Guerra de la Triple Alianza |
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| Guerra de la Triple Alianza
Mapa de las fronteras actuales y anteriores a la Guerra de la Triple Alianza entre Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay. Fecha1865–1870 LugarGran Chaco en Sudamérica ResultadoAnexión por parte de Brasil y Argentina de territorios que anteriormente se encontraban bajo soberanía paraguaya. ConflictoDisputa territorial paraguayo-brasileña-argentina
Casus
"Soldado paraguayo ante el cadáver de su hijo", óleo de José Ignacio Garmendia (1841–1925). La Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), llamada por los paraguayos Guerra Grande, por los brasileños Guerra do Paraguai y por los uruguayos y argentinos Guerra del Paraguay, fue la guerra en la cual la "Triple Alianza" -una coalición conformada por Brasil, Uruguay y Argentina apoyados diplomáticamente por el Imperio Británico[1] [2]- luchó contra Paraguay. Comenzó a fines de 1864 con las acciones bélicas entre Brasil y Paraguay, por esto recién a partir de 1865 puede hablarse de "Guerra de la Triple Alianza". DesarrolloImagen:Francisco Solano Lopez.jpg Francisco Solano López. Como "Guerra de la Triple Alianza" el conflicto se desencadenó cuando el general Francisco Solano López, presidente del Paraguay, decidió acudir en ayuda del gobierno ejercido por el Partido Blanco (o Nacional) del Uruguay, en guerra civil contra el Partido Colorado, apoyado militarmente por Brasil. Solano López solicitó al presidente argentino Bartolomé Mitre, el permiso para que sus tropas atravesaran la provincia de Corrientes rumbo al Uruguay para colaborar en la Defensa de Paysandú. Mitre negó tal permiso, puesto que permitir que tropas beligerantes atravesaran por su territorio hubiese constituido un abandono de la posición hasta entonces neutral de la Argentina, y porque simpatizaba con el Partido Colorado del Uruguay. Ante la negativa mitrista, tropas paraguayas ocuparon la provincia argentina de Corrientes, lo cual forzó el ingreso de la Argentina en la guerra y su alianza con Brasil, aunque la entrada en el conflicto era impopular en Argentina (de modo que gran parte de las tropas enviadas lo fueron forzadamente y estaban compuestas en gran medida por hombres de origen africano semiesclavizados, esto explica por qué uno de los motes que recibieron estas tropas fuera el de "cambas"). Brasil se favoreció entonces con la entrada de un nuevo aliado en la conflagración. La financiación de la guerra la obtuvieron mediante las casas de empréstitos británicos, que veían conveniente el conflicto contra Paraguay, uno de los pocos países que no habían caído en su tutela económica, el proteccionismo le produjo al Paraguay un gran desarrollo económico en comparación con otros estados sudamericanos. La guerra terminó —en el combate de Cerro Corá— con una derrota total de Paraguay, que conllevó incluso un desastre demográfico: la población del país, aproximadamente 525.000 personas antes de la guerra, fue reducida a unos 221.000 luego de ella (1871), de los que solamente unos 28.000 eran hombres. Según otras fuentes, murieron cinco sextas partes de su población. Otros historiadores, como el argentino Felipe Pigna, amplían estas cifras a 1.300.000 habitantes antes de la guerra, quedando reducida a 300.000 después de la misma, la mayoría sólo niños y mujeres [3]. Paraguay perdió gran parte de su territorio (160 mil km²) y fue obligado a pagar una abultada indemnización de guerra: el préstamo de 200.000 £ recibido de Inglaterra debió saldarse con refinanciaciones llevando la suma a 3.220.000 £. AntecedentesLa instalación de los portugueses en el Brasil significó conflictos con España que no pudieron ser resueltos con los tratados entre los dos estados ibéricos (Tratado de Utrecht, Tratado de Madrid, Tratado de San Ildefonso, Tratado de Permuta, etc.). Si en el siglo XVI la provincia o gobierno del Paraguay tenía directa salida al Océano Atlántico a través de los territorios de La Guayra o La Pinería y de Ybiazá o La Vera, esto es, territorios que corresponden actualmente a los estados brasileños de Paraná y Santa Catarina, el periodo llamado de Unión de las Coronas durante el siglo XVII lejos estuvo de servir para reducir el conflicto en la región: los lusobrasileños arreciaron sus "malocas" esclavistas de bandeirantes y mamelucos al abrigo de la obligada pasividad de las autoridades españolas. En esa época los bandeirantes destruyen las poblaciones españolas de San Vicente de Ybiazá, Ontiveros, Villa Rica del Espíritu Santo I, Ciudad Real del Guayra y las reducciones de San Ignacio I, Loreto, Santa María del Iguazú, etc. La expansión lusobrasileña no se detuvo en La Guayra y en La Vera sino que alcanzó al curso alto del río Paraguay tras la destrucción de la ciudad de Santiago de Jerez y las misiones del Itatín en el valle del río Mbotetey (llamado actualmente Miranda por los brasileños). Los tratados de límites entre las posesiones españolas y portuguesas fueron un intento para frenar el expansionismo del Brasil portugués (y luego del estado brasileño) pero los brasileños consideraban que los accidentes geográficos que servirían de fronteras eran muy distintos de los considerados por los hispánicos. Un ejemplo de esto —y muy concerniente a Paraguay— era el río Ygurey: la opinión española —y luego la paraguaya— por muy fundadas razones consideraba que el río Ygurey era el que los brasileños llamaban y llaman Vacaria (en su curso superior) e Ivinheima en su curso inferior; por lo contrario, los brasileños llamaban y llaman "Ygurey" (o "Igureí") al pequeño río que corre mucho más al sur y que los guaraníes e hispanos llamaron y llaman Carapá. En cuanto a los límites paraguayo-brasileños en el Chaco Boreal, Paraguay reivindicaba la frontera del río Yaurú o del llamado río Negro que afluye desde el noroeste al río Paraguay al norte de la Bahía Negra.
Prisioneros paraguayos. De este modo, al producirse la declaración de independencia paraguaya en 1811 los límites del Paraguay con el Brasil eran por el noroeste el Ygurey propiamente dicho, es decir el gran afluente del río Paraná y al noreste el río Blanco que desemboca en el río Paraguay casi frente al Fuerte Olimpo. Más aún, Paraguay mantenía por motivos históricos y poblacionales que su jurisdicción hacia el oeste abarcaba zonas del actual estado brasileño de Paraná. Al inicio del período de la independencia respecto al Reino de España nuevamente arreciaron las incursiones brasileñas, aunque estas se atenuaron durante el gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia por dos motivos principales: una política económica del Paraguay que era favorable al Brasil (apertura de zonas francas en Itapuá y en Fuerte Fuerte Olimpo) y una alianza de hecho contra el afianzamiento de Rosas en Argentina, tras la guerra que las Provincias Unidas del Río de la Plata libraron con Brasil (véase Guerra del Brasil). Sin embargo, al ser derrocado Rosas en 1852 las alianzas brasileñas se revirtieron y se acentuó la presión del Imperio de Brasil para que la república paraguaya aceptara los límites pretendidos por el estado brasileño. Un efímero intento de conciliación fue la declaración de una zona neutral, cuya delimitación debía hacerse por vías pacíficas. Empero, hacia inicios de los años 1860 las incursiones brasileñas volvieron a incrementarse y el pacto fue violado por Brasil al fundar el fuerte Dourados al sur del río Ygurey. Ante esto el estado paraguayo protestó pero trató de evitar una reacción bélica, en realidad hasta 1864 lo que intentó el estado paraguayo fue incrementar su poderío militar y su influencia en el Cono Sur. El intento de incrementar la influencia en el área sería uno de los motivos de fricción con el gobierno de Buenos Aires. Sin embargo, las situación fue precipitada nuevamente por el Imperio de Brasil cuando facilitó el derrocamiento del legítimo presidente de Uruguay, Bernardo Prudencio Berro y sus inmediatos sucesores. En efecto, bajo pretexto de abigeato, a inicios de 1864 el Imperio de Brasil conminó al presidente uruguayo Atanasio Aguirre (del Partido Blanco) a que efectuara -imposibles- resarcimientos al Brasil. El llamado abigeato habría ocurrido en un sector de territorio (entre los ríos río Ibicuy y Cuareim) que había sido entregado al Imperio del Brasil por el autodenominado Gobierno de la Defensa de Montevideo en 1851, si bien nunca hasta entonces refrendados por los gobiernos blancos de la R.O.U.. Ante esto, en abril de 1864 Francisco Solano López se ofreció como mediador, oferta que fue despreciada por el estado brasileño, el cual en octubre de ese año inició una nueva invasión a Uruguay y la instalación de Venancio Flores en el "gobierno" de Uruguay. Flores era un viejo aliado de los brasileños; Francisco Solano López elevó en agosto de 1864 una protesta en la que declaraba que se había roto el equilibrio político en el Río de la Plata y, como Brasil lejos estuvo de contestar positivamente, el 11 de noviembre de 1864 el estado paraguayo aprehendió en las cercanías de Asunción al navío brasileño Marquês de Olinda. El hecho se justificaba por ser una violación de aguas paraguayas por parte de un navío de un estado ya hostil, y al día siguiente el pequeño navío a vapor paraguayo llamado Tacuarí capturó en el río Paraguay a un vapor brasileño que tenía entre sus pasajeros a Federico Carneiro, el recientemente nombrado gobernador del territorio del Mato Grosso. Ante este orden de cosas y en total desventaja, es que Paraguay se vio forzado a declarar la guerra al Brasil el 13 de diciembre de 1864, reconquistando territorios que actualmente corresponden a la mayor parte del estado brasileño de Mato Grosso do Sul. Desarrollo de las acciones bélicasLa guerra tuvo dos fases muy diferenciadas; la primera etapa la del Frente de Mato Grosso -que duró un año y estuvo caracterizada casi en su totalidad por el enfrentamiento entre Paraguay y Brasil- inicialmente favorable a Paraguay: las fuerzas paraguayas, siguiendo las líneas del río Paraguay y del camino de Nioaque (o Nibolaque) y el Mbotetey (o río Miranda) desalojaron a las brasileñas de las fortalezas de Coimbra, Alburquerque, Corumbá, Miranda, Cuyabá y Dorados. Pero, dada la enorme extensión del territorio brasileño, pese a sus victorias Paraguay no podía lograr una acción decisiva. Es entonces que Francisco Solano López reclama a quien era entonces presidente de Argentina (el general Bartolomé Mitre) el permiso para que las tropas paraguayas pudieran avanzar por territorio argentino hacia el territorio uruguayo en donde, liberando a Uruguay de los brasileños, esperaba López encontrar un aliado y un lugar de gran importancia estratégica (una salida al mar). Mitre no accedió a lo demandado por López por dos motivos; uno era obvio: si Argentina permitía el paso de tropas de un estado beligerante en esta guerra, quedaba involucrada directamente en ella; el otro motivo era la antigua relación de afinidades entre Mitre y el jefe del partido colorado uruguayo Venancio Flores, enemigo declarado de López. Es así que López da un paso fatídico: el 14 de marzo de 1865 rompe relaciones con Argentina y en abril de ese año inicia la campaña contra Argentina; las tropas paraguayas capturan barcos argentinos en el río Paraná y ocupan la provincia argentina de Corrientes. Al mando de estas operaciones se encontraban los generales paraguayos Wenceslao Robles y Francisco Isidoro Resquín. La declaración de guerra fue ocultada por Mitre unas semanas a fin de cohesionar a su alrededor a las provincias argentinas y a algunos caudillos (como Justo José de Urquiza) que consideraban, con toda justicia, fratricida una guerra entre Argentina y Paraguay. Sin embargo, enardeció los ánimos argentinos la noticia de que algunas mujeres correntinas habían sido raptadas y llevadas a Paraguay; con todo, hubo en casi toda Argentina una oposición a participar en esta guerra, hasta el punto que gran parte de los soldados enviados eran de orígenes africanos semiesclavizados, los llamados "cambás" por la población paraguaya. Rechazo argentino a la guerraLos ejemplos del rechazo argentino a luchar contra Paraguay abundan. Entre ellos se destacan la Sublevación de Basualdo, ocurrida en julio de 1865, en la cual ocho mil soldados argentinos se niegan a luchar contra Paraguay; en esa ocasión el gobierno central se abstuvo de represalias contra los sublevados los cuales se dispersaron por diferentes zonas de Argentina. A la precedente le siguió la Sublevación de Toledo (noviembre de 1865) que ya fue duramente reprimida con el auxilio de tropas brasileñas y floristas. En noviembre de 1866 se produjo la rebelión de la provincia de Mendoza, el 10 de diciembre se lanzó la Proclama Felipe Varela:
¡Argentinos! El pabellón de mayo que radiante de gloria flameó victorioso
desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón
cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre, ha
sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuty,
Curuzú y
Curupayty. (...)¡Abajo los traidores de la Patria! ¡Abajo los
mercaderes de las cruces de Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de
sangre argentina y oriental! Nuestro programa es la práctica estricta de
la constitución jurada, del orden común, la paz y la amistad con el
Paraguay, y la unión con las demás repúblicas americanas. Manifiesto de Felipe Varela que prontamente extendió la rebelión a las provincias argentinas de San Luis, San Juan y La Rioja. Distraído en la represión de estas rebeliones, Mitre y sus subalternos recién pudieron regresar a la contienda en Paraguay hacia julio de 1867. Sin embargo, en julio de 1867 la impopularidad en Argentina de la guerra contra el Paraguay provocó la rebelión de la provincia de Santa Fe. En 1868, a la vista de las matanzas que sufría la población paraguaya, estalló en la provincia de Corrientes una nueva rebelión argentina contra esta guerra, de modo que, de los 25.000 combatientes argentinos de 1866, solo aproximadamente el 10% continuaba en 1869, siendo en su mayoría los llamados forzados "cambás". Ya al concluir esta guerra, que alzó varias reconocidas voces argentinas en su contra (por ejemplo, las de Carlos Guido Spano, José Hernández y Juan Bautista Alberdi -quien escribió un extenso libro ad hoc titulado El crimen de la guerra-), se produjo otra rebelión que tenía entre sus motivos el rechazo a la guerra del Paraguay: en abril de 1870 la población entrerriana se sumó mayoritariamente a la rebelión liderada por Ricardo López Jordán, rebelión que fue aplastada por las tropas que obedecían a los brasileños, Mitre (aunque ya oficiara como presidente Sarmiento) y los colorados floristas. De este modo casi nominalmente es que Argentina participó en esta guerra cuando transcurrieron el penúltimo y último año de la contienda. La Campaña ParaguayaEn mayo de 1865 las tropas paraguayas emprenden la campaña de Uruguayana: dos ejércitos paraguayos, tras la ocupación de Corrientes avanzaron hacia el sudeste, uno marchando por la orilla derecha del río Uruguay y otro por la orilla izquierda del mismo río; el primero, al mando del mayor Duarte, es vencido por las tropas argentinas en Yatay, el segundo es cercado por las más numerosas tropas brasileñas en las proximidades de Uruguayana, allí los paraguayos se ven obligados a rendirse a los brasileños, tras la rendición los soldados paraguayos o fueron masacrados o -los que se salvaron- fueron obligados a integrar un "ejército paraguayo" opuesto a Francisco Solano López. Previamente Mitre estableció en la ciudad entrerriana de Concordia el cuartel general del Ejército Aliado. Estos hechos señalaron un cambio absoluto del curso de la guerra: precipitadamente las tropas paraguayas debieron abandonar la Mesopotamia y ponerse a la defensiva en la región paraguaya ubicada entre los ríos Paraná y Paraguay (el frente norte quedaba también prácticamente abandonado, lo que permitió cruentas razzias de los llamados insultantemente en guaraní con el nombre de "guaycurúes", "mbayás", en especial los kadigüegodí o caduve o caduveo, aliados coyunturales de Brasil y armados entonces por Brasil. El sector noreste (los Campos de Vaquería) entre el río Ygurey y la baja cordillera de Igatemí fueron fácilmente ocupados por Brasil al tener que reconcentrarse las tropas paraguayas en el sur. |
Las primeras líneas defensivas paraguayas ubicadas en el sur eran formidables (y muy conocidas por Brasil, ya que había participado en su construcción cuando existía una "cooperación" brasileño-paraguaya contra Argentina entre 1825-1852), motivo por el cual las fuerzas coaligadas de Brasil, Argentina y Uruguay optaron por realizar un rodeo a través de la región chaqueña hasta ingresar al territorio paraguayo en cercanías de la fortaleza de Humaitá. La campaña de Humaitá duró casi tres años: desde octubre de 1865 hasta la capitulación de la plaza de Humaitá en septiembre de 1868, (al capitular Humaitá las tropas argentinas rindieron honores de héroes a los combatientes paraguayos). Se libraron entonces, entre otras, las siguientes batallas: Corrales (última al sur del río Paraná, en tal batalla se frustró una contraofensiva paraguaya sobre territorio argentino), Estero Bellaco, Tuyutí (24 de mayo de 1866), Boquerón y Sauce, batallas en las cuales las fuerzas aliadas atacaron con poco resultado a las posiciones paraguayas, y la batalla de Curuzú, en la cual las tropas brasileñas atacaron a una reducida guarnición paraguaya.
Niño soldado, "tambor" de la infantería argentina El 12 de septiembre de 1866 el mariscal López se entrevistó en Yatayty Corá con Mitre en busca de un avenimiento pacífico pero la entrevista fue infructuosa debido a la absoluta oposición de Brasil a hacer una paz con el Paraguay sin una total rendición del mismo. Mitre, como el uruguayo Flores, se hallaba comprometido con Brasil por un Tratado Secreto, firmado el 1 de mayo de 1865, a no firmar por separado ningún tratado con Paraguay. No obstante, es sabido que copias de este "tratado secreto" ya circulaban por Europa por aquel entonces. La participación no declarada de Inglaterra fue fundamental para que esta conspiración "secreta" se llevara a cabo, en pos de destruir la competencia paraguaya en la industria textil y del algodón (Paraguay era el segundo productor y manufacturador de algodón en el mundo). De esta manera, Inglaterra logró deshacerse de la competencia. El 22 de septiembre de 1866 ocurre la Batalla de Curupayty (o Curupaití), batalla en la cual las tropas paraguayas al mando de José Eduvigis Díaz infringieron una gran derrota a los aliados. La poderosa flota brasileña se había comprometido a demoler ("descangayar") con su artillería, desde el río Paraguay a las grandes fortificaciones paraguayas de Curupayty, tal acción brasileña no se realizó o se realizó ineficazmente, las tropas argentinas -creyendo ya desmantelada a la artillería paraguaya- avanzaron resuelta y casi desprevenidamente a campo traviesa, siendo prácticamente barridas por esa misma artillería a la que consideraban desbaratada (en esta acción muere nada menos que Domingo Fidel Sarmiento, el hijo del presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento, junto a millares de sus compatriotas). Curupayty parece haber demorado un año las acciones de los aliados. Las fuerzas paraguayas al mando del general Bernardino Caballero trataron luego de contener el avance de los aliados en Itororó y Abay, pero fueron exterminadas. El mariscal López se atrincheró en las Lomas Valentinas, pero sufrió nueva derrota. Tras esto, y al ver casi aniquilado al ejército paraguayo, las tropas argentinas prácticamente abandonaron la guerra. De este modo es que sólo fuerzas brasileñas y algunos pocos contingentes uruguayos adeptos a Flores entraron en la ya indefensa (apenas si encontraron alguna resistencia) Asunción saqueándola y arrasándola. Los restos del ejército paraguayo se vieron forzados a retirarse hacia el noreste, estableciéndose efímeramente la población de Luque como segunda capital paraguaya. Casi inmediatamente tras la ocupación brasileña de Asunción, el 15 de agosto de 1869 se formó en las ruinas de esta ciudad un "gobierno provisional" o Triunvirato impuesto por Brasil. Tal triunvirato estaba constituido por Cirilo Antonio Rivarola, Carlos Loizaga y José Antonio Bedoya como "gobernantes paraguayos". Los aliados tomaron Piribebuy (o Peribebuy), el último combate con alguna participación argentina. Luego de esto la ocupación brasileña fue retardada en Acosta Ñu por un ejército paraguayo formado por adolescentes y casi niños, los cuales fueron exterminados por el ejército de Brasil. Así, en el penúltimo año de la Guerra de la Triple Alianza, el pueblo de Acosta Ñu fue sitiado por fuerzas provenientes de Brasil y el 15 de agosto de 1869 en la plaza principal, donde se encuentra la iglesia, ocurrió la sangrienta batalla final de Acosta Ñu, en donde niños y adolescentes armados de valor se encargaron de retrasar el avance del ejército brasileño hasta ser arrasados. La iglesia fue quemada al igual que los edificios principales y todos los documentos originales del establecimiento del 8 de marzo de 1636 fueron allí quemados por las tropas brasileñas. Se conmemora en Paraguay ese acto de heroísmo honrando aquella juventud devastada, el Día del Niño todos los 16 de agosto. El Museo Histórico "Comandante Pedro Caballero" expone objetos recuperados de la guerra contra la Triple Alianza y otros objetos antiguos de tiempos de la colonia. El mariscal Francisco Solano López inició la más sacrificada campaña a través de la cordillera de Amambay, él junto a los escasos supervivientes se establecieron en Cerro Corá. El 14 de febrero de 1870, el ejército se retiró hasta Cerro Corá. Una columna brasileña despachada desde Concepción, al mando del general Correa da Cámara, se enfrenta el primero de marzo con el ejército de 200 hombres del Mariscal López. Fue herido de un lanzazo en el bajo vientre y de un sablazo en la frente. Auxiliado llega a orillas de casi las nacientes del río Aquidabán, donde fue alcanzado por las tropas al mando de Correa da Cámara, quienes le intimaron a la rendición. El Mariscal López se batió sable en mano hasta el final. Su última frase sigue siendo hasta la fecha una materia de controversia. Algunos historiadores señalan que dijo: «¡Muero por la Patria!» y otros: «¡Muero con la Patria!». Negándose a entregar su espada fue herido por otro soldado que lo ultimó de un tiro al corazón. Los historiadores que sostienen que las últimas palabras del Presidente Paraguayo fueron «¡Muero con la Patria!» lo hacen en base a la convicción de que éste pensaba que tras el término de la guerra las tierras del Paraguay iban a ser anexado al Brasil. Según cuenta la historia, el mariscal Francisco Solano López antes de morir, intentó tragarse la bandera paraguaya, con la intención que los enemigos no se la llevaran como un trofeo. Consecuencias
Áreas disputadas a las que Paraguay debió renunciar Al finalizar tal guerra Brasil obtuvo todos los
territorios que deseaba y Paraguay quedó transformado en un "estado
satélite" del Brasil hasta el punto que el brasileño
marqués de
Rio Branco era llamado casi oficialmente en Brasil "virrey
del Paraguay" ( o virrei do Paraguaí ), la ocupación brasileña
perduró hasta
1876 haciéndole firmar al gobierno "paraguayo" probrasileño el Tratado de Cotegipe por el cual
Brasil ocupaba territorios ancestralmente paraguayos y obtenía
"reparaciones" y diversas concesiones económicas; en cuanto a las
cuestiones limítrofes con Argentina, estas fueron más complicadas, en 1870
ante lo que parecía una anexión de Paraguay al Brasil, Argentina reclamó
todo el
Chaco Boreal desde el cruce del paralelo 22ºS con el río Pilcomayo
hasta la Bahía Negra del río Paraguay (casi
en los 20ºS), aunque inmediatamente -y consecuentemente a la frase del
entonces presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento: «La victoria no
da derechos», frase que buscaba limitar las pretensiones del Brasil
mediante la mesura argentina- las pretensiones argentinas sobre el Chaco
Boreal se redujeron al territorio al sur del
río Verde, territorio que tenía por capital a
Villa Occidental (La antigua Nueva Burdeos, la actual
Villa Hayes), pero poco tiempo después también renunció a este
territorio (por lo que Argentina quedó fuera del Chaco Boreal), en cambio
Argentina confirmó su posesión sobre un territorio también hasta entonces
litigado: El ubicado entre los ríos Pilcomayo y Bermejo (territorio sobre
el cual tanto Argentina como Paraguay habían hecho reclamaciones, y -hasta
después de 1870- ningún estado había ejercido soberanía efectiva; recién
hasta las campañas del comandante argentino Fontana posteriores a la
Guerra de la triple Alianza, ese territorio del
Chaco Central había estado en el control de los mal llamados en
guaraní: "guaycurúes", etnias sin
estado como las de los
qomlek,
pilagá, ashluslay y
tapieté, casi todas ellas acérrimas enemigas de Paraguay). Por el
este, Paraguay debió devolver a la Argentina la provincia de
Misiones que, aprovechando la guerra civil en Argentina, el estado
paraguayo regido por G.R. de Francia había ocupado en
1838, en rigor, el control efectivo que Paraguay tuvo entre
1838 y 1865 sobre alguna parte de la Misiones mesopotámicas se reducía a
las adyacencias de la "Trinchera de San José" (nombre que el estado
paraguayo dio a la ciudad de
Posadas) y la ruta que desde la misma llevaba hasta el río Uruguay. Ante las imposiciones brasileñas al Paraguay el estado argentino expresó su protesta a través del ministro de relaciones exteriores ( Mariano Varela ): El Gobierno Argentino ha sostenido hace muy poco tiempo, en discusiones con el representante de su majestad el emperador del Brasil que la victoria no da derecho a las naciones aliadas para declarar por sí límites suyos los que el tratado señala [ el denunciado "Tratado secreto"]. Pero lo más terrible de esta guerra fue la masiva mortandad de la población paraguaya (en especial de varones). Las cifras de población paraguaya muerta por causas directas (acciones bélicas) e indirectas (hambre, distrés, pestes como la del cólera) aún son variables, pero todos los autores serios aceptan que murió como mínimo la mitad de la población paraguaya siendo la mortandad masculina quizás de un 90%. Las consecuencias de mortandad indirecta debidas a esta guerra afectaron también a la población civil de gran parte de Argentina y Uruguay (sólo en la ciudad de Buenos Aires fallecieron más de 20.000 personas por la peste del cólera originada en Paraguay durante el conflicto), asimismo en la región riograndense se considera que fallecieron unos 60.000 civiles en su mayoría debido a la misma epidemia. La otra consecuencia, que no pudo evitar Paraguay, es que al año del fin del conflicto, cayó sobre el país su primer empréstito, con Bancos británicos, valorizado en 1 millón de libras esterlinas, pero que a Paraguay llegó menos de la mitad y muchos de los sobrevivientes paraguayos, los prisioneros de guerra, fueron a marchar a los cafetales paulistas bajo régimen de esclavitud. Esta guerra los signó para siempre. Referencias1. [En septiembre de 1864, Thornton envió a Londres un extenso informe confidencial, fechado en Asunción. Describía a Paraguay como Dante al infierno, pero ponía el acento donde correspondía: «Los derechos de importación sobre casi todos los artículos son del 20 o 25 por ciento ad valorem; pero como este valor se calcula sobre el precio corriente de los artículos, el derecho que se paga alcanza frecuentemente del 40 al 45 por ciento del precio de factura. Los derechos de exportación son del 10 al 20 por ciento sobre el valor...» En abril de 1865, el Standard, diario inglés de Buenos Aires, celebraba ya la declaración de guerra de Argentina contra Paraguay, cuyo presidente «ha infringido todos los usos de las naciones civilizadas», y anunciaba que la espada del presidente argentino Mitre «llevará en su victoriosa carrera, además del peso de glorias pasadas, el impulso irresistible de la opinión pública en una causa justa».]2. [El cuadro histórico de la pre-guerra es complejo y fluido. Lo único simple está representado por la acción de los intereses británicos, coherentes y efectivos en todas partes, en una hora en que la crisis del mercado algodonero norteamericano hizo trabajar la inteligencia y la voluntad de Gran Bretaña. La década de 1860 enmarca, llamativamente, en distintos centros productivos y en mercados de consumo del mundo la decidida presencia inglesa, no sólo diplomática, sino también bélica, sea en forma directa, sea por medio de instrumentos nativos. El principio de la pluralidad de causas en la historia nos explica la mayoría de los hechos políticos y socio-económicos. Y en la pluralidad de causas de este proceso que nos ocupa -la guerra de la Triple Alianza- vamos a fijar nuestra atención sobre la guerra de Secesión norteamericana.Hacia 1840 las tierras de los Estados del Sur empiezan a perder fertilidad. El algodón agota pronto el suelo. Para conservarlo es necesario rotar los cultivos. Pero la mano de obra que allá lo trabaja es ignorante y los dueños de las plantaciones no ven mucho más allá que sus esclavos.Gran Bretaña y los Estados del Sur tienden estrechos lazos de colaboración. Aquélla brinda millones de libras para ayudar a los Estados algodoneros de Norteamérica. A partir de 1850 la guerra de secesión parece inevitable.Cuando en 1860 Lincoln asume el poder y la emprende contra la esclavitud se abren las hostilidades. Inglaterra cuenta con la victoria de las tropas del Sur. Sus centros industriales quieren ver las plantaciones en manos amigas, como si fuera en sus propias manos. Los Estados algodoneros obtienen 165 millones de dólares de adelanto sobre el algodón. Pero las cosas no caminaron, pese a tanto dinero.En 1860 las plantaciones norteamericanas de algodón rendían 3.841.416 fardos (cada fardo equivalente a 226 kilogramos). De ese total se exportaban a Europa 3.536.373 fardos. Pero la guerra de Secesión será desastrosa para los algodoneros. En 1861 en Norteamérica se recogieron 4 millones y medio de fardos. Y en 1864 -retengamos la fecha- la producción descendió a 300.000 fardos. En 1861 los Estados del Sur podían enviar 615.000 fardos a Lancaster -centro de los telares ingleses-; en 1864, solamente 23.000 fardos. La guerra comportó la ruina también para los distritos industriales ingleses. Consignemos que 250.000 obreros entraron en huelga, y otros 165.000 trabajaban sólo 4 horas por día.Hacia 1862 graves perturbaciones estallan en Europa: hay miseria en los centros algodoneros y las pérdidas en la bolsa resultan catastróficas.A Gran Bretaña sólo llegan 300.000 fardos de algodón, cuando Lancaster necesitaba 2 millones y medio; y Francia otro millón. Entonces Gran Bretaña entró a buscar mercados productores de algodón en cualquier parte del mundo. Desde luego, también en América del Sur.Lo que no fue.En ese crítico año de 1862 Inglaterra envió a la Confederaci6n Argentina al Dr. Thomas J. Hutchinson, médico y geógrafo que debe hacerse cargo del consulado británico en Rosario. Pero no es éste, en verdad, el cargo fundamental: Hutchinson venía con la misión de buscar algodón salvaje en Santiago del Estero, y a canalizar el río Salado si fuera necesario, y plantar algodoneros en dicha región argentina.Efectivamente, el cónsul armó una expedición, con el apoyo del Banco Mauá de Rosario, instalado cinco años antes. El geógrafo británico estudió las posibilidades y redactó un informe. En él señalaba que la mano de obra resultaría barata; además los ingleses contarían con el entusiasta apoyo del caudillo y gobernador santiagueño, liberal, Antonino Taboada.Decía el informante: "Un novillo, zapallo, maíz y sandías, es mantención bastante para 50 hombres durante cinco días, y un animal vacuno no cuesta más que 10 pesos bolivianos, o sea 30 chelines", y esto otro: "El costo de los peones, como también los gastos y lentitud del transporte por carretas de bueyes, será por un largo tiempo un doble impedimento para que esta provincia sea una localidad algodonera".Se llegó a inaugurar el trabajo de la canalización del Salado, con la presencia de Taboada. Pero después, con el estudio de factibilidad, el proyecto se detuvo. El costo de la mano de obra santiagueña era muy alto comparado con los salarios de un obrero en Inglaterra. El fracaso del proyecto santiagueño no desanimó al funcionario inglés. Los ingenieros británicos enviados para trabajar en la canalización no llegaron a ocuparse. Pero el Paraguay estaba cerca y ligado a la Confederación Argentina por los mismos ríos. Y ese país, por clima, suelo y áreas disponibles era una región óptima para el cultivo algodonero. Entonces, en 1863, los ojos de Inglaterra miraron al Paraguay. Claro que había una valla: el país hermano y vecino, gobernado a la sazón por el mariscal Francisco Solano López, no habla abierto aún las puertas al liberalismo económico. Este último estaba triunfante tanto en la Buenos Aires portuaria como en las provincias que respondían a Urquiza. El estanciero de San José y saladero de la costa uruguaya ya estaba enredado en la trama de los intereses comerciales y financieros, que iban del Barón de Mauá a la burguesía mercantil del Puerto, encabezada por José Gregorio Lezama, los Lezica, los Carranza, los Lanús, y los ricos caballeros británicos William Leslie y Tomás Armstrong.Urquiza vería sus productos pecuarios en el mercado de Londres, y estaba en esto dependiendo de los hombres del Puerto. El 2 de enero de 1863 don Justo iba a firmar un contrato con el Banco de Londres, Buenos Aires y Río de la Plata para la venta en mercado británico de lanas, cueros, sebo, ceniza y huesos. Dicho Banco le anticiparía a Urquiza, por la faena de 1863, la cantidad de 3.000 onzas de oro, equivalentes a 51.000 pesos fuertes.Don Justo vende sus productos al mercado inglés con la intermediación de portuarios eminentes. Don José Gregorio Lezama -futuro proveedor de los ejércitos mitristas de la Triple Alianza- es quien le cubre al entrerriano las letras descubiertas en el Banco de Londres. Estos avales terminan dominándolo también políticamente en la hora de pronunciamientos, de "La guerra de la Triple Alianza, sus causas" Por Fermín Chávez]3. www.elhistoriador.com.ar |
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