Conquista del DesiertoLa Conquista del Desierto o Campaña del Desierto fue una campaña militar llevada a cabo por el gobierno argentino contra las naciones mapuche, tehuelche y ranquel, con el objetivo de obtener el dominio territorial de la Pampa y la Patagonia oriental, hasta entonces bajo control indígena. |
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Antecedentes
frontera durante el virreinato La Pampa y la Patagonia constituyeron una amplia región aborigen, que nunca pudo ser conquistada por los poderes imperiales europeos, y que desde el siglo XVII se fue unificando bajo la cultura mapuche. Recién a fines del siglo XIX, la Argentina y Chile, lograron ocupar la región mediante la guerra contra los indígenas. A la llegada de los europeos, el sur del continente americano, la Pampa y la Patagonia, estaban pobladas por los pampas, los tehuelches (patagones) en la Patagonia oriental y los mapuches en la Patagonia occidental; Tierra del Fuego estaba habitado por una rama de los tehuelches, los selknams (onas), los yámana y los kawéskar. Con el desembarco de los conquistadores realistas en las riberas del Río de la Plata y la fundación de la ciudad de Buenos Aires durante el siglo XVI, se produjeron las primeras confrontaciones entre los españoles y los aborígenens que habitaban la región pampeana, los pampas (het o querandíes), llamados luego ranqueles, una vez integrados a la cultura mapuche en el siglo XVIII. A partir del siglo XVII una pequeña cantidad de bovinos abandonados por los españoles en las pampas, se multiplicaron naturalmente hasta conformar enormes manadas de bovinos salvajes. Tanto los pampas y mapuches, ocupantes de esos territorios, como los españoles y gauchos libres, se dedicaron a la caza de esos animales, lo que llevó a enfrentamientos entre unos y otros. Los españoles construyeron entonces una línea de fortines cercana a Buenos Aires y Córdoba, para ocupar zonas exclusivas de caza, llamadas vaquerías. Los pampas consideraron que los europeos habían usurpado invadiendo sus territorios, y durante siglos atacaron sus posiciones mediante un sistema de ataques en masa, denominados malones, utilizando diestramente el caballo, largas lanzas y boleadoras. Simultáneamente, desde la Capitanía de Chile se procedía a un ataque sistemático sobre los mapuches, conocidos también como araucanos, lo que se conoció como la Guerra de Arauco. Entre los siglos XVII y XVIII los mapuches impusieron su cultura a la mayor parte de los pueblos indígenas que habitaban la Pampa y la Patagonia. Desde fines del siglo XVIII, los españoles comenzaron lentamente a avanzar sobre territorio ranquel. El río Salado (Buenos Aires), que divide al centro la pampa occidental, se convirtió entonces en el límite entre ambas civilizaciones. Algunos indígenas solían trabajar en las estancias españolas, mestizándose con europeos, negros y otros indígenas. El origen social de los gauchos está relacionado con este proceso de mestizaje. El poder colonial español firmó los siguientes tratados con los indígenas de las pampas:
Primeros contactos posteriores a la Revolución de Mayo
las Provincias Unidas en 1816, al sur la frontera con los pueblos originarios En octubre de 1810 llegó a Buenos Aires una delegación indígena procedente de las Salinas Grandes integrada por los caciques Vitoriano, Quintelén y Epugner, junto a su hijo Evinguanao. Estos caciques llegaron acompañando al coronel Pedro García que había viajado por orden de la Primera Junta para obtener el reconocimiento de ésta por parte de los indígenas. El 11 de octubre de 1811, Feliciano Chiclana en nombre del Primer Triunvirato firmó un tratado con los indígenas. El 15 de setiembre de 1815 el general José de San Martín se entrevistó con los caciques pehuenches, comandados por el cacique Neycuñar o Ñeicún, en el fuerte de San Carlos (hecho conocido como La Consulta) solicitandoles permiso para que fuerzas del Ejército de los Andes cruzara la cordillera por su territorio (pasos de El Potrillo y El Planchón), excepto tres caciques, los demás concedieron el permiso. Ese mismo año el gobierno de Santa Fe firmó un tratado de paz con el cacique Ñancul. En 1816 el coronel Pedro Andrés García presentó al gobierno un plan de defensa y colonización, pero no se llevó a efecto. En 1819, Feliciano Chiclana firmó el Tratado de Paz de Chranantue con los ranqueles y en 1820 se firmó la Convención entre la Provincia de Buenos Aires y los Caciques de la frontera del Sur.[1] Campañas del general Martín RodríguezEntre los años 1820 y 1824, el general Martín Rodríguez realizó tres campañas militares contra los indígenas de la actual provincia de Buenos Aires:
El 20 de diciembre de 1825 por orden del gobernador Las Heras, Rosas junto con delegados de Santa Fe y Córdoba firmó el Tratado de la Laguna del Guanaco con 39 caciques y 50 representantes indígenas dirigidos por Chañil. Además de la paz, se pactó la entrega a los indígenas de raciones y vacunas contra la viruela. Campañas del coronel Federico RauchEntre 1826 y 1827 el coronel Federico Rauch realizó tres campañas militares durante las cuales la frontera se estableció desde Melincué, pasando por Junín, 25 de Mayo y Tapalqué, hasta el cabo Corrientes.
El 28 de marzo de 1829 el prusiano Rauch murió a manos del cacique Arbolito en el combate de las Vizcacheras. El 10 de abril de 1830, Hilario Lagos rechazó una invasión indígena sobre Rojas, en persecución de ellos salío el coronel de Valle en la zona del río Salado. El 30 de abril atacó las tolderías del arroyo Moyoguello matando a los caciques Vilucay y Yanquelén. Las relaciones de Rosas con los borogas y ranquelesLos borogas o boroganos eran mapuches procedentes de Boroa de la zona al sur del río Imperial en la Araucanía, fueron aliados de los realistas hermanos Pincheira, pero a medida que estos iban siendo derrotados, algunos borogas emigraron hacia el este situándose entre las Salinas Grandes, Guaminí y la sierra de la Ventana principalmente desde 1826. Desde allí atacaron Carmen de Patagones y Fuerte Argentino (en agosto de 1828) todavía en alianza con los Pincheira, pero luego comenzaron a alejarse de ellos e intentaron unirse al levantamiento unitario de Lavalle, pero Rosas entró en tratos con ellos impidiéndolo. Los borogas en las pampas formaban una alianza gobernada por un concejo de seis caciques del cual dependían otros veinte. El principal era el cacique Cañiuquir. Durante el gobierno de Juan José Viamonte en la provincia de Buenos Aires, Rosas fue el comandante general de la campaña y a mediados de 1829 envió emisarios a los borogas con el fin de separarlos de la alianza con los Pincheiras, mientras que también enviaba al cacique pehuenche Martín Toriano (ex aliado de los Pincheira) a formar una fuerza araucana que atacara a los boroanos desde Chile, fuerza que comenzó a actuar en setiembre de 1830. Sin embargo en setiembre de ese año una delegación boroana viajó a Buenos Aires y firmó la paz con Rosas y luego enfrentó al grupo de Toriano (en el que participaban Calfucurá y su hermano mayor Namuncurá) que desconocía los acuerdos de los boroanos con Rosas, derrotándolo y matando a Toriano. El 14 de diciembre de 1830 entran en alianza con Yanquetruz, un araucano llegado en 1828 que gobernaba a los ranqueles del sur de Córdoba, firmando un acuerdo en Chiloé (actualmente Valle Argentino en La Pampa) en el que participaron 26 caciques boroanos, 19 caciques ranqueles del bando de Yanquetruz y 9 caciques ranqueles del bando de Pablo, adhiriendo todos a la alianza de los boroanos con Rosas e iniciando operaciones contra los Pincheira en el sur de San Luis y de Mendoza. El 19 de agosto de 1831 los caciques boroanos Canuiquir, Rondeau, Canuillán y Mellín junto con Yanquetruz sitiaron Río Cuarto y se llevaron el ganado de las estancias cercanas poniendo como pretexto que actuaban contra los unitarios de Córdoba, aunque esta provincia ya estaba en poder de los federales. Actuaron en forma pacífica y enviaron a Rosas a doce unitarios refugiados entre las filas de Yanquetruz (entre ellos el ex gobernador de San Luis, coronel Luis Videla y el teniente coronel Cuadra). Al parecer actuaron así guiados por versiones de una ruptura de su alianza con Rosas y un ataque general contra ellos. Las acciones de Río Cuarto terminaron rompiendo la alianza de Yanquetruz con los boroganos y con Rosas y en octubre de 1831 acogió a un grupo de unitarios encabezados por Manuel Baigorria.[3] Campañas desde el sur de MendozaEntre los años 1828 y 1832 se realizaron cuatro campañas militares contra los grupos de bandoleros realistas de los hermanos Pincheira que se refugiaban en zonas inaccesibles de Chile y en el sur de Mendoza y norte del Neuquén, quienes actuaban en alianza con caciques pehuenches a ambos lados de la cordillera de los Andes manteniendo la causa del rey de España después de finalizada la guerra de independencia:
Estas cuatro campañas lograron el objetivo de desarticular a las bandas de forajidos y derrotar a sus aliados pehuenches, finalizando con la expedición en 1832 del general chileno Manuel Bulnes, quien con la anuencia de los gobernantes argentinos ingresó en el territorio neuquino y el 14 de enero de 1832 obtuvo la victoria en la batalla de las Lagunas de Epulafquén en donde se hallaba el campamento de los hermanos Pincheira, derrotándolos definitivamente, siendo considerada ésta como la última batalla contra los realistas españoles en América del Sur. Campaña de Juan Manuel de RosasFue realizada durante el gobierno de Balcarce en Buenos Aires entre los años 1833 y 1834 en tres columnas al mando de Aldao (gobernador de Mendoza), Ruiz Huidobro y Rosas, siendo el director de la guerra el general Juan Facundo Quiroga. El objetivo era ampliar la línea de frontera y derrotar entre otros a los ranqueles de Yanquetruz. Originalmente se había acordado coordinar con fuerzas chilenas de Bulnes que actuarían sobre los araucanos del sur de Llanquihué, pero éstas no lo pudieron hacer por problemas políticos internos. Contaba a los caciques boroanos como aliados con la misión de mantener en cautiverio a los ranqueles que fueran tomados prisioneros, pero al terminar la campaña Rosas les exige su entrega junto con los ganados robados a lo que se niegan y al año siguiente son masacrados por Calfucurá.
En 1834 Yanquetruz regresó a su territorio e inició una campaña contra San Luis, atacando Achiras el 7 de marzo y luego El Morro y otros sitios. El 8 de octubre de 1834, fuerzas de San Luis y Buenos Aires al mando de Pantaleón Argañaraz derrotaron a Yanquetruz en Pampa del Molle (o del Rosario), muriendo los caciques Colipay, Pulcay, Pichul (hijo de Yanquetruz) Carrané, Pallan y Cutiño. Campañas contra Calfucurá y contra los ranquelesEl jefe mapuche Calfucurá había llegado desde Chile hacia 1830 formando parte del grupo del cacique Martín Toriano llamados por Rosas para combatir a los boroanos que previamente le habían precedido en su llegada desde la Araucanía hacia 1820, cuando fueron llamados por estancieros para custodiar la frontera y se asentaron en la zona de Guaminí y Carhué. Luego de ser derrotado Toriano por los boroanos, Calfucurá se estableció en las Salinas Grandes. El 9 de setiembre de 1834 Calfucurá logró eliminar a los principales caciques adversarios cuando los emboscó en una reunión comercial en Masallé (cerca de la laguna Epecuén), muriendo mil borogas, entre ellos Rondeau, Melin, Venancio Coñoepán, Alun y Callvuquirque, aunque logró escapar Ignacio Coliqueo. A partir de entonces los boroanos desaparecieron de la escena, dispersandose entre Tapalqué, 25 de Mayo y Masallé. Yanquetruz murió en 1836. Calfucurá en 1837 derrotó y mató al cacique araucano Railef junto a 500 de sus guerreros en el lugar llamado Quentuco sobre el río Colorado, después de que éste había realizado un malón sobre la provincia de Buenos Aires y regresaba a la Araucanía. Dominó un extenso territorio con la mayor parte de la provincia de Buenos Aires y las de Neuquén, Río Negro, La Pampa, San Luis y el sur de Mendoza en una gran confederación de tribus mapuches, ranqueles y tehuelches con base en las Salinas Grandes que se mantuvo en alianza con el gobierno de Rosas. Escuadrones de Calfucurá participaron asistiendo a Rosas en la batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852 y al día siguiente atacó a Bahía Blanca con 5.000 guerreros. Tras la caída de Rosas intentó congraciarse con Justo José de Urquiza, para lo cual arrasó la ciudad bonaerense de Azul el 13 de febrero de 1855 con 5.000 guerreros, muriendo 300 personas, llevándose cautivas a 150 familias y 60.000 cabezas de ganado, lo que lo llevó a enemistarse con el gobierno de Buenos Aires encabezado por Bartolomé Mitre.
En septiembre de 1855 Calfucurá, atacó y mató al comandante Nicolás Otamendi y 125 soldados en la estancia de San Antonio de Iraola y 8 días después su aliado José María Bulnes Yanquetruz, con 3.000 guerreros atacó a Tandil. Luego Calfucurá saqueó el pueblo de Puntas de Arroyo Tapalqué.
A partir de 1863 hasta 1872, la guerra del Paraguay interrumpió las operaciones contra los indígenas, pero en 1867 se promulgó la ley N° 215 que preveía llevar la frontera sur a los ríos Negro, Neuquén y Agrio. En 1870 Calfucurá firmó un convenio con el comandante de la frontera sur coronel Francisco de Elías, pero pocos meses después Elías atacó a los tehuelches Manuel Grande, Gervasio Chipitruz y Calfuquir, lo que enojó a Calfucurá, quien el 5 de marzo de 1872 con un ejército de 6.000 combatientes, atacó los pueblos de General Alvear, Veinticinco de Mayo (Buenos Aires) y Nueve de Julio (Buenos Aires), resultando muertos 300 criollos y robadas 200.000 cabezas de ganado.
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Para la segunda mitad del siglo XIX, tanto la Argentina como Chile se dispusieron a conquistar completamente los territorios habitados por los mapuches. En 1875, Adolfo Alsina, ministro de Guerra bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, se presentó al gobierno con un plan que más tarde describió como el plan del Poder ejecutivo es contra el desierto para poblarlo y no contra los indios para destruirlos. Entonces se firmó un tratado de paz con el cacique Juan José Catriel, sólo para ser roto corto tiempo después cuando atacó junto al cacique Manuel Namuncurá, Tres Arroyos, Tandil, Azul y otros pueblos y granjas en un ataque incluso más sangriento que el de 1872. Alsina respondió al ataque, forzándolos a retroceder y dejando fortines en su camino hacia el sur para proteger los territorios conquistados y para evitar el transporte del ganado robado construyó la llamada Zanja de Alsina de 3,50 metros de ancho por 2,60 metros de profundidad, que sirvió como límite para los territorios sin conquistar de 374 km entre Italó (en el sur de Córdoba) y Nueva Roma (al norte de Bahía Blanca). En 1876 la campaña fue realizada por cinco columnas:
Los aborígenes continuaron sus ataques recolectando ganado en la provincia de Buenos Aires y el sur de la provincia de Mendoza, pero les resultaba difícil escapar con los animales que hacían su marcha lenta y además debían enfrentar a las unidades de patrullaje que los seguían. Muchos, en cambio, decidieron unirse a las granjas-estancias para trabajar a cambio de comida y refugio. Los caciques Ramón Platero (ranquel), Manuel Grande, Tripailao y Catriel (tehuelches) se rindieron al gobierno. La nueva línea de la frontera estaba a cargo de seis comandancias con sus fuertes respectivos: Bahía Blanca (89 km de frontera), Puan (80 km), Carhué (52 km), Guaminí (98 km), Trenque Lauquen (152 km) e Italó (13 km). Se levantaron sobre esa línea 109 fortines. Después de que Alsina muriera en 1877, Julio Argentino Roca fue nombrado nuevo Ministro de Guerra y prosiguió su trabajo. La campaña de Roca
territorio de la Argentina antes de la presidencia de Julio Argentino Roca Roca, en contraste con Alsina, creía que la única solución contra la amenaza de los aborígenes era extinguirlos, subyugarlos o expulsarlos. Para llevar a cabo este plan, el 4 de octubre de 1878 fue sancionada la ley N° 947 que destinaban 1.600.000 pesos para el cumplimiento de la ley de 1867 que ordenaba llevar la frontera hasta los ríos Negro, Neuquén y Agrio. Mientras tanto, los jefes de sectores de fronteras realizaron operaciones durante 1878 y comienzos de 1879 para preparar la ofensiva. A finales de 1878, empezó la primera ola para "limpiar" la zona entre la zanja de Alsina y el Río Negro a través de ataques sistemáticos y continuos a los establecimientos de los aborígenes. El coronel Nicolás Levalle y luego el teniente coronel Freire atacaron a Manuel Namuncurá provocándole más de 200 muertos, mientras que el coronel Lorenzo Vintter tomaba prisionero a Juan José Catriel con más de 500 guerreros y Pincén fue capturado cerca de Laguna Malal. Estos caciques fueron confinados en la isla Martín García. Luego el ranquel Epumer fue capturado en Leuvucó por el capitán Ambrosio. Otras acciones fueron dirigidas por el mayor Camilo García, el teniente coronel Teodoro García, el coronel Rudecindo Roca, el coronel Nelson, el sargento mayor Germán Sosa, el coronel Eduardo Racedo, el teniente coronel Rufino Ortega y el teniente coronel Benito Herrero. Por ley del 11 de octubre de 1878 se creó la Gobernación de la Patagonia al mando del coronel Alvaro Barros y con jurisdicción en todos los territorios fuera de las provincias hasta el cabo de Hornos. Con 6.000 soldados en cinco divisiones (entre ellos 820 indios aliados), en abril de 1879 comenzó la segunda ola alcanzando Choele Choel en dos meses, la cual fue entregada pacíficamente por los aborígenes locales. Desde otros puntos, las compañías del sur hicieron su camino hacia el río Negro y el río Neuquén, el tributario septentrional del río Negro. Juntos, ambos ríos marcaban la frontera natural desde los Andes hasta el Atlántico. Muchos establecimientos fueron construidos en la cuenca de estos dos ríos, así como también en el río Colorado. Por mar, algunos establecimientos fueron erigidos en la cuenca sur del río Santa Cruz y en la del río Chubut por colonos galeses.
De acuerdo con la Memoria del Departamento de Guerra y Marina de 1879, se tomaron prisioneros 5 caciques principales y uno fue muerto (Baigorrita), 1.271 indios de lanza prisioneros, 1.313 indios de lanza muertos, 10.513 indios de chusma prisioneros y 1.049 indios reducidos. Campaña del general Villegas en Neuquén y Río NegroRoca siguió a Nicolás Avellaneda como presidente. Creyó que era imperativo conquistar el territorio al sur del río Negro lo más pronto posible y ordenó la campaña de 1881 bajo el mando del coronel Conrado Villegas con 1.700 soldados en tres brigadas que comenzaron la campaña a principios de 1881.
En un año, Villegas (ascendido a general) conquistó el territorio de la actual provincia de Neuquén, alcanzando el río Limay. Campaña de los Andes del general VillegasA fines de 1882 el general Villegas con cerca de 1.400 hombres inició una nueva campaña con tres brigadas, lográndose incorporar la actual provincia del Neuquén:
Las campañas finalesSe continuó presionando a la resistencia de los aborígenes más al sur logrando la rendición de Namuncurá con 330 de sus guerreros. El teniente coronel Lino Oris de Roa con 100 soldados llegó hasta el bajo río Chubut y el mayor Miguel Vidal atacó a Sayhueque e Inacayal para luchar la última batalla, el 18 de octubre de 1884 en la que Inacayal y Foyel fueron derrotados por el teniente Insay, la mayoría de los 3.000 indígenas se rindieron, mientras que Sayhueque lo hizo el 1 de enero de 1885 en la actual provincia del Chubut al nuevo gobernador de la Patagonia, el general Lorenzo Wintter. Inacayal y Foyel junto con sus familiares fueron llevados por Francisco Pascasio Moreno en 1886 a vivir al Museo de Ciencias Naturales de La Plata, en retribución a la hospitalidad que ellos le habían dado. Algunos grupos menores continuaron huyendo en Chubut hasta 1888. ConsecuenciasEl Informe Oficial de la Comisión Científica [6] que acompañó al Ejército Argentino es considerablemente específico respecto de los resultados de la guerra: El año 1879 tendrá en los anales de la República Argentina una importancia mucho más considerable que la que le han atribuído los contemporáneos. Ha visto realizarse un acontecimiento cuyas consecuencias sobre la historia nacional obligan más la gratitud de las generaciones venideras que la de la presente, y cuyo alcance, desconocido hoy, por transitorias cuestiones de personas y de partido, necesita, para revelarse en toda su magnitud, la imparcial perspectiva del porvenir. Ese acontecimiento es la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio y asolaban sus distritos fronterizos: es la campaña llevada a cabo con acierto y energía, que ha dado por resultado la ocupación de la línea del Río Negro y del Neuquén. Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido más lato de la expresión. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con gran aparato, pero transitoriamente, como lo había hecho la expedición del Gral.Pacheco al Neuquén, el espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban las balas de sus fusiles. Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas. Y eran tan eficaces los nuevos principios de guerra fronteriza que habían dictado estas medidas, que hemos asistido a un espectáculo inesperado. Esas maniobras preliminares, que no eran sino la preparación de la campaña, fueron en el acto decisivas. Quebraron el poder de los indios de un modo tan completo, que la expedición al Río Negro se encontró casi hecha antes de ser principiada. No hubo una sola de esas columnas de exploración que no volviese con una tribu entera prisionera, y cuando llegó el momento señalado para el golpe final, no existían en toda la pampa central sino grupos de fugitivos sin cohesión y sin jefes. Es evidente que en una gran parte de las llanuras recién abiertas al trabajo humano, la naturaleza no lo ha hecho todo, y que el arte y la ciencia deben intervenir en su cultivo, como han tenido parte en su conquista. Pero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y de progreso, no están fuera de proporción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de producción para la humanidad, son los mejores títulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se han quitado éstas a la raza estéril que las ocupaba. Roca, al mando de un ejército moderno y bien pertrechado, sometió a la Patagonia venciendo la débil resistencia de los pueblos originarios de etnia mapuche, causando una gran cantidad de víctimas y desplazando a las poblaciones restantes a regiones periféricas. Se estima que la campaña fue causa directa de la muerte de más de mil indígenas (hombres, mujeres y niños) [7] . Las tribus que sobrevivieron fueron desplazadas a las zonas más periféricas y estériles de la Patagonia. Unos 10.000 nativos [8] fueron tomados prisioneros y unos 3.000 enviados a Buenos Aires, donde eran separados por sexo, a fin de evitar que procrearan hijos[9]: las mujeres fueron dispersas por los diferentes barrios de la ciudad como sirvientas mientras una parte de los hombres fueron enviados a la isla Martín García, donde murieron, en su gran mayoría, a los pocos años de reclusión. Esta campaña se realizo, además, ya que la Nación Argentina necesitaba garantizarse este territorio que era reclamado como propio también, por Chile. Millones de hectáreas se sumaron así a la República Argentina. Estas enormes extensiones fueron adjudicadas a bajo precio, o directamente regaladas, a terratenientes y políticos influyentes.[10] [11] Se suele justificar esta operación militar argumentando que esos territorios iban a ser conquistados por Chile, ya que el área al sur del río Colorado estuvo parcialmente en disputa entre las dos naciones hasta la firma del Tratado Argentina-Chile de 1881. Debate acerca de la aplicación del concepto de genocidio a la ConquistaA mediados del siglo XX se forja el concepto de genocidio para designar los "actos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso". En los últimos años, diversos estudiosos han trabajado para demostrar que es posible aplicar la definición de genocidio a los actos realizados por el Estado argentino durante esta etapa. Dentro de los argumentos que apoyan esta tesis se citan los que tienen que ver con la declaración de las intenciones del Estado:
También se citan los métodos utilizados en la campaña que concuerdan con la definición de genocidio:
Argumentos que intentan desmentir la teoría del genocidio son:
Referencias1. CEPAL2. Sitio del Ejército3. La teoría de juegos-drama en la etnohistoria, de Martha Bechis4. Batalla de San Carlos, el comienzo del fin5. [1]6. Párrafos del Informe Oficial de la Comisión Científica agregada al Estado Mayor General de la Expedición al Río Negro (Patagonia) realizada en los meses de abril, mayo y junio de 1879, bajo las órdenes del general Julio A. Roca (Buenos Aires, 1881)7. [según el informe del jefe militar Julio Roca, al parlamento, se mataron 1.323. Roca, muy poco después presidente, acotó ante el Congreso de la Nación, que también se habían tomado como prisioneros a 10.539 mujeres y niños y 2.320 guerreros]8. Roca, muy poco después presidente, acotó ante el Congreso de la Nación, que también se habían tomado como prisioneros a 10.539 mujeres y niños y 2.320 guerreros9. [Osvaldo Bayer dijo que “Roca fue implementando la esclavitud en el frente, lo que aquella brillante Asamblea del año XIII había eliminado cuando declaró la libertad de vientres, en todos los diarios de Buenos Aires, en 1879, se pueden ver los avisos donde dice reparto de indios, recorran los diarios. Y en La Nación del 21 de enero de 1879, un diario conservador, publicó esta crónica: ‘Llegan los indios prisioneros con sus familias a los cuales los trajeron caminando en su mayor parte o en carros, la desesperación, el llanto no cesa, se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano los hombres indios se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización.’]10. Roca dejó el camino expedito para entregar las tierras a los nuevos propietarios, a los que ya había sido asignada antes de la operación militar mediante la suscripción de 4.000 bonos de 400 pesos, cada uno de los cuales dio derecho a 2.500 hectáreas.Un total de diez millones de hectáreas, en consecuencia, fueron vendidas por el estado a comerciantes y estancieros bonaerenses en forma previa a la conquista de las tierras, no del "desierto", mientras que el excedente obtenido, en lotes de a 40.000 hectáreas cada uno, fue rematado en 1982 en Londres y París, dando lugar así a la aparición de los primeros terratenientes de esos orígenes en los campos argentinos.Y como aún quedó más y nadie pensó en los aborígenes, en 1885 se cancelaron con tierras las deudas acumuladas con los soldados desde 1878, ya que llevaban siete años sin cobrar, pero como tanto los oficiales como la milicia necesitaban efectivo, terminaron malvendiendo sus partes a los mismos que habían sido los financistas primitivos, de manera tal que toda esa superficie pasó a manos de 344 propietarios a un promedio de 31.596 hectáreas cada uno. "Apropiación de la tierra a los aborígenes y genocidios en el Río de la Plata", Fernando Del Corro, periodista y docente de la UBA11. [ Osvaldo Bayer sostuvo que “es increíble la forma como se repartió la tierra después de la campaña del desierto, fíjense en el resultado que sacamos del Boletín de la Sociedad Rural Argentina fundada en 1868, fíjense que entre 1876 y 1903, en 27 años, se otorgaron 41.787.000 hectáreas a 1843 terratenientes, vinculados estrechamente por lazos económicos y familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período, principalmente a la familia Roca”. Los documentos que menciona dicen que “sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de seis millones de hectáreas, entre ellos se destacaban veinticuatro de las familias llamadas patricias, que recibieron entre 200.000 hectáreas (la familia Luro) y 2.500.000 obtenidas por la familia Martínez de Hoz, bisabuelo del que iba a ser ministro de economía de la dictadura militar.] |
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