Capítulo XXII

 

Las Dos Pruebas.

 

 

   ¾¡Que cambie esta otra piedra al otro lado del camino! Que la deje con la parte que tiene arriba, hacia abajo y la parte de abajo hacia arriba.

   ¾Es cierto Istig; es exactamente lo que yo quería.

   ¾Pues mira lo que sucede; fíjate bien, pues no quiero que lo olvides o que creas que fue un sueño. Sin embargo, jamás lo dirás a nadie, excepto...

   ¾Mira Istig, háblame bien, yo así no te entiendo ¾le dije un poco molesta.

   ¾Discúlpame, quise decir que, un día vas a contar todo esto, pues habrá personas a las cuales vas a decir todo, hasta tus más íntimos secretos.

   ¾¿Quiénes son Istig?

   ¾Primero que todo, será un hombre. Un hombre para el que tú estarás trabajando... Después habrá otro; lo conocerás en un grupo de personas que están muy cerca de nosotros.

   ¾¿Cómo se llaman ellos?

   ¾Pequeña ¾me dijo suavemente¾, aún no es tiempo de que tú sepas...

   ¾Si ya me dijiste de una persona; ¿por qué no me dices los demás?

   ¾Algún día escucharás el nombre de Martín Peña...

   ¾¿Nada más es una persona?

   ¾No pequeña; son muchas personas...

   ¾Bueno, entonces ¾quise cambiar la conversación¾, ¿quieres voltear la piedra como yo quería?

   Él sonríe y dice:

   ¾¿Tú qué crees?

   ¾Pienso que es demasiado grande y pesada y tú estás demasiado delgado.

   ¾Esta es la figura o personalidad que tomo para estar contigo ¾respondió¾; ahora, yo no voy a cargarla, ella solita se va ir y se va a colocar justamente a un lado del camino.

   A mí me da risa y bromeo con él:

   ¾Pero yo la quiero al lado de abajo ¾una pendiente que había¾, y a la mejor no vas a poder...

   Sólo se me queda viendo y dice:

   ¾¿Crees que porque la tierra está resbalosa y la piedra es demasiado grande, al mover la piedra se irá rodando hacia el río?... Me da pena que aún dudes.

   ¾No Istig; yo nada más estaba pensando ¾quise corregir mi actitud.

   ¾Pues ahora mira hacia allá...

   Él estira sus manos hacia la piedra... Parece increíble. ¡Ay Diosito! ¿No será que estoy soñando? A lo mejor de verdad estoy loquita... Pues la piedra se eleva.

   Yo nada más veo los rayos que de sus manos brotan... Ay, esto es increíble...

   La piedra es como si fuera volando lentamente... Llega exactamente al lugar que yo la quería y queda volteada. Ahora la parte que estaba hacia abajo, está hacia arriba...

   ¾¡Ay Istig, no lo puedo creer! ¡No lo puedo creer!

   ¾Ahí la voy a dejar ¾dijo mi amigo¾ y verás que no es un sueño.

   ¾Bueno.

   Aún me parece increíble; y es Istig quien me saca de mis pensamientos:

   ¾Pequeña... Se te está olvidando una cosa...

   ¾¿Qué cosa Istig?

   ¾Que quieres regresar rápido con tu mamá.

   ¾Ay, sí es verdad Istig... Y ahora ¿qué? ¿Vamos a volar?

   Él voltea y me dice:

   ¾¡Burlona!... Cierra los ojos y vámonos.

   Yo apenas cierro los ojos, cuando él me ordena:

   ¾Ya los puedes abrir.

   ¡Me encuentro de pie en el camino a la Haciendita; a unos cuantos metros de mi casa!... Él se despide:

   ¾¡Hasta pronto pequeña!

   Y desaparece. Yo me pregunto: ¿Será verdad todo lo que acabo de vivir?...

   Bueno, mañana le diré a mi mamá que me deje ir con Claudia a La Guajolota, pues así veré si no estoy loca...

   Ahora sale Claudia de la casa; me ve y le grita a mi mamá:

   ¾¡Mamá, ahí está Aurora parada!

   Mi mamá sale de la casa muy enojada y grita:

   ¾¡Muchacha fregadísima! ¡Seguramente tu padre está esperando el almuerzo y tú allí parada!...

   Luego voltea mi madre hacia mi hermana y le pide lo que ya sabemos:

   ¾¡Claudia, tráeme un palo!

   Yo me apresuro a cargar el bote con la leche... ¡Ah, está pesado! Pero poco a poco lo voy subiendo hasta ponérmelo encima del hombro.

   Ahora regresa Claudia con el garrote en la mano... Es que ellas creen que todavía no voy por la leche... Camino lo más rápido que puedo... Ya estoy llegando...

   Tengo que brincar el potrero; pongo el bote sobre el potrero y brinco hacia el otro lado... Ahí vienen ellas... Mi mamá se queda viendo que traigo el bote cargado... Ahora, muy extrañada me pregunta:

   ¾¿De dónde agarraste el bote de la leche? ¿Lo trajo tu papá?... ¡Te estoy hablando! ¡Contesta!

   No dejaba de gritarme:

   ¾¡¿Encontraste a tu papá y se regresó?!

   ¾No mamá; es que ya fui a La Guajolota.

   ¾No, no puede ser que ya hayas ido...

   ¾Sí mamá; ya fui y vine.

   ¾A ver, dame el bote.

   Ella me quita el bote de encima y me pregunta:

   ¾¿Cómo le hiciste para traer la leche desde allá? ¡Muchacha fregada, pero no te me vas a escapar! ¡Dime la verdad! ¿Vino tu papá a traer la leche?

   ¾No mamá; es que yo fui hasta La Guajolota.

   ¾¡Ay muchacha, es que no pudiste tú ir y venir con el bote sola!

   Levanta el palo y me va a pegar. Yo corro un poco y le digo:

   ¾No, espere; es que sí fui por la leche... Mi papá nada más me brincó del potrero de La Guajolota.

   ¾Pero entonces, ¿cómo le hiciste para traerte el bote y llegar tan rápido? Es que apenas vinieras cruzando el arroyo.

   ¾¡Es que me vine volando! ¾le dije.

   ¾Ah muchacha, pero ¿es que vas a seguir con tus mentiras?

   ¾No, no son mentiras. Lo que le quise decir es que me vine lo más rápido que pude.

   ¾A ver... ¡Entonces carga el bote!

   Yo pienso: Ay Diosito, ahora sí que no me escapo pues el bote está pesado y ahorita no está Istig... Pero, un pensamiento muy fuerte me llega a la mente y me dice: “Cárgalo, tú puedes hacerlo...” Yo pienso: Istig, de la que me salvas...

   Ahora me acerco a donde está mi mamá y le digo:

   ¾Mire...

   Levanto el bote, y el bote no pesa nada... Lo subo hasta mi hombro y le digo a mi mamá:

   ¾Voy a llevar el bote hasta la cocina.

   Mi mamá piensa: “¿Cómo es posible que haya podido levantar el bote así? Esto me parece muy raro...” Luego se encamina hacia mí y me pregunta:

   ¾¿Cómo hiciste para cargar este bote? Estás muy delgada y muy chiquita.

   Yo hablo inconscientemente y digo:

   ¾Istig... Is...¡Estira ese abrigo que se me va a caer!

   Al instante corregí pues en realidad iba a decir: “Istig me ayuda”. Gracias a Dios encontré una salida distinta... Escucho una risa dentro de mí: “Ay Ismig, estuviste a punto de cometer una indiscreción...” Y yo contesto: “Sí, pero ya ves que no lo hice.”  Vuelvo a escuchar: “Claro, porque tenía que desviar tu pensamiento.” Y yo digo: “Bueno, por lo que haya sido”.

   Mi mamá insiste:

   ¾Dime, ¿por qué no me dices quién trajo la leche?

   ¾Ay, mire mamá, yo fui hasta allá; si usted no me quiere creer, le voy a decir esto, en el árbol baraduz que está cerca del potrero en La Guajolota, dejamos una cubeta con leche mi papá y yo.

   Ella le habla enojada a Claudia y le dice:

   ¾A ver Claudia, ve hasta La Guajolota para ver si es cierto que hay una cubeta con leche en el baraduz  que está cerca del potrero.

   ¾¡Ah no! ¾respondió Claudia¾, yo no voy; yo llegué del molino y estoy cansada.

   Yo le digo a Claudia:

   ¾Ve Claudia... ¿Sabes qué? Yo voy contigo.

   Mi mamá se me queda viendo y dice:

   ¾Si fuiste hasta allá, tienes que estar muy cansada.

   ¾Pues no estoy muy cansada ¾respondí¾. Así es de que si usted me da permiso, yo acompaño a Claudia.

   ¾¡Haz lo que quieras, pero Claudita sí tiene que ir!...

   Toma el palo con el que pensaba pegarme y tunde a mi hermana. Enseguida Claudia se aleja corriendo y chillando. Yo le digo a mi mamá:

   ¾¡Mamá, ahorita vengo, voy con Claudia!

   ¾¡Hagan lo quieran, pero la leche la quiero aquí!

   Yo sigo corriendo... Alcanzo a mi hermana y le digo:

   ¾No llores hermanita, yo voy a ir contigo.

   ¾Pero tú estás cansada.

   ¾No, no estoy cansada. Mira, si jugamos unas carreras, verás que yo te gano.

   Ella se me queda viendo y me dice:

   ¾Estás loca.

   Yo quiero que olvide su tristeza y le propongo:

   ¾Mira Claudia, a ti te gusta mucho mi vestido blanco; a mí también me gusta mucho, pues es el mejor que tengo, así es que, si me ganas a correr de aquí hasta La Cantera, te lo regalo.

   Ella voltea muy contenta y me pregunta:

   ¾¿De veras?

   ¾Sí.

   ¾Ahora, si no te gano ¿qué? ¾Hizo un trato mi hermana¾ ¿Yo te doy unos zapatos?

   ¾¾confirmé la apuesta.

   ¾Bueno pues, contemos hasta tres.

   ¾Uno, dos... ¾decíamos al unísono.

   Pero Claudia sale corriendo antes de terminar la cuenta. Al fin y al cabo yo no quería ganarle; lo que yo quería era que se olvidara de su tristeza... Ahora finjo correr muy rápido. La verdad es que voy simulando correr... Ella ya llegó a la meta. ¡Vaya! Por fin la miré sonreír.

   Sigo corriendo y cuando llego le digo:

   ¾¡Qué rápido corriste!, por más que intenté, no te alcancé.

   Ella sonriendo me contesta:

   ¾Pues ya ves, ¿no que tú todo el tiempo me ganas?

   ¾Bueno, pues ya ves que no. Y ahora ya me ganaste mi vestido.

   Me mira extrañada y me pregunta:

   ¾¿Tú me lo vas a dar de verdad?

   Yo la abrazo y le contesto:

   ¾No, no te lo voy a dar... ¡Tú me lo ganaste!

   ¾¾dijo alegremente¾, el domingo me lo voy a poner para ir a misa; ¿vamos?

   ¾No.

   ¾¿Por qué? ¿No te gusta ir?

   ¾Sí, sí me gustaría ir... A ver si vamos...

  Eso le dije yo pero, en realidad no quiero ir... En primer lugar, no tengo zapatos y en segundo lugar yo no me siento muy a gusto ahí; cuando voy, la gente me está viendo, ni siquiera saben lo que el padre está diciendo, a mí eso no me gusta pues mi Padre dondequiera está y dondequiera nos escucha... Ah, ¿de qué me serviría rezar un rosario? Si no lo hago con fe y con amor. Pero en cambio sí le pido: Diosito ayúdame; óyeme y perdóname... Con todo mi corazón y mi fe. ¿Acaso no me ayuda?...

   Claudia me habla y me saca de mis cavilaciones:

   ¾Aurora, ¿qué piensas? ¿Estás triste? Te quedaste muy pensativa.

   ¾No, no estoy triste... ¡Mira qué hermosas flores! ¾y señalé.

   ¾¿Cómo se llamarán?

   ¾No sé. Pero, mira, son muy chiquitas y son color de rosa; yo les voy a poner un nombre.

   Ella voltea, me mira y pregunta:

   ¾¿Cómo te gustaría ponerles?

   ¾Mira Claudia, son tan bonitas que les voy a poner el nombre de Corales.

   ¾¿Corales?

   ¾Sí.

   ¾Oye, es un nombre muy bonito. ¿De dónde lo sacaste?

   ¾No sé, ese nombre me vino a la mente. Bueno, entonces desde hoy se llamarán Coralitos.

   Ella se acerca a otras flores y me pregunta:

   ¾A ésta ¾me la señala¾, ¿cómo le ponemos?

  Mmm, es muy bonita; su color es amarillo, también es muy chiquita y antes de abrir es como una lenteja...

   ¾Bien, le pondremos Lentejilla. Y ahora vámonos porque ya es muy tarde... Oye Claudia, vámonos por el camino de arriba.

   ¾¿Por el de arriba?

   ¾Sí, por el camino del Banco.

   ¾Bueno, como quieras.

   ¾Vámonos corriendo ¾la invité¾, para llegar más pronto.

   ¾Sí vamos, a ver si tú me alcanzas...

   Y nos vamos corriendo... Yo quise venirme por este camino para ver la piedra que Istig volteó; así comprobaré si no estoy loca y que no estoy soñando...

 

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