Capítulo XXXIX
Si Tú Sufres, Yo Sufro.
Yo llego a casa de mi hermana... Ella está disgustada y en cuanto me ve, me
dice:
—¡Ya vete a otro lugar!
Cruz toma la bolsa de mi ropa y la avienta para afuera del cuarto.
Yo camino hacia donde está la bolsa de ropa, la recojo y me voy caminando
para afuera de la vecindad...
Ya es tarde. Dios mío, ¿qué voy a hacer? Ay Diosito, si estuviera más cerca
de la casa, me iría con mi mamá. Pero no, está muy lejos.
No sé qué hacer... No sé para dónde ir...
De pronto, oigo la voz de Istig que me dice: No sufras pequeña, pues si tú
sufres, yo sufro; y si tú lloras, yo lloro.
Yo le digo: Istig, yo sé que tú siempre estás a mi lado... ¿Sabes? Yo estoy
feliz aquí pero, por favor, échame una manita para que la señora, la señorita y
el señor siempre estén juntos y que vivan una gran felicidad como estoy segura
la vivirán esos pequeñitos en otro lugar.
Él me dice: Ven —y me conduce— , ahí está solo. En ese cuarto no hay nadie.
Entra.
Yo entro... Está muy oscuro. Es un cuartito que está vacío de una vecindad
en la misma colonia donde vive mi hermana.
Istig me dice: No tengas miedo, cierra tus ojos y piensa en que eres muy
feliz; pues viajaremos al lugar que te corresponde.
—No Istig —le dije— , aún no, todavía hay cosas por hacer.
—Está bien Ismig. Tu misión ha sido muy pesada pero tu premio será mucho
mejor, pues en parte, recordarás el por qué estás realmente en este planeta.
Ahora viajaremos únicamente por unos cuantos segundos.
—Sí Istig, vamos en el momento que tú decidas.
Yo cierro los ojos... Es una sensación muy agradable... empezamos a flotar
hacia arriba... es como si fuésemos de algodón... Hay nubes a ambos lados del
camino...
Conforme vamos subiendo, me visualizo más alta, más alta, mucho más alta...
Es como si al tiempo que diéramos el paso, por decirlo así... nos elevamos
mucho, mucho, muchíiiisimo...
¡Ah, qué sensación tan agradable!... ¡Qué tranquilidad tan grande! Es como si fuéramos llegando al mismo paraíso...
Luego nos detenemos... Ahí hay algo... es como un jardín muy grande... Hay
muchos niños jugando. Los más pequeños son ayudados por los más grandes para
que caminen...
Es curioso... hay un manzano muy grande que está cubierto de manzanas; se
ve que son ricas esas manzanas... jamás había visto una manzana igual...
No sé cuánto tiempo ha transcurrido.
Mi amigo extraterrestre me habla y me dice:
—Ismig, es hora de regresar.
—Oh, no, ¿otra vez?
—Sí Ismig, por amor llegaste al planeta Tierra; por amor regresarás. Tal
vez cuando encuentres a quien buscas, sea poco el tiempo que ahí dures.
Ahora regresamos...
Me encuentro en un cuarto muy oscuro...
Dios mío... ¿Qué horas serán? Oh, ¿qué pasó?
Sí... ya recuerdo. Mi hermana Cruz estaba muy disgustada y... No, no quiero
pensar más.
Yo me paro, tomo la bolsa de ropa y me encamino hacia la calle...
Ay Diosito, ojalá nadie me vea aquí a estas horas...
Camino hasta llegar a la casa de la señora Juanita...
Entro... ella está barriendo el pasillo. Me ve y deja la escoba, va
rápidamente hacia mí, me abraza y me pregunta:
—¿Qué pasa mi niña?... Aurorita, ¿por qué lloraste?
—No, no lloré; y si lloré, pues fue de alegría.
—Pues, ¿qué pasó m’hija?
—Es que, ¿sabe? Yo vine a encargarle poquito mi ropa pues creo que ya me
voy a regresar a Las Juntas.
Ella me lleva abrazada para adentro de su cuarto. Me sienta en la orilla de
su cama y acaricia mi pelo... Ah, qué a gusto me siento... Quisiera no abrir
los ojos para no ver lo que hay en otros lugares...
Pero tengo que volver a ver a Juan Carlos... Hoy se irán y quiero verlos
por última vez. Entonces me paro y le digo:
—Señora Juanita, ya me voy, pues voy a la casa donde trabajo.
—Sí m’hijita. Regresa pronto porque aquí te voy a estar esperando.
Yo finjo estar muy alegre y la abrazo muy fuerte. Le doy un beso en la
frente, le sonrío y me alejo corriendo...
Sí, tengo que correr. Tengo que alejarme de ahí lo más rápido que pueda
pues no quiero que ella me vea llorar.
Ahora ya no me ve...
Entonces no puedo contener el llanto...
Camino y lloro...
Lloro mucho... pues siento una tristeza tan grande que no puedo con ella.
Ahora tomo un camión pues quiero ver a los niños para despedirme de ellos...
Llego al lugar donde me tengo que bajar... Me bajo del camión y empiezo a
caminar hacia la casa de Juan Carlitos...
Ya estoy llegando a la casa... A lo lejos veo que están...