Capítulo XXX
Enviada
a la Tierra a preparar
la llegada de los Extraterrestres.
¡Es la misma luz que he visto muchas veces!
Ahora, esa luz que es blanca, empieza a tornarse de un color rojo...
Ah, qué curioso... pues hace unos momentos estaba demasiado frío y ahora el
aire se siente tibiecito...
— ¡Esto debe ser obra de Istig! — Me dije.
Me concentré en mi amigo y le dije: Gracias Istig; tú siempre eres
oportuno... Istig — seguí pensando— , ¿hasta cuándo voy a soportar lo que pasa
con aquéllos niños que maltratan? ¿Cuánto tiempo voy a durar viendo tanta
injusticia y tanto dolor?
Claro y fuerte escuché la voz de Istig que me dijo:
— No te desesperes, pues tienes que aguantar. El tiempo que durarás en esa
casa será más o menos un mes.
— Ay Istig, pues entonces ayúdame; y si esto fuera antes, pues qué mejor.
— Calma pequeña, todo esto lo tienes que soportar, pues es una misión que
tú vas a cumplir. Yo te pido que la lleves a cabo con mucha resignación; un día
todo esto pasará a ser parte de la historia de tu vida... Quizás para entonces
ya casi ni recuerdes lo que pasó en este tiempo; más sí te digo que de tu vida,
tus experiencias se conocerán mundialmente a través de un libro...
Yo estoy muy triste y le digo:
— Ay Istig, no cabe duda que quieres mucho para mí. Pues, ¿quién se va a
fijar en una persona tan insignificante como yo?
Él sonríe y me contesta:
— Ismig, tú no sabes que entre nosotros eres una persona de las más
grandes; de las que ocupan el puesto mayor y, ¿acaso no has sido enviada al
planeta Tierra para llevar el mensaje de nuestra llegada...? Pues sí te digo
que por medio de ti, nuestra presencia será anunciada. Tú serás la persona que
se integrará a nuestros grupos que habitan el planeta Tierra... Personas
grandes e importantes te escucharán y todas ellas se interesarán en la historia
de tu vida. Más, no te sientas mal si muchos de ellos se acercan a ti con
burlas y dudas pues acuérdate que nuestro Padre también fue humillado y burlado
por muchas personas; por una gran multitud para los cuales no era nada creíble
lo que Él decía. Y Él soportó humillaciones y golpes humildemente... Pues así
tú tendrás que ser, humilde y no soberbia.
De pronto se abre la puerta de la calle.
Istig se aleja...