Capítulo VIII

 

Istig me cura del corazón.

 

 

   ...Pasan dos, tres, cuatro días y yo sigo igual.

 

   Ahora es de noche; me encuentro sola...

   —¡Alguien viene! —Me dije hacia mis adentros.

   ¾¡Ese aroma yo lo conozco! ¿Istig?

   Sí... Ahora ya lo veo. Él se acerca y me dice:

   —¡Hola pequeña!, trata de pensar en mí... Moveré mis manos frente a tu cara y tú muy lentamente abrirás tus ojos... parpadea una vez, otra vez, una vez más... muy bien. ¡Hola!, ¿cómo está mi pequeñita?, no te preocupes, ¡pronto vas a estar bien!

   —¿Por qué ya no habías venido? ¾le pregunté¾, ¿ya no querías verme?

   —No creas eso; esto tenía que suceder, es algo difícil, pero vas a salir bien.

   —Pero tú, ¿por qué no venías?

   —Estás delicada de salud ¾su voz era muy dulce¾. Pero ya no vas a dormir como lo estabas haciendo. Tienes sed, ¿verdad?

   —Sí.

   Él va hasta donde está una jarra con agua, abre un cajón y toma un pedazo de algodón; lo remoja y me lo pone en los labios.

   —Esto no me va a quitar la sed —le dije.

   —¡Mira mis manos!, —de ellas brotó una luz muy fuerte— ¿aún tienes sed?

   —No... ahora estoy bien.

   —Seguirás un poquito delicada, pero no dormida...

   Se escuchan pasos que se aproximan a la puerta.

  —Ahí viene el doctor —dijo Istig—. Hasta pronto pequeña, y recuerda que no hay cosa más poderosa que la mente humana y quien domina la mente... lo domina todo.

 

   El doctor entra al cuarto y se me acerca. Mi amigo Istig ya no está allí...

   —¡Asombroso —exclamó el médico, abriendo desmesuradamente los ojos—, es algo increíble!, ¿te pusieron algún medicamento?

   —No, doctor —contesté.

   —Pero, ¿qué fue lo que te hizo reaccionar?

   —No sé, doctor.

   —¡Extraordinario!; hace unos minutos se podría decir que estabas en estado de “coma” y ahora te encuentro despierta y luces muy bien. Dime, ¿qué sucedió, te sientes con fuerzas para hablar?

   —Sí doctor.

   —¿Tienes sed?

   —No, no tengo sed.

   —¿Te sientes algo insegura para contestar?

   —No, doctor, yo estoy bien.

   —Pues, yo como científico no le hallaría una respuesta a este caso; bueno Aurora, aunque no tengas sed, te voy a mojar un poquito la boca.

   —Está bien, doctor.

   —Pero te voy a decir una cosa, tú no vas a poder tomar agua.

   —¿Por qué doctor?

   —Ahorita no es conveniente que la tomes. Bueno, le voy a dar una buena noticia a tu mamá.

   Sale el doctor; algo le dice a mi mamá; enseguida entra corriendo mi hermana, me abraza y me besa; mi madre también llega, luego me toma de la mano y me dice:

   —Ya nos vamos, hija.

   —Sí, está bien.

   Viene nuevamente el doctor y se dirige a mi mamá.

   —Señora, sí se va a poder llevar a Aurora pero no le va a dar agua de tomar; cuando tenga sed, bastará con que le moje los labios con algún algodón para que ella se sienta bien; ¡no me le vaya a dar agua, ¿eh?! Ahora acompáñeme tantito por favor.

   El médico lleva a mi madre fuera del cuarto donde estábamos y allí le dice:

   —Mire, es sorprendente que su niña haya reaccionado así; los estudios que se le hicieron revelan que está enferma del corazón. Cuando tenga mucha sed, nada más moje sus labios mientras pasan dos ó tres días; después empezará a darle un poco de sidral y la va a estar trayendo siempre, y por favor ¡No quiero que reciba sorpresitas, ni disgustos ni alegrías muy fuertes!

   —Perdone doctor —cuestionó mi madre—. ¿Por qué no debe recibir sorpresas ni alegrías?

   —Su hija está muy enferma del corazón, se podría sentir muy mal al recibir una sorpresa agradable o desagradable. Por eso le recomiendo que eviten cualquier emoción fuerte para ella.

 

   Después de las recomendaciones dadas por el médico a mi mamá. Mi hermana me carga en sus brazos y partimos de regreso a casa...

 

   Llegando; me acuesta en la cama.

   Ella hace todo lo posible por no separarse de mí.

   Yo aún me siento muy débil.

   Georgina siempre me lleva de comer a la cama pero yo no quiero y no sé por qué pero, esta vida se me hace muy triste.

   Pasan varios días...

   Me siguen llevando al doctor y él dice que estoy muy mejorada, pero yo no lo siento así; pues, desde que estuve en la cruz roja, Istig ya no ha venido...

 

Hosted by www.Geocities.ws

1