ME DIO UN TOUR POR EL SISTEMA SOLAR

 

-Bueno, sólo existe una posibilidad de que lo veas, pero no de viajar descorporizado, y mucho menos con tu cuerpo.

-¿De verdad podría ver algo?

-Lo que tú quieras. ¿Qué es lo que más te gustaría ver?

-Esos gigantescos edificios piramidales y, por supuesto, el departamento en donde vives. ¿Dejaste las películas en la adminis­tración del hotel?

-¿Cuáles películas?

-Pues las que me vas a mostrar.

-Yo no he hablado de mostrarte películas

-Entonces, ¿cómo es que voy a ver eso que dices que vas a mostrarme?

-Tranquilo, Tony. Lo único que tendrás que hacer para ver, es cerrar los ojos.

-Vaya. Ahora resulta que en lugar de abrir los ojos para ver, los tengo que cerrar. ¿Me está vacilando?

-No sería capaz. Escúchame, así como estás allí sentado, simple­mente cierras los ojos, y cuando yo logre sintonizar fielmente tu banda de frecuencia cerebral correspondiente con la mía, las imáge­nes que tengo grabadas en mi cerebro las transmitiré al tuyo, y así tú podrás ver todo con una nitidez tan diáfana como la misma realidad. También podrás escuchar y percibir los olores, pero no podrás tocar nada, puesto que todo está muy lejos.

-Y por qué siendo estoy como una película, los olores sí podré percibirlos.

-Porque te los voy a estar transmitiendo junto con las imágenes que están grabadas en mi memoria... ¿Empezamos?

-Sí -respondí cerrando mis párpados.

Esperé como dos minutos y todavía no veía nada. Abrí los ojos viendo a Fabrizio sentado frente a mí con sus ojos cerrados, al tiempo que me dijo con enfático imperio:

-¡Ciérralos!

-¡Ah, caray! -pensé- este ve con los ojos cerrados. Supe que había leído mi pensamiento y le pedí disculpas.

-No hay cuidado -consintió-, pero permanece sereno.

En ese preciso momento empecé a ver muchísimas estrellas que brillaban en un fondo -no pensé que sería cielo- completamente negro. No miraba en forma de pantalla cuadrada o rectangular, sino con la misma forma que veía teniendo los ojos abiertos. En la parte baja, muy junto a mí, había un tablero con muchos botones de distintos colores... Comprendí que me encontraba en algún lugar del espacio, pero no sabía en dónde ni tampoco preguntaba, pues esa simple vista me mantenía bastante pasmado. Aunque no había más punto de referencia que las estrellas, yo sentía que viajaba a bastante velocidad dentro de aquella nave en donde me sentía inmerso. De pronto fue apareciendo, despacio, una superficie luminosa cubierta de cráteres, y obedeciendo a un impulso repentino más bien que al deseo de poner en relieve mis profanos conocimientos cósmicos, grité lleno de emoción: ¡La Luna!

-Tranquilo, Tony, tranquilo, que me asustaste. No es la Luna.

-¿No es la Luna? -repetí incrédulo

-No. Es Tritón.

-¿Tritón? -nunca había escuchado esa palabra.

-Sí. Es el segundo satélite más grande del sistema solar y pertenece a Neptuno.

-¿Y cuál es el satélite más grande?

-Titán, que pertenece a Saturno. El diámetro da Titán es de 5,140 kilómetros; el de Tritón es de 5,000, y en tercer lugar está la Luna con 3,476 kilómetros de diámetro.

Sobrevolábamos aquel cuerpo celeste para mí tan desconocido llamado Tritón, y su superficie salpicada de cráteres crecía y crecía girando de arriba hacia abajo sobre el tablero de la nave. De pronto apareció sobre el horizonte de Tritón otro mundo para mí desconocido, preguntando a Fabrizio:

-¿Aquél Planeta es Neptuno?

-No es Planeta, sino el satélite Nereida. Neptuno ya no tarda en aparecer... Nos encontramos a 4,500 millones de kilómetros de la Tierra y a una temperatura de menos 200°C.

-¿Tan frío es por acá?

-Sí, pero es realmente fácil crear y sostener la calefacción adecuada dentro de las ciudades y fuera da ellas, según sean las necesidades para la agricultura y otras actividades... Mira, ya está apareciendo Neptuno, así es que tenemos una fantástica vista de tres cuerpos celestes al alcance de nuestras manos. ¿No te parece maravilloso?

-Mucho más que eso... No sé qué decir... ¡Pero si es inmenso!

-Sí que lo es. Su diámetro es de 49,500 kilómetros, o sea más de cuatro veces que la Tierra.

Las imágenes que se presentaban ante mis ojos no eran siempre siguiendo una secuencia ininterrumpida, sino qua él me las presen­taba a veces con veloces acercamientos o cambiándolas repentinamente como si fuera una película. Así sobrevolábamos Tritón y Nereida muy cerca de su superficie, casi rozando lo qua para mí era el testi­monio más ostensible de la mano del hombre, pues pasábamos por entre unos edificios de los más increíbles diseños arquitectónicos. Nos detuvimos por un momento entre aquellas torres iluminadas como de día, y en su interior pude distinguir mucha gente como nosotros, pero hallándome tan asombrado no podía formular ninguna pregunta de las que revoloteaban desesperadas en mi mente. Estaba seguro de que Fabrizio las conocía, pero tal vez no encontraba a cual de tantas preguntas atender primero. Sin cambiar de imagen nos acercamos a Neptuno a una velocidad de vértigo que, aunque estaba consciente de que todavía permanecía cómodamente sentado sobre un sillón de un hotel de la Tierra, no me fue suficiente para evitar un fuerte mareo al acercarnos tan rápido a aquel planeta tan distinto al mío. Las ciudades y edificios por los cuales íbamos pasando allí, eran más grandes y fantásticos que los de sus satélites. Cuando nos acercamos lo suficiente pude distinguir muchísimas naves de distintas formas y tamaños que volaban en todas direcciones. Dentro de unas enormes burbujas transparentes que presentaban en su interior varios niveles, se veía muchísima gente llevando a cabo distintas actividades en cada edificio. Pensé preguntarle acerca de aquello para mí tan incomprensible, pero, de pronto, una nueva imagen borró la anterior. Resaltando sobre el negrísimo firmamento había un enorme planeta rodeado por nueve anillos y cinco satélites por entre los cuales íbamos avanzando, así es que la perspectiva era distinta a cada instante. ¿Dónde será aquí? -pensé.

-Este planeta es Urano -respondió a mi pensamiento, añadiendo a ello gran número de datos cuya mayoría he olvidado, pero todavía recuerdo algunos:

-Su diámetro es de 51,800 kilómetros, con 14 veces más de masa que la Tierra; la temperatura en tu tiempo era de menos 110°C, pero ahora ha sido adaptada para la vida humana, la cual es abundantísima en este tiempo... Quise situarme aquí en este lugar para que veas lo maravilloso de sus cinco satélites y sus nueve anillos que tienen 100 kilómetros de gruesos y están a una distancia de 52,000 kilómetros del planeta... No te presentaré vistas cercanas porque son similares a las de Neptuno... Ahora quiero que veas esto –dijo ­presentándome al inconfundible Saturno.

-Por supuesto que sabes de qué mundo se trata. Esto, para mí, es de las vistas más fantásticas del Sistema Solar, ¿no crees? Las manos de Dios crearon esta maravilla de 120,000 kilómetros de diámetro, confiriéndole 16 “hijos” que nosotros llamamos satélites; y por si fuese poco lo adornó con esos majestuosos anillos que están colocados entre 67,000 y 300,000 kilómetros de él. Entre todos sus hijos, Titán es el más singular, no sólo por ser el satélite más grande del Sistema Solar, sino también porque posee su propia atmósfera... Nos acercamos a él, y ahora puedes observar lo peculiar de su arquitectura... Las personas nacidas aquí poseen un cociente intelectual muy superior a los nacidos en otros mundos que pertenecen al Sol... No puedes decirme nada, Tony, porque cada vez estás más asombrado, y no es para menos, pues yo que he visto esto tantas veces, no deja de sorprenderme y entro en un sobreco­gimiento inefable... Desplazarse por entre sus lunas y sus anillos tan cerca de este gigante que le observa a uno acogiéndolo con su celestial hospitalidad, es algo que no puede expresarse con pala­bras... Ahora te presento a Júpiter, que con sus 142,700 kilóme­tros de diámetro es el más grande de todos los planetas, o sea que tiene once veces el diámetro de la Tierra. Su temperatura es de menos 150°C; muy helado y difícil de modificar su composición atmosférica, por lo que todavía no es habitado, pero sí están habitados seis de sus 13 satélites, o sea los más grandes.

-¿Cuáles son?

-Los satélites galileicos, así como Sócrates y Platón. Io, a pesar de ser más chico que Calixto, Europa y Ganímedes, tiene volcanes activos. Pero allí está el hombre viviendo y reproducién­dose en todos los rincones del Sistema Solar... Esta pequeña materia que ves alrededor, es lo que forma su delgado anillo, así que nos encontramos a 55,000 kilómetros de distancia de este inmenso mundo que por poco es convierte en un segundo Sol del Sistema... Nos acercamos a Ganímedes, y puede observar que sus ciudades son distintas a las de otros mundos, pues los CEC han elegido lo más idóneo para cada lugar.

-Me dijiste que me mostrarías los edificios de la Tierra.

-Para allá vamos. Quise primeramente que tuvieses cerca alguna de las estrellas que querías algún día alcanzar. Sé que te llamaban más la atención las que titilaban que las que no lo hacían, pero tú sabes que las que parpadean son soles con luz propia y allá no podemos ir, sino solamente a los planetas que les rodean. Pero considero que ya es mucho logro estar cerca de aquellos puntitos luminosos que mirabas por horas cuando eras niño, y tu deseos de alcanzarlo, aunque sea por este medio, te los estoy cumpliendo. En cierta forma soy tu “Aladino” que tantas veces deseaste tener frente a ti. ¿No es así?

-Sí, pero yo quería tener a Aladino frente a mí para que me convirtiese en escritor.

-Eso es lo que falta... Pero acerquémonos más a la Tierra y disfrutemos de esta maravilla marciana con sus dos pequeños “hijos” girando en torno a él.

-Marte también en enorme.

-En relación con los otros planetas que hemos visitado, es muy pequeño, pues sólo tiene 6,700 kilómetros de diámetro. Si lo vemos así de grande es que estamos a 6,000 kilómetros de distancia, pues nos encontramos acompañando a Fobos, su satélite más grande, que sólo mide 16 kilómetros de diámetro; prácticamente una piedra con relación a los otros. Fobos le da una vuelta a Marte en siete horas y 39 minutos, siendo el único satélite que posee un movimiento más rápido que su planeta. Pero, como puedes ver, aquí también se ve la mano del hombre en esas construcciones destinadas al turismo cósmico... Aquel otro satélite es Deimos, con apenas ocho kilóme­tros de diámetro, pero más alejado, pues está a 23,400 kilómetros de Marte. Una revolución alrededor de su planeta la completa en 30 horas, 17 minutos y 55 segundos. Como puedes ver, aquí también hay instalaciones turísticas. Una de las singularidades de Fobos y Deimos es que giran en sentido contrario uno del otro; algo único en el Sistema Solar... Pero bajemos a Marte, que tiene una atmósfera maravillosa creada por el hombre, por supuesto. Las ciudades que ves aquí son más antiguas que en los otros planetas, pues por estar más cerca de la Tierra, estas fueron edificadas primero, un poco después que las de la Luna... La gravedad aquí es un tercio de la de la Tierra.

-¿Y a qué distancia está el Sol?

-La órbita elíptica de Marte es de 207 a 249 millones de kiló­metros.

-Entonces ya estamos cerca de la Tierra.

-Claro que sí. Sólo quiero que disfrutes más de sus ciudades. Mira aquellos edificios. ¿Acaso no se les advierte el inconfundible sello terrícola de tu tiempo? Aunque mirando estos otros te das cuenta de que ya le cambiaron el escenario, pues son modernísimos. ¿Qué planeta crees que es aquella estrella gorda que se ve allá?... Sí, la que está junto a las tres que forman un triángulo... ¿No sabes?

-¡De seguro que es la Tierra!

-¡Exacto! ¡Hasta que partiste una madura! Así te decía tu papá cuando acertabas algo, ¿verdad?... También sabrás qué mundo es este -dijo cambiando la imagen.

-Te diría que es Tritón porque se ve igual que cuando comenzamos, pero esta sí que es la Luna... Mira, allá en el horizonte se está levantando mi querida Tierra, con mi México al frente... Yo te preguntaría: ¿Estará habitado aquél planeta?... Quien va a pensar que hay tantas formas de vida allá, mirándola desde esta infinidad de cráteres.

-Así es, pero todo el Universo está lleno de vida.

-Me refiero a seres como nosotros.

-¿Y a cuáles crees que yo me estoy refiriendo? La mayoría de las estrellas tienen planetas, y de los más de 100 mil millones de Sistemas Solares que forman esta Galaxia, la mayoría de ellos tiene, por lo menos, un planeta con vida inteligente. Lo extraño sería que sólo nosotros existiésemos en todo el universo. Qué desperdicio tan grande de materia sería eso, ¿no lo crees tú así?... ¿Por qué crees que en el tablero de control que tienes al frente no se ha visto en ningún momento mi mano presionando ningún botón?... ¿No sabes?... Porque cuando he hecho estos viajes dirijo la nave únicamente con mi mente... Que si entonces, ¿para qué sirven los controles? Sirven para programarla dentro de un itinerario específico al estar conectada, no creas que con cables, a un CEC y a mi cerebro.

-¿Y qué combustible consume esta nave?

-El combustible que usa, no consume, es antimateria. Y te digo que no consume porque la antimateria no se gasta; siempre permanece la misma cantidad, así haya uno viajado trillones de kilómetros... Pero no pienses que fue una mente terrícola quien logró tal maravilla, sino que este binomio de FUERZA e INTELIGENCIA, si sabes a qué me estoy refiriendo, ¿verdad? O, lo que es lo mismo, ANTIMATERIA y CEC, fueron implementados en este Sistema Solar, primeramente en la Tierra, por seres procedentes de la Galaxia de Andrómeda, después de reco­rrer una distancia de 800 mil años luz. Como quien dice: “Aquí, en el patio de mi casa”. Ellos arribaron a la Tierra y “sembraron” semejante tecnología en un momento en que las mentes más audaces se atrevían a concebir que el “ser y no ser” podría crear una fuerza casi infinita y eterna... El “ser y no ser” es como dos cosas opuestas, como el negativo y el positivo, así como con un “sí” y un “no” trabaja la electrónica con su lenguaje binario. La materia, cuando “es”, es una energía congelada; pero al dejar de “ser”, ese “descongelamiento” crea una fuerza. El existir y no existir se da en forma infinita dentro de un “alma” -así se le llama al contenedor que encierra cierta cantidad de materia que posee esa propiedad, el cual es como un motor-, sucediendo esto quintillones de veces por segundo. Así es que un solo kilogramo de antimateria puede crear una energía suficiente como para abastecer de energía eléctrica toda la Tierra por millones de años pues, como ya te dije, la antimateria no sufre ningún desgaste. Comparar la luz de una cerilla con la luz del Sol, sería como comparar una explosión atómica con la antimateria. Esta nave utiliza sólo un miligramo de ese prodigio.

-Entonces, ¿por qué el uso de estaciones solares?

-Porque estas ya estaban instaladas cuando la antimateria apareció. La energía solar ya no cuesta nada; en cambio, la instalación de la tecnología para la antimateria representaba fortuna enormes.

-Vaya, vaya, todos los días se aprende algo nuevo; pero sé que este día he aprendido mucho más que lo que había aprendido en toda mi vida... ¿Cuántas vueltas le hemos dado a la Luna? El día y la noche se han presentado cuando mucho a cada minuto, pues la Tierra ha subido en el horizonte quien sabe cuántas veces... ¿No sería bueno regresar?

-Por supuesto que sí. ¡Allá vamos!

Dijo esto frente a la Tierra, la cual iba haciéndose cada vez más grande y parecía que el choque con ella era inminente. Pero antes de entrar en la capa gaseosa de su atmósfera, le dimos seis vueltas en un momento, contemplando el día y la noche alternativamente. Durante las noches las ciudades se veían como enormes extensiones ardientes, en cuyos perfiles del horizonte se dibujaban cual diamantes los encendidos vértices de las pirámides. Después de esto penetramos despacio dentro de aquella capa luminosa que la envolvía como un infinito halo fantasmal. Ya estando como a 20 kilómetros de su superficie podían contemplarse con más detalle las enormes prominencias piramidales que formaban aglomeraciones por todo el planeta, pues en todos los continentes dejaban verse aquellas construcciones cuadrangulares cuyas cúspides sobresalían con mucho sobre las partes nubladas. Jamás había yo visto algo semejante. Bajamos más hasta sobrevolar casi rozando las partes más altas de aquellas increíbles montañas creadas por y para el hombre, pudiendo percibir con mayor detalle ciertos rasgos exteriores que diferían poco o mucho unas de las otras. Desde la altura en que nos encontrábamos podía ver, kilómetros abajo, un espacio nublado de pequeñas naves que se desplazaban muy veloces en todas direcciones semejando millones de abejas entre otros tantos millones de panales. Bajamos un poco más y las naves nos pasaban por todos lados casi chocando la nuestra.

-Sé que los CEC las dirigen, Fabrizio, y que, por tanto, es imposible que choquen, pero ¿sabes que me cuesta trabajo aceptarlo?

-En toda mi vida no he tenido noticia de que haya habido un choque, así es que no me atrevería ni a pensarlo que pudiese haberlo ahora. Todas están envueltas en un “plasma magnético”, obviamente, imperceptible con nuestros ojos y tacto, formando en ellas una nube de la misma polaridad, por eso es que al repelerse guardan su distancia unas de las otras. Justamente al penetrar en las calles internas de los edificios, este “plasma” se reduce a escasos 20 centímetros en cada una.  En el supuesto y esporádico caso de un acercamiento fortuito, sólo se sentiría como si dos globos llenos de aire se hubieran presionado.

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