El pelo me llega hasta medio cuello; es un pelo muy parejito; ya no tengo espacios sin cabello. Mi mamá está muy sorprendida al ver mi cabeza con pelo, llama a Georgina a gritos; cuando ésta llega, le pregunta:
¾¿Desde cuándo le cortaste el pelo a
esta muchacha?
¾Desde el día que usted se fue a
Torreón ¾le responde y agacha la cabeza como
sintiéndose culpable.
¾¡Te he dicho mil veces que no me
digas mentiras, siempre te lo estoy repitiendo!
Mi madre decía eso y al mismo tiempo le
daba unos golpes con el palo; luego, voltea conmigo y también me pregunta:
¾A ver, Aurorita, ¿desde cuándo te
cortaron el pelo?
¾Hace dos ó tres días; el día que
usted fue a Torreón.
Ella me golpea con el palo y nos grita a
las dos:
¾Se pusieron de acuerdo, ¿verdad?
¾No mamá ¾dije yo¾, acuérdese que yo le pedí permiso
para cortármelo pero usted me dijo que no me lo cortara.
¾Es verdad ¾piensa un instante¾, pero, ¿cómo explicas que en tan poco tiempo
te haya crecido así el pelo?
¾No sé.
¾Además ¾insiste mi madre¾, el pelo está muy bonito; es como si tuvieras
mucho tiempo que te lo hubieran cortado. Bueno... después de todo... está bien,
pues ahora ya no te falta pelo.
¾Ándale tú muchacha ¾se dirige a Georgina¾, ve y pon el nixtamal.
Mi hermana sin mediar palabra, se voltea y
se retira. Yo me voy tras ella... Mi mamá se me queda viendo muy extrañada, es
como si no creyera lo que ve... Alcanzo a mi hermana que lleva un bote y le pregunto:
¾¿Te dolió donde te pegó mi mamá?
¾Si no me pegó ¾sonriendo me dice.
Pero yo vi claramente que sí le pegó, y
fuerte, así que le vuelvo a preguntar:
¾¿Estás segura que no te duele?
¾Mira ¾empieza a decirme sonriendo¾, nada más sentí como que hizo un vientecito
muy calientito y la falda se me extendió con el aire; así es de que el cuerpo
no me lo tocó para nada con el palo.
¾¡Qué bueno!, es que Istig... ¡quiero
decir!...
Apenas me di cuenta que la había regado.
Ella se detiene, me mira y me pregunta:
¾Es que, ¿qué?
¾Es que se me figuró que te había
pegado muy fuerte ¾quise remediar la situación.
¾¡Pues ya ves que no! ¾lo dice en un tono alegre y me reta¾ ¿Qué te parece si corremos desde aquí a la
piedra? ¾me señala hacia delante.
¾¿A cuál piedra?
¾A la grande, ahí donde nos
resbalamos.
¾Sí, pero vamos a correr desde aquí y
la vamos a subir sin agacharnos y sin agarrarnos de nada... Así tenemos que
subir a la piedra.
¾Está muy resbalosa...
¾Pero sí vamos a poder ¾le aseguré.
¾Bueno, y si yo te gano, ¿qué?
¾Pues, si tú me ganas... si subes
primero hasta arriba de la piedra, yo me llevo el bote lleno de agua hasta la
casa. Ahora que si yo subo primero, te lo llevas tú.
¾Está bien ¾me dice Georgina¾, pero yo voy a contar; contaré hasta tres;
cuando termine de contar tres, correremos las dos parejas.
¾Bueno, está bien; nada más que, hay
una cosa, tú traes zapatos y yo no tengo, pero no importa, ¡vamos!
¾¡Uno... Dos... Tres!
Yo corro y subo muy fácil la piedra; ella
sube dos pasos y se cae, por lo que le digo:
¾¿Ya ves?, ahora a ti te va a tocar
llevar el bote.
¾Si aventamos tierra sobre la piedra ¾mi hermana no aceptaba su derrota¾, ¿crees tú que nos podremos detener mejor?
¾No, porque la tierra va a provocar
que nos resbalemos.
¾No seas malita ¾me pidió Georgina¾, dame otra oportunidad.
¾Bueno, pero nada más.
¾Está bien.
Yo me bajo; volvemos a tomar nuestras
posiciones de arranque y corremos... Mi hermana no alcanza nuevamente a subir
mucho y yo ya estoy arriba totalmente.
¾¿Ahora sí te das por vencida?
¾No, vamos a hacerlo otra vez ¾no puede creerlo¾, pero ahora yo me voy a quitar los
zapatos.
¾Está bien.
Georgina se descalza; volvemos a iniciar la
carrera... se me adelanta y al llegar a la piedra, ¡vuelve a resbalar!; como se
me había adelantado, le pido que se haga a un lado para que me permita hacerlo
a mí. Yo subo nueva y fácilmente la piedra hasta arriba. Ella se enoja y me
dice:
¾Ya sé, ahora aventaré tierra sobre
la piedra y así nos será más fácil subir.
¾Pues en este caso, te será más fácil
a ti; pero sí te digo que menos vas a subir.
¾Ayúdame.
Nos ponemos las dos a echarle tierra a la
piedra. Cuando terminamos me dice mi hermana:
¾¡Ahora sí vamos a poder subir!
¾¡Ahora sí vamos a no subir! ¾yo le replico.
Luego nos tomamos de la mano y corremos
juntas las dos. Al llegar a la piedra, yo suelto a mi hermana para que ella
pueda subir pero, se cae; apenas sí dio un paso hacia arriba y yo únicamente
llegué a la mitad de la piedra; me voy resbalando hacia abajo... en ese preciso
momento escuchamos a mi mamá que nos llama y yo le digo a mi hermana:
¾Georgina, ya vámonos ¾le ruego.
¾No, tenemos que subir ¾ella insiste.
¾No, vámonos, mi mamá nos está
hablando y se va a enojar.
Pero ella insiste en que subamos la
piedra...
¾Ya nada más esta vez ¾le digo un poco preocupada.
¾Bueno, pero si no subimos,
volveremos a intentarlo otras dos veces.
¾No, nada más esta vez ¾le aclaro¾, es más, ¿sabes?, subiremos las dos
tomadas de la mano, pero va a ser la última vez.
¾¿Y si no alcanzamos a subir?
¾Pues ni modo; pero ahora sí vamos a
subir.
Así que, nos tomamos de las manos y
corremos muy fuerte. ¡Ahora sí lo logramos! Ahora nos vamos a bajar resbalando.
Mi hermana quiere sentarse pero yo no la dejo.
¾No, espera, así no. Nos vamos a
resbalar hasta abajo pero paradas.
¾¿De pie?
¾Sí, paradas.
¾Pero... nos podemos caer de boca.
¾No, vamos rápido, pues allí viene mi
mamá.
A
Georgina le da un poco de miedo y me dice:
¾Vámonos.
Bajamos corriendo y agarramos el bote.
¾Se llenó mucho de agua el bote ¾dice mi hermana¾. Le voy a tirar poquita.
¾No, vamos a llevárnoslo así.
¾Así no vamos a poder.
¾No te preocupes ¾le digo¾, yo te voy a ayudar.
Tomamos el bote cada una de un lado y nos
vamos. Al ir caminando le comento:
¾Mi mamá está muy enojada, creo que
nos va a pegar.
¾Ojalá que otra vez haga aire, así no
me dolerá.
Llegamos hasta donde está nuestra madre;
ella levanta el palo y le pega a mi hermana. Georgina empieza a llorar. Yo no
digo nada. Caminamos hasta llegar a la cocina y le digo:
¾Ya no llores.
¾¡Es que ahora sí me dolió!
¾Yo te voy a ayudar ¾me ofrecí¾, nada más dime cuanta agua le pongo
y cuanta cal para hacer el nixtamal.
¾Ponle tres botes de agua y cuchara y
media de cal.
Así lo hago y le pido que me ayude a subir
el bote para encaramarlo. Ella se para y me ayuda, voltea a verme con los ojos
muy llorosos y me comenta:
¾¡Híjole, ahora sí me pegó duro!
Nos abrazamos y reímos juntas. Luego le
digo:
¾Enséñame tu pierna donde te pegó.
Observo que un poco más arriba de las
corvas tiene un moretón muy grande, pues le tocó en las dos piernas. Ella sigue
llorando y riendo y me dice:
¾Yo pensé que iba a hacer aire otra
vez...
¾Es que ¾trataba de consolarla¾, antes nos pegó sin tener razón pero ahora sí
le dimos motivo... Bueno, pero ya no hablemos de esto...
De pronto, ella me hace el ademán de
guardar silencio y me dice:
¾Cállate, ahí viene mi mamá.
Mi mamá entra y nos pregunta:
¾¿Ya pusieron el nixtamal?
¾Sí ¾contestó Georgina.
Ahora se acerca mi mamá y nos dice:
¾Mira Georgina, se me había olvidado
decirte que te voy a llevar a trabajar... La persona con la que vas a trabajar
es una señora muy buena; es la dueña de la farmacia... creo que se llama “El
corazón de Jesús”, está casi llegando donde se paga el agua... Me parece que la
señora se llama Rocío... o no sé cómo. Pero ahí te voy a llevar, ¿quieres ir...
estás de acuerdo?
¾Sí mamá, pero Aurora, ¿también irá
conmigo?
¾No. Nada más irás tú. Después si
Aurora quiere, la llevaré a otro lado.
¾Entonces, ¿no va a estar conmigo?
¾¡Ah cómo estás fregando!, ya te dije
que Aurora no irá. Cuiden el nixtamal y luego se vienen... cuando lo quiten se
vienen porque vamos a rezar el rosario.
Georgina se queda callada y yo le digo a mi
mamá:
¾Sí mamá, ahorita vamos.
Mi mamá ni siquiera me escuchó... Luego
volteo y veo a Georgina; ella está muy triste. Me abraza y me dice:
¾No te apures m’hija, te prometo que
con lo primero que gane te voy a comprar unos zapatos para que ya no andes
descalza.
Yo me quedo callada. Pues yo prefiero andar
descalza pero que esté ella conmigo. Aunque yo ya sé que no lo voy a lograr; yo
tengo mucha tristeza pero, ¿acaso no me lo había dicho Istig? Yo tengo que
fingir que estoy muy contenta... Me río muy fuerte y le digo:
¾Sí Georgina, qué bueno que vas a
trabajar, ¿cuándo te vas a ir?
¾No sé; mi mamá no me dijo.
¾¿Vas a venir cada ocho días?
¾Sí, vendré cada vez que me den
permiso para traerles todo lo que yo pueda y para vestirlos bien a todos.
¾Sí, ¿sabes?, me da mucho gusto.
Bueno, espérame, ahorita regreso...
Hago creer a mi hermana que voy muy
contenta, pero no. Yo lo que quiero es estar sola pues tengo mucha tristeza.
Llego hasta la orilla del río... Ahí me siento y todo me parece muy triste.
Empiezo a llorar... Mi hermano Ponciano, que anda por el rumbo, me alcanza a
divisar; yo finjo que me estoy lavando la cara. Él no se acerca a mí... Se
dirige hacia unas vacas, pues está tratando de amarrarlas y después se aleja...
Siento como si algo me oprimiera el pecho;
es un dolor muy fuerte. Me llevo las manos al lado izquierdo, a la altura del
corazón... Es como si adentro trajera una piedra muy pesada y se me fuera a
caer... Me paro... Siento mucha desesperación... Es como si me faltara el aire...
voy cayendo poco a poco y...