Capítulo XXXII

 

 

 

¿Liliputh?

 

 

 

Muchas veces, antes de conocer aquella gran obra espiritual que buenamente Chelo nos compartía; yo soñaba que antiguamente había sido tal vez un gigante.

Contemplaba en escena a muchos hombrecitos de escasos veinte centímetros de estatura; obviamente su ropa y su calzado eran minúsculos y veía que los destruía arrojándolos contra el suelo... No, no eran imaginaciones.

Frecuentemente volvía a ver que muchos hombrecillos me buscaban para hacer las paces... otros para luchar contra mí, y a unos y a otros los mataba sin piedad; pues sentía placer destruyendo aquellas vidas que no me correspondían. Luego llegó el día en que morí en aquella existencia... ahora ellos eran los que me destruían con picos, palos y piedras tomando revancha... También recordaba vagamente que alguien me condujo en espíritu ante los ángeles de la Ley y por mucho tiempo no volví a encarnar.

Después, en sueños, volvía a recordar que aquellos crímenes cometidos hacía muchos miles de años tenían que ser liquidados... Y volvía a ver las escenas de los crímenes, y volvía a sentir el despiadado placer... y volvía a vivir aquella sentencia que había recibido de los ángeles de la Ley...

Un domingo estando en cátedra, Chelo me dijo:

¾ Prepárate porque hoy por la noche tendrás visitas... primero verás en lo alto del cielo, una luz verde...

Y no agregó más. Yo me quedé en ascuas...

Cuando terminó la cátedra, me fui corriendo a mi casa y desde muy temprano me preparé esperando a mis visitantes.

Esa noche estuve muy cerca de mi cuerpo físico sin alejarme...

De pronto ya estaba fuera de mi cuerpo físico; plácidamente me encontraba contemplando la negrura de la noche y las estrellas brillando. Levanté la vista y lo primero que veo, ¡una gran luz de color verde intenso como a doscientos metros de altura!

Allí me quedé viendo aquella luz y vi claramente que de la luz salieron muchas estrellitas doradas...

No supe cómo ni cuándo pero de repente ya me encontraba en mi físico. Abrí los ojos y al momento escuché unos golpecitos en los vidrios de la ventana de mi habitación. No presté atención a los ruidos y continué recordando la luz verde y las lucesitas doradas. Sin embargo, alguien me hablaba desde la ventana, pues sin querer volteé hacia ella...

De repente se prendió un fuerte resplandor de luces multicolores y a través del cristal de la ventana se dibujaba la figura de un objeto circular como de cincuenta centímetros de diámetro en forma de calabaza aplastada... no salía aún de mi asombro cuando vi que en el quicio de la ventana corrían de un lado a otro tres hombrecitos como de quince centímetros de estatura... vestían trajes color azul marino de una sola pieza con dos rayas blancas a los lados de los brazos y piernas; llevaban botas de color blanco, su pelo era muy negro y su piel blanca, sus ojos eran de un verde muy claro.

Y ante mí, frente a frente estaba otro hombrecito con las mismas características de los demás, y me observaba fijamente. Al instante comprendí que aquel hombrecito era el que había tocado fuertemente en los vidrios de la ventana. Yo estaba asombrado observando aquella extraña máquina y a sus ocupantes. Entonces, inesperadamente apareció una mujercita que se acercó y quedó junto al hombrecito que me miraba; aquella linda mujercita llevaba un traje de una sola pieza de color blanco, botas blancas, pelo largo ondulado y rubio-dorado-rojizo, sus ojos al igual que los de sus compañeros eran verdes claro, las facciones de su cara eran perfectas y hermosas y se diferenciaba tan sólo porque llevaba en medio de su pecho un símbolo que representaba un sol, pues era un círculo con rayos dorados.

La mujercita tomó la palabra:

¾ A pesar de lo que hiciste hace mucho tiempo, nuevamente estamos ante ti y venimos en paz; sabemos que has prometido trabajar en beneficio de la humanidad de tu mundo y esperamos sepas cumplir con tu compromiso. Sólo te recordamos que, de no cumplir, hay otras formas más duras con las que tendrás que pagar; de ti depende cumplir o no cumplir.

¾ Pero... ¿qué les debo que les tengo que pagar?

Ahora un hombrecito se dirigió a mí en perfecto español:

¾ Tal vez tu físico no lo sepa, porque cuando cometiste aquellos crímenes no tenías el mismo cerebro. Pero tu interno, tu conciencia, bien que recuerda todo.

Y dando media vuelta, aquellos pequeñines se encaminaron a la escalerilla que salía de la nave.

¾ ¡Alto, por favor, deténganse! ¡Siquiera díganme de dónde vienen!

Aquellos cinco seres no se detuvieron... subieron a su nave y no los vi más; luego salió otro hombrecito igual y me enseñó una especie de banderola blanca, la extendió y pude ver una extraña escritura. Eran símbolos desconocidos que no entendí. El pequeño ser esperó unos instantes mientras yo fijaba mi mirada en los símbolos y luego se alejó... Se introdujo en la nave, se levantó la escalerilla y después de unos zumbidos agudos, aquella navecita, primero balanceándose y después acelerando, salió disparada hacia las alturas.

Yo me quedé pensativo... ¿Cuáles eran aquellos crímenes? ¿por qué venían aquellos seres directamente a mí? ¿eran de este mundo, o venían de otro mundo distante? ¿por qué eran tan pequeñitos? Aquello no era una alucinación, pues los había visto con mis propios ojos físicos y si alguien me hubiera dicho que aquellos seres existían, nunca lo hubiera creído pues en mis viajes por el cosmos había tenido la oportunidad de ver seres humanos del tamaño de niños con estatura de un metro más o menos y otros mucho más altos... pero de ese tamaño nunca los había visto.

Otra pregunta había dentro de mí: ¿Habían sido en este mundo, o en algún otro aquellos crímenes de los que se me acusaba? ¿No serían espejismos o alucinaciones?

Nunca más volví a ver a aquellos seres... pero aquel símbolo que llevaba en su pecho la linda mujercita, no lo olvidaré jamás.

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