Capítulo XXXVIII

 

Despertar de una Pesadilla.

   

...¡me abrazan!
Oh, pensé que nunca iba a llegar al corazón de estas personas...
Ellas me dicen:
—¡Aurora, no te vayas! Pues gracias a ti hemos despertado de un sueño o de una pesadilla en la cual hicimos mucho daño a los inocentes que nos acompañaban.
—No, no fue gracias a mí, fue gracias al Todopoderoso que ustedes lograran salir de ese lugar donde se habían encerrado. Pero les suplico me disculpen. Mañana si Dios me lo permite, estaré aquí con ustedes. Las niñas, que también estuvieron en la escena, lloran, ríen y me gritan:
—¡Aurora, gracias por todo!
Pero a mí no tienen nada qué agradecerme y les contesto:
—Denle gracias a Dios y ruéguenle porque la felicidad de todos sea completa.
Carlitos no dice nada... Él sólo me ve con sus ojos tan grandes e inocentes. Con esa mirada limpia y pura que tiene. El señor se acerca y me dice:
—Gracias por todo Aurora; jamás me hubiera perdonado si le hubiera puesto un golpe a mi hijo. Mañana vendrá mi mamá por mis niños. Ella vive en Saltillo; y sé que allá estarán todos muy felices...
—Sí señor, pero acuérdese que su esposa y su cuñada vivieron en un mundo de sombras en el cual el desamor y la incomprensión reinaban... Ahora mire los ojos de su esposa y de su cuñada y verá lo que hay en ellos.
Él voltea a verlas. Ellas bajan la cabeza. La señora corre y se abraza del cuello del señor; también su cuñada lo abraza y su esposa es la que dice:
—¡Perdónanos, perdónanos por todo el daño que hicimos... y lo peor de todo es que se lo hicimos a tus hijos!
Él las abraza y les dice:
—Si mis hijos las perdonan, yo también las perdono.
Los niños se acercan y dicen:
—No llores mamá. Ya no llores tía... pues lo que vivimos fue sólo una pesadilla.
Yo ya no quiero oír más y me salgo muy despacio... Oh, Dios mío ¡Gracias, gracias por ser tan bueno y por haber ablandado esos corazones que eran tan duros como una piedra! Sigo caminando muy lentamente... Mientras me alejo de esa casa doy las gracias a Istig por haberme ayudado tantas veces y les ruego a él y a Dios porque todos sean felices... Mañana volveré a esta casa. Qué triste la encontraré. Pero dentro de mí llevaré la satisfacción de haber hecho felices a estas personas... Yo suplico a Dios y a nuestro Padre que es tan bueno y Todopoderoso que cuide y bendiga a todas estas personas y les suplico que la felicidad sea para todos...

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