Batalla de Rodeo del Medio |
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Batalla de Rodeo del Medio
(provincia
de Mendoza,
Argentina, 24 de septiembre de
1841), combate entre el ejército federal de
Ángel Pacheco y el unitario dirigido por
Gregorio Aráoz de Lamadrid, que dio la victoria definitiva al
partido federal por una década. En 1840 se había formado la Coalición del Norte, alianza de casi todas las provincias del norte argentino contra el dictador Juan Manuel de Rosas y sus aliados. Por otro lado, el general Juan Lavalle ya llevaba más de un año luchando contra éste en Entre Ríos y Corrientes, cuando invadió la provincia de Buenos Aires. Pero, al fracasar en su invasión, se retiró hacia Córdoba, provincia en la que fue derrotado en la batalla de Quebracho Herrado. Lavalle se unió al general unitario Gregorio Aráoz de Lamadrid, y juntos retrocedieron a la provincia de Tucumán. Desde allí, Lamadrid marchó hacia las provincias de Cuyo, para abrir un nuevo frente de guerra, mientras Lavalle resistía en Tucumán. Esquivando a los ejércitos enemigos de José Félix Aldao y Nazario Benavídez, gobernadores de las provincias de Mendoza y San Juan, la vanguardia de Lamadrid, al mando de Mariano Acha, ocupó la ciudad de San Juan. Pero fue derrotado por Benavídez y fusilado por orden de Aldao, en parte por la lentitud del tucumano en avanzar hacia allí. Lamadrid volvió a ocupar San Juan, pero de allí siguió camino a Mendoza, ciudad que ocupó el 3 de septiembre de 1841, y se hizo elegir gobernador. Tres semanas más tarde llegaba a Mendoza el general Ángel Pacheco, acompañado por Aldao. Lamadrid salió a enfrentarlo en Rodeo del Medio, cerca de la ciudad, en la mañana del 24 de septiembre. Los federales eran más de 2000, y los unitarios sólo un poco más de 1500; estaban separados por una zona inundada, que sólo se podía pasar a pie por un puente. |
Desde el principio, Lamadrid fracasó en evitar que Pacheco se apoderara del puente. Su ala izquierda, dirigida por Ángel Vicente Peñaloza, se ve impedida de avanzar por una contraorden que éste recibe, y cuando finalmente lo hace, es rápidamente rechazado por la infantería. La derrota de los unitarios fue evidente desde el principio, y pronto todos huían hacia la Cordillera. Fue una batalla muy sangrienta, con centenares de muertos de cada lado, seguida de una terrible persecución de los vencidos, dirigida por el “fraile” Aldao, que causó muchos cientos de muertos más. Los derrotados cruzaron la Cordillera de los Andes, mucho antes de que el deshielo permitiera un cruce seguro, y murieron más de cien hombres más. Se dice que unos pocos vencidos se escondieron en un pueblito cerca de Mendoza, que se llamó desde entonces Coquimbito, diminutivo de la ciudad de Coquimbo, donde encontraron refugio la mayor parte de los que lograron cruzar los Andes. Los vencidos aún no lo sabían, pero cinco días antes, el general Lavalle había sido derrotado en la batalla de Famaillá, en Tucumán, y pocos días después sería muerto de casualidad en Jujuy. Estas dos batallas fueron el final de la Coalición del Norte, y garantizaron a Rosas el dominio casi incontestado del país por otros diez años, hasta la batalla de Caseros, en 1852. |
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