Capítulo XVIII

 

Georgina se va a trabajar.

 

 

   ...ahí quedo yo.

   Mi cara tiene una expresión muy impresionante. Está demasiado amoratada. Es como si ya no me fuera a levantar de allí... y así permanezco por mucho tiempo...

 

   De pronto, empiezo a abrir los ojos... Me tienen recostada en la cama. Estoy rodeada de mis hermanos y mi mamá. Georgina está muy triste... Yo les pregunto:

   ¾¿Qué pasó?

   ¾Te encontramos en el río ¾dijo Geo¾... estabas desmayada.

   ¾¿Qué pasó hija? ¾Me preguntó mi madre al tiempo que me abrazaba¾ ¿Otra vez te volviste a enfermar?

   ¾No mamá ¾me empiezo a reír¾, yo estoy bien; además, tengo mucho gusto porque Georgina se va a ir a trabajar y ya me dijo que me va comprar unos zapatos.

   Georgina se acerca y me abraza. Está demasiado temblorosa.

   ¾No te apures m’hija ¾Georgina trata de reconfortarme¾, yo voy a estar muy bien allá.

   ¾Sí, me da mucho gusto.

   ¾Bueno pues, ahora acuéstate y descansa; yo mañana me voy ¾concluyó Georgina.

   ¾Sí, está bien.

   Mis hermanos empiezan a retirarse. Mi mamá me cubre con las cobijas. Yo estoy pensando: Dios mío, cuida mucho a mi hermana, que no la traten mal y si la tratan mal que se venga rápido, que no se quede allá... Luego me quedo dormida...

  

   A la mañana siguiente, observo cómo todos se están levantando. Yo no tengo ganas de hacerlo; pero no quiero que mi hermana se vaya triste. Trato de sentarme sobre la cama pero siento el lado izquierdo del cuerpo como si lo tuviera muy dormido... me veo la mano y la tengo muy amoratada, es como si la sangre no corriera por ella... como si tuviera una liga y la mano se pone morada e hinchada. Pero... tengo que levantarme. Tomo un peine, me dirijo hacia el espejo y comienzo a peinarme; pero al verme en el espejo, noto que el lado izquierdo de la cara lo tengo muy inflamado y el ojo lo tengo casi cerrado... No me peino, pues no quiero que me vean así en estas condiciones, así que tomo un abrigo y salgo de la casa corriendo hacia el río... Al llegar, me hinco, tomo agua con las dos manos y me lavo la cara... Pienso que tal vez así se me quite lo hinchado... Me siento sobre una piedra esperando que lo inflamado baje... Me acerco a un charco de agua y ahí se refleja mi cara, pero aún está mal... Ni modo, tendré que regresarme así a la casa.

 

   Cuando llego a la casa veo que mi hermana está acomodando su ropa en una bolsa; mi mamá le está dando de almorzar a mis hermanos, al momento que me ve, me dice:

   ¾Ven a almorzar.

   ¾Yo almuerzo después ¾le contesté.

   ¾¡Pues comes cuando te dé la gana! ¾me gritó enojada.

   Voy al lugar donde está mi hermana y le pregunto:

   ¾¿Te vas a llevar toda tu ropa?

   ¾Sí, pues tengo muy poquita.

   ¾No, no te lleves toda la ropa; pues si no estás a gusto, te vienes, aunque dejes la demás ropa allá.

   ¾Sí, tienes razón. ¿Cuánta crees que será bueno que me lleve?

   ¾Yo diría que estarían bien tres cambios.

   ¾¿No es muy poquita?

   ¾No, pues puedes lavar lo que te vayas quitando y siempre vas a tener ropa limpia, además, acuérdate que todavía no conoces a las personas... Ahora, si no estás a gusto, no te toca cargar mucho.

   ¾Tienes razón...

   En ese momento entra mi mamá al cuarto, se nos queda viendo y dice:

   ¾¿Todavía están platicando? Georgina, ¿no te dije que arreglaras tu ropa?

   ¾Sí mamá, ya la arreglé.

   ¾Entonces, ¿dónde la tienes?

   ¾Aquí ¾le indica al momento que agarra la bolsa.

   Mi mamá se enoja y le vuelve a preguntar:

   ¾¿Qué, nada más esa tienes?

   ¾No mamá, sí tengo más pero, nada más esta necesito allá. Cuando usted vaya, me lleva la demás si yo se la pido; si no, no me lleva nada.

   ¾Está bien, date prisa.

   ¾Pues yo ya estoy lista ¾dijo mi hermana¾, nos vamos cuando usted diga.

   A mí esas palabras son como si me clavaran un puñal en el pecho, pero no debo decir nada; mejor sonrío y le digo:

   ¾¿Quieres que te ayude con la bolsa?

   ¾M’hija, ¿de verdad estás contenta?

   ¾¡Claro que sí! ¾mentí¾, mira, el domingo te voy a estar esperando en Santa Bárbara para regresarnos juntas.

   ¾Sí mi muchachita ¾y me abraza muy fuerte.

   Yo siento muchas ganas de llorar. Ella también siente mucha tristeza pero no dice nada. Agarra su bolsa y comienza a caminar. Mi mamá ya la está esperando afuera y se van las dos...

   Ahora sí... yo ya me quedé sola... No sé si sentarme bajo esta sombra o meterme al cuarto. Quisiera correr muy lejos... quisiera subir esos cerros y no bajar de ahí...

   Pero, ahora este dolor es más fuerte... cada vez más fuerte...

   Mejor me meto a la casa y me acuesto sobre la cama... Es como si esto que siento fuera una piedra que se me va a caer y se empezara a mover muy fuerte...

   Trato de restarle importancia al asunto. Ahora estoy acostada... estoy sola completamente...

   De pronto, escucho una voz que me dice:

   ¾¡No estás sola!

   Yo volteo hacia todos lados pero no veo a nadie. No es necesario ver a nadie con una figura o una personalidad para saber que Istig está aquí... Ahora es que esta voz resuena en mi cerebro y me dice:

   ¾¡Hola pequeña!, ¿por qué crees que estás sola? ¿Siempre es necesario presentar un cuerpo para que te convenzas que aquí estoy?

   ¾No Istig.

   ¾Te ayudaré para quitar ese dolor de tu pecho...

   ¾Y, ¿cómo sabes que tengo un dolor ahí?

   ¾¿Se te olvida que muchas cosas las sé?

   Ahora es como si un calor me llegara y empieza a desaparecer ese dolor que tenía...

   ¾Qué oportuno eres Istig, llegas siempre en el momento que más te necesito. Pero, ahora dime, ¿qué le espera a mi hermana en ese lugar?

   ¾Una experiencia que le servirá para seguir aquí en la Tierra. Sufrirá un poco humillaciones y malos tratos, pero no te preocupes, esto será por poco tiempo... Hablemos ahora de ti.

   ¾Sí Istig, dime, ¿qué es lo que me espera a mí?

   ¾A más tardar dentro de un mes, tú también te irás de aquí. También tú irás a ayudar a otras personas.

   ¾¿A quién?

   Es como si Istig sonriera y me dijera:

   ¾Nunca me vas a entender, pues siempre me haces preguntas que no todas te puedo contestar.

   ¾Pues, si no me ayudas tú, ¿a quién quieres que le pregunte?

   ¾Tienes razón. Irás a una casa donde hay una persona muy mayor de edad... Te necesita mucho. Pero también hay una persona joven, hermosa y muy vanidosa; ésta última te hará mucho daño, pero es parte de tu misión.

   ¾Entonces, ¿tú no me vas a ayudar?

   ¾Solamente en una necesidad muy urgente.

   ¾Está bien Istig. ¿Duraré mucho tiempo en ese lugar?

   ¾No, tu estancia ahí en ese lugar será únicamente de tres meses.

   ¾Y ahí, ¿yo que voy a hacer?

   ¾Darás cariño y atención a una anciana muy buena y que sufre mucho... Ahora discúlpame, tengo que irme.

   ¾Está bien Istig, gracias por todo.

   Ya no me duele nada. Ahora podré hacer el quehacer. Me siento muy bien; un poco triste pero de mi cuerpo ya no me duele nada. Me paro, empiezo a recoger todo lo que hay tirado; después sigo barriendo y voy a la cocina. Ahí también me pongo a recoger lo que hay sucio y a barrer...

   Enseguida comienzo a moler el nixtamal...

   Estoy moliendo rápido... es poco nixtamal y si me doy más prisa, voy a terminar más pronto...

   Así continuo moliendo pero, al terminar, veo la masa y... es muy extraño, yo no pude haber molido esto así... pues el molino, es un molinito de mano y está muy alto... Es curioso, apenas lo alcanzaría bien poniendo unos cuatro adobes... y ya está toda la masa molida... ¡Seguramente Istig me estuvo ayudando!, pues yo veía muy poco nixtamal y la cubeta quedó repleta de masa...

   ¾¡Gracias Istig! ¿Por qué eres tan bueno conmigo?

   Dentro de mí se forma un pensamiento que me dice:

   ¾Ismig, ¿por qué no recuerdas lo que te he dicho?, siempre voy a estar a tu lado.

   ¾Sí Istig, gracias.

   Siento la presencia de alguien atrás de mí... yo me sobresalto y volteo para ver quién es...

   ¡Es...

 

Hosted by www.Geocities.ws

1