Capítulo V

 

Istog y el Templo de Cali.

 

 

   De pronto siento que me tocan en la espalda. Ahora, el Padre ya no está aquí, volteo hacia atrás y a quien veo es a Istig; un poco turbada le pregunto:

   —¿Por qué viniste ahorita?

   —Perdón, pequeña, llevas mucho tiempo aquí; recuerda que de aquí a donde habitas es mucha la distancia, ¿cómo te sientes?

   —Muy bien.

   —¿Te sientes con ánimos de acompañarme un poco más de tiempo?

   —Si por mí fuera, ¡ya no me regresaría!...

   —Aún no es tiempo de que te quedes aquí, pero ven, ¿recuerdas que te había dicho que te iba a presentar a alguien?

   —Sí...

   Caminamos hacia un lado de la pirámide; cerca de allí hay como... es como un saloncito pequeño; hay algunas sillas y una mesa; veo a un señor muy parecido a Istig; él nos mira, se incorpora y viene acercándose a nosotros...

   —¿Lo recuerdas? —Pregunta mi amigo.

   —No. ¿Quién es?

   —Es Istog.

   —¡Hola! —sonriente se dirige a mí—, ¿cómo estás?

   —Bien —le respondí.

   —¿Quieres sentarte aquí Ismig?

   —¿Otra vez Ismig? —Le pregunté desconcertada.

   —¿Prefieres que te diga Esperanza, o el nombre que ahora llevas?

   —Pues —aún más desconcertada, sólo atiné a preguntar—, ¿cuántos nombres tengo?

   —Anteriormente Ismig; después Esperanza y ahora Aurora.

   —Yo no recuerdo esos nombres... ¿Y tú qué haces aquí todo el día?

   —Yo no estoy aquí todo el día —sonriendo me dijo—, a mí también me toca viajar como a ti; nada más que al contrario: tú viajas de allá para acá y yo de acá para allá.

   —¿Te gusta hacerlo?

   —Sí.

   —¿Qué buscan allá?

   —Pequeñita —me amonestó con amor—, eres muy curiosa y haces preguntas que aún no se te pueden contestar.

   —Yo no creo que sea nada malo. ¿Allí vas a seguir todavía?

   —No.

   Ahora es Istig quien se para y dirigiéndose a Istog le dice:

   —La traje para que conozca ciertos lugares; dime, ¿podemos ir al templo de Cali?

   Un poco desconcertada intervine en la conversación:

   —¿Aquí también hay templos?

   —Ven —recibí por respuesta—, acompáñanos.

   Caminamos... Otra vez regresamos a donde mismo... es como si no pisáramos, como si flotáramos en el aire... seguimos caminando y les pregunto:

   —¿Por qué no nos caemos?

   —Este lugar está hecho a base de energía —me responden.

   Seguimos caminando... Llegamos a un lugar... Es un lugar muy grande; hay una gran puerta de madera y cristales. Hay dos ventanas igual de grandes que la puerta. Istig levanta un poco los brazos, empieza a hacer un ruido extraño, es como si silbara, se abren las puertas y yo me quedo viendo... Es algo muy bonito; hay una figura muy grande, es como una estatua de cristal, es una mujer muy bella, sus facciones son muy finas, y pregunto:

   —¿Es una estatua?

   Istig voltea y me ve, enseguida se voltean a ver entre ellos, se sonríen y me conducen hasta ella.

 Ahora estamos más cerca; es más hermosa de lo que creía; sus ojos... parece como si me vieran... son de un color muy bonito.

   —¿Qué color son sus ojos? —Cuestioné a mis amigos.

   Ellos sólo se sonríen, sin decirme nada parece que entiendo que son de color verde mar.

   — ¿Por qué verde mar? —Busqué que me reafirmaran.

   —Porque en la Tierra los conocen ustedes como verde esmeralda —me dijo Istig y prosiguió—; tú nada más le ves dos ojos, más, debo decirte que son mil ojos los que tiene la diosa Cali.

   —¿Ella es una diosa? —Pregunté asombrada.

   —Sí.

   —¿Quién la hizo?

   —Esa pregunta no te la puedo contestar; más, si te puedo decir una cosa: la Diosa Cali es justa, todo lo ve y todo lo oye.

   —¿Por qué hay mucha luz aquí, yo no veo que haya focos?

   —Esta luz es la sabiduría de la Diosa Cali. Ahora, salgamos de aquí, llevas mucho tiempo acompañándonos; regresaremos a la Tierra.

   —¡Yo no me quiero ir! —Hice un berrinche.

   —Aún no es tiempo de que disfrutes de lo que ya te pertenece.

   —Está bien —acepté—, vamos.

   Nos dispusimos a viajar de regreso a casa...

  Al llegar, comentó Istig:

   —Tardamos mucho en volver, otra vez te están buscando; te dejaremos en esta pila cerca de este mezquite.

   Aprovechando la ocasión, me atreví a preguntar a mis amigos:

   —¿Cuántos años tengo ahora?

   —Nueve.

   Me llevaron hasta el lugar que me indicaron anteriormente y volví a preguntarles:

   —¿Nos van a ver? —Era el temor que tenía para con mi familia.

   —A nosotros no —dijo Istig—, nada más a ti.

   —Recuéstate en esta pila y duerme tranquila —fue la orden—, al acercarse y moverte ellos, les dirás que te dejen dormir un poco más; no te lo van a permitir; no digas nada de lo que viviste, pues no te lo creerían, ¿está bien? ¡Hasta pronto, pórtate bien!

   Mis hermanos Ponciano y Sabino se acercan, me descubren y gritan:

   —¡Mamá, aquí está!

   —¡Tráiganme a esa muchacha fregada! —Vocifera mi madre.

   —¡Déjenme dormir! —Les supliqué.

   Pero no, no me dejan; me jalan y me llevan hasta donde está mi mamá; ella está muy molesta y me dice:

   —¿No te he dicho que no te salgas de la casa?

   —Es que —repuse con cara de asustada—, tenía sueño y quería dormir.

   —¿Y por qué afuera de la casa? —Mi madre estaba echando chispas.

   —Porque me siento más a gusto.

   Mi madre blandía sendo leño para golpearme; levantó el brazo para tundirme y ¡de pronto el palo salió volando para otro lado! Es como si lo hubiera aventado muy fuerte para atrás; ella se espanta y voltea hacia los lados... escudriña y... no hay nadie. Reacciona instantáneamente quitándose un zapato para darme mi merecido cuando aparece mi hermana Georgina diciendo:

   —¡No le pegue, a lo mejor está enferma!

   —¡Qué enferma va a estar esta indigna!

   Georgina me abraza y me lleva al interior de la casa; allí se queda conmigo, me acuesta y me cobija; me toma de una mano, con la otra me está acariciando el pelo y me pregunta:

   —¿Te sientes mal? ¿Qué te duele?

   —Nada.

   —Duérmete —me reconforta—, aquí me voy a estar contigo, no tengas miedo.

 

   Empiezo a sentir como si tuviera dormido todo el cuerpo, yo sigo consciente pero no le digo nada a mi hermana... ella cree que estoy dormida.

   Sale muy quedito del cuarto... empareja la puerta y se va...

 

Hosted by www.Geocities.ws

1