Amanece...
Mi mamá se levanta... Ahora se está
cambiando la ropa.
¾M’hija ¾me dijo¾, voy a ir a Torreón pa’ ver que le
traigo a tu hermana.
¾¿Le va a traer medicina?
¾Sí hija; vamos a ver qué me dan para
curarla.
¾Está bien; no se vaya a tardar.
¾No hija. Mira, mueles el nixtamal
que hay y ahí me guardas la masa... cuando yo venga, voy a tortear.
¾Sí mamá.
Mi mamá se va y yo me quedo sola con
Claudia.
¾¡Aurora ¾me llama Claudia¾, ayúdame!
¾¿A qué quieres que te ayude?
¾Quiero recostarme en el sol.
¾Está bien, vamos. Mira, te voy a
cargar y ahí te voy a dejar sentada en una piedra para luego ir por un costal
para que te acuestes en él.
¾Bueno...
Así le hago. La cargo y la llevo al patio
de la casa. Luego me regreso y le llevo un costal y una almohada... Es temprano
y el sol se siente muy calientito...
Pienso: Mmm, ¿por qué no viene Istig? Si
Istig viniera, curaría a mi hermana.
¾Claudia, aquí te estás; voy a
ponerme a moler el nixtamal. Cuando te quieras meter, me hablas.
¾Sí, yo te hablo.
Le debe doler mucho, pues se le ve en la
cara el sufrimiento... ¡Oh, Istig, por favor ven, necesito que nos ayudes!
Estoy moliendo el nixtamal... De pronto, siento
su presencia. Yo ya no sé si me da gusto o coraje... Ahora oigo su voz de
siempre que me dice:
¾¡Hola pequeña! ¿Qué te pasa?
¾¡Ay, Istig! ¡Ah, ya no sé si me da
gusto o coraje verte! Yo te he estado llamando mucho y tú no vienes...
¾Perdóname pequeñita; lo que pasa es
que yo estaba desempeñando una misión.
¾Sí, tú estás desempeñando misiones y
yo con...
Él me pide que guarde silencio con una seña
y me dice:
¾Tu hermana ya está bien.
¾¿Queeé?
¾Mira ¾apunta Istig¾, ahí viene.
Es verdad, ahí viene Claudia; ya no tiene
su cara como la tenía. Ella viene contenta y me dice:
¾¡Aurora, mira, ya no me duele mi
pie!
¾¿De veras; qué hiciste?
Ella se voltea un poco la pierna y me dice:
¾Mira, yo no hice nada... me quedé
dormida y... ¡Ya no me duele mi pierna!
Ella se ofrece a ayudarme a moler, pero yo
le digo:
¾Mejor acuéstate un ratito.
¾¡Ah, no! Si no quieres que te ayude,
me voy a llevar un lazo y voy a hacer un columpio en el mezquite de la tía
Dalma.
¾Sí, ándale, vete.
Ahora, ella se va y yo digo:
¾¡Istig!
¾Sí pequeña...
¾Gracias por curar a mi hermana.
¾Tú sabes que yo siempre quiero que
estés contenta... Pequeñita ¾me habló con voz suave¾, ahora sé que te va a doler lo que te voy a
decir; pasado mañana cumples doce años y bien... tendrás que salir de aquí.
¾¿Por qué Istig? Yo aquí vivo muy a
gusto.
¾Sí, yo lo sé. Pero recuerda que te
dije que a los doce años ibas a cumplir tu primer misión...
¾¡Es verdad Istig; pero yo no voy a
ir a ningún lado!
¾¡Claro que vas a ir! Prepara tu ropa
pues, mañana mismo saldrás de aquí.
¾¿Tú irás a verme?
¾Tú sabes que jamás te dejaré sola.
¾Gracias Istig.
¾No estés triste; recuerda que donde
tú estés, estaré yo.
¾Gracias Istig.
Luego Istig se retira.
Yo ya terminé de moler el nixtamal.
Será mejor que ahora me ponga a arreglar mi
ropa. Mi mamá no viene... A ver si no se tarda mucho, porque ya es tarde...
Veo a lo lejos que mi mamá regresa. Voy
corriendo a encontrarla. Me ofrezco a ayudarle para cargar una bolsa, pues ella
trae un costal cargando.
¾Mamá, ¿qué lleva ahí?
¾Es una ropa que me dio una señora.
Ella sigue caminando y yo voy atrás de
ella. Llegamos a la casa y me dice:
¾Tiéndeme aquí el petate para sentarme.
Me voy corriendo... Regreso con el petate y
se lo tiendo. Mi mamá se sienta. Yo le quito los zapatos, luego me voy por su
espalda y la abrazo por el cuello...
Ella empieza a sacar la ropa del costal...
Trae unos vestidos muy bonitos... y comienza a separarlos.
¾Estos vestidos son para Georgina ¾decía mi mamá¾, y estos vestidos son para Claudia.
Yo nada más la oigo. Termina de separar
todos y le pregunto:
¾Mamá, ¿a mí no me va a regalar ni un
vestido? Todos están muy bonitos.
¾¡Quítate de aquí muchacha encimosa!
A mí me da mucha tristeza y guardo
silencio. Enseguida trato de agradarla:
¾¿Quiere que le traiga aquí de comer?
¾¿Tú hiciste de comer?
¾Nada más poquitas tortillas para
usted, poquitos nopales y chile rojo; oh, también le hice una olla con agua de
limón.
¾Bueno pues, tráeme de comer.
Yo voy corriendo a la cocina y empiezo a
sacar la comida para llevársela a mi mamá. Yo estoy muy contenta...
Mi madre está comiendo muy a gusto. Termina
y luego me dice:
¾Ya mete todo pa’ adentro.
Empiezo a acarrear todas las cosas para la
cocina hasta que acabo.
¾¿Cómo siguió Claudia de la pierna? ¾Preguntó mi mamá.
¾Ya se siente mucho mejor.
¾¡Ah qué bueno!, anda háblale que
venga.
Voy hacia donde se encuentra Claudia y le
digo:
¾¡Claudia, ven, ya llegó mi mamá; te
habla!
Ella se está columpiando y no me hace
caso... Yo le tengo que volver a llamar:
¾¡Claudia, ven; mi mamá te está
hablando!
Ahora ella se baja del columpio y va
corriendo al patio de la casa. Le pregunta a mi mamá:
¾Mamá, ¿qué nos trajo?
¾Mira m’hija, estos vestidos son para
ti; y estos son para Georgina.
¾¿A mí no me va a dar ni uno mamá? ¾Yo le pregunté.
¾¡No, a ti no te quedan! ¾contestó mi mamá enojada.
Claudia empieza a desdoblarlos todos; son
muy bonitos. Hay un vestido negro con flores moradas; se ve muy bonito. Es el
más bonito de todos... Como yo estoy mirando extasiada los vestidos, mi mamá me
dice:
¾¿Qué estás haciendo muchacha
babieca?
Mejor quiero retirarme... pero mi mamá me
habla:
¾¡A ver, ven acá!
Volteo nuevamente hacia donde ella está y
le digo:
¾¿Mande usted? Mamá.
¾Mira, la señora que me regaló esta
ropa, quiere que le lleve una niña que le ayude. Es una señora muy bonita y
nada más tiene un niño; es muy joven; así es de que tú te vas a ir a ayudarle
en los quehaceres de su casa.
Yo me acuerdo de lo que me había dicho
Istig...
¾Sí mamá, está bien. ¿Cuándo me va a
ir a llevar?
¾Pasado mañana.
¾Está bien mamá. ¿Quiere que le ayude
a recoger la ropa de ahí?
¾Sí, pon todo en el costal.
Yo me agacho y empiezo a recoger la ropa.
Claudia está doblando todos sus vestidos. Cuando termino le pregunto:
¾¿Quiere que meta el costal para el
cuarto?
¾Sí, ponlo sobre la cama.
Camino cargando el costal y lo pongo en la
cama. Luego me pregunto: ¿Por qué mi mamá no me quiere? ¿Por qué siempre hay
diferencias entre los hijos? Yo no tengo la culpa de parecerme a mi abuelita...
Bueno, no importa... Mañana iré a bañarme al río y pasado mañana... que me
lleve a donde sea... Yo ya me voy a acostar.
Voy y me acuesto, el cuarto está muy
oscuro, pero así estoy a gusto... Quisiera no sentir ni pensar... No, no voy a
pensar... Tampoco me voy a sentir mal. ¡Ay Diosito! Ojalá que estas personas a
donde voy a ir sean buenas; que no vayan a ser malas. Virgencita de Guadalupe,
danos mucha sencillez y mucho amor para todos y no nos dejes caer en tentación;
antes más bien, aleja de nosotros todo pecado.
Ahora tengo mucho sueño...