OSKAR Y OCTAVIO

 

-¿De qué trata la parte que corresponde a “OSKAR Y OCTAVIO”?

-Trata de un caso que pudiésemos llamar insólito, sui géneris, etc., pues es un suceso único en la historia de la humanidad, según tengo entendido. Con mi acervo de ciencias enfocadas al conocimiento del hombre, me dediqué a estudiar con el más profundo interés la esencia del ser, ese YO misterioso y pletórico de inconfesables impulsos que muchas veces no le es posible proyectar al exterior. Penetré en sus pensamientos y acciones más singulares, y entre todos aquellos personajes, los que encontré más interesantes fueron Oskar y Octavio, desde el instante mismo de la concepción.

-¿Y eso por qué?

-Porque al momento de que sus cuerpos fueron tomados por un alma, fue una sola quien llevó a cabo tan invaluable y significativa acción al bifurcarse en sus dos polaridades correspondiente a los géneros masculino y femenino. Tú sabes que todas las conciencias o entidades inteligentes creadas por el Rey del universo que es Dios, poseen una naturaleza dual en muchos sentidos, de allí el libre albedrío. ¿Y qué entes están integrados dualmente? Todas la cosas. Ya sean los átomos con sus cargas positiva y negativa forman una dualidad; las acciones buenas y malas que hasta los ángeles han cometido, forman una dualidad; lo masculino y lo femenino qua está presente en casi todo ser vivo, forman una dualidad; una dualidad es la que el alma tiene impresa en su más pura esencia para mani­festarse de acuerdo con el cuerpo que tome. En algunas ocasiones lo masculino y lo femenino mantienen un fiel equilibrio dentro de un mismo ser, como sucede en los caracoles, que son hermafroditas. En el caso de Oskar y Octavio, una sola alma tomó ambos cuerpos y, para lograrlo, separó su dualidad en dos polaridades: La parte masculina tomó el cuerpo de Oskar y la femenina tomó el cuerpo de Octavio. Su cuerpo vivía en una lucha constante contra aquella entidad distinta a él que llenaba su interior, haciéndole en mucha ocasiones actuar en contra de su propia voluntad.

-¿Pero, por qué sucedió esto así?

-Yo conozco muchas ciencias, pero no lo sé todo. Las decisiones divinas se encuentran muy por encima de la comprensión humana. ¿Por qué existen seres que tan saturados están de andrógenos como de estrógenos? No lo sé. Tal vez a la naturaleza le place llevar a cabo ese tipo de bromas, de experimentos o ensayos, no sé cómo llamarlo, pero lo cierto es que, los seres como Octavio obedecen a códigos genéticos de lo cual tienen ellos tanta culpa, como culpa tiene alguien de tener los ojos negros o la piel morena o blanca; es algo que él no eligió.

-Pero, según entiendo, los dos tenían cuerpos masculinos.

-Así es. Un alma femenina fue encarcelada en el cuerpo de Octavio, y éste muchas veces tuvo que ceder a sus reclamos. Con respecto a Oskar, en cuyo cuerpo se encontraba la parte masculina, nunca tuvo con alguien algún trato que pudiese catalogarse como homosexual, sino que él sentía ese algo limpio y sublime que suelen llamar “amor platónico”, y que era realmente la fuerza que movía su ego al querer sentirse completo, porque muy dentro de él sentía un profundo vacío. Otro tanto sucedía en Octavio. De allí que la atracción que sentían uno por el otro resultaba ser una necesidad extremada­mente imperiosa y hasta extenuante, pues el querer complementarse era vital para lograr la unificación de su ser espiritual. Pero la fusión de las dos partes se dio en muy pocas ocasiones. Sólo logra­ron existir como un sólo ser íntegro cuando murieron. Esto es, en esencia, la historia de estos dos seres que jamás tuvieron la culpa de venir a este mundo cargando coma impulsor a un alma mutilada.

-¿Esto encierra algún mensaje?

-Los mensajes están en todas partes, aunque no precisamente encerrados; sólo es necesario que haya buenos receptores para percibirlos. Aquí en tu tiempo, y también en el mío, hay un adagio que reza: “Juzga el pecho ajeno a como tiene el propio”. Y así es. Las personas en cuyo cuerpo se encuentra un excedente de hormonas femenina, muy a pesar de su apariencia exterior puramente varonil, tergiversarán ciertas situaciones y las amplificarán hasta verse de cuerpo entero dentro del personaje con quien les plazca identi­ficarse; pero en el caso de las personas que posean las hormonas masculinas normales no será así, ya que analizarán a los personajes en su ex-acta dimensión, sin el irracional afán de etiquetar con ignominias a sus semejantes. Todo ser humano que haya tenido la fortuna de haber puesto los pies sobre de este maravilloso planeta, en ningún momento ha sido perfecto, y mucho menos lo son quienes hacen estruendoso alarde de “hombría”, porque se sienten insegu­ros. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Por favor que no traten de lanzar la primera piedra, porque eso sería vana actuación.

Fabrizio continuaba hablando con gran entusiasmo del contenido de aquel escrito que yo mantenía sobre mis muslos, leyendo aquí y allá lo que iba apareciendo en sus páginas. Eran letras grandes y completamente nítidas que habían sido impresas en una computadora. Me dijo que no lo había escrito en el teclado porque era muy lento para escribir, sino que mentalmente se lo había dictado al ordenador.

Mi visitante continuaba disertando de su escrito con exagerado entusiasmo, viendo yo que disfrutaba hasta el éxtasis el estarlo haciendo. Yo seguía revisando las páginas albanénicas de aquel inmenso acordeón, y cerca del final del escrito descubrí: “Himno a Guasave” -o sea el pueblo en donde nací. Se lo señalé interrumpién­dole, y suspendiendo por un momento lo que hablaba de Oskar y Octavio me dijo:

-Consideré que te gustaría encontrar unas palabras de ese tu pueblo que conozco desde hace tanto tiempo, y plasmé eso allí. Creo que no lo tomarás a mal. Puedes decir que tú lo escribiste, si quieres.

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