Capítulo XXI

 

¿Qué prueba es la que quieres?

 

 

   Pido ayuda a Istig de la siguiente manera:

   ¾Istig, estoy en un apuro muy grande, ayúdame.

   Tengo que bajar antes que mi papá volteé hacia arriba...

   Estoy desesperada. Quisiera brincar pero es demasiado alto. Ay Diosito, ¿qué hago?...

   Estoy a punto de soltar el llanto pues estoy muy espantada... pero escucho:

   ¾¡Ya estoy aquí! Ya no debes preocuparte.

   Me da mucho gusto porque reconozco la voz enseguida.

   ¾Istig, ¿dónde estás? No te veo.

   Claramente escucho su respuesta:

   ¾No es necesario que me veas.

   ¾Por favor, ayúdame a bajar de aquí.

   ¾Cierra tus ojos ¾me pidió Istig¾ y estarás abajo.

   Yo cierro los ojos... los abro, ¡y ya estoy abajo! Es entonces cuando dice mi papá:

   ¾¡Ay muchacha! ¿Cómo diablos le hiciste? ¿Cómo hiciste para bajarte?

   ¾No sé papá.

   Él se me queda viendo y voltea hacia arriba de la piedra... luego dice:

   ¾¡Hombre!, nomás porque lo estoy viendo, si no, ¡no lo creería!

   Mi papá voltea hacia donde estoy y me pregunta:

   ¾Oye, ¿tú viniste sola?

   ¾Sí papá.

   ¾Pero tú no vas a poder llevarte la leche. ¿Por qué no vinieron Ponciano y Sabino?

   ¾Sí se vinieron, pero no sé por qué no han llegado.

   ¾Pues ya hay mucha leche; hoy no voy a ordeñar las demás vacas porque tú no podrías con los botes.

   ¾¿Cuánta leche es papá?

   ¾Ahorita ya está llena la cubeta del catorce.

   ¾Pero si no me la llevo se va a hacer agria.

   ¾Sí hija; pero si te caes, se te va a tirar.

   ¾Mire papá; aquí tiene el bote de diez litros; si usted me pone diez litros, me llevo diez en el bote y tres en la cubeta.

   ¾Oye m’hija, pues sí, estaría bien. Nada más que estaría pesado que tú te la lleves.

   ¾No papá, mire, póngale un lazo en cada oreja formando una colgadera, así me cuelgo el bote de un brazo y la cubeta me la llevo en la otra mano.

   ¾Está bien. Mira hija, allá en el huisache chino está el bote lechero, ve por él para acomodártelo para que te lo lleves.

   ¾Sí papá, ahorita vengo.

   Me voy corriendo; la milpa está muy bonita; me encanta correr por entre los surcos; la milpa tiene sus jilotes muy bonitos, el pelo de cada jilote es muy bonito, este es amarillo, este otro es morado y este es color café claro; son muy bonitos. ¡Ah, Dios mío, qué cosas tan bonitas haces!...

   De pronto, no sé por qué empiezo a cantar una oración y digo: “Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo...” Luego comienzo a cantar otra oración: “Del cielo a la Tierra cantaba una voz, Bendito, Bendito, Bendito sea Dios...”

   Ahora llego hasta donde está el bote. No lo alcanzo pero subiéndome un poquito al tronco de huisache, lo alcanzaré... Comienzo a subir lentamente... Un poquito más, ahora ya lo tengo... El problema es que ahora ya no puedo bajar con el bote en la mano... No es muy alto, serán aproximadamente dos metros; brinco hacia abajo sin soltar el bote para que no se volteé. ¡Qué bueno que no hubo espinas al caer!...

   Corro hacia donde está mi papá que me espera... sigo corriendo... cuando estoy más cerca, mi papá voltea hacia mí y grita:

   ¾¡Aurora!... ¿Hasta qué horas piensas venir?

   Yo sin dejar de correr le contesto:

   ¾¡Ya voy papá! ¡Es que no podía bajar el bote!

   Por fin llego y le entrego el bote; él lo agarra y me dice:

   ¾Aquí te voy a poner la leche que quepa.

   Yo me siento muy cerca de él y le pregunto:

   ¾Papá, ¿está enojado?

   ¾No hija ¾me contesta¾, lo que pasa es que estoy pensado en que todavía no llegan tus hermanos.

   ¾No se vaya a enojar papá pero, cuando fui por el bote, me tardé porque iba viendo los jilotes de las milpas.

   A él le da risa y me dice:

   ¾Ah que m’hija tan traviesa.

   Termina de vaciar el bote y lo tapa, luego me dice:

   ¾M’hijita, vete, vete ya, ve con mucho cuidado. ¿Por dónde te vas a ir? ¿Por las Peñas o por el Banco?

   ¾No papá, yo por las Peñas no me voy, el barranco que está ahí me da mucho miedo.

   ¾Si tú quieres yo voy y te paso del barranco y me regreso.

   ¾No papá, mejor me voy por el Banco; por ahí me gusta más irme.

   Ahora él se carga el bote y me dice:

   ¾Ven hija; te voy a sacar al camino porque me da miedo que te salga otra víbora.

   ¾Sí papá.

   Él camina con el bote en una mano y la cubeta en la otra; yo voy jugando y me quedo un poco atrás de él para cortar flores, pero luego corro y lo alcanzo. Ahora llegamos al camino y me dice:

   ¾Mira m’hija te voy a llevar hasta aquel lado del potrero.

   ¾Papá, si ya quiere regresarse usted de aquí...

   ¾No, vamos para llevarte.

   Seguimos caminando. Él va adelante; yo casi corro tras de él pues camina muy deprisa. Ahora llegamos al potrero y me dice:

   ¾Detenme aquí el bote hija.

   ¾Sí papá.

   Él brinca hacia el otro lado de la cerca y recibe el bote:

   ¾Ya suéltalo m’hija.

   Yo tomo la cubeta y la subo arriba del potrero; él la agarra y la baja; luego me pregunta:

   ¾¿Puedes subir al potrero?

   ¾Sí papá.

   Brinco y le digo:

   ¾Papá, ahora sí cárgueme el bote.

   Él se me queda viendo y dice:

   ¾Hija, me parece que está muy pesado para ti.

   ¾No papá; me voy despacio.

   ¾Hija, mejor llévate nada más el bote. La cubeta la dejaremos aquí colgada en este árbol.

   ¾Entonces, ¿nada más me voy a llevar el bote?

   ¾Sí m’hija. Ahora quítate el abrigo para ponértelo sobre la cabeza para que no te cale mucho el bote.

   Me lo quito y le digo:

   ¾Sí papá; a ver si no se me resbala.

   Le doy el abrigo a mi papá; él lo dobla y me lo coloca sobre la cabeza. Enseguida levanta el bote y me lo pone también sobre la cabeza...

   ¾Ya me voy papá.

   Él me palmea la espalda y me despide:

   ¾Sí m’hijita, que Dios te bendiga; no te vayas a caer.

   ¾No papá; no tenga pendiente, Istig me cuida.

   Él voltea asombrado y me pregunta:

   ¾¿Qué dijiste?

   Siento como que cometí un error al decir eso...

   ¾Quiero decir que el angelito de mi guarda siempre está conmigo.

   ¾Sí m’hija ¾me dice sonriendo¾, todos tenemos un angelito que nos guía y nos cuida; además, acuérdate m’hija que el niño bueno al cielo va y el niño malo se perderá.

   ¾Sí papá, siempre lo voy a recordar. Pero ya me voy porque el bote está pesado.

   ¾Sí m’hijita, ¡ya ni me acordaba del bote!

   Ahora camino... pero camino muy poco. Mi papá ya se regresó. Humm, yo creo que no voy a poder cargar el bote hasta la casa... Y ahora, ¿cómo lo bajo?... Yo no sé pero yo voy a poder... Si lo agarro de una oreja, a la mejor se me tira la leche... Trataré de llegar hasta una piedra grande para ponerlo allí...

   Camino, pero las piedras altas están muy lejos todavía... Oh, si pudiera llegar siquiera allí; siento demasiado peso en mi cabeza... ¡Ah, yo sé quién me puede ayudar!... Y pienso en Istig:

   ¾Istig, ¡ayúdame! Es que si se me tira la leche, mi mamá se va a enojar... Istig...

   Así con muchos trabajos, logro poner el bote sobre mi hombro... pero al tiempo que bajo el bote al hombro, el abrigo se me resbala y cae hasta el suelo... ¡Ay! ¿Ahora cómo le hago? La verdad es que ya siento las manos dormidas... ¡Ay! Ya me dan ganas de bajar el bote, pero si lo suelto, se tira la leche...

   ¾Istig ¡Ayúdame!...

   Estoy a punto de soltar el bote... Lo suelto y bajo una mano, con la otra lo tengo detenido; pero ya no puedo sostenerlo...

   ¾¡Ay Diosito! ¡Manda a Istig a que me ayude!...

Ya siento mi mano muy dormida; voy a soltar el bote pero ¡en ese momento aparece Istig!...

   Él sonríe y me saluda:

   ¾¡Hola pequeña! ¿Estás cansada?

   Yo estoy muy disgustada y le contesto:

   ¾Por favor ayúdame a bajar el bote.

   ¾Vamos... Ahora ya no pesa y tú lo puedes bajar.

   Es verdad, es como si ahora el bote no trajera nada. Muy fácilmente lo bajo del hombro y lo pongo en el suelo. Enseguida busco una piedra para sentarme. Volteo a ver a Istig y le recrimino:

   ¾¿Por qué te tardaste? ¿Es que ya no me querías ayudar?

   ¾No pequeñita ¾dijo sonriendo¾, es que me llamas muy seguido.

   ¾¿Cómo hiciste para bajarme de la piedra? ¾recordé.

   ¾Para mí no es ningún esfuerzo.

   ¾Ay Istig, ¿sabes? Si yo platicara lo que me sucede contigo, nadie me creería; todos dirían que estoy loca. Dime una cosa Istig, ¿existes en realidad o es parte de mi imaginación?

   ¾Pequeña, tú no estás mal. Te han dicho tanto que estás mal que te lo empiezas a creer... Pero te voy a dar una prueba para que no dudes... ¿Qué prueba es la que quieres?

   ¾¡Ya sé!, quiero dos...

   ¾Te ofrecí una.

   ¾Sí, pero yo quiero dos... Mira, quiero...

   Él me interrumpe haciendo la seña de que guarde silencio colocando su dedo índice de su mano derecha en su boca y me dice:

   ¾Espera... Tú quieres llegar enseguida a la casa con tu mamá y quieres que mueva esa piedra que estás viendo.

   ¾¿Cómo lo supiste?

   ¾¿Se te olvida que para mí no hay secretos?

   ¾Mmm... A ver, dime, ¿qué estoy pensando ahorita?...

 

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