Capítulo XLII
Las Vestiduras
Blancas del Reino.
Aquella noche Bernardo se preparó meticulosamente... No sabía qué iba a suceder, pero algo en su interior le avisaba que se preparara.
Desde la muerte de Chelo, nunca la había soñado.
De pronto se vio en medio de un enorme campo árido y desértico; esperó unos momentos... de pronto, de la inmensidad del universo descendió una enorme nave circular. De la máquina volante bajó una hermosa mujer de formas perfectas; en su pecho llevaba aquella banda blanca y aquel disco de oro con rayos que se dirigían para todos lados; detrás de ella venían aquellos nueve hombres con uniformes azul marino y botas blancas.
Bernardo se quedó con la boca abierta...
¿De dónde había aparecido...? ¿Cómo había llegado...? ¡Allí estaba Chelo! ¡Y con una vestidura intensamente blanca!
¾ ¿Ves mi vestidura? ¾ Le preguntó Chelo¾ Es un regalo de mi Padre. Recuerda que debes trabajar intensamente en bien de la humanidad si quieres un día tener una vestidura blanca como la mía. Mas debes saber que la verdad te hará libre, y así como has conocido un poco de la verdad, entrégala a la humanidad.
Chelo guardó silencio.
Bernardo vio asombrado cómo de aquel enorme disco volador salieron muchos personajes desconocidos. Al último se presentó un hombre con traje reluciente que parecía de platino, su cara y su pelo refulgían y al instante Bernardo recordó que Chelo les había platicado muchas veces de aquellos hermanos, los Señores de la Faz Resplandeciente y que ellos eran los eternos servidores de aquel grande Espíritu, el Rey del Universo.
Se dejó escuchar una voz de trueno que dijo:
¾ Somos los Hermanos Mayores de la humanidad de tu mundo; somos sus protectores vigilantes, y aunque nos nieguen y nos ridiculicen, seguiremos protegiendo este mundo en que te tocó vivir. Hemos de continuar hasta que este planeta alcance el grado superior que Dios le tiene señalado. Es necesario que desaparezcan los siete pecados capitales y que el hombre se regenere...
Después de mucho tiempo aquella nave remontó el vuelo y Bernardo había quedado solo, en medio de aquel árido paisaje.
Todos sus anhelos habían sido colmados.
Había logrado la respuesta a aquel problema de su encarnación pasada y había vislumbrado la realidad de las fabulosas Vestiduras Blancas del Reino...
Y, sobre todo, había tenido la gran dicha de haber conocido a su gran Maestro de maestros, Jesucristo.
Aquellos días Bernardo se sentía tranquilo y feliz esperando aquel regalo divino. Él sabía muy dentro de sí mismo que su bendito Maestro en cualquier momento se presentaría, pues dentro de su corazón sentía muy cerca su presencia.
Y llegó la hora... al instante allá muy lejos se veía una luz intensamente blanca en medio de un cielo azul verde. Aquella luz se fue acercando, luego, en medio de la luz se veían los ojos del divino Maestro... aquellos maravillosos ojos de color miel. Bernardo veía embelesado aquel divino rostro y aquel cabello dorado, vio aquella bendita sonrisa tan apacible y aquella mirada tan serena.
Bernardo sentía una felicidad enorme.
El Señor no hablaba...
Se acercó un ser luminoso, al cual no se le veían facciones y empezó a hablar a Bernardo... Al instante reconoció aquella bendita voz que siempre le había acompañado.
Su amigo le dijo a Bernardo:
¾ Siempre te acompañaré, si sigues el camino que tus maestros en la tierra te enseñaron...
Al instante apareció Chelo derramando lágrimas de felicidad, y luego dando gracias al divino Maestro se acercó y acarició suavemente la cabeza a Bernardo.
Todo había concluido en medio de una enorme felicidad, Bernardo seguiría amando eternamente a su gran Maestro Jesucristo.
La última vez que Bernardo escuchó a su amigo, la bendita voz le dijo:
¾ Recuerda mi hermano, que ANTES DE LLEGAR AL CIELO, deberás estar libre de culpas; no más crímenes, no más errores, porque al presentarte ante el gran Maestro Jesús, deberás encontrarte blanco y limpio... Dispuesto a recibir la BLANCA VESTIDURA DEL REINO que se te prometió.
Fin.
** Nota:
Muchas cosas narradas en este documento, parecerán mentira o disparate, mas todo es verdad. Algunos personajes no tienen nombre porque durante el desarrollo de las acciones no lo dieron.
Debo advertir a los que lean este libro, el peligro que entraña jugar con las enseñanzas que se dejan entrever, ya que para poder desarrollar las facultades latentes dentro de cada ser humano, es necesario encontrar un auténtico y verdadero maestro, y éstos, se pueden contar con los dedos de la mano, pues por doquier encontramos el engaño, la mentira y la traición.
El objetivo principal de este libro es que, el que lo lea, sepa descubrir que el anhelo de Bernardo es la regeneración de la humanidad, no la perdición; y que los que han caído encuentren la manera de ir subiendo peldaño tras peldaño hasta lograr reunirse cada uno con nuestro Gran Padre Universal.