—¡Hola pequeña!
Escuché la voz de Istig que me saludaba alegremente.
¾Sé que no te acordabas de mí pues te di la orden que me olvidaras, porque estás aferrada a irte a otro lugar que tú ya conoces.
—¡Istig! —Exclamé con gusto.
—Sí pequeña. ¿Cómo estás?, estás débil, ¿verdad? No te preocupes, vas a estar bien... vas a recuperar tus fuerzas.
—¿Y, cómo?
—Como lo has hecho cuando más lo has necesitado. Mira mis manos, ellas te darán fuerza y salud.
—Sí Istig.
Él levanta un poco sus manos, de ellas brota una luz blanca, no es muy fuerte al principio pero poco a poco va cobrando mayor intensidad... Yo me siento más reconfortada.
—Creo que con esto es suficiente —dice mi amigo.
—¿Ya te vas? —Lo cuestioné.
—No; ¿tienes sed?
—Sí; ahorita iba a ir a tomar agua.
—No es necesario que te levantes.
—¿Por qué, la vas a traer tú?
—¡Claro que sí, pequeña!
Pero, él ni siquiera hace el intento de retirarse; solamente voltea hacia la puerta y... ¡Con la luz que brota de sus manos jala las cosas! ¡Ahora aparece en su mano una olla llena de agua! La acerca hacia mí y dice:
—Anda, bebe, aquí está el agua que querías.
—¿Cómo la trajiste? —yo no salía de mi asombro.
—Para ti es difícil, pero para mí no; ahora tómate el agua —me ordenó.
—¿No estoy soñando?
—No; estás despierta.
Me acerqué la ollita a la boca y empecé a tomar del agua; al terminar, agradecí a mi ángel de la guarda:
—¡Ahh, está muy sabrosa!, gracias Istig. ¿Ahora me vas a volver a llevar contigo?
—No pequeña, pero dentro de dos días vendré por ti.
—¿Te vas a llevar el agua?
—No, ahí te la voy a dejar; sigue haciendo tu vida normal... en dos días te daré algo que te está haciendo falta.
—¿Qué es?, ¿es energía?
—Con lo que te acabo de dar —me dice sonriente—, es suficiente para que te sientas bien. Dentro de dos días vendré para darte otra cosa para que no se rían de ti.
—Está bien Istig.
—Ahora fíjate bien en lo que te voy a decir: Tú no vas a recordar nada de lo que hoy está pasando, pero te vas a sentir muy bien, con mucha alegría y sabrás valorar todo lo que el planeta Tierra tiene.
—Bueno; ¿no quieres decirme lo que me vas a regalar?
—Mañana recibirás un mal rato, no lo tomes en cuenta aunque te duela mucho. Ahora me retiro. ¡Hasta pronto Ismig!
—¡Hasta pronto Istig!
Muy contenta por lo que pasó, me dormí profundamente hasta el otro día.
Ya está amaneciendo. Mi mamá se levanta y también mi hermana Georgina; prenden el aparato con que nos alumbramos; luego mi hermana se acerca y me pregunta:
—¿Estás despierta Aurora?
—Sí Geo.
—¿Te levantaste anoche?
—¿Yo?, no.
—Entonces, ¿quién te trajo esa olla de agua?
—No sé, a lo mejor fueron los muchachos —respondí secamente.
—Qué raro, ¿sería mi mamá? —Se cuestionó a sí misma Georgina.
—No sé...
—Voy a ayudarle a mi mamá —me dice y se retira hacia la cocina.
—Sí ándale, está bien.
Me siento aburrida de estar en la cama y pienso: “Me voy a levantar”; es curioso —sigo pensando—, yo recuerdo que tenía mucho escalofrío y las manos muy calientes pero ahora no me duele nada... A lo mejor estuve soñando... ¡Ahh!, tengo ganas de levantarme y de ir... de ir al...