PRÓLOGO

 

 

 

Si usted es una persona perfecta, o si ya se siente perfecto, por favor no lea este libro.

Mas si usted es de las personas que rechazan la escoria que vive en este mundo. Si no ha sido capaz de comprender que la gran mayoría de seres humanos que habitan el planeta Tierra venimos a evolucionar, pero también a liquidar deudas de todo orden contraídas desde hace miles o tal vez millones de años en este mundo y quizás en otros muy diferentes de los que existen por billones en el cosmos infinito...

Si usted es de los que ignoran que todo, absolutamente todo lo que hacemos, el daño que infringimos a otros, irremediablemente lo tenemos que pagar en esta vida o tal vez en otra u otras vidas futuras...

Entonces usted debe enterarse que hay archivos cósmicos en donde todo queda grabado para siempre; lo bueno y lo malo que vamos haciendo por la vida y que al final de nuestra vida existe alguien que nos ve totalmente al desnudo y que nos presentamos ante Él llevando muy pocas cosas buenas y cargando un fardo pesado de culpas que tarde o temprano se reflejan en nuestra propia felicidad o desgracia según nos corresponda.

Este libro no pretende ser una guía religiosa. Mi mayor ilusión es que sirva de despertar a millones de personas que han caído en lo más bajo pero también en lo más absurdo de la vida y que como yo, después de tantos años puedan tener el conocimiento profundo del por qué de nuestro sufrimiento y de nuestra mala suerte, porque muchos seres humanos al no soportar el sufrimiento y el dolor, optan por lo que consideran más fácil: el suicidio. Cortando de tajo la gran oportunidad que nos da la gran Ley Divina para liquidar de una vez por todas nuestros errores de esta vida y también de otras vidas pasadas.

Todos los días al amanecer ruego al Padre del universo por la humanidad que sufre el desamparo y el dolor, por los que tienen hambre y sed, por los que tienen frío, por los que se encuentran enfermos en el lecho del dolor, por los que se encuentran en las cárceles y los presidios, por los homosexuales, por las lesbianas, por las prostitutas, por los viciosos, los degenerados, por los alcohólicos y drogadictos, por los que sufren el Sida... Señor, ayúdales, bendíceles, protégeles, dáles de tu bendita paz, llénales de tu divina luz y que tu amor les lleve al verdadero camino que eres Tú.

Los perfectos de la Tierra no necesitan oraciones, mas los que necesitan ayuda, paz y comprensión, son todos los que han caído en el error y que en lugar de ayuda han recibido humillaciones y persecución y se les ha injuriado y pisoteado, ofendiéndoles y rechazándoles. Mas, recuerdo las dulces palabras de Jesús, el divino Cristo universal: "Bendito el perseguido, bendito el que sufre, porque de ellos será el reino de los cielos..."

Dedico este libro con todo mi amor y con todo cariño a toda la humanidad. Porque tengo el pleno conocimiento de que todos somos hermanos y somos hijos de Dios; porque debemos recordar que la Verdad nos hará libres y que conociendo lo que somos, lo que hemos sido y lo que seremos, más fácil será vivir en este mundo y que con alegría podremos ver nuestro futuro, un futuro verdaderamente glorioso por el cual bien vale la pena el sufrimiento que hemos llevado en esta vida.

Bernardo, el personaje central de este libro, durante mucho tiempo fue cargando con ese amor imposible, pero también llevó la pesada carga del remordimiento, la impotencia y el dolor por aquél crimen cometido en la persona que él tanto amó.

Ruego al Altísimo que, así como Bernardo pudo despertar y pagar por su crimen, muchos de mis hermanos puedan liquidar a tiempo con buenas obras sus errores para que rompan para siempre aquello que estorba a su evolución.

Recordar y tener presente que existe un Dios que nos ama y que fue capaz de dar la vida por el enorme amor que nos tiene: Jesucristo, el Dios del Amor y del Perdón, el Camino, la Verdad y la Vida. Porque todos, más que perdón, necesitamos quién nos guíe por el camino de la verdad, quién nos grite con tremenda voz que no somos los hijos de la miseria, de la mentira ni del dolor; que somos los hijos del rey, y que desde antes de nacer nos dio la fuerza para levantarnos del lodazal en que hemos caído.

Ojalá que la Ley permita que este mensaje llegue a tiempo a todos los que desean un cambio en sus vidas... QUE LA HUMANIDAD SE REGENERE Y NO SE PIERDA. Y que así como a Bernardo se le permitió verse luciendo la vestidura blanca, así a todos lo humanos por igual se nos conceda el tiempo y la oportunidad de trabajar en bien de nosotros mismos para obtener esa divina vestidura blanca del templo, aplicando la sencillísima fórmula que nos dio el gran Maestro de maestros Jesucristo, cuando le dijo a aquella pecadora: "Te perdono todos tus pecados, mas no vuelvas a pecar..."

 

 

El Autor.

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