LOS CEC -Cerebros Electrónicos Centrales-
Los más de 120 mil millones de personas que habitamos sobre la Tierra, además de los muchos millones que viven en las estaciones siderales alrededor del planeta, estamos controlados por los Cerebros Electrónicos Centrales -CEC-. Los CEC son unos gigantescos y poderosísimos cerebros electrónicos que leen los pensamientos de todas las personas existentes, estén donde estén; nadie logra escapar a su influencia por más que quisiese esconderse, y sería mucho más fácil concentrar toda la materia del universo en un sólo átomo a que estos cerebros se equivoquen. Es como si todos los cerebros humanos estuviesen conectados a ellos por cables invisibles; ellos todo lo saben y proceden en consecuencia. Por ejemplo: si dos personas se encontrasen dentro de las calles de una pirámide o en lo solitario del campo, no importa el lugar, y una de ellas pensase robar o agredir a la otra o hacerle cualquier tipo de daño, automáticamente un CEC le produciría “una descarga eléctrica” -por llamarle de algún modo-, y si a pesar de eso insistiese en ejecutar la acción, perdería el conocimiento y caería como muerta. Una hora después volvería a tener conciencia de la realidad, mas si volviese otra vez a pensar dañar a alguien, el colapso volvería a repetirse una y otra vez, “para que agarre la onda”, como dicen aquí. ¿Crees tú, Tony, que en un mundo así pudiese haber delincuentes?... Si yo pensase hacerte un daño, en ese mismo momento me desvanecería y quedaría como muerto, aunque me encuentre vibrando en una dimensión de tiempo distinta a la tuya, pues yo sigo estando regido por aquellas leyes.
“¿Dirá esto para que confíe en él” -pensé.
-No lo digo para que confíes en mí, sino porque esta es la verdad -me aclaró acentuadamente como si hubiese adivinado mi pensamiento.
Al salir un poco de esta nueva sorpresa le pregunté como para continuar hablando de lo que fuese:
-¿Y cuántos CEC hay en todo el mundo?
-Desconozco el número exacto que haya, pero son muchísimos. Mas no creas que hay muchos porque todos sean necesarios para cubrir el planeta, ya que uno solo sería suficiente para estar pendiente de todas las personas.
-¿También de las que están al otro lado del mundo?
-Por supuesto. Tú sabes que las ondas electromagnéticas se desplazan en sentido vertical y que al rebotar en la ionósfera vuelven a la Tierra formando distintos ángulos una y otra vez hasta llenar con su presencia toda la capa atmosférica, no quedando libre de ellas ni un milímetro de espacio; y por si esto no fuese suficiente, las miles de estaciones siderales que gravitan alrededor del planeta están llenas de antenas que fortalecen las señales al máximo. Es por eso que al momento de nacer una persona, automáticamente queda registrada en todos los CEC, y durante toda su vida los CEC controlan cuanta actividad lleva a cabo, pasándola a la lista de finados cuando aquel cerebro fallece.
-¿Tanto así?
-Así es, y no es tanto, pues esto ya lleva miles de años de haber sido implementado. Estas acciones son de las más sencillas que llevan a cabo los CEC.
-Por lo que me dices ya no existe el libre albedrío.
-Por supuesto que sí existe, pero la libre elección se hace dentro de una sola polaridad.
-No entiendo muy bien.
-Sí, el libre albedrío lo siguen conservando los individuos, pero sólo pueden elegir dentro de un universo de opciones positivas, no en el conjunto de cosas negativas con lo cual pudiese resultar afectada alguna persona.
-Me parece que aquello debe ser como un paraíso.
-Casi. Casi un paraíso.
-¿Pero es que ya vino Jesucristo?
-Tal vez no en persona, porque... LA ETERNIDAD NO TIENE PRISA, pero su positiva influencia está presente en todas las personas y en todas las cosas. Es la sabiduría, un don divino quien ha logrado transformar este mundo llevándolo a etapas muy cercanas a la perfección. Ten presente que todo lo que es bueno siempre procede del Creador del Universo; y si el hombre ha progresado tanto, es porque Dios no lo ha abandonado.
-Me gustaría vivir en un mundo así.
-Algún día será.