desembarco en las islas Malvinas

Orden de batalla

 

 

 

 

Argentina

Reino Unido

 

 

 

 

 

Fuerza de Operaciones 40 (comandante: vicealmirante Juan Lombardo)

  • Destructor misilístico ARA Hércules (D-1) (actual B-52) (4.100 t) con 4 lanzadoras de misiles MM-38 Exocet antibuque (cada una, 1 misil), 1 lanzamisiles doble antiaéreo Sea Dart, 1 cañón de 114 mm, 2 antiaéreos de 20 mm, 2 lanzadores triples de torpedos de 324 mm y 1 helicóptero Westland Sea Lynx (1977).
  • Destructor misilístico D-2 ARA Santísima Trinidad (D-2) (4.100 t) con 4 lanzadoras de misiles MM-38 Exocet antibuque (cada una, 1 misil), 1 lanzamisiles doble antiaéreo Sea Dart, 1 cañón de 114 mm, 2 antiaéreos de 20 mm, 2 lanzadores triples de torpedos de 324 mm y 1 helicóptero Westland Sea Lynx (1981).
  • Corbeta misilística ARA Drummond (P-1) (actual P-31) (1.250 t) 4 lanzadoras de misiles MM-38 Exocet antibuque (cada una, 1 misil), 1 cañón de 100 mm + 1 doble de 40 mm (1978).
  • Corbeta misilística ARA Granville (P-3) (actual P-33) (1.250 t) con 4 lanzadoras de misiles MM-38 Exocet antibuque (cada una, 1 misil), 1 cañón de 100 mm + 1 doble de 40 mm (1981).
  • Submarino ARA Santa Fe (S-21) (1.526 t) (Clase Balao ex-USS Catfish SS 339) con 10 tubos lanzatorpedos de 254 y 533 mm (1944, modernizado en 1960).
  • Rompehielos ARA Almirante Irízar (Q-5) (14.900 t) con 2 helicópteros medianos Sikorsky Sea King (1978).
  • Buque de transporte ARA Isla de los Estados (B-18) (3.100 t, 1951).
  • Buque de desembarco de tanques LST ARA Cabo San Antonio (Q-42) (8.000 t, 1977).
  • 84 comandos anfibios y buzos tácticos embarcados.
  • 1º y 2º batallón de infantería de marina blindada (con vehículos anfibios LVTP-7 y LARC-5).
 

Comandante: gobernador Rex Hunt

  • Buque civil costero Forrest.
  • 67 infantes de marina (Unidad 8901) en tierra.

 

 

  • Otro número indeterminado de tropas de infantería del Regimiento de Infantería 25 del Ejército Argentino.

 

 

  • 40 miembros de la Fuerza Voluntaria de Defensa.

El 26 de marzo, una importante fuerza naval argentina había abandonado Puerto Belgrano bajo la apariencia de disponerse a realizar unas maniobras con la flota uruguaya. Sin embargo, ponen proa a las Islas Malvinas aunque el mal tiempo los retrasa. El día 30, la inteligencia británica notifica al gobernador Rex Hunt que la amenaza es real y que se espera la invasión para el día 2 de abril. Hunt reúne a sus pocas tropas y les encomienda la defensa de las islas. En la mañana del 1 de abril, apagan el faro e inutilizan el pequeño aeropuerto local y sus radiobalizas.

A las 21 del 1 de abril de 1982, 84 comandos anfibios y buzos tácticos de la Armada Argentina bajo el mando del Capitán de Corbeta Guillermo Sánchez-Sabarots abandonan el destructor ARA Santísima Trinidad (D-2) y desembarcan en Mullet Creek sobre las 23:00. A esa misma hora, el submarino ARA Santa Fe (S-21) hace superficie y libra a otros diez buzos tácticos para colocar balizas de radionavegación y ocupar el Faro San Felipe (Pembroke). Cuando el ARA Santa Fe (S-21) emerge es detectado por el radar de navegación del buque costero Forrest dando inicio a las hostilidades.

A la 1:30 del 2 de abril, los hombres de Sánchez-Sabarots se dividen en dos grupos. El primero, comandado por él mismo, se dirige a los barracones de la infantería de marina británica en Moody Brook para atacarlos. El segundo, bajo el mando del Capitán de Corbeta Pedro Giachino, avanza hacia Puerto Argentino con objeto de tomar las oficinas del Gobernador y capturarlo. Pero los británicos, sobre aviso, han evacuado los barracones y están desplegados en posiciones de combate para defender la localidad.

A las 5:45, la partida de Sánchez-Sabarots abre intenso fuego automático y de granadas contra los barracones donde suponen a los royal marines. A los pocos minutos, descubren que nadie devuelve el fuego. Están vacíos. El ruido, por el contrario, alerta al mayor Norman —quien dirige a las fuerzas británicas— de que los argentinos han llegado.

Pero el grupo de Giachino los observa prepararse para el contraataque. Evitándolos, se dirige directamente a la residencia del gobernador, con intención de atacarla por la puerta trasera. Cometen un error y entran al anexo de los sirvientes, donde tres royal marines están esperándoles. Se abre fuego. Giachino cae gravemente herido mientras el resto de sus hombres se repliegan, aunque manteniendo un firme asedio sobre la sede del gobierno británico, desde una posición elevada ubicada al sur de la misma. Pedro Giachino morirá después, convirtiéndose así en la primera baja de la Guerra de las Malvinas. Por esta acción el Capitán Giachino recibe la "Cruz al Heroico Valor en Combate". A las 6:20, el ARA Cabo San Antonio (Q-42) libra la compañía E de vehículos anfibios LVTP-7 y LARC-5 del 2º de Infantería de Marina, orientándose con las balizas que han colocado los buzos tácticos del ARA Santa Fe (S-21). La primera oleada, bajo el mando del teniente comandante Santillans, llega a tierra y toma la dirección del aeropuerto. La compañía D desembarca poco después para hacerse con el faro.

Cuando la compañía E llega a las proximidades del viejo aeropuerto, sufre el primer ataque de la infantería de marina británica. Un blindado LVTP-7 es averiado por el disparo de un antitanque Carl Gustav, pero la tripulación resulta ilesa. El contraalmirante Busser, responsable del desembarco, comienza a preocuparse: las tropas blindadas aún no han entrado en contacto con los comandos, y la resistencia británica es más intensa de lo esperado. Ordena que el 1º Batallón y una compañía de lanzacohetes de 105 mm sean helitransportados a la costa.

A las 8:30, el gobernador Hunt y el mayor Norman debaten qué hacer. Se sugiere dispersarse por el interior para formar una Guerra de guerrillas, pero finalmente, creyéndose rodeados por un batallón de Infantería de Marina, deciden que este plan de acción no tiene sentido.[8] Hacen traer a Héctor Gilobert, un argentino residente de las islas al que consideran un espía, y le encargan negociar el alto el fuego. A las 9:30, el gobernador Hunt rinde las islas Malvinas al contraalmirante Busser. Ciento cuarenta y nueve años de dominio colonial han terminado. Un avión de transporte militar argentino lleva a Hunt a Montevideo, desde donde se dirigirá a Londres.

Sin embargo, en las islas Georgia del Sur los británicos no aceptan la rendición, que les es retransmitida desde el ARA Bahía Paraíso (B-1). Cuando en la mañana del día 3 las fuerzas argentinas tratan de tomar Grytviken, los 22 infantes de marina británicos reaccionan. No sólo derriban el helicóptero Puma del Comando de Aviación del Ejército Argentino, sino que averían a la corbeta misilística ARA Guerrico (P-2) (actual P-32) con denso fuego de infantería y un lanzacohetes Carl Gustav cuando intenta aproximarse a la población. El cabo Guanca, y los conscriptos Mario Almonacid y Jorge Águila resultan muertos y otros heridos. Interviene el Alouette del COAN, que artillado ataca a las posiciones inglesas. Finalmente, la P-2 logra alejarse y —aunque tiene inutilizado su cañón principal de 100 mm— dispara una salva con el de 40 mm contra las posiciones británicas. Ante este hecho, con un marine herido en un brazo y con los conscriptos infantes argentinos aproximándose, los royal marines deciden rendirse.

Pasado el mediodía del 3 de abril de 1982, la bandera argentina ondea sobre las islas Malvinas, las islas Georgias del Sur y las islas Sandwich del Sur (en estas últimas hacía varios años). Se suceden grandes manifestaciones de alegría patriótica por toda la Argentina. Fotos de los soldados británicos capturados, boca abajo en el barro, dan la vuelta al mundo. Los «tercermundistas» han derrotado a la «superpotencia». Los prisioneros británicos vuelven a casa vía Montevideo. El plan de la Junta para recuperar prestigio social parece haber dado frutos. Sin embargo, los militares argentinos que han sido testigos de la fiera resistencia británica son más aprensivos. Si con apenas un centenar de hombres han puesto en varios bretes a fuerzas abrumadoramente superiores, ¿qué ocurrirá cuando llegue la Royal Navy?

La recuperación de las islas por Argentina y la reacción británica

Leopoldo Fortunato Galtieri, presidente de facto de Argentina durante la Guerra

Margaret Thatcher, Primera Ministra británica durante la Guerra de las Malvinas

La recuperación de las islas Malvinas por parte de las Fuerzas Armadas Argentinas no fue una acción brutal. Generalmente respetaron a la población local, si bien practicarían los correspondientes cambios de topónimos por sus versiones argentinas, instauraron el castellano como lengua oficial y, entre otros cambios, modificaron el código de la circulación vehicular para que se condujese por la derecha en vez de por la izquierda.

El público del Reino Unido se encendió ante las imágenes de unos «soldados tercermundistas» apuntando a sus compatriotas rendidos en el suelo, disparando un sentimiento patriótico que cambió la configuración política de su país.

El gobierno de Margaret Thatcher estaba entonces muy debilitado. Sus duras medidas sociales de corte neoliberal, recientemente puestas en marcha, suponían un constante enfrentamiento con amplias capas de la población británica. Francis Pym, su ministro de Asuntos Exteriores, no veía con buenos ojos un conflicto con la Argentina por la posesión de unas islas remotas en el Atlántico Sur. No obstante todo ello, el 3 de abril el Reino Unido logró que la ONU aprobara la resolución 502, exigiendo a la Argentina que retirara sus tropas de los archipiélagos ocupados como condición previa a cualquier proceso negociador. El Reino Unido también cortó todas las relaciones comerciales con la Argentina, y comenzó a buscar aliados diplomáticos con un éxito mucho mayor al de la Junta.

Durante el conflicto bélico, y a raíz de la inmediata ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos estados beligerantes, el Perú representó los intereses diplomáticos de la Argentina en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y, a su vez, Suiza representó los intereses diplomáticos de Gran Bretaña en la Argentina. Así, los diplomáticos argentinos destacados en Londres, se convirtieron en diplomáticos peruanos de nacionalidad argentina y los británicos en Buenos Aires, diplomáticos suizos de nacionalidad británica. Durante el transcurso del conflicto bélico, el acoso del Servicio de Inteligencia británico a la Embajada peruana en Londres y a sus funcionarios diplomáticos fue tal que originó como respuesta mensajes de distracción.

Para el 9 de abril, el Reino Unido había logrado el pleno apoyo de la Comunidad Económica Europea (ahora Unión Europea), la OTAN, la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth) y la ONU. Surgen propuestas de paz por parte del Secretario General de las Naciones Unidas, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, y del Presidente Peruano Fernando Belaúnde Terry.

Pero ya el día 30 de marzo, cuando se hizo obvio que la invasión era inminente, el Gobierno británico había ordenado que el destructor ‘‘HMS Antrim, seguido de otros dos buques de superficie y tres submarinos nucleares, se dirigieran a las islas Georgias del Sur para apoyar al HMS Endurance. El resto de unidades de la marina británica se puso en alerta de cuatro horas.

Alexander Haig, Secretario de Estado de Estados Unidos, recorrió miles de kilómetros intentando evitar la guerra entre dos firmes aliados. No tuvo éxito. La URSS, por su parte, se dedicó a observar el devenir de los acontecimientos con alegría disimulada: dos fuertes aliados de los estadounidenses, ambos con gobiernos de derecha —una democracia y una dictadura—, se enfrentaban irremisiblemente. Moscú era consciente de que, más pronto que tarde, Washington tendría que decantarse por uno de los dos. Hacerlo implicaba romper la OTAN o romper el TIAR. Cualquiera de las dos opciones resultaba beneficiosa para los soviéticos.

Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos durante la Guerra de las Malvinas.

En efecto, la neutralidad era imposible. Hacia finales del mes de abril el presidente estadounidense Ronald Reagan se decantó por los «primos» británicos y por la OTAN. Al hacerlo incumplían el TIAR, aplicable en casos de guerra, para favorecer a un miembro de la OTAN. Su unilateralidad, en vez de mantener neutralidad por pertenecer a dos tratados de defensa, le valió el descrédito internacional por flagrante incumplimiento de los tratados. Tanto la URSS como Cuba criticaron a Estados Unidos por este abandono del más débil, y Castro llegó a ofrecer su apoyo a la Junta Militar argentina.

Existe una visión de los hechos que considera que Chile, por su parte, al optar por apoyar a Gran Bretaña, incumplió también su compromiso con el TIAR alejándose de uno de sus postulados permanentes de política exterior cual era la intangibilidad en el cumplimiento de los tratados internacionales. Este hecho fue, según esta visión, el producto de unas relaciones muy estrechas cultivadas desde años con Gran Bretaña en el ámbito de la marina a lo cual se agregan unas relaciones especialmente delicadas entre la Argentina y Chile que llegaron en 1978 a una situación pre bélica por el contencioso sobre el Canal del Beagle.

Es posible que Chile, al borde de la guerra con la Argentina en el Conflicto del Beagle, tuviera pocas opciones más: exigir el cumplimiento de los principios de no agresión en que se basan las Naciones Unidas y constatar que el TIAR [9] descartaba en su "considerando" cualquier apoyo a una dictadura agresora. Desde este punto de vista, este nuevo ímpetu de recuperación de la soberanía argentina podía llegar hasta las fronteras chilenas reconocidas por el multilateral Laudo Arbitral de 1971-1978, pero que la Argentina había declarado nulo en forma unilateral. Chile no podía apoyar una agresión que más tarde se podía volver contra sí mismo. Por esta razón las pésimas relaciones entre Chile y Gran Bretaña [10] se tornaron en cooperación.

Desde los últimos días de abril, el Reino Unido contó con todo este apoyo diplomático, con inteligencia satelital estadounidense, con las últimas versiones de armamento estadounidense (AIM-9L Sidewinder, Stingers, etc) y con datos tecnológicos esenciales de lo que se consideraba —y se demostraría— el arma más peligrosa de los argentinos: los misiles antibuque Exocet de fabricación francesa. Hay dos versiones sobre la conducta de los misiles Exocet: 1°) el Reino Unido accedió a las claves para desactivarlos en la fase de operación, salvo los introducidos desde la república del Perú. 2°) no obstante la detallada información suministrada por el constructor Aérospatiale sobre las características de los Exocet y específicamente sobre su sistema de puntería final (homing) resultaron inútiles: este misil resultó ser tan peligroso como se temía y en ningún momento de la guerra se pudieron establecer contramedidas eficaces contra él.

No hubo declaración oficial de guerra por ninguna de las dos partes, pero conforme avanzaba el mes de abril, el mundo supo ambos países iban a entrar en guerra.

La reocupación: Operación Corporate

Conforme avanzaba el mes de abril, más y más buques de la Royal Navy se dirigían a la zona de conflicto en una acción improvisada bajo el mando del Lord Almirante Sir John Fieldhouse que recibió el nombre de Operation Corporate. Su objetivo era la reconquista de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur para la Corona Británica, y se extendería desde el 9 de abril de 1982 hasta el final de la Guerra, el 14 de junio.

Operación Paraquat: reconquista de las islas Georgias del Sur

Orden de batalla

 

 

 

 

Argentina

Reino Unido

 

 

 

 

 

 

  • Submarino ARA Santa Fe S-21 (1.526 t) (ex-USS Catfish SS 339) con 10 tubos lanzatorpedos de 254 y 533 mm (1944, modernizado en 1960).
  • Guarnición: 130 infantes de marina. (Comandante: teniente comandante Luis Lagos)
 

Fuerza de operaciones Paraquat (Comandante: capitán Brian Young)

  • Destructor de misiles guiados D-18 ‘‘HMS Antrim (6.800 t) con 1 lanzamisiles Seaslug Mk.2 (2 tubos), 1 lanzamisiles MM-38 Exocet (4 tubos); 2 lanzamisiles Seacat antiaéreos (4 tubos), 1 x 2 cañones de 11,4 mm tipo 45 Mk.6; 2 cañones de 20 mm y 1 helicóptero Westland Wessex con capacidad lanzatorpedos (1970).
  • Fragata antisubmarina F-126 ‘‘HMS Plymouth (2.800 t) con 1 lanzamisiles Seacat antiaéreos, 1 cañón doble de 40 mm, 1 cañón de 11,4 mm tipo 45 Mk.6 y 1 helicóptero Wasp con capacidad lanzatorpedos (1961, modernizada).
  • Fragata F-90 ‘‘HMS Brilliant (2.800 t) con 1 lanzamisiles MM-38 Exocet (4 tubos), 2 lanzamisiles Seawolf antiaéreos (6 tubos) guiados por laser los cuales estaban en su fase experimental, 2 cañones de 20 mm, 2 lanzatorpedos antisubmarinos Mk.44 o Mk.46 (3 tubos) y 2 helicópteros Lynx, Sea King HAS.5 o Merlin (1981).
  • Buque de patrulla ártica ‘‘HMS Endurance (3.600 t), con 2 helicópteros Wasp.
  • Buque petrolero y de suministros ‘‘HMS Tidespring (27.400 t) reforzado para operaciones polares (1963).
  • Submarino nuclear S-48 ’‘HMS Conqueror (7.200 t), con 6 tubos lanzatorpedos de 533 mm (1971).
  • 42º comando royal marines. (Comandante: mayor J.M.G. Sheridan)
  • Comandos SBS.

 

 

 

 

  • Comandos SAS.

 

Isla Georgia del Sur, vista desde el espacio (NASA).

Desde el principio, fue evidente que el primer objetivo habría de ser las islas Georgias del Sur. No sólo ya había un buque británico en el área, el ‘‘HMS Endurance, sino que los datos de inteligencia notificaban que la presencia argentina en estos islotes prácticamente inhabitables era reducida. Reconquistar las Georgias del Sur proporcionaría un pequeño punto de apoyo terrestre a la flota británica, pero sobre todo tendría un efecto propagandístico de gran importancia sobre la población argentina, la británica y la internacional: la Royal Navy ha llegado. Por el contrario, un fracaso en esta recuperación podría implicar graves problemas domésticos para Margaret Thatcher y el descrédito internacional definitivo del Reino Unido. Denominada Operación Paraquat, consistió en una serie de improvisaciones y despropósitos tácticos y estratégicos que salió bien por pura buena fortuna y por la debilidad de las fuerzas opositoras[cita requerida]. Dado lo crítico de esta operación, el almirante Fieldhouse la había organizado en secreto y con una cadena de mando distinta de la que utilizaban las fuerzas que se preparaban para reconquistar las Malvinas.

Quien primero llegó, el día 19, fue el submarino nuclear ‘‘HMS Conqueror. Su presencia, en principio, denegaba el área a la flota argentina y garantizaba la seguridad del ‘‘HMS Endurance: el ‘‘HMS Conqueror era un submarino diseñado para combatir contra la armada soviética, con una tripulación entrenada para pelear con los cruceros y submarinos rusos, por lo que no era probable que ningún elemento de la flota argentina le ofreciera una resistencia significativa. El 20, un avión de cartografía y reconocimiento radar Handley Page Victor retornaba a isla Ascensión después de levantar nuevos mapas del archipiélago (siempre variables debido a los glaciares) y cubrir 150.000 mi² de mar. Con 14 h y 45 min de duración, se trata de la misión de reconocimiento más larga de la historia. Hizo unos mapas estupendos, pero en el apartado de observación retornó con las manos vacías: la flota de superficie argentina no estaba en el área.

A lo largo del día 21 el resto de la fuerza británica llegó a las proximidades de las islas Georgias del Sur. Desde el primer momento, se puso en evidencia la pobre gestión de la operación: no estaba claro quién mandaba sobre qué, no se atendió a los experimentados científicos del British Antarctic Survey, perfectos conocedores de la zona, lo que dejó al 19º Comando del 22º Regimiento del SAS (Special Air Service: servicio aéreo especial, comandos de élite) atrapados en el glaciar Fortuna en medio de un clima imposible: vientos de casi 200 km/h y olas de Fuerza 11, con el barómetro llegando a rozar los 965 milibares.

Y el día 23, un débil eco en el sonar delató la presencia del submarino argentino ARA Santa Fe (S-21); todas las operaciones se detuvieron de inmediato, el HMS Tidespring se envió a aguas más apartadas, otros dos petroleros en aproximación se desviaron y la flotilla británica se desplegó en orden de combate para interceptarlo.

La Operación Paraquat se había transformado en una operación de rescate de alta montaña y una extraña persecución de un submarino diésel-eléctrico construido durante la Segunda Guerra Mundial, mientras las tropas de Lagos y Astiz en Grytviken y Leith permanecían ajenas a lo que pasaba.

Rescatar a los comandos atrapados les costó tres helicópteros, hasta que finalmente 16 hombres agotados y helados lograron aterrizar en el ‘‘HMS Antrim a bordo de un último helicóptero cargado muy por encima de sus especificaciones. Los británicos se concentraron ahora en hallar un punto de inserción adecuado —escuchando esta vez los consejos de los científicos del British Antarctic Survey— y en cazar al ARA Santa Fe (S-21).

El Capitán de Corbeta Bicain, al mando del Santa Fe, no estaba allí por su gusto. Sus órdenes consistían en evitar la posible presencia británica para desembarcar unos magros refuerzos en Grytviken. Por ello su submarino estaba saturado de gente, pero la poca intimidad era el menor de sus problemas. Se le ordenaba evitar a la tercera flota del mundo con un navío que vio un dique seco por última vez en 1960. Estaba tan deteriorado que no podía variar su profundidad; sólo tenía dos posibles posiciones, en superficie o sumergido a cota fija. Y operar los tubos lanzatorpedos implicaba el riesgo de sufrir una explosión. Frente a él, buques y submarinos pensados para luchar en la Tercera Guerra Mundial.

Pese a todo, el capitán Bicain logró llegar muy lejos. Pero era una pelea imposible. Sobre las 11 del 25 de abril de 1982, un helicóptero del ‘‘HMS Antrim le detectó otra vez y, antes de que se escabullera de nuevo, arrojó dos cargas de profundidad tan anticuadas como el submarino al que iban dirigidas (el único armamento que llevaba a bordo). Una de ellas explotó muy cerca e inundó los tanques de flotabilidad del ARA Santa Fe, que se vio obligado a salir a superficie. Ahora fácil blanco para toda clase de cañones, misiles y torpedos, Bicain trató desesperadamente de llegar a Grytviken.

Los británicos no iban a dejar escapar una presa tan fácil. Otro helicóptero le lanzó dos misiles AS-12. Impactaron en la torreta pero, como durante la modificación de 1960 se había reconstruido en materiales plásticos, no ofreció suficiente resistencia como para que se activara su espoleta y los misiles pasaron limpiamente a través. Aún le atacaron una tercera vez, con torpedos dirigidos contra sus hélices, pero en aquella época los torpedos antisubmarinos no explotaban al alcanzar blancos de superficie por razones de seguridad. Para asombro de todos, especialmente de sus ocupantes, el ARA Santa Fe (S-21) logró llegar trabajosamente a Grytviken y ser evacuado. Quedó varado, y allí sigue todavía.

Mientras, los comandos del SAS y el SBS hallaron por fin puntos de inserción adecuados. En ausencia de patrullas argentinas, simplemente caminaron hasta Grytviken y Leith. Al llegar a la primera, se encontraron banderas blancas colgando de los edificios. El teniente comandante Luis Lagos, al cargo de las islas Georgias del Sur, había decidido no luchar ante fuerzas tan enormes. En la mañana del 26, Lagos firmaba la rendición en la base del British Antarctic Survey en King Edwards Point. Astiz, responsable de los quince buzos tácticos en Leith, no aceptó al principio este hecho. Pero ante lo que se le venía encima, por la tarde firmaría también la rendición a bordo del ‘‘HMS Plymouth, duplicando innecesariamente el acto de Lagos. La imagen de Alfredo Astiz firmando los papeles dio la vuelta al mundo. La Union Jack ondeaba de nuevo sobre las islas Georgias del Sur.

Black Buck I: bombarderos nucleares sobre Puerto Argentino

Orden de batalla

 

 

 

 

Argentina

Reino Unido

 

 

  • 2º de bombarderos British Aerospace Canberra operando desde territorio continental argentino.
  • Aviones COIN FMA IA-58 Pucará estacionados en las islas Malvinas.
  • 6º de cazabombarderos IAI Dagger operando desde territorio continental argentino.
  • 8º de cazas Dassault-Breguet Mirage IIIEA operando desde territorio continental argentino.

 

 

 

 

 

 

  • Portaaviones ‘‘HMS Invincible y escoltas.
  • 2 bombarderos Avro Vulcan operando desde isla Ascensión.
  • 800º de aviones tácticos Sea Harrier en configuración de ataque a tierra operando desde el ‘‘HMS Invincible.
  • 801º de aviones tácticos Sea Harrier en configuración de patrulla aérea de combate (CAP) operando desde el ‘‘HMS Invincible.

 

 

  • Defensa antiaérea terrestre en islas Malvinas.

 

 

Pese a la toma de las islas Georgias del Sur, el Reino Unido necesitaba demostrar que disponía de la capacidad de ataque aéreo a las islas Malvinas y al territorio continental argentino. Paralelamente, el almirante Fieldhouse no quería ver reactores enemigos operando desde el archipiélago. Por todo ello, se diseñó una serie de operaciones de ataque a tierra contra el aeropuerto de Puerto Argentino que se desarrollaría mediante bombarderos Vulcan basados en isla Ascensión.

El bombardero nuclear Avro Vulcan o «bombardero V», utilizado en las operaciones Black Buck.

El Vulcan, un bombardero nuclear estratégico, no tenía alcance suficiente. Fue necesario diseñar complejas operaciones tácticas de reaprovisionamiento de combustible en vuelo mediante aviones cisterna Victor. Pero los Victor tampoco podían llegar tan lejos, por lo que a su vez era necesario reaprovisionarlos. En suma, por cada dos Vulcan que llegaban a las islas Malvinas desde Ascensión se necesitaban 11 aviones de reaprovisionamiento; siendo el ataque más largo jamás realizado hasta entonces.[11]

El primero de estos ataques se produjo sobre el aeropuerto de Puerto Argentino el 30 de abril de 1982 a las 8, con 21 bombas convencionales de 454 kg de alto explosivo de las cuales sólo una alcanzó el borde de la pista.

Más devastadores resultaron los ataques que siguieron inmediatamente, realizados por aviones Sea Harrier del escuadrón 800º operando desde el portaaviones británico ‘‘HMS Invincible que ya había llegado a la zona. Atacaron el aeropuerto de Puerto Argentino con bombas de racimo, causando algunos daños en las infraestructuras anejas. Pero el mayor daño fue realizado en el aeródromo de Goose Green, donde los argentinos habían estacionado aviones ligeros de ataque IA-58 Pucará del Grupo 3. En torno a las 8:25, uno de los Pucará resultó destruido, dos dañados sin posible reparación y las instalaciones del aeródromo severamente afectadas. El teniente Jukic murió a bordo de su Pucará mientras trataba de despegar.

En esos momentos, la Fuerza Aérea Argentina ya había reaccionado y envió cazas Dassault Breguet MirageEA del Grupo 8º, IAI Daggers del Grupo 6º y bombarderos Canberra del grupo 2º: el destructor ‘‘HMS Glamorgan y las fragatas ‘‘HMS Arrow y Alacrity sufrieron daños menores, pero el precio pagado fue elevado. En los combates aéreos subsiguientes las dos Harrier del Escuadrón 801 se enfrentaron con un número similar de Mirage. Las tácticas de combate aéreo de los Mirage argentinos fueron muy deficientes, ya que volaban al estilo "alas soldadas" y en el enfrentamiento los británicos derribarían un Mirage, y dañaron al otro con sendos disparos de misiles. En posterior enfrentamieno cayeron un IAI Dagger y un Canberra sin sufrir bajas británicas, dañando asimismo un Turbo Mentor. El Mirage averiado en el combate con los Harrier, pilotado por el capitán García Cuerva, intentó tomar tierra en Puerto Argentino. Pero la defensa antiaérea le confundió con un avión británico y lo derribó, acabando con su vida; fue un lamentable incidente de fuego amigo. Otros tres pilotos argentinos resultaron muertos o desaparecidos en el mar.

Saldo de la batalla

Pérdidas argentinas

Pérdidas británicas

• Daños moderados en el aeropuerto de Puerto Argentino.

• Ninguna.

• Graves daños en el aeródromo de Goose Green.

 

• 1 + 2 aviones tácticos Pucará

 

• 1 + 1 cazas Mirage III

 

• 1 cazabombardero IAI Dagger

 

• 1 bombardero Canberra

 

Bajas humanas

 

• 12 muertos + 2 desaparecidos (declarados muertos).

• Ninguna.

La Operación Black Buck I se había saldado con un brillante logro operativo pero un fracaso en cuanto a sus resultados prácticos, ya que el aeropuerto de Puerto Argentino nunca quedó inutilizado del todo y los vuelos de transporte de C-130 Hércules se mantuvieron hasta la última noche de la guerra. Sin embargo, el Reino Unido había demostrado su capacidad para atacar el archipiélago e incluso el territorio continental argentino desde bases tanto en tierra como en el mar, asestado un segundo golpe propagandístico y destruido varias aeronaves en vuelo y en tierra, todo ello sin sufrir ninguna pérdida propia.
 

El hundimiento del ARA General Belgrano

Orden de batalla

 

 

 

 

Argentina

Reino Unido

 

 

 

 

 

Fuerza de operaciones 79.3

  • Crucero ARA General Belgrano (C-4) (12.242 t) con 15 cañones de 152 mm, 8 cañones de 127 mm antiaéreos, varios antiaéreos de 40 mm y 20 mm, 1 lanzamisiles antiaéreo Sea Cat y 1 helicópteros Alouette(1938, actualizado en 1968).
  • Destructor ARA Hipólito Bouchard (D-26) (3.315 t) con 4 lanzamisiles antibuque con un misil MM-38 Exocet cada uno, 6 cañones de 127 mm, 23 cañones antiaéreos de 40 mm y de 20 mm, 10 lanzadores de cargas de profundidad y 10 tubos lanzatorpedos de 533 mm (1944, actualizado en 1976).
  • Destructor ARA Piedra Buena (D-29) (3.315 t) con 4 lanzamisiles antibuque con un misil MM-38 Exocet cada uno, 6 cañones de 127 mm, 23 cañones antiaéreos de 40 mm y de 20 mm, 10 lanzadores de cargas de profundidad y 10 tubos lanzatorpedos de 533 mm (1944, actualizado en 1979).
 

 

  • Submarino nuclear S-48 HMS Conqueror (7.200 t), con 6 tubos lanzatorpedos de 533 mm (1971).

 

 

 

 

Si bien con la llegada de la Royal Navy y la inutilización del ARA Santa Fe (S-21) la flota argentina se había replegado a posiciones más próximas al continente, el almirante Fieldhouse la deseaba firmemente atracada en puerto. No estaba dispuesto a arriesgar sus preciosos buques en batallas navales como las de la Segunda Guerra Mundial. Para ello necesitaba asestarle un golpe brutal, algo que convenciera a sus almirantes y a la Junta de que salir al mar era la peor de las ideas posibles. También le hacía falta un golpe propagandístico definitivo que ofrecer a Londres, más allá de la recuperación de unos oscuros islotes y el éxito de unas operaciones de bombardeo todavía medio secretas.

Para el día 30 de abril las unidades más relevantes de la fuerza de operaciones británica ya habían configurado dos grupos de operaciones en la zona de las Malvinas, compuestos por dos portaaviones (HMS Hermes y HMS Invincible), cuatro destructores (‘‘HMS Glamorgan, HMS Conventry, HMS Glasgow y HMS Sheffield), cuatro fragatas (HMS Broadsword, HMS Alacrity, HMS Arrow y HMS Yarmouth) y dos buques petroleros y de suministros (Olmeda y Resource). Con su posición así consolidada, el Reino Unido declaró una «zona de exclusión total» (TEZ) de 200 mi náuticas alrededor del archipiélago, cuyo centro no estaba bien definido. Cualquier buque o aeronave argentino hallado dentro de estas aguas podía ser atacado sin previo aviso. Lo cierto es que, como hemos visto, la flota argentina había decidido apartarse del área por iniciativa propia en tres grupos muy dispersos. El ARA General Belgrano (C-4) y sus dos escoltas patrullaban el Banco Burdwood, situados en el borde sur de esta zona de exclusión. El mismo día 30 de abril fueron detectados por el submarino nuclear HMS Conqueror, procedente de la reconquista de las islas Georgias del Sur.

Londres habría preferido tener bien ubicado al portaaviones liviano ARA Veinticinco de Mayo (V-2), único portaaviones de la Armada Argentina. El ARA General Belgrano (C-4), sin embargo, era el segundo buque más grande del Grupo de Tareas 79 (nombre dado a la Flota de Mar argentina durante el conflicto de las Malvinas). Sobre el mediodía del 2 de mayo, y pese a que había una propuesta de paz del Presidente a mano sobre la mesa, el gobierno de Margaret Thatcher autorizó el hundimiento del ARA General Belgrano (C-4) con sus 1.093 tripulantes.

A las 15:00 del 2 de mayo de 1982, con olas de 12 m, viento de 120 km/h y temperatura ambiente por debajo de 10 °C bajo cero, el capitán del HMS Conqueror, Chris Wreford-Brown ordenó zafarrancho de combate y cargar los tubos lanzatorpedos con viejos Mk 8 (considerados más fiables que los nuevos Tigerfish). Cada uno de estos torpedos no guiados cargaba 363 kg de alto explosivo. En ningún momento el grupo de tareas 79.3 se dio cuenta de que el ataque era inminente. Sobre las 16:00, y a corta distancia, Wreford-Brown dio la orden de disparar tres torpedos. Uno de ellos pudo alcanzar al ARA Bouchard (D-26), pero si así fue, no explotó. Los otros dos dieron de lleno al ARA General Belgrano (C-4). El primero alcanzó la sala de máquinas de popa a las 16:01, abriendo un boquete de 20 m, partiendo la quilla y matando a 272 tripulantes. El segundo dio en la proa, lo que hizo desaparecer 15 m de barco, pero aparentemente sin causar víctimas.

El buque estaba perdido. A las 16:24 el capitán Héctor Bonzo ordenó evacuarlo. Su destructor de escolta ARA Piedrabuena (D-29) se lanzó a la caza del submarino, pero Wreford-Brown se evadió fácilmente de un buque tan antiguo. No obstante, durante los siguientes días habría sucesivos intentos de hundir al HMS Conqueror, todos ellos infructuosos. Volvería al Reino Unido después de la guerra, ondeando la Jolly Roger (la bandera pirata negra con la calavera y las tibias cruzadas, símbolo de victoria en la marina británica desde principios de la Edad Moderna).

323 marinos argentinos perdieron la vida (la mitad del total de muertos argentinos durante el conflicto) como consecuencia del hundimiento del ARA General Belgrano (C-4), acontecimiento que no cayó bien en la escena internacional. En muchos países lo consideraron un uso desproporcionado de la fuerza sobre un buque obsoleto, con mucha tripulación a bordo —en buena parte, marinería de recluta— y fuera de la TEZ, reforzando las posturas pacifistas en gobiernos y ciudadanía de todo el mundo. No obstante, en el Reino Unido fue ocasión de celebraciones populares y portadas de periódicos como esta del diario The Sun. Por otro lado, otros medios de prensa, comenzaron a asomar posturas moderadas e incluso contrarias a la guerra, ante tal pérdida de vidas. Hay posturas que consideran al hundimiento del ARA General Belgrano (C-4) como un crimen de guerra ya que este se encontraba fuera de la zona de exclusión impuesta por el Reino Unido en el momento en que fue hundido.

 

Saldo de la batalla

Pérdidas argentinas

Pérdidas británicas

• Crucero ARA General Belgrano(C-4) hundido, con su helicóptero Alouette.

• Ninguna.

Bajas humanas

 

• 323 muertos.

• Ninguna.

 

 

 

 

 

 

 

Aunque los planes navales argentinos habían sido frustrados, todavía la Argentina escondía un as debajo de la manga, su Fuerza Aérea, que a partir del hundimiento del ARA General Belgrano (C-4) comenzaría a infligir importantes bajas a las fuerzas de tareas británicas.
 

El Exocet entra en escena: el hundimiento del HMS Sheffield

Orden de batalla

 

 

 

 

Argentina

Reino Unido

 

 

 

 

 

 

  • 1 avión de patrullado marítimo (MPA) Lockeed P-2V Neptune.
  • 2 aviones tácticos Avions Marcel Dassault- Breguet Aviation Super Étendard (2ª Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque) equipados con misiles AM-39 Exocet.
  • 1 grupo de IAI Daggers de la Fuerza Aérea Argentina en misión de escolta retrasada.
  • 2 aeronaves auxiliares.
 

Fuerza de operaciones de la Marina Real

  • 2 portaaviones (HMS Hermes y HMS Invincible).
  • 5 destructores misilísticos (HMS Antrim, HMS Glamorgan, HMS Conventry, HMS Glasgow y HMS Sheffield).
  • 4 fragatas (HMS Broadsword, HMS Alacrity, HMS Arrow y HMS Yarmouth).
  • Numerosos buques auxiliares.
  • Varias patrullas aéreas CAP compuestas de aviones Sea Harrier.

 

 

 

 

En la Ciudad de Buenos Aires hacía mucho frío, y no sólo por la proximidad del invierno austral. Lo que comenzó como una gran aventura patriótica para recuperar crédito social se estaba convirtiendo rápidamente en un fracaso. Pese a la férrea censura informativa impuesta por la dictadura, el entusiasmo entre las capas populares sensibles a este tipo de acciones se enfriaba tan deprisa como el clima bonaerense. Escasamente un mes después de las celebraciones populares por la recuperación de los archipiélagos, y pese a toda la propaganda, a nadie se escapaba ya que el régimen había lanzado un órdago a una gran potencia y ésta había aceptado el desafío. Para la Junta, devolver los golpes recibidos con un hecho espectacular se convirtió en una prioridad absoluta. Tal hecho no podía ser otro que el hundimiento de un gran buque de guerra británico, bajo la capa de una represalia por lo del ARA General Belgrano (C-4). Con una guerra a gran escala en marcha, era esencial devolver la esperanza a la gente, hacerles creer en la victoria.

Avión de ataque naval Dassault Super Étendard de fabricación francesa.

Antes de poner proa a sus puertos, la flota argentina había determinado con bastante precisión el área general de operaciones de los dos grupos de batalla británicos por el procedimiento de detectar sus transmisiones radioelectrónicas. Al alba del 4 de mayo de 1982, un avión de patrulla P-2 Neptune de la Comando de Aviación Naval de la Armada Argentina (COAN) establece por radar la posición de la Fuerza de Operaciones británica. De inmediato, dos aviones de fabricación francesa Dassault Super Étendard de la 2º Escuadrilla parten de Río Grande a las 09:45 con un misil Exocet AM-39 cada uno para, tras reabastecerse en vuelo desde los KC-130H Hércules de la Fuerza Aérea Argentina, realizar un largo vuelo semicircular que les aproxime a los navíos enemigos. A los mandos, del Capitán de Corbeta Augusto Bedacarratz y del Teniente de Navío Armando Mayora. Tras ellos, un grupo de IAI Daggers para darles cobertura aire-aire y un Learjet en misión de diversión.

Había un problema con los AM-39 Exocet. Acababan de llegar de Francia y, debido al embargo impuesto por la OTAN contra la Argentina, los instructores franceses no se habían presentado. Los técnicos de Río Grande tenían en sus manos armas muy sofisticadas... que no sabían cómo usar. Sin embargo, no se descorazonaron e hicieron lo posible por aprender sus secretos leyendo los manuales y desmontando y montando alguna unidad. Cuando finalmente los instalaron a bordo de los Super Étendard, no estaban muy seguros de que funcionaran realmente.

Mientras tanto, el Reino Unido prosigue sus operaciones militares. Se ejecuta la segunda serie de bombardeos Black Buck sobre las islas Malvinas, buscan al submarino ARA San Luis (S-32) que creen en el área, supervisan desde lejos las operaciones de rescate de la tripulación del ARA General Belgrano (C-4) y sus aeronaves se aventuran hasta las cercanías de las costas argentinas para inspeccionar posibles objetivos pese a que la Junta ha establecido a su vez una zona de exclusión. Es una superpotencia, haciendo la guerra «según el manual». Lejos, en el mar, al este de las Malvinas, los dos portaaviones y sus buques auxiliares actúan de retaguardia avanzada, bien protegidos de cerca por las fragatas con sus misiles de corto alcance Sea Wolf y, a unas 20 mi, por los destructores del tipo 42 (entre los que se hallaba el HMS Sheffield) con sus sofisticados radares y sus misiles de alcance intermedio Sea Dart, apoyados a su vez por la fragata ‘‘HMS Yarmouth.

A las 10:35, el Neptune realiza un último ascenso a 1,2 km de altitud y ubica un blanco grande y dos pequeños en las coordenadas 52º33'55" Sur, 57º40'55" Oeste. Retransmite la información a Bedacarratz y retorna a base.

A las 10:50 los Super Étendards —que venían volando sobre la cresta de las olas para no ser detectados— realizan un pequeño ascenso a 160 m de altitud para confirmar las coordenadas suministradas por el Neptune, pero no encuentran nada. Bedacarratz decide continuar. Cuarenta km más adelante vuelven a intentarlo y... ¡allí están! Un blanco grande y tres pequeños. Vuelven a su bajísimo nivel de vuelo, cargan los datos en las guías de los AM-39 Exocet y los disparan a las 11:04. Tras hacerlo, dan la vuelta para retornar a Río Grande. El lanzamiento se ha realizado a muy baja altitud, con misiles montados sin asistencia del fabricante y justo en el límite de alcance nominal de los Exocet: casi 50 km. Por estos motivos, durante el regreso Bedacarratz y Mayora dudan de que la compleja misión haya servido de algo.

Aun hoy, los sucesos siguientes son motivo de disputa. Lo único seguro es que a las 11:07 del 4 de mayo de 1982 uno de los dos misiles Exocet alcanzó en el mismo centro al destructor HMS Sheffield, uno de los buques más modernos de la Royal Navy. Algunas fuentes dicen que la cabeza de guerra no estalló, y lo que se produjo fue un incendio causado por los gases de la combustión del Exocet que se extendió rápidamente. El capitán del Sheffield, en cambio, asegura que el misil sí explotó, destruyendo el centro de operaciones y el de ingeniería. Sea como fuere, a los pocos segundos el moderno destructor estaba en llamas. 22 hombres murieron y otros 24 resultaron gravemente heridos, entre ellos el jefe de informática que trataba infructuosamente de poner de nuevo en marcha las computadoras.

HMS Sheffield (D80) en llamas, luego de recibir un misil AM-39 Exocet, lanzado desde un Super Étendard de la Armada Argentina‎

La razón por la que el HMS Sheffield y la cercana fragata HMS Yarmouth no detectaron la presencia del Exocet hasta que un marino del primero lo vio acercarse, 4 segundos antes del impacto, permanece oculta. Una versión dice que en ese momento se estaban realizando retransmisiones satelitales que requerían tener el radar apagado. Otra, que los ordenadores lo identificaron como un proyectil amigo debido a su origen francés. Aún una más afirma que la tripulación de los buques británicos se hallaba demasiado confiada, con la alerta muy relajada. Todo ello resulta incomprensible, puesto que los británicos llevaban toda la mañana detectando las transmisiones del Neptune e incluso había ya una patrulla de Harriers en el aire para interceptarlo. Quizás el Exocet sólo hizo aquello para lo que está fabricado: acercarse subrepticiamente a un buque de alta tecnología y hundirlo sin previo aviso.

Más controvertido aún es qué le ocurrió al segundo Exocet. La versión generalizada es que falló su blanco y se perdió. Sin embargo, marinos a bordo de la HMS Yarmouth aseguran que lo vieron pasar delante de sus ojos. La poca actividad que el portaaviones HMS Hermes desplegó en la guerra a partir de ese momento ha dado lugar a especulaciones respecto a que quizás el segundo Exocet sí atinara al «blanco grande» de los radares.

Rápidamente, varios buques acudieron en ayuda del HMS Sheffield. Evacuaron a los supervivientes y lograron controlar el incendio. No obstante, el buque estaba a la deriva, ya perdido. Intentaron remolcarlo de vuelta al Reino Unido, pero finalmente se fue a pique el 10 de Mayo.

Saldo de la batalla

Pérdidas argentinas

Pérdidas británicas

• Ninguna.

• Destructor HMS Sheffield hundido.

Bajas humanas

 

• Ninguna.

• 20 muertos y 24 heridos graves.

La noticia dio la vuelta al mundo. La «soldadesca tercermundista» de que hablaba la prensa londinense —unos con desprecio, otros con lástima— acababa de abatir al buque más moderno de la flota británica. El frío se extendió ahora por Whitehall, pese a que en el Hemisferio Norte brillaba la primavera. Fue un severísimo golpe al prestigio británico ante las naciones, que reavivó las celebraciones patrióticas en la Argentina, donde Bedacarratz y Mayora fueron recibidos como héroes, y dio un balón de oxígeno a la Junta. El «asunto de las Malvinas» se convirtió de pronto en la «crisis de las Malvinas». El Exocet se hizo famoso entre el público de todos los países, asistentes por primera vez a una guerra aeronaval basada en el uso de misiles. Con la mayor discreción posible, el almirante Fieldhouse alejó sus unidades de la costa tanto como le fue posible. Lo cual significaba un grave problema, porque su propósito era exactamente el contrario: dominar las aguas alrededor de las islas Malvinas y reconquistarlas. Se imponía una aproximación diferente.

Guerra marítima

Ya conscientes de que se enfrentaban a un oponente muy peligroso, a partir del día 10 numerosos buques de guerra y apoyo británicos salieron del Reino Unido para reforzar a la Fuerza de Operaciones de este país y ayudar al desembarco previsto en las islas Malvinas a finales del mes. Por su parte, Argentina tuvo que mantenerse generalmente a la expectativa, sobre todo tratando de reforzar la guarnición en el archipiélago y garantizar la seguridad de las comunicaciones con el continente. El día 15 hubo que retirar del servicio los aviones de reconocimiento Neptune por su antigüedad y por falta de piezas de repuesto, lo que dejó a la nación austral sin «ojos» más allá de las Malvinas. En general, el Reino Unido se preparaba para la reconquista y Argentina esperaba a que lo intentasen. Se sugirieron varios planes de paz, pero o un bando u otro se negaban a aceptarlos por diversas razones. Quedó claro que la resolución del conflicto sería violenta.

Este periodo de preparativos, que se extendería hasta el 21 de mayo, estuvo salpicado de cautas acciones aeronavales. Tras la experiencia del HMS Sheffield, el almirante Fieldhouse no se sentía tentado a aproximar sus buques más valiosos a las Malvinas; serán las fragatas quienes pechen con la peligrosa tarea de permanecer en aguas malvinenses para denegárselas a Argentina en la medida de lo posible y dar apoyo a los aviones que operan en el área.

Se suceden varios incidentes, en los que ambas partes pierden aviones y Argentina, algunos barcos pequeños de transporte, carga y reconocimiento. Las unidades británicas incrementan nítidamente su nivel de agresividad, llegando a atacar en al menos dos ocasiones las embarcaciones y aeronaves de salvamento argentinas en contra de los principios más elementales del Derecho Internacional.[cita requerida]

El día 12, aviones A-4 Skyhawk argentinos intentan destruir con bombas al HMS Glasgow y el HMS Brilliant, que se encuentran bombardeando Puerto Argentino. El ataque resulta un fracaso, con la pérdida de 4 aviones (uno de ellos por fuego amigo). Pese a ello, el HMS Glasgow recibe el impacto de una bomba que no llega a estallar, pero le causa suficientes daños como para obligarle a volver al Reino Unido.[cita requerida]

El 14, una operación de comandos SAS en isla Borbón (Peeble Island) apoyada por el HMS Hermes, el HMS Broadsword y el HMS Glamorgan obtiene un resonante éxito al destruir los 11 aviones allí estacionados. Esta operación marca el inicio de la escalada de la actividad militar británica. Los bombardeos costeros se hacen más intensos. Los argentinos comprenden que la invasión es inminente y se preparan para la defensa.

Un incidente que puso en evidencia la cooperación chilena con el Reino Unido salió a la luz el día 18. Al amanecer, se descubrieron los restos de un helicóptero británico Sea King (ZA-290) abandonado y destruido por sus ocupantes cerca de Punta Arenas, Chile. Desde el lado argentino se argumentó que este helicóptero procedía del país andino, pero en la actualidad sabemos que se trataba del compás de apertura de la Operación Mikado. La operación Mikado era una acción prácticamente suicida, a cargo del escuadrón B del SAS, encaminada a destruir los aviones Super Étendard y los misiles Exocet de la 2ª Escuadrilla en Río Grande. A partir de la destrucción del HMS Sheffield, ubicar y eliminar estos peligrosísimos misiles se convirtió en una prioridad tan alta para el Almirantazgo Británico que justificaba cualquier clase de sacrificio. Visión que no compartían los hombres que de hecho iban a sacrificarse, comandos veteranos y corajudos pero que comprendían que se les estaba mandando a la muerte.[cita requerida]

No obstante a las 00:15 del 18 de mayo el teniente Hutchings —asignado al HMS Hermes— despegó del HMS Invincible con su helicóptero Sea King ZA-290 y un grupo de 9 soldados de élite. Su misión era insertarlos en las proximidades de la base de Río Grande, donde estaban los Super Étendards con sus Exocets, para observar sus movimientos y preparar la llegada de dos transportes con 50 comandos que destruirían esta base esencial para Argentina. Después serían evacuados o huirían hacia Chile, donde la dictadura de Augusto Pinochet había garantizado en secreto apoyo para ser evacuados. Ya días antes había llegado a Chile un cierto capitán Andrew H. bajo cobertura diplomática, para realizar un reconocimiento preliminar. Sus movimientos no fueron restringidos en ningún momento. Reagan había advertido a Thatcher que una operación así en territorio continental argentino podía involucrar en la guerra a otros países del TIAR, como Perú y Venezuela, pero evidentemente el gobierno británico optó por ignorar esta consideración y las objeciones de sus propias unidades de comandos.[cita requerida]

Tal y como temían éstos, el ZA-290 fue detectado por radares argentinos y el teniente Hutchings decidió cancelar la operación y dirigirse directamente a Chile. Sin combustible, tomaría tierra en la playa de Agua Fresca, ya en territorio chileno. Fue abandonado y destruido por sus ocupantes, pero lo cierto es que éstos retornaron al Reino Unido por vuelo regular y sin ningún problema, lo que confirmaría la implicación chilena en el conflicto del lado británico (oficialmente, «se rindieron a las autoridades chilenas», pero en ningún momento se les trató como a prisioneros de guerra, sino como a combatientes aliados). El general chileno Fernando Matthei confirmó en una entrevista concedida al Centro de Investigación y documentación de la Universidad Finis Terrae en 1999 que durante toda la guerra existió una constante cooperación al más alto nivel con el Reino Unido pues «temían ser los siguientes». Poco antes, Margaret Thatcher también lo haría público para defender a Pinochet durante su detención en el Reino Unido. El helicóptero de apoyo, otro Sea King con matrícula ZA-292, retornó al HMS Invincible. La Operación Mikado fue cancelada y el Almirantazgo prosiguió con sus planes de reconquista bajo la amenaza de los Exocet.[cita requerida]

En efecto, este mismo día 18 el gobierno británico da al almirante Woodward luz verde para un desembarco en la costa este del Estrecho de San Carlos, que separa las dos islas Malvinas mayores. Una operación arriesgada que obligará a los buques a entrar en un estrecho rodeado de montes; el lugar perfecto para sufrir ataques a baja cota por parte de la aviación argentina.

El Día D: Operación Sutton

Orden de batalla

 

 

 

 

Argentina

Reino Unido

 

 

 

 

 

 

 

Fuerza de desembarco de la Marina Real

  • Destructor misilístico HMS Antrim.
  • 6 fragatas (HMS Ardent, HMS Argonaut, HMS Brilliant, HMS Broadsword, HMS Yarmouth y HMS Plymouth).
  • 2 buques de asalto (HMS Fearless y HMS Intrepid).
  • 5 buques de desembarco (Sir Percival, Sir Tristram, Sir Geraint, Sir Galahad y Sir Lancelot).
  • 4 buques de apoyo logístico (Europic Ferry, Norland, Fort Austin y Stromness).
  • 1 transatlántico para transporte de tropas (Canberra).
  • Otros buques y aviones en operaciones de ataque y diversión.

 

 

  • Guarnición de San Carlos.
  • Guarnición de Darwin.

 

 

  • Escuadrón D de comandos SAS.
  • 40º, 42º y 45º comandos de la 3ª Brigada de Comandos.
  • 2º y 3º de Paracaidistas.

Área del desembarco (topónimos ingleses).

Al anochecer del 20 de mayo de 1982, 12.000 soldados argentinos bien equipados de material sabían que el ataque británico era inminente pues durante los dos días anteriores ya venían observando numerosas detecciones en el radar y un fuerte incremento de la actividad enemiga. Por la mañana el Secretario General de la ONU Javier Pérez de Cuéllar reconoce el fracaso de sus gestiones en favor de la paz. Una propuesta peruana es también rechazada. Según el informe del capitán Roberto Vila, destinado en el archipiélago:

El día 20 continúan nuevas misiones, con el capitán Grünert y el teniente Calderón. A las 18:30 hay ecos de dos helicópteros que luego ve la Red de Observadores del Aire. A las 22:30 hay alarmas de inminentes ataques y desembarco helitransportado; ya este día dormitamos hasta con el FAL cargado.

Esta importante fuerza militar sufría una debilidad esencial: una parte significativa estaba compuesta por infantería de recluta obligatoria, no voluntarios profesionales. Entre ellos, incluso, había estudiantes disidentes con el régimen que fueron enviados a modo de castigo, y cuya moral de combate era evidentemente baja. Las comunicaciones navales con el continente estaban cortadas, y las aéreas sufrían graves alteraciones en sus operaciones debido a la constante presencia de patrullas de cazas enemigos. No obstante ello, la Fuerza Aérea Argentina estuvo a la altura de las circunstancias y mantuvo al contingente en el archipiélago abastecido hasta la última noche de la guerra, pese a condiciones tan adversas.[cita requerida]

Alrededor de ellos, la práctica totalidad de la Royal Navy: más de 120 buques, 33 de ellos navíos de guerra de primera línea, con varios miles de soldados profesionales y de élite preparándose para el desembarco. Los submarinos británicos eran ya completamente dueños de todas las aguas alrededor de las Malvinas, por lo que la flota argentina permaneció en puerto. No obstante esta superioridad tecnológica y militar abrumadora, la guarnición de las Malvinas y la Fuerza Aérea Argentina se prepararon para la defensa. Creían tener una oportunidad y, de hecho, la tenían.

Zonas de desembarco (topónimos ingleses).

Durante la noche del 20 de mayo la operación Sutton, dirigida por el contraalmirante Woodward y el comodoro Clapp, se puso en marcha. Diecinueve buques de la Marina Real (el transatlántico Canberra, los buques de asalto Fearless e Intrepid; los de desembarco Sir Percival, Sir Tristram, Sir Geraint, Sir Galahad y Sir Lancelot; los de apoyo logístico Europic Ferry, Norland, Fort Austin y Stromness; escoltados por el destructor Antrim y las fragatas Ardent, Argonaut, Brilliant, Broadsword, Yarmouth y Antelope) se derramaron por el Estrecho de San Carlos. A las 1 del 21 de mayo de 1982 los primeros comandos británicos llegaban a tierra en la Bahía de San Carlos, al extremo occidental de Isla Soledad (donde se halla la capital Puerto Argentino). Sin encontrar resistencia, establecen rápidamente tres cabezas de playa y avanzan hacia la localidad de San Carlos, donde se producirían las primeras refriegas. La primera de estas refriegas se produce en San Carlos donde la companía C del RI 25 al mando del Teniente Primero Esteban que se encontraba patrullando la zona derriba dos helicópteros Gazelle y daña un helicóptero Sea King de transporte de tropas. Mientras tanto, diversas unidades aeronavales británicas realizan ataques de diversión en otros puntos del archipiélago, bombardeaban objetivos seleccionados e insertaban comandos en Darwin y Goose Green.

La decisión de desembarcar por el Estrecho de San Carlos ha sido muy controvertida, sobre todo a la luz de las consecuencias. Por un lado es cierto que los montes circundantes parecían proteger a las unidades británicas y ponerlas a cubierto de los radares enemigos. Pero por el otro lado, la aviación argentina ya había demostrado en ocasiones precedentes ser muy capaz de aprovechar esta clase de obstáculos en su propio beneficio; además, este desembarco alejaba a las unidades implicadas de la fuerza principal situada al este de Isla Soledad. Un ataque directo sobre Puerto Argentino o sus alrededores no habría sido adecuado, pues allí se concentraba la mayor parte de la guarnición argentina, pero muchos historiadores no se explican porqué Woodward y Capp eligieron uno de los tres peores lugares posibles para iniciar el ataque. Sea como fuere, así ocurrió. Y pagaron las consecuencias.

Saldo de la batalla

Pérdidas argentinas

Pérdidas británicas

• Ninguna.

• 2 helicópteros Gazelle derribados.

 

• 1 avión táctico Harrier GR.3 derribado.

Bajas humanas

 

• No precisadas (pocas).

• Al menos 4 muertos.

Resultados estratégicos

 

• 3 cabezas de playa británicas
en Bahía San Carlos.

 

• Guarniciones de Darwin
y San Carlos inmovilizadas.

 

Sobre las 9, un Macchi 339 del Comando de Aviación Naval de la Armada Argentina, piloteado por el Teniente de Navío Owen G. Crippa logró utilizar por primera vez las características geográficas del Estrecho de San Carlos para sobrevolar a la fuerza de desembarco británica sin ser derribado. Este aparato confirmaría que se hallaban ante el «día D» de las Malvinas, e incluso hizo algunos disparos con sus lanzacohetes Zuni provocando daños menores en la fragata Argonaut. Apenas media hora después, la Fuerza Aérea Argentina quitaba los calzos a sus aviones para responder con una serie de ataques de excepcional arrojo que rebautizarían al Estrecho de San Carlos como «el callejón de las bombas». Era el momento que llevaban un mes esperando. Su oportunidad.

El Día D: El callejón de las bombas o El Valle de la Muerte

Orden de batalla

 

 

 

 

Argentina

Reino Unido

 

 

 

 

 

 

  • 20 aviones tácticos IAI Dagger (del grupo 6º) armados con bombas de 250 y 500 kg
  • 30 aviones tácticos Skyhawk (del grupo 5º) armados con bombas de 250 y 500 kg
  • 6 cazas Mirage III (del grupo 8º) armados con misiles Magic en función de escolta.
  • Diversas aeronaves de apoyo en retaguardia.
 

Fuerza de desembarco de la Marina Real

  • Destructor misilístico HMS Antrim.
  • 6 fragatas (HMS Ardent, HMS Argonaut, HMS Brilliant, HMS Broadsword, HMS Yarmouth y HMS Antelope).
  • 2 buques de asalto (HMS Fearless y HMS Intrepid).
  • 5 buques de desembarco (Sir Percival, Sir Tristram, Sir Geraint, Sir Galahad y Sir Lancelot).
  • 4 buques de apoyo logístico (Europic Ferry, Norland, Fort Austin y Stromness).
  • 1 transatlántico para transporte de tropas (Canberra).
  • Patrullas CAP compuestas por aviones Sea Harrier.

 

 

  • Guarnición de San Carlos.
 

 

  • Antiaéreos de infantería.

Sin duda, Woodward y Clapp esperaban alguna clase de reacción argentina. Para lo que no estaban preparados, según demostraron los acontecimientos, fue para las furiosas oleadas de ataques aéreos que les llovieron encima durante las siguientes cinco horas.

Tras un primer ataque sin consecuencias a cargo de dos Dagger a las 10.25 le siguieron cinco minutos después dos escuadrillas de tres Dagger cada una. Con sus cañones y bombas dañaron severamente a la fragata HMS Broadsword y dejaron fuera de servicio (con una bomba sin explotar a bordo) al destructor HMS Antrim, perdiendo un avión por un misil Sea Cat de la Plymouth.

Casi simultáneamente cinco A-4B Skyhawk del Grupo 5 de Caza se lanzaron sobre la Argonaut’’, dañándola gravemente con dos bombas de media tonelada que no explotaron. Una hora más tarde dos A-4B se internaron en el estrecho, bombardeando el numeral por error el casco varado del Río Carcarañá mientras que el líder atacaba sin consecuencias a la fragata HMS Ardent. Al mismo tiempo cuatro A-4C del Grupo 4 de Caza eran interceptados por una PAC, que derribó con sus Sidewinder a dos de ellos: ambos pilotos perdieron la vida. Se produjo entonces una tregua que finalizó abruptamente a las 14.40. Tres Dagger (un cuarto avión había sido derribado por un Sea Harrier poco antes sin que sus compañeros lo notaran) descubrieron a la Ardent que navegaba rumbo al norte y la alcanzaron con dos bombas, una de las cuales explotó destruyendo el helicóptero Lynx y el lanzador de misiles Sea Cat y matando a cuatro hombres. Cinco minutos después otros tres Dagger atacaron con fuego de cañón a la fragata HMS Brilliant, produciendo algunos heridos y daños menores: sin embargo, poco después la siguiente escuadrilla de Dagger fue aniquilada sobre la Gran Malvina por los Sea Harrier, aunque felizmente los tres pilotos pudieron eyectarse. Finalmente, a las 15.10 tres A-4Q Skyhawk de la 3° Escuadrilla del Comando de Aviación Naval hicieron su aparición y descubrieron a la maltrecha HMS Ardent, que intentaba desesperadamente reunirse al grueso británico. De inmediato la atacaron, alcanzándola con varias bombas de caída retardada Snakeye de 227 kg. La formación argentina fue inmediatamente interceptada por una PAC, que derribó a dos aviones y averió a un tercero de tal forma que el piloto debió eyectarse sobre Puerto Stanley ante la imposibilidad de aterrizar. Sin embargo, dicho ataque había firmado la sentencia de muerte de la HMS Ardent: con 22 muertos y 37 heridos a bordo, los incendios avanzando inexorablemente y el agua de mar penetrando por un gran rumbo en la línea de flotación, sólo quedaba una decisión por tomar. La fragata HMS Yarmouth se colocó junto a la HMS Ardent y procedió a evacuar a los heridos y al resto de la tripulación. Después de arder durante horas, el barco se hundió a las dos de la madrugada del día siguiente.

Mientras tanto, los buques de desembarco dentro de la bahía de San Carlos han seguido llevando unidades a tierra. Desembarcan los carros de combate de The Blues and the Royals y las cuatro baterías de 105 mm del 29º Comando y del 4º Regimiento. Los supervivientes de la HMS Ardent son transportados al transatlántico Canberra. El desembarco ha sido un éxito. Pero a un precio elevadísimo.

Saldo de la batalla

Pérdidas argentinas

Pérdidas británicas

• 5 aviones IAI Dagger.

• Fragata HMS Ardent hundida.

• 6 aviones Skyhawk.

• Fragata HMS Argonaut severamente dañada.

 

• Destructor misilístico HMS Antrim y fragata HMS Brilliant dañados de consideración.

 

• Fragata HMS Broadsword y HMS Alacrity levemente dañadas.

• 3 aviones Pucará y un helicóptero CH-47 Chinook (en acciones paralelas)

• 2 aviones Sea Harrier.

Bajas humanas

 

• Al menos 12 pilotos muertos.

• Al menos 29 muertos y numerosos heridos.


 

Tierra, agua, aire y fuego

En tierra, el desembarco de Bahía San Carlos proseguía incontenible. Durante los días 22 y 23 las tropas inglesas aseguraron numerosos puntos tácticos esenciales y acumularon grandes cantidades de armas y suministros llegados por vía marítima. La fragata HMS Antelope sustituyó a la Ardent. Numerosos buques logísticos, entre ellos el carguero MV Atlantic Conveyor pusieron proa al Estrecho de San Carlos para verter más y más hombres y material. El general Julian Thompson —jefe de las fuerzas terrestres británicas— estableció oficialmente su cuartel general en San Carlos, donde ondea ya la bandera Union Jack. Pese a las pérdidas sufridas el día 21, el desembarco ha sido un éxito.

A mediodía del 23 los británicos detectan aviones argentinos al sur del estrecho. Reciben fuego antiaéreo de la HMS Antelope y la HMS Broadsword, ahuyentándolos. Pero los británicos desconocen que esta incursión forma parte en realidad de una doble oleada de 12 Daggers y 6 Skyhawks que no han detectado y cuyo primer escalón resultó fallido. La aviación argentina ha vuelto.

De pronto, tres A-4B Skyhawk reaparecen por el norte a gran velocidad y muy baja altitud. Esta vez, las fuerzas británicas reaccionan de inmediato produciendo una densa cortina de fuego antiaéreo. El avión líder es alcanzado enseguida, y su piloto el capitán Carballo logra desaparecer tras los montes para volver al continente. Sin embargo, los dos aparatos restantes prosiguen el ataque mientras los misiles y las trazadoras les envuelven. Se encaran directamente hacia la recién llegada HMS Antelope. El alférez Hugo Gómez lanza su bomba Mk.17 de 500 kg que alcanza a la fragata, sin explotar, y consigue escabullirse. El primer teniente Luciano Guadagnini lanza a su vez y es inmediatamente alcanzado bajo el ala derecha: el avión de Guadagnini se desintegra contra el mástil de la HMS Antelopey un instante después su bomba alcanza al barco sin explotar.

La HMS Antelope ha quedado fuera de combate. Con dos bombas sin explotar a bordo y un incendio controlado, los británicos deciden evacuar la fragata excepto por el personal esencial para desactivaciones y control de daños. En la noche del 23 al 24, y mientras el personal de desactivación intentaba desactivar una de las bombas, ésta estalla y el incendio consiguiente alcanza un pañol de Sea Cat: la HMS Antelope se ve conmovida por una explosión que la parte en dos: se hundirá en la mañana del 24.

El avión de despegue y aterrizaje vertical o corto (VSTOL) Sea Harrier, protagonista británico de las batallas aéreas en los cielos malvinenses.

No hay tregua. La aviación argentina golpea una y otra vez a las fuerzas navales de desembarco, pese a que los británicos les están esperando y pierden cada vez más aviones. No obstante, son alcanzados los buques de desembarco Sir Galahad y Sir Lancelot. Los ataques del día 24 se cobran tres Dagger y un Skyhawk, todos ellos abatidos por Sea Harriers sin sufrir ninguna pérdida propia.

El día 25 es la fiesta nacional argentina. En ambos bandos se sabe que habrá acción y están en alerta máxima. En efecto, desde primera hora de la mañana comienzan los raids argentinos bajo fuerte presión aérea y antiaérea enemiga. A las 8:37, el primer Skyhawk cae en la trampa misilística del destructor HMS Coventry’’, de la misma clase del malhadado HMS Sheffield . En torno al mediodía se produce otro ataque sobre las fuerzas de desembarco en el Estrecho de San Carlos: un Skyhawk es derribado por un misil Rapier disparado desde tierra y otro cae a manos del Coventry. Es la segunda victoria del día para este moderno destructor, pero son justamente dichos éxitos los que sellan su destino: la Fuerza Aérea Argentina se decide a eliminar a la "trampa 42/22".

Un ataque de cuatro Skyhawks cae a las 15:20 sobre el destructor HMS Coventry y la fragata HMS Broadsword. La HMS Broadsword es severamente dañada en popa y su helicóptero Lynx resulta destruido, pero sobrevive. El HMS Coventry’’, en cambio, recibe el impacto directo de tres bombas que matan a 19 hombres. Ningún avión atacante resulta abatido. El destructor está perdido, ha de evacuarse de inmediato. En media hora, da la voltereta y se hunde.

El Almirantazgo británico había considerado lo del HMS Sheffield un error táctico puntual, pero ahora ya eran cuatro los buques de guerra británicos de primera línea que en el fondo de los mares malvinenses, mientras otra decena estaban dañados. Deciden entonces acelerar las operaciones terrestres.

Balance de los combates aeronavales de los días 24 y 25.

Pérdidas argentinas

Pérdidas británicas

• 7 aviones Skyhawk.

• Destructor misilístico HMS Coventry hundido.

• 5 aviones Dagger.

• Fragata HMS Antelope hundida.

 

• Buque portacontenedores MV Atlantic Conveyor destruido. Diez helicópteros destruidos.

 

• Fragata HMS Broadsword gravemente dañada. Helicóptero destruido.

 

• Buques de desembarco Sir Lancelot y Sir Galahad averiados.

Bajas humanas

 

• Al menos 10 pilotos muertos.

• Al menos 62 muertos y numerosos heridos.

A las 16:30 una o dos potentes explosiones sacuden el portacontenedores MV Atlantic Conveyor al norte de Isla Soledad, muy cerca del portaaviones HMS Hermes. Se produce un incendio que nadie logra controlar. Son los Super Étendard del 2º Escuadrón Aeronaval. Sin ser detectados y desde una distancia de 50 km los argentinos han lanzado dos Exocets contra los lejanos blancos que aparecían en sus radares. El Atlantic Conveyor ha de ser evacuado y arde con diez helicópteros y su material a bordo. Los británicos han perdido dos grandes buques en un solo día, y otros seis han sido dañados de distinta consideración. En cambio, la aviación argentina sólo ha perdido tres aviones. En el Reino Unido todas las miradas se dirigen hacia Margaret Thatcher: la guerra de las Malvinas parecía estar transformandose en una derrota para la superpotencia y su Gobierno.[cita requerida]

La Pradera del Ganso

Entre las pocas personas del lado británico que no estaban atribuladas por el devenir de los acontecimientos se contaban, curiosamente, el Contraalmirante Woodward y el General Thompson. Ambos tenían sus motivos.

Pese a las severas pérdidas sufridas, Woodward, como buen marino, conocía sobradamente un principio básico de la guerra naval: sin importar lo espectaculares que sean los golpes propinados o recibidos, en el mar gana quien permanece. La Marina Argentina se oxidaba en puerto desde el hundimiento del General Belgrano mientras que la Royal Navy, maltrecha o no, permanecía en el mar. Lo que hizo, una vez completado el desembarco, fue retroceder sus posiciones tanto como pudo sin denegarle apoyo a las unidades presentes en Isla Soledad. Importantes fuerzas de reserva, como los miles de hombres a bordo del Queen Elizabeth II, fueron derivados a las islas Georgias del Sur. Sus suministros y refuerzos, en vez de viajar directamente a las Malvinas, describían un semicírculo que los situaba fuera del alcance de la aviación argentina. Sí, la Royal Navy había sufrido severas pérdidas, pero no era la primera vez que ocurría en su historia ni sería la última. El hecho es que continuaba siendo la dueña del mar.

El general Thompson, responsable de las fuerzas terrestres, también tenía sus propios motivos para no perder la moral. En último término las guerras las ganan quienes conquistan la tierra y, desde su punto de vista, el desembarco había resultado un éxito total sólo oscurecido por la destrucción de los equipos a bordo del Atlantic Conveyor y el Sir Lancelot. En general, todos sus hombres habían llegado a tierra junto con la mayor parte del material, estaban bien establecidos y protegidos contra ataques aéreos tanto por sus propios sistemas antiaéreos como por las patrullas de Harriers y sus líneas logísticas, aunque amenazadas, seguían abiertas. Frente a él, 12.000 hombres del Ejército y la Marina argentinos. Pero 12.000 hombres esencialmente aislados excepto por el par de contenedores que los transportes Hércules acertaban a transportar cada noche desde el continente.

El Brigadier Thompson decidió que era imprescindible cerrar la bolsa en que yacía el enemigo lo antes posible, confinándole a los alrededores de Puerto Argentino, atrapándole entre sus propias fuerzas y el mar dominado por la Royal Navy. Y al mismo tiempo, establecer rápidamente una cabeza de playa desde el interior en la costa este de Isla Soledad, de tal modo que su línea logística no tuviera que penetrar en las peligrosas aguas del estrecho de San Carlos, ahora conocido como «el callejón de las bombas». De esa forma, los suministros y refuerzos podrían llegarle directamente desde el océano, su océano.

Orden de batalla

 

 

 

 

Argentina

Reino Unido

 

 

  • Apoyo aéreo limitado por el mal tiempo.
 

 

  • Helicópteros Scout de reconocimiento y apoyo aéreo de 3 Harriers al anochecer del 28.

 

 

 

 

  • Breve apoyo naval de la fragata HMS Arrow con 135 proyectiles de calibre 114m.

 

Comandante: Teniente Coronel Italo Piaggi

  • 12º Regimiento de Infantería.
  • 1 compañía del Regimiento de Infantería 25 (tipo Ranger

 

 

 

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