Capítulo II

 

La Estrella, la Paloma y el Gato.

 

 

 

   Siempre voy al mismo lugar a esperarlo. Así pasan dos, y luego tres días y no llega... No, no viene...

 

   Una noche salgo de la casa; nadie se entera. Paso muy cerca de un árbol de capulín; hay algunas vacas allí amarradas.

   Está una vaca que se llama “la estrella”, enseguida está otra que se llama “la paloma”, y yo camino cerca de ellas...

   También está atado un toro que se llama “el gato”. Es muy bravo, mas yo no le tengo miedo. No le tomo interés porque yo sólo sé que voy a buscar a un amigo... Pero, al instante que el gato me ve, lanza un bramido muy feo y hace ruido con sus patas. Se jalonea tanto que logra reventar la soga con la que está sujeto al árbol... Se viene corriendo hacia mí con toda la intención de golpearme, y yo no veo para dónde correr... Me resigno. ¡De todas maneras me va a alcanzar!...

   —¡Ahí quédate! —Surgido de la nada apareció Istig, mi ángel guardián—. ¡No te va a hacer daño! —Gritó.

   ¡El toro se quedó estático! Como si estuviera dormido; ya no me hace daño... Nuevamente veo a mi amigo frotar sus manos y de ellas, los rayos de luz que manda hacia el gato... Una vez que ha quedado el toro en paz y como un lindo gatito, pasamos cerca de él y comprobamos que ya no me hace nada. Entonces Istig le ordena:

   —Tranquilo; jamás volverás a tratar de dañarla.

   Después de agradecerle a mi amigo por su oportuna intervención, le pregunté:

   —¿Por qué no habías venido?

   —Porque hay otros pequeños y pequeñas que también me esperan; al igual que a ti les dedico un poquito de tiempo. Pero no estés triste mi pequeñita. En recompensa, ahora te voy a llevar conmigo a un lugar muy lindo y al que tú no has ido; vamos, cierra tus ojos, no tengas miedo, nada te va a suceder.

   —Pero —le interrumpí, un poco asustada—, ya es de noche.

   —¿No quieres ir hoy?

   —Sí.

   —Entonces vamos, te llevaré conmigo.

   Cerré los ojos y él me transportó suave y rápidamente hasta su nave...

   —Ahora ya puedes abrir tus ojos —me dijo poco después.

   Nos encontramos acomodados; sentados en una especie de sillas; son como redondas, de color blanco; luego, él mueve una palanca y la nave se levanta rápido. Sí, es como si voláramos muy rápido. Nos elevamos... Nos vamos... Enseguida, ante lo que vi frente a mis ojos, pregunté a Istig:

   —¿Qué es? ¿Por qué hay tanta luz?

   —Porque luz es lo que damos, además de conocimiento y confianza.

   —¿Y a dónde me llevas?

   —A un lugar muy hermoso que sé que te gustará...

 

   Llegamos a un lugar... Es un plano muy grande; es un lugar donde hay un pasto muy parejito; hay un árbol muy grande... Caminamos un poquito; hay un charco de agua, mejor dicho, un lago; el lago es azul, hay muchos pececitos, son muy bonitos, hay de muchos tamaños, unos de color rojo, otros amarillos, como dorados, es como si hubiera piedras blancas adentro... También hay piedras entre azules y verdes; es todo muy bonito; caminamos alrededor del lago y él me pregunta:

   —¿Estás contenta?

   —Sí, mucho; es un lugar muy lindo, es como si el tiempo aquí no contara, ¿sabes?

   —Creo que es hora de regresar.

   —Yo no quiero regresarme, esto es muy bonito. ¡Yo quiero quedarme aquí!

   —Otro día regresaremos —dijo Istig—, van a salir a buscarte, y tienes que estar allá.

   —Está bien —acepté refunfuñando—, pero, ¿otro día me vas a traer aquí?

   —Sí, te lo prometo.

   —Bueno, vámonos.

   Volvimos a subir a la nave, que es como si fuera una bola de luz. Vuela muy rápido... Llegamos al río, a nuestro punto de partida. Él ve personas que hay en el lugar y  me pregunta:

   —¿Qué están buscando? Será mejor que te quedes aquí en esta piedra; no cuentes a nadie lo que viviste, pues no te creerán. ¡Hasta pronto, pequeña!

   —Gracias por todo —le dije—, me da mucha tristeza que te vayas.

   —Me voy por un momento.

   Decía esto mientras se despedía:

   —Siempre te estaré protegiendo. ¡Ya vienen para acá!

   Mi familia era quienes se acercaban...

   —Es hora de irnos. ¡Hasta pronto!

   —¡Hasta pronto, Istig!

   Me quedé recostada sobre la piedra... Me encontraba despierta, pero, empecé a sentir mucho sueño. En ese instante se acercó mi mamá y me preguntó:

   —¿Cómo fue que llegaste hasta aquí muchacha?

   —No sé —le respondí.

   Yo sentía mucho sueño...

   —¡Fregadísima! ¿Cómo te viniste?

   Mi madre no comprendía. En eso, llegó mi papá y le dice:

   —Ya déjala, no la regañes, a lo mejor se salió dormida.

   Luego dijo mi mamá:

   —¡Vámonos pa’ dentro!

   Nos vamos todos hacia la casa. Nos metemos y nos acostamos.

   Yo estoy muy contenta por todo lo que miré en el lugar donde me llevó Istig...

 

Hosted by www.Geocities.ws

1