Capítulo XLI
Rompiendo cadenas para siempre.
Bernardo seguía soñando a aquella hermosa mujer que había sido su esposa en la encarnación que habían tenido juntos en Irlanda. La volvía a soñar y volvía a ver aquellos adorados ojos en donde le gustaba verse, aquellos ojos verde-oscuro que tanto le gustaban a Earl.
Bernardo poco a poco en sueños iba escuchando y recordando aquel amado nombre de Maguie, y aquellos sueños poco a poco se iban aclarando. En sueños Bernardo se veía en aquella gran casa que había compartido en Irlanda con su amor eterno. Discurría por aquella casa, volvía a ver su habitación matrimonial con aquellos cortinajes que había hecho Maguie con sus propias manos. Volvía a aparecer claramente aquella fatal escalera con sus veintidós escalones de madera por donde había arrojado a su adorada Maguie; volvía a escuchar el ruido del cuerpo de Maguie cuando había caído para no volverse a levantar jamás. Volvía a contemplar a su cuñada Elena agazapada a la sombra de aquella puerta, muerta de espanto contemplando a su hermana destrozada al pie de la escalera con la cabeza ensangrentada. Bernardo veía a Elena con un amplio vestido color rosa y su sombrero blanco... y la volvía a ver que salía corriendo sin detenerse, volteando para atrás pensando que Earl la seguiría para darle muerte también.
Luego Earl-Bernardo volvía a verse cabalgando en aquellos campos de Irlanda; en aquel caballo blanco con manchas doradas. Y volvía a ver en sueños a su adorada Maguie; la tomaba en sus brazos y los sueños eran tan reales... y le acariciaba la cara y se detenía a verle aquel cabello dorado, aquellos ojos verdes como dos esmeraldas oscuras.
Pronto Bernardo se dio cuenta que en los mismos sueños, aquella adorada mujer, el amor de su vida, aquel amor que había resistido el tiempo y varias encarnaciones en este mundo, se alejaba de él, lo rechazaba.
Earl-Bernardo sufría a aquel amor eterno, pues no podía olvidarlo; aquel amor estaba enraizado en lo más profundo de su ser; su amada, igual que en aquella encarnación en Irlanda, se dejaba adorar, se dejaba querer y luego se alejaba. Earl-Bernardo sentía que se estaba volviendo loco. Aquellos sueños cada vez eran más y más reales.
Aquella preparación tan rígida que había recibido primero con Chelo y luego con Wenceslao le habían ayudado enormemente a desentrañar el misterio de aquel amor que no podía morir dentro de su ser.
En aquellos sueños abrazando y besando a Maguie de pronto empezó a interponerse la cara y la figura de un hombre... Era un hombre extraño que Bernardo nunca había visto en su vida.
Rechazando aquello pidió a la gran Ley universal que alejara a aquel hombre y le permitiera seguir contemplando a su adorada. Ahora Bernardo en sueños ya no besaba a su adorada Maguie, ahora la veía en aquella vieja casona de Irlanda, y la casa se iba diluyendo, era como si los años de pronto se le hubieran venido encima, era como si la edad de pronto hubiera hecho que aquella casa se fuera haciendo vieja y se fuera desintegrando. A su adorada Maguie poco a poco la veía desde muy lejos, y luego de pronto volvía a aparecer aquel hombre desconocido. Poco a poco la imagen de Maguie se iba diluyendo, desapareciendo.
Bernardo sufría. ¿Qué significaba esto? ¿Por qué no se presentaba aquella voz que siempre le había instruido dándole lecciones y aclarando sus dudas? ¿Por qué aquel hombre desconocido se presentaba y tomaba el lugar de Maguie?
Bernardo suplicaba a la gran Ley divina le permitiera desentrañar aquel misterio; aquel amor se había vuelto una obsesión. Ahora en lugar de disfrutar aquel amor, Bernardo sufría intensamente.
Todas las noches Bernardo se preparaba para recibir aquellas lecciones con su amigo que en sueños le instruía.... No obtenía respuesta, al parecer aquel amigo desconocido se había marchado para siempre.
Pero una noche sin que Bernardo se lo hubiera propuesto, de pronto se quedó dormido, vio claramente que alguien llegó a su cama, lo tomó de la mano, lo levantó y lo hizo caminar con su cuerpo físico hasta llegar a la puerta de su casa, la puerta se abrió y en lugar de seguir caminando por la calle, Bernardo sintió cómo su cuerpo físico volaba por los aires sintiendo el aire fresco que rozaba sus mejillas, le movía el pelo, y los pies los sentía muy fríos.
¾ ¿Adónde vamos? —Preguntó Bernardo abriendo los ojos.
Nadie contestó. Su cuerpo físico fue depositado suavemente a la puerta de una casita a las orillas de la ciudad. Se asomó por una ventana, ¡y lo primero que va viendo! Allí estaba aquel hombre que se interponía en los sueños en que veía a Maguie... Allí estaba platicando con una docena de jóvenes y niños de diferentes edades, era como vulgarmente se dice, "una escalerita" de familia. Allá al fondo, de espaldas, una señora lavaba los trastes de la cena.
Intempestivamente aquel hombre fornido y recio volteó hacia la ventana.
¡Aquella cara era la misma de Maguie!
Al instante comprendió la cruel verdad...
Maguie y aquel hombre eran la misma persona. Maguie había vuelto a encarnar y ahora era un hombre, y aquella familia eran sus hijos y su esposa.
Bernardo se quedó helado contemplando aquella escena; afuera de aquella casa estaba un trailer con el motor aún caliente. Bernardo volvió a ver la cara de aquel hombre, no había engaño posible, era aquella mujer que había sido su adoración por mucho tiempo. Era aquel amor eterno que ahora la gran Ley había dispuesto que de un sólo golpe muriera para siempre.
La desilusión primero y luego la impotencia hicieron que dentro del corazón de Bernardo muriera de un sólo tajo aquel amor que se había resistido a morir durante cien años.
Aquello era el más cruel de los castigos... así pagaba aquel crimen que había cometido en otra encarnación.
El problema no había terminado, pues aquel recio hombre se levantó de la silla y de un sancazo ya estaba frente a Bernardo.
¾ ¡¿Qué buscas desgraciado?! ¡¿A quién espías?! ¡¿Qué quieres?!
Y diciendo y haciendo, le tiró varios golpes. Bernardo sintió desvanecerse y después de mucho tiempo despertó... estaba nuevamente en su cama. Adolorido se tocó los golpes recibidos, no era mentira, sueño ni alucinación. Los golpes habían dejado amoratada la carne de Bernardo.
Todo había sido una espantosa realidad, aquella cadena que había atado a Earl-Martin-Bernardo a Maguie había quedado rota para siempre.
Nunca más volvería a pensar en Maguie. Aquella obsesión había terminado.
De pronto la voz tan conocida de su amigo se dejó escuchar:
¾ Durante mucho tiempo te estuvimos preparando para el encuentro final, y para que pudieras resistir el desenlace; de otra manera, tu cerebro y tu carne no hubieran resistido, te habrías vuelto loco e inmediatamente hubieras muerto.
Aquellas palabras tan sabias se habían cumplido: LA VERDAD TE HARÁ LIBRE. Bernardo seguía adolorido y recordando plenamente aquel inesperado desenlace. Todavía no aceptaba la forma en que había tenido que pagar aquel crimen que había cometido, y que sin que su cerebro actual lo recordara, su espíritu, a través de las reencarnaciones sucesivas y a través de la preparación de Chelo y luego de Wenceslao, había descubierto, rompiendo las cadenas para siempre.
Bernardo con ahínco seguía buscando la Verdad; se le habían entregado secretos de la naturaleza tan profundos que había comprendido que la verdad está dentro de nosotros mismos, y que así como a él se le habían dado las oportunidades doradas de encontrar en su camino a aquellos dos venerables maestros, también se le había dado el conocimiento de que los unos y los otros venimos a este mundo no a cobrar, sino más bien a pagar todo lo que debemos y que venimos arrastrando desde vidas anteriores a través de miles de años o tal vez de millones... ¿Quién sabe? Sólo Dios, el eterno Padre sabe cuánto tiempo hemos caído, cuántas promesas de enmienda le hemos hecho y cuánto le hemos fallado...
¿Cuántas veces le hemos dicho a nuestro Padre divino que vamos a cambiar? Y al llegar nuevamente al mundo nos hemos olvidado de nuestra promesa, sin embargo, el Padre, con infinita bondad y paciencia sigue esperando amorosamente nuestro cambio y nuestra regeneración.
¾ ¿Por qué estoy en este mundo...? ¿Será que el objeto de nuestras vidas es únicamente nacer, crecer, reproducirse y morir? ¿O tal vez el único fin es sufrir y sufrir?
Bernardo había escuchado mil veces que la pereza es un grave pecado y que es la madre de todos los vicios. Entonces, ¿será válido perder miserablemente el tiempo dejándose llevar por lo que dicen o hacen los demás?
¾ No —dijo su amigo—, no es válido perder el tiempo. Debes aprovecharlo para escudriñar y buscar la verdad a cada momento de tu vida; por todas partes encontrarás la verdad. El aire existe y por él vives y aunque tú no lo veas o lo sientas, él seguirá existiendo porque es parte de Dios. Tus órganos internos trabajan aunque no intervenga tu voluntad... la sangre sigue su curso incansablemente aunque tú no lo imagines siquiera... tu corazón es un verdadero sol que esparce la vida a través de todo tu ser. Levanta una piedrecilla, la que tú quieras y allí encontrarás la vida... Todo lo que existe en el universo tiene vida.