
CÁNCER DE PRÓSTATA.
El cáncer de la próstata se caracteriza por el crecimiento de un tumor maligno dentro de la glándula de la próstata. Este tipo de cancer ocupa el tercer lugar de mortandad entre los hombres de todas las edades y es la causa más común de cáncer en hombres de más de 75 años de edad. Es más común entre hombres negros de edad, agricultores, y trabajadores de fabricas de llantas y pinturas, y aquellos que han sido expuestos al cadmio. Raramente se ve en hombres de menos de 40 años, con la incidencia más baja entre los japoneses y los vegetarianos. Es digno de notarse que los enucos, hombres cuyos testículos han sido destruidos o removidos, de alguna manera están más protegidos, y que el crecimiento del tumor cesa tras de que los testículos se remueven quirúrgicamente. Esto da apoyo a estudios anteriores que sugieren una correlación entre el aumento de los niveles de testosterona y el desarrollo del cáncer en la próstata. Sin embargo, como en la mayorá de los cánceres, la causa definitiva todavía se desconoce. Las etapas en el desarrollo del tumor se basan en la agresividad de las células del tumor, en comparación con el tejido adjacente en la próstata. Usando el sistema Whitmoe-Jewett, el tumor de la próstata se clasifica como sigue: Etapa A, el tumor no puede palparse pero es identificable por medio de una biopsia microscópica; Etapa B, el tumor ya es palpable y está confinado a la próstata; Etapa C, el crecimiento del tumor se ha extendido más allá de la próstata pero sin metástasis distante; Etapa D, se ha extndido con involucración de las glándulas linfáticas regionales. El tumor se extiende generalmente a los vasos seminales, la vejiga, y la cavidad peritoneal con metástasis típica en las glándulas linfáticas, huesos, pulmones, hígado y riñones.
Síntomas y señales.
Prevención.
No hay medidas preventivas conocidas; una dieta vegetariana y baja en grasa puede reducir el riesgo; un exámen anual específico para el antigene de la próstata, y un exámen digital del recto para la población de alto riesgo, por ejemplo, hombres de más de 40 o 50 años de edad; un ultrasonido prostático transrectal, y biopsia, en los casos que presenten posibilidades de cáncer de la próstata.
Tratamiento.
Dependiendo de la etapa del tumor, el tratamiento es la manipulación hormonal, quimioterapia, cirugía y terapia de radiación. En las primeras etapas, la remoción de la próstata aunado a una terapia radioactiva, puede ayudar a erradicar el tumor; en los casos avanzados, una combinación de los tratamientos arriba indicados; intervención hormonal. El uso de dietilestilbestrol (DEE) para reducir los niveles de testosterona; sin embargo, se han observado efectos adversos que pueden incluir complicaciones cardiovasculares, ginecomastia (desarrollo de senos en los hombres), náusea y vómito; otros medicamentos incluyen agentes andrógenos bloqueadores, como el flutamide, que previene la unión de andrógeno a los receptores intracelulares; las posibles reacciones a consecuencia, incluyen diarrea y ginecomastia; el uso de drogas sintéticas, como leuprolide, acetato de goserelin, que actúa suprimiendo la estimulación testicular que produce testosterona; las reacciones adversas incluyen acaloramientos y pérdida de las facultades erectiles, dolor de huesos, y síntomas leves gastrointestinales;
Quimioterapia.
Esta más bién dirigida a aliviar los síntomas sin curar el cáncer, especialmente para tumores que no responden a la terapia hormonal; se observan efectos adversos propiciados por agentes químicos tales como cisplatin ciclofosfamide, doxorubicina motomicina C y metotrexate; la cirugía generalmente se practica tras haber evaluado los beneficios y riesgos para el paciente; se opta por una prostatectomía radical bajo anestecia general o de medio cuerpo, si el cancer está todavía en la etapa A y es de tipo B; las posibles complicaciones pueden incluir incontenencia urinaria, e impotencia, aunque el uso de nuevas técnicas quirúrgicas ha reducido la incidencia de complicaciones y de daños a los nervios; la orquiectomía bilateral, o la remoción de los testículos bajo anestecia general, para reducir los niveles de testosterona; actualmente se experimenta con la cirugía congelante, en la que se introducen una serie de sondas congelantes en el perineo que congelan la glándula próstata y eliminan el tumor. La descarga de congelante, por medio de esta intervención, se considera una mejor alternativa que los tratamientos convencionales, en particular para casos de tumores pequeños localizados, debido a su reducida tasa de mortandad; pacientes en la Etapa B y C del cáncer de la próstata, con tumores localizados o quienes no son candidatos para la cirugía por razones personales, u otras cuestiones de salud, se benefician grandemente de la terapia radioactiva; un aparato que parece máquina de rayos equis que emite un rayo externo de radiación que se dirige a la glándula próstata y las glándulas linfáticas regionales; el procedimiento es relativamente sin dolor, sin embargo, puede tener otros efectos como: sangre en la orina, pérdida del apetito, fatiga, reacciones en la piel, ardor en el recto u otros daños; la implantación de iridio, oro, o yodo radioactivo en forma de pequeños bolitas o semillas en el tejido de la próstata, con un mínimo de daño a los tejidos cercanos ya que la radiación se recibe directamente en la próstata; la supervisión incluirá una serie de Antigenes Específicos Prostáticos, análisis de sangre (entre cada 6 meses y un año), escudriños óseos y/o tomografías computarizadas para descartar metástasis, cuenta completa de sangre para monitorar las señales y síntomas de anemia; otros síntomas que son indicativo de que la enfermedad continúa progresando son: fatiga, pérdida de peso, debilidad, aumento de dolor, reducción en la frecuencia de orinar y de excretación.
Conclusiones de laboratorio.
Diagnóstico de la biopsia prostática; un antigene específico de la próstata (AEP) con más de 4 nanogramos por mililitro (ng/ml), aunque sea hipertrofía prostática benigna, también puede dar resultados de entre 4 y 10 ng/ml; el análisis de la orina puede mostrar sangre o pus; la orina o la citología del líquido prostático revelan células atípicas; se recomienda un radiograma con material radio-opaco para descartar la posibilidad de que la enfermedad se ha desplazado a los riñones, uréter, y la vejiga; un exámen óseo y rayos equis del tórax sería recomendable para descartar metástasis.
Pronóstico.
El resultado depende de la presencia de otras enfermedades que puedan complicar la situación.