Istig me pide:
¾Espera un poco más...
Un momentito después, me ordena:
¾¡Ahora Ismig, regresa a tu cuerpo!
¾¿Me sentiré bien?
¾Un poquito débil.
¾¿Qué le voy a decir a mi mamá cuando
me pregunte?
¾Tú nada más le dices: “estaba
dormida”, luego tendrás sueño y te volverás a dormir.
¾Está bien Istig, ¡hasta pronto!
Istig se retira y yo entro a mi cuerpo.
Enseguida empiezo a reaccionar... al abrir yo los ojos, mi madre me dice:
¾¡Hay muchacha, qué sustos me das!
¾¿Por qué?, si estoy bien.
Ella se acerca más y me pregunta:
¾¿Qué te dolía... te caíste?
¾No; estaba dormida.
¾Pero no respirabas y tu cuerpo estaba muy frío.
¾No sé... yo tengo mucho sueño.
Cargando mi mamá me conduce al interior de
la casa y me acuesta en mi cama. Luego me pregunta:
¾¿Quieres comer algo?
¾No mamá, gracias, lo que tengo es
mucho sueño.
Mi madre está a punto de salir del cuarto,
pero, como que se acuerda de algo y regresa conmigo diciéndome:
¾Hay hija... pues fíjate que sí te
voy a tener que llevar.
¾¿Adónde?
¾Es que conocí a una señora muy joven
y muy bonita, y me preguntó que si tenía alguna niña que le fuera a ayudar a su
casa y yo le comenté que están Claudia y tú; y prefiero que vayas tú, pues ya
ves que tu hermana se queja mucho de su pierna.
¾Sí mamá... mañana me cuentas... pues
ahora tengo mucho sueño.
Yo me volteo hacia la pared, me cubro
completamente y mi mamá ya no me habla. Ahora siento mucho sueño. Debo dormir,
me dijo Istig. Así que poco a poco me voy quedando dormida...
Ahora oigo ruidos y despierto; es mi mamá
que ya se levantó. Ya todos están levantados. Yo también debo hacerlo... Tengo
frío, pero poniéndome a trabajar, se me va a quitar...
Me paro y empiezo a tender la cama donde
dormí... ¿Qué pasará con mi hermana?... Se me hace todo muy triste... Ojalá
regrese pronto. Termino de recoger; volteo hacia donde están las imágenes del
Sagrado corazón de Jesús y la virgen de Guadalupe, me hinco y hablo con ellos:
“Sagrado corazón, virgencita de Guadalupe, cuiden mucho a mi hermana... que no
le suceda nada malo y que las personas donde ella está sean buenas y no la
maltraten... yo les prometo que les traeré flores y me portaré lo mejor que
pueda”.
Estoy por pararme pero me acuerdo que hay
algo más qué pedirles... “Oh, se me olvidaba, también cuiden a mis hermanitos,
a mi papá y a mi mamá y a mis abuelitas y abuelitos y a todos los niños del
mundo, a todos los jóvenes, a todos los mayores y a todos los ancianos...
Diosito, ten misericordia de todos los enfermos, dales su alivio, ya que Tú
eres el que tiene en sus manos la salud para todos; Tú puedes darles su salud;
Tú has revivido muertos, has curado mancos, has hecho que los ciegos vean, que los
cojos caminen; has hecho muchas cosas... igual te pido salud para todos los que
habitamos en el mundo; no te pido nada más salud corporal, también te pido la
salud espiritual que, finalmente, es la más importante; ten piedad y
misericordia para todos tus hijos... En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, Amén.”
Me incorporo... tengo que ir a ayudarle a
mi mamá en el quehacer de la casa; me acerco hasta donde está haciendo las
tortillas. Ella me pregunta:
¾¿Ya te levantaste hija?
¾Sí mamá.
¾¿Quieres comerte una tortilla con
sal?
¾No mamá, no tengo ganas.
¾Estás muy triste porque se fue
Georgina, ¿verdad?
¾No mamá, estoy muy contenta.
Ella ya no me dice nada y sigue haciendo
las tortillas. Luego yo le pregunto:
¾Mamá, ¿Chano y Sabino ya almorzaron?
¾Sí hija, ¿por qué me lo preguntas?
¾Porque ya van subiendo allá por la
lomita.
¾¿Cómo que ya se fueron? ¡Fregados
muchachos, háblales!
Yo les grito pero ellos no se regresan.
Ella acomoda en una canasta tortillas y comida, pues deberían de habérsela
llevado a mi papá. Ahora mi mamá está enojada. Se para y va a mirar por dónde
van mis hermanos, pero ya no los alcanza a divisar. Se apura y dice:
¾¡Uh, cómo me hace falta Georgina!,
¿ahora quién va a llevar el almuerzo a tu papá?
¾No se apure mamá, si quiere yo voy y
lo llevo.
¾Está muy lejos para que vayas tú
sola.
¾Yo voy a llevarle el almuerzo ¾dije resuelta.
¾¿No te da miedo ir hasta allá?
¾No mamá, me llevo al perro; el
“capitán” siempre me cuida.
¾Pues ni modo hija; éstos muchachitos
ya se fueron y no hay más a quién mandar.
¾¿Así me llevo la canasta mamá? ¾Le pregunté al tiempo que me la colocaba sobre
la cabeza.
¾Sí hija; procura irte rápido para
ver si alcanzas a tus hermanos. Si los alcanzas, les das la canasta para que
ellos la lleven y tú te regresas.
¾Sí mamá.
Voy muy contenta con mi canasta sobre la
cabeza; como si fuera la primera vez que transitara por ese camino... Mi mamá
me dijo que a ver si alcanzo a mis hermanos, pero no, ya no los alcanzo...
Bueno, me iré hasta “La Guajolota” (unas tierras propiedad de mi padre, las
cuales él mismo labraba); aunque es un poco lejos, yo voy muy a gusto; camino y
miro los árboles, hay muchas flores alrededor del camino... Sigo caminando...
Ahora, allá a lo lejos, diviso a mi papá; está ordeñando las vacas. Camino más
rápido; llego hasta él y lo saludo:
¾Buenos días papá, ¿ya se viene a
almorzar?
¾Buenos días hija ¾me contestó mirándome¾, por ahí deja el almuerzo y ve a
traerme a la “paloma”.
¾Sí papá; aquí arriba de la cerca voy
a dejar la canasta.
¾Sí m’hija.
Él ya no me dice nada, sigue ordeñando y yo
camino hacia donde anda la vaca; voy corriendo y de pronto me detengo pues
escucho muchos pájaros gritar. Yo pienso que es algún nido que hay por aquí
cerquitas; empiezo a buscar a ver si lo encuentro; el zacate es muy alto; ahora
sí ya sé de dónde viene el grito de los pájaros... Me voy acercando despacio...
Miro debajo de una piedra grande que hay por ahí... Me asomo muy despacio...
¡Sí, aquí es donde se oían los pajaritos!... Introduzco la mano... Creo que
están muy grandes... No los veo bien pero se alcanzan a distinguir los
colores... Gritan mucho... Sus colores son amarillo, blanco y un color como
guinda; hay otro color más oscuro; sí, es negro... Deben de estar muy
emplumados pues ya están llenos de colores... ¡Ojalá y no se me escapen!... Me
agacho mucho para acercarme al borde de la piedra pero de aquí no los
alcanzo... Me voy a dar la vuelta y me voy a acercar más. Me coloco muy cerca
de la cuevita de donde están. Ahora sí los puedo agarrar fácilmente... Ellos
siguen gritando... Deben ser muchos porque hacen una rueda muy grande... Estiro
la mano y toco... ¡Siento una gran fuerza que me avienta hacia atrás!... ¡Oh, es
una horrible víbora! Yo me caigo hacia atrás; quiero pararme pero estoy atorada
entre las hierbas... La víbora es muy grande y muy gruesa... Me quedo viéndola
y escucho una voz que me dice:
¾Tranquila pequeña; no te va a hacer
daño.
La víbora se me acerca; yo tengo mucho
miedo. No puedo sacar los pies de entre las ramas; ella está muy cerca de mí
pero de pronto se detiene, se me queda mirando fijamente, sus ojillos son muy
pequeños y redondos... Poco a poco baja la cabeza. Ahora se queda estática pero
tiene sus ojos fijos en los míos. Yo le grito a mi papá:
¾¡Papá, venga, aquí está una víbora!
Mi papá se para rápido, toma su machete que
tenía sobre la cerca y corre rápido hacia donde estoy... Es curioso, la víbora
ya no hace por atacarme. Llega mi papá y me pregunta:
¾¿Dónde está la víbora?
Yo no le contesto, pues tengo la mirada
fija en los ojos de la víbora... Mi papá voltea hacia donde estoy viendo.
Descubre al animal y sin pensarlo siquiera, le da un machetazo y le corta la
cabeza...
¾¿No te hizo nada hija?
¾No papá; ya no la hubiera matado.
¾No hija, de milagro no te mordió.
Él me da la mano y me dice:
¾Levántate.
Me tomo de su mano y trato de pararme... Me
incorporo y trato de sacar los pies de entre las ramas pero no puedo; entonces,
mi papá observa y me dice:
¾Ahí estate; voy a cortar esas ramas
con el machete.
Mientras corta las ramas me dice:
¾No sé cómo te enredaste aquí...
Quita todas las ramas y me libera. Ahora
sí, ya puedo caminar. Él me toma por debajo de los hombros y me dice:
¾Ten cuidado hija; aquí hay muchas
víboras.
Volteo hacia donde está la víbora que mató
mi padre y le comento:
¾Papá, qué grande está esa víbora.
¾Sí hija; espera, voy a cortar un
palo.
Se aleja un poco y comienza a cortar un
palo... Regresa y está quitando las ramas pequeñas y hojas para dejar
únicamente el palo más grueso. Luego Me dice:
¾Mira...
Él mete una orilla del palo y levanta a la
víbora. Es muy grande y muy gruesa; tiene varios colores muy bonitos.
¾Papá, ¿qué víbora es?
¾Esa viborita no es tan peligrosa ¾me dijo sonriendo.
¾Pero, ¿cómo le llaman papá?
¾Pues, parece alicante; tiene los
colores muy parecidos al alicante. Pero dicen que existe otra víbora que lleva
los colores casi iguales.
¾¿Cómo se llama la otra víbora papá?
¾Se llama coralillo. Pero, la verdad
no sé si esta es alicante o coralillo.
Me quedo viendo a la víbora. Es muy
resbalosa y aún se mueve; así que le pregunto:
¾Papá, si la víbora ya no tiene
cabeza, ¿por qué se sigue moviendo?
¾¡Ay m’hija! Esa víbora se seguirá
moviendo todo el día... Pero, vámonos hija, pues todavía no acabo de ordeñar
las vacas.
¾Sí papá. ¿Qué le va a hacer a la
víbora?
¾La voy a llevar para meterla en un
hoyo del potrero.
¾¿Para qué?
¾Al pasar el tiempo, a esta víbora
pueden comérsela las hormigas y sería peligroso que una hormiga de las que se
la comieran, le picara a una persona.
Seguimos caminando hasta llegar donde mi
padre estaba ordeñando sus vacas y él reanuda su trabajo. Yo me siento arriba
de la cerca de piedra.
A unos metros de allí hay una piedra muy
grande... camino hasta ella y me subo. Es demasiado alta... Mi papá no se dio
cuenta que me le vine. Me subí porque allá por La Mesa vi algo y desde abajo no
podía apreciar bien; desde aquí estoy mirando muy bien... Es una luz muy
grande... es una luz pero, transparente. Yo quiero ver qué sale de ahí... ¡Oh,
es como una puerta que se empieza a formar!... ¿Será Istig?... Pero no, no es
él... Si él fuera, ya me hubiera hablado. Me dan ganas de bajar y acercarme,
pero está bastante retirado... De pronto, mi papá me habla:
¾¡Aurora!, ¡hija, ¿dónde estás?!
¾¡Aquí estoy! ¾Le contesté.
¾¿Dónde hija?
¾¡Aquí, arriba de la piedra!
¾¡Ay muchacha! ¿Cómo le hiciste para
treparte hasta arriba?
¾Yo me subí...
¾Pues a ver ahora cómo te bajas.
Yo pienso: Muy fácil; así como me subí me
bajo y ya... Pero, doy vueltas arriba de la piedra... luego me doy cuenta que
la piedra es demasiado resbalosa y muy alta...
No sé cómo bajarme... ¡Ay, Dios mío! ¿Cómo
le digo a mi papá que ya no me puedo bajar? Pues doy vueltas por todos lados y
no encuentro una bajada. Estoy muy preocupada y no quiero que mi papá se
enoje...
Ahora es cuando me hace mucha falta Istig...