Capítulo XVI

 

Mi Primer Discurso.

 

 

   Georgina me propina un manazo quedito y me dice:

   ¾Ya; no seas rezongona... Ahorita vengo.

  Ella se sale del cuarto. Yo comienzo a comer del taco que me llevó. Me lo termino y pienso: ojalá me traiga otro... pero ya no me trae nada. Yo estoy esperando para ver si se acuerda de traerme más. Tengo la cara destapada... ¡La que entra es mi mamá! Yo me cubro rápido y finjo estar dormida. Mi mamá no se me acerca. Empieza a arreglar donde se van a acostar mis hermanos. Yo me voy quedando dormida...

 

   Cuando despierto, ya todos están levantados. Yo me paro y me acuerdo que estoy pelona. Busco el trapo con el que estaba envuelta mi cabeza y me vuelvo a cubrir. Me dispongo a tender la cama, termino; ahora me pongo a barrer. No me gusta barrer sin regar, pero no quiero que me vea mi mamá. Cuando acabo, me voy hacia el río y me meto al agua. ¡Ah, es muy sabrosa! Está muy calientita el agua. Ya tengo mucho rato aquí, pero me voy a estar hasta que vea si mi mamá sale de la casa. Salgo del río y me recuesto sobre unas piedras calientes. ¡Ah, que a gusto estoy!...

   Veo que salen mi mamá y mi hermana Claudia de la casa. Mi madre lleva una canasta cubierta con una servilleta y empiezan a subir por el camino de La Haciendita; seguramente van a llevarle de almorzar a mi papá.

   Sigo pensando: ya que se retiren un poco más me voy a ir a almorzar yo también.

   Ahora ya van por la lomita. ¡Qué bueno, porque ya tenía mucha hambre! Me voy corriendo hacia la casa, llego con Georgina mi hermana y ésta me pregunta:

   ¾¿Dónde andabas?

   ¾En el río; me bañé. ¿Por qué no me llevaste de cenar anoche? ¾le reproché.

   ¾¡Te llevé un taco!

   ¾Pero yo tenía más hambre ¾repuse.

   ¾Ándale ¾quería contentarme¾, ya siéntate a almorzar.

   ¾¿Tú ya almorzaste?

   ¾No, te estaba esperando.

   ¾¿Qué vamos a almorzar?

   ¾Mira, hay frijoles y nopales.

   ¾Está bien, vamos a almorzar. ¿Oye ¾recordé¾ no le dijiste a mi mamá que me cortaste el pelo?

   ¾No m’hija, olvídate, es capaz que a mí me corta la cabeza ¾exageró un poco.

   ¾¿Va a regresar pronto?

   ¾No, fue a llevarle de almorzar a mi papá y de ahí se va a ir a Los Mazos porque va a comprar unas gallinas con su comadre Espiritela.

   ¾¿Hasta cuándo me voy a estar escondiendo para que no me vean?

   ¾Pues no sé m’hija. Estoy muy arrepentida de haberte pelado así... Pero es que, mira, yo trataba de emparejarte el pelo pero es como si otra persona me dirigiera las tijeras y las metiera más abajo del pelo...

   Hizo una pausa en su diálogo, respiró muy profundo y me dijo:

   ¾¿Sabes una cosa?, yo creo que me voy a ir.

   ¾¿Adónde te vas a ir? ¾Le pregunté extrañada.

   ¾¡Pues a trabajar!... Dice mi mamá que su comadre le pidió que me dejara ir con ella a trabajar.

   ¾¡No te vayas!, o llévame a mí también.

   ¾No m’hija ¾se ríe¾... Tú todavía estás muy pequeña.

   ¾Tú también lo eres.

   ¾Pero yo soy mayor que tú. Bueno, ándale, ya vamos a recoger...

 

   Yo me siento muy triste; pero ya Istig me había dicho que Georgina se iba a ir. No tengo ganas de nada; pero tengo que ayudarle a mi hermana.

   ¾Mira ¾me dirijo a mi hermana¾, yo ya recogí el cuarto; ahora me voy a poner a acarrear agua.

   ¾Sí, pero ve con cuidado.

   Tomo dos botes y me voy caminando despacio hacia el río...

   Doy varias vueltas hasta que termino de llenar los cántaros de agua. Georgina está moliendo el nixtamal y me ordena:

   ¾Ve y recoges algo de leña para ponerme a tortear.

   Yo me voy retirando de la casa; hay una vara prieta que es un árbol que da flores amarillas. Ahí hay algunas ramas secas. Necesito subirme para cortarlas. Empiezo a hacerlo y corto algunas de ellas. Veo unas flores muy bonitas... Quiero cortar algunas para hacerle su altar al Sagrado Corazón y a la santísima virgen de Guadalupe... Sigo cortando ramas con flores. Veo una rama seca y pienso: Oh, esta sirve para completar la leña que Georgina necesita. Jalo la rama pero con una mano no puedo cortarla. Estoy como a tres metros de alto o un poquito más. ¡Tengo que cortarla!... Me recargo sobre una rama y jalo con las dos manos; la rama se viene pero yo también voy cayendo junto con la rama. Caí y me clavé una astilla que había en el suelo en la muñeca de mi mano izquierda. Siento un dolor muy intenso y no me la puedo sacar. Siento un dolor tan fuerte como si me mareara. Veo que todo da vueltas a mi alrededor... Pero, ahí viene Istig...

   ¾¡Calma pequeña, estás bien, no te duele nada! Ahora yo quitaré ese palo que te está lastimando.

   Es como si ya no tuviera clavada la astilla... Él mueve las manos y la astilla sale. Él no la tocó... Me sangra un poco pero no me duele.

   ¾Ahora esto te va a quedar sanado ¾me dice Istig¾; pero te quedará una pequeña cicatriz.

   ¾Está bien.

   Ahora ya no me duele. Istig voltea su mano hacia donde me está sangrando. Siento como un calorcillo... y la herida me sana completamente.

   ¾¿Le puedo decir a mi familia lo que me pasó?

   ¾No; espera ¾me indicó¾, ahí en tu cabeza hay una pequeña herida; te está sangrando ¾al mismo tiempo que dirigía sus manos¾. Ahora quedará bien.

   ¾Sí Istig.

   Es como si me llegara un calorcito a mi herida y enseguida deja de sangrarme.

   ¾Ahora fíjate bien ¾me dijo Istig¾, recoge todo esto; vas a poder cargarlo perfectamente. No le digas nada a nadie lo que aquí te pasó. Si te preguntan que cuándo te hiciste esa cicatriz, únicamente di: No sé, no me acuerdo.

   Luego se despidió:

   ¾¡Cuídate pequeña!, y recuerda que siempre estaré contigo...

   ¾Espérate Istig, tú me dijiste que mi hermana se iba a ir.

   ¾Sí; pero no se iba a ir, se va a ir.

   ¾¿Y yo qué voy a hacer?

   ¾Por lo pronto, nada. Después te irás a reunir con ella. Si tú supieras por lo que vas a pasar... pero no, no tengas miedo. Traes una misión y yo te dije que será salvar a dos niñas y un niño que son maltratados por personas malas y vacías.

   ¾¿Falta mucho para hacerlo?

   ¾No, ¡va a ser muy pronto! Bueno, ahora me voy, pero recuerda que siempre estaré a tu lado.

   ¾Está bien. Hasta luego Istig y gracias por todo.

   Mi amigo desaparece. Yo no siento ningún dolor. Miro mi mano izquierda. Ahí está la cicatriz, pero no me duele, es como si estuviera desde hace mucho tiempo la cicatriz. Empiezo a recoger las flores y la leña y cargo con todo camino a casa. ¡Oh, Dios mío! Si no fuera por ti y por Istig, ¿qué sería de mí?... Voy acercándome a la casa; ahí está mi hermana Georgina. Está volteando para todos lados para ver por dónde llego. Al percatarse de mi presencia, viene a encontrarme y se ofrece así:

   ¾Yo te ayudo.

   Me recibe la leña y las flores y nos vamos caminado las dos. Cuando llegamos, me pregunta:

   ¾¿De dónde trajiste estas ramas?

   ¾Del arroyo que está cerca de la cueva.

   ¾¿Hasta allá te fuiste? ¾Me preguntó asombrada.

   ¾Sí Georgina; quería traerte unas ramas buenas para que no batallaras.

   ¾¡Cuando te diga que no te vayas lejos ¾me regaña¾, no te retires de aquí!

   ¾¡Ya ni modo!... mira, voy a separar la leña y las flores porque éstas son para el Sagrado Corazón y para la virgen de Guadalupe.

   ¾A ti siempre te encanta traer flores, oye dime, ¿por qué de un tiempo para acá te gustan mucho las flores?

   ¾No nada más me gustan las flores; antes no sabía apreciar lo que aquí tenemos.

   Georgina se me queda viendo muy raro y me pregunta:

   ¾¿Lo que aquí tenemos?

   ¾Sí, mira, de un tiempo para acá empiezo a valorar lo que tenemos.

   ¾¿Y qué tenemos?, si aquí no hay nada.

   ¾Te equivocas, tenemos muchas cosas, Dios nos dio todo para que nada nos faltara... Mira, nos dio tierra, nos dio agua, nos dio el sol y la luna, nos dio el cielo y las estrellas, nos dio principalmente la vida y dentro de nosotros nos dio un corazón; esto lo deberíamos de tomar como un vaso vacío del cual podemos llenar con todo lo que nosotros queramos. Este vaso vacío es como si fuera nuestro corazón que podemos llenar de amor y de alegría, pero también lo llenamos de otras cosas que son por ejemplo la tristeza y el odio, eso no deberíamos de guardarlo ahí; es algo que no merece guardarse...

   Mi hermana no podía salir de su asombro por lo que le estaba diciendo y luego me pregunta:

   ¾Oye, ¿de dónde agarraste esto?

   ¾¿Qué?

   ¾¡Esas ideas que tienes!, porque nunca antes habías dicho eso.

   ¾Pues ¾le contesté al mismo tiempo que levantaba los hombros¾, tal vez porque nunca lo había apreciado. Pero ahora veo las cosas de una manera distinta...

   ¾Yo creo que estás loca; pero a pesar de todo, me dices unas cosas muy bonitas...

   En otro momento se me queda viendo y me pregunta:

   ¾¿Ahora en qué estás pensando?

   ¾Pienso que Dios nos dio un paraíso terrenal, pero como no lo sabemos apreciar lo estamos llenando de lo que no debemos. Mira, ahora hay muchos hombres que toman vino. Quizás mañana o pasado habrá muchos más... Pero lo peor de todo es que después habrá otras drogas más fuertes que el alcoholismo y cuando esto suceda estaremos muy cerca del final, pues no habrá respeto ni para la madre ni para el padre; habrá hijos que acaben con la vida de sus padres y ellos mismos andarán como muertos en vida; serán rechazados por personas que según viven bien pero no se querrán dar cuenta que esas personas que andan como loca corriendo, robando y peleando es la gente que más ayuda necesita... ellos tendrán hambre y no habrá quién les dé un taco; tendrán sed y pocos serán los que les ofrezcan un vaso de agua; tendrán frío y no habrá quién los cubra... Y acaso Dios no dijo: “Dadle cobijo al friolento y dadle comida al hambriento”; pero pocos serán los elegidos que esto comprendan pues el mundo estará muy perdido. El que tiene poco se esconderá y no estará dispuesto a dar ni siquiera un vaso de agua, mucho menos ofrecer un taco a los hambrientos. ¿Ahora comprendes que este paraíso lo estamos convirtiendo?... ¿cómo te lo puedo decir?... Para muchas personas sería muy fácil llamarlo infierno y muchos se quejarán y pediremos clemencia al Todopoderoso pero, ¿acaso no fuimos nosotros los que en esto convertimos el paraíso que Él nos dio?

   Nuevamente mi hermana sin salir de su extrañeza me dijo:

   ¾Es curioso, nunca hubiera pensado que tú me dijeras estas cosas. ¿Qué te pasa?, ay m’hija yo creo que sí estás loquita.

   ¾No hay por qué ponernos tristes ¾le dije¾, pues todo esto tendrá que suceder.

   Enseguida me paro, sonrío y me acerco a mi hermana, la abrazo y le comento:

   ¾No me hagas caso, a lo mejor sí estoy loquita.

   ¾¡Hay demontre de muchacha, me das unos sustos!... ¡Mira nada más, hasta se me había olvidado que tengo que hacer las tortillas!

   ¾No te apures, ahorita terminamos; te voy a ayudar a estar atizando el fuego. Tú torteas y acabamos rápido, ya verás.

   ¾Ándale pues.

   Comienzo a poner bastante leña en el fogón, luego pongo un poco de petróleo y enciendo un cerillo, el cual arrojo hacia el fogón y empieza a arder rápidamente la leña...

   ¾Mira ¾le dije a mi hermana¾, ahorita que está ardiendo mucho la lumbre, voy a ir al cuarto a hacer el altarcito con las flores y luego regreso para seguir atizando el fuego.

   ¾¾acepta Georgina¾, no te tardes, para no quedarme mucho tiempo sola.

   ¾No, ahorita regreso.

      Tomé un bote con agua y salí corriendo; entré al cuarto y empecé a desocupar los botes que tenían las flores ya marchitas. Yo sigo pensando: ¿Hasta cuándo me irá a descubrir mi mamá que tengo el pelo cortado? Ojalá no se enoje mucho; si me descubre nos va a pegar a las dos...

   Sigo poniendo las flores... Ahora ya terminé de hacerlo. Recuerdo que debo ayudar a mi hermana y me dirijo a la cocina corriendo; al llegar le pregunto a Georgina:

   ¾¿Ya le pongo más leña al fogón?

   ¾Sí, ponle poca.

   Comienzo a hacerlo. Ella ya está terminando de hacer lo suyo y me dice:

   ¾Ahorita que acabemos, quiero que vayamos a casa de mi abuelita a jugar.

   ¾¿Por qué hasta allá?, si aquí también podemos hacerlo. No, yo no quiero que vayamos para allá.

   Sin hacerme mucho caso, mi hermana termina de sus labores, empezamos a recoger las cosas y ella muy deprisa me dice:

   ¾¡Ya vámonos!

   De pronto, presintiendo algo, yo le digo:

   ¾No, no hay que ir.

   Georgina insiste y va corriendo delante de mí... Llegamos a casa de mi abuelita y yo le recomiendo:

   ¾No te vayas a meter al cuarto.

   ¾No, vamos a jugar aquí afuera.

   Empezamos a jugar a escondernos... Vuelvo a hacerle otra recomendación:

   ¾No, en las puertas no vamos a escondernos.

   ¾¿Por qué no?

   ¾Porque algo te puede suceder.

   ¾Está bien ¾responde al tiempo que se va retirando¾, cuando yo esté escondida te voy a hablar para que vengas a encontrarme...

   Espero unos momentos afuera... luego veo que la puerta casi se cierra y le grito:

   ¾¡Atrás de las puertas no, no te vayas a subir a la puerta!

   De pronto escucho un quejido, más bien un grito; no espero a que me hablen y corro hacia adentro del cuarto y ahí encuentro a mi hermana atrás de la puerta... Ella está sangrando mucho al lado izquierdo muy cerca del corazón. Tiene un clavo enterrado; está casi colgando de ahí y yo le digo:

   ¾¡Súbete arriba de mis hombros!

   Ella empieza a hacerlo...

   ¾Súbete muy despacio ¾le pido¾, enderézate hacia arriba, hazlo muy despacio para que salga ese clavo de ahí; con las manos síguete sosteniendo de la puerta...

   ¾No puedo... me duele mucho.

   ¾Piensa que en realidad no te duele ¾le ordené. ¡Levántate!...

   Ella se queda como dormida, sin alcanzar a elevarse lo necesario. Está sostenida sobre mis hombros, la cabeza la tiene inclinada hacia el otro lado de la puerta, también sus manos cuelgan para el otro lado. Yo estoy verdaderamente desesperada. Mi abuelita no se encuentra en casa. Estamos solas y creo que Istig no me puede ayudar; aunque pienso: ¡Istig, ven a ayudarme; por favor, ven a ayudarme!... En ese momento siento la presencia de Istig...

   El peso de mi hermana se empieza a hacer más ligero... Así inconsciente como está, ella empieza a subir lentamente... Ahora ya salió el clavo... Es como si un aire la moviera... pero no es un aire, es la energía de Istig. Ella empieza a bajar lentamente, es como si estuviera dormida acostada hacia atrás y así llega a posarse hasta el suelo. Tiene la herida muy grande y muy profunda. Su herida sangra mucho, así que le pido a mi amigo:

   ¾Istig, ayúdale por favor.

   Escucho muy claramente... un pensamiento muy fuerte que me llega y me dice:

   ¾Calma pequeña. Ella está bien. Ahora dejará de sangrar y no le dolerá... Dime, ¿haz aprendido a sentirme sin tener un cuerpo para presentarme?

   ¾Sí Istig ¾le digo sin tomar mucho en cuenta su pregunta¾. ¡Por favor ayuda ya a mi hermana!

   ¾Tranquilízate ¾me dice con una voz que me apacigua.

   Veo el cuerpo de mi hermana rodeado por los rayos de energía que él despide... Sí, esos rayos solamente Istig los puede generar.

   ¾Todo esto va a quedar cicatrizado ¾está diciendo Istig¾. Pero ahí va a quedar una cicatriz un poco grande.

   ¾Istig, ¿qué le voy a decir a mi mamá?

   ¾No le digas nada.

   Ahora mi hermana se ve tranquila; su herida está cicatrizada; es bastante grande. Si mi mamá se la ve, no sé qué va a decir.

   ¾Istig, cuando mi hermana despierte, ¿recordará lo que le pasó?

   ¾Ella pensará que fue un sueño... ya que al verse, verá únicamente la cicatriz pero no va a recordar que se la hizo hoy. Pensará que fue hecha hace ya mucho tiempo.

   ¾Pues ya despiértala.

   ¾Sí, pero recuerda que no le vas a decir nada.

   ¾Oye, ¿por dentro le va a doler?

   ¾¿A ti te duele tu mano, o acaso te dolió después de que te curé?

   ¾No, jamás me ha dolido. Pero ahora ya despiértala ¾yo insistía.

   ¾Está bien. Volveré cuando tú me necesites.

   ¾Sí Istig; gracias por todo.

   Él ahora ya no está aquí; mi hermana abre los ojos y me dice sorprendida:

   ¾Oye, ¿por qué estoy aquí... me quedé dormida?

   ¾Sí, te quedaste dormida.

   ¾Qué bueno que desperté, pues estaba soñando que me había quedado colgando de un clavo que se me hundía aquí mira...

   Ella se levanta la blusa y aparece la cicatriz; sí, en realidad es grande y le pregunté:

   ¾¿Por qué soñabas eso?

   ¾No sé, pero esa cicatriz me la hice hace mucho tiempo... Yo estaba bien chiquita, a lo mejor tú todavía no nacías... Pero, vámonos, yo creo que ya llegó mi mamá.

   ¾Sí, vámonos.

   Empezamos a caminar y yo todavía un poco incrédula, o queriendo corroborar lo que momentos antes me había dicho, le volví a preguntar:

   ¾¿De verdad hace mucho que te hiciste esa cicatriz?

   ¾Yo creo que sí... Ya ni me duele.

   ¾Bueno ¾le dije¾, de todos modos cuando lleguemos a la casa te voy a poner un poco de pomada.

   ¾Como tú quieras ¾me mira extrañada¾, pero ya no me duele.

   Llegamos a la casa y ahí está mi mamá. Yo estoy cubierta de la cabeza. Nuestra madre al vernos, nos pregunta enojada:

   ¾¿Dónde andaban? A ver, tú Georgina, ¿por qué no has puesto a cocer el nixtamal, qué no ves que ya es tarde?

   En esos momentos mi madre se encoleriza, va y agarra un palo para pegarle a mi hermana... Mi hermana se mete corriendo a la cocina, al ver todo esto, le grito a Georgina:

   ¾¡Espérame, te voy a ayudar a traer el agua!

   Camino hacia la cocina y mi mamá me alcanza y me jala del trapo que tenía en la cabeza y me dice:

   ¾¿Adónde vas tú?

   Yo no le alcanzo a contestar, pues ella se me queda viendo y me dice:

   ¾¡Muchacha indigna! ¿Desde cuándo te cortaste el pelo?...

 

Hosted by www.Geocities.ws

1