Capítulo XXXIV

 

Mi muñequita, eres tan buena...

  

El señor se para; está muy enojado y dice:
— Pero, ¿por qué no me lo habías dicho?
— Yo ya te dije mi amor que no quiero darte un mal rato.
Él la abraza y le dice:
— Mi muñequita, eres tan buena...
— Por favor mi amor, no lo vayas a regañar; tú sabes que yo lo quiero mucho a él y a las niñas. Que baste que sean tus hijos para que yo los quiera como si fueran míos.
El señor está rojo de coraje.
Yo ruego a Dios: Ay Diosito, que no le vaya a pegar... pues creo que yo no lo soportaría.
Mi patrón le dice a su cuñada que vaya a hablarle al niño.
La hermana de la señora se dirige a la recámara para traerlo.
Ya vienen... El niño tiembla mucho de miedo...
El señor lo ve con mucho coraje. ¡Qué mirada tan fuerte! El niño agacha la cabeza y le dice:
— Mande usted, papá.
— ¿Por qué no has ido a la escuela?
Él sube la mirada; lo ve y le contesta:
— Papá, yo sí he estado yendo a la escuela... Mira aquí está la tarea... yo ya la hice...
El niño trata de tomar su libreta pero el señor lo sienta de un manotazo.
Oh, yo siento que ardo de coraje...
El señor vuelve a levantar la mano para cachetearlo pero en ese momento voltea y me ve... Se me queda viendo a los ojos y poco a poco va bajando la mano con la que lo iba a golpear.
¡Gracias, gracias Diosito! ¡Gracias Istig! Por no haber permitido que lo volviera a golpear...
Ahora viene el regaño... El señor es muy severo con el niño. Lo regaña muy feo. El niño está agachado, no dice nada pero sus lágrimas caen hasta el piso...
Yo siento como si estuviera ardiendo de coraje. Camino rápido a donde está el niño y lo abrazo. Lo ayudo a pararse y me lo llevo a su cuarto...
El señor no me dice nada; se quedan sorprendidos viéndose entre sí el señor, la señora y su cuñada... Pero yo no tengo miedo. Pues siento como si en ese momento me dijeran algo, yo aclararía todo con el señor pero no, no dicen nada ninguno de los tres.
Acuesto al niño en su cama y le digo:
— Por hoy ya todo pasó..
Ahora falta lo que venga el día de mañana.
Luego pienso: Ay Istig, ojalá que esto termine pronto, pues yo no creo durar mucho tiempo soportando todas estas cosas que pasan.
Termino de cobijar bien al niño. A mí me da mucha tristeza mirarlo así; pues él es tan inocente y se ve tan indefenso... Dios mío, ¿por qué tienen que ensañarse con él de esa manera?
Volteo a ver a Juan Carlos y le digo:
— M’hijito descansa.
Ahora salgo al pasillo y camino... Voy a rogar mucho porque todo esto termine antes del tiempo que se ha anunciado.
Paso junto a la cocina y veo que están los señores reunidos; pero se les olvida que hay otros seres... otros seres inocentes a los que les está siendo arrebatado lo que les pertenece.
Yo estoy muy disgustada... Ellos se ven tan felices y contentos... Yo no quiero verlos así mientras que hay tres niños llorando y sufriendo pues es algo injusto lo que con ellos está pasando. ¡Eso no es justo! Diosito perdóname, yo no puedo seguir aquí... Tengo que alejarme para no cometer ni un error.
Me voy hacia el jardín; tomo mis zapatillas, me las pongo y recojo mi bolso.
— Istig — pienso en voz alta— , por favor no permitas que molesten a estos niños por el día de hoy.
Camino muy deprisa... llego a la puerta de servicio, salgo y cierro. Ellos no se dan cuenta de mi partida...
Dejé la mesa tirada; pero no importa, que lo hagan hoy ellas. Aunque sé que no lo van a hacer...
Vuelvo a rogar: Diosito, confío en ti y en Istig para que no molesten por hoy a estos niños.

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