Capítulo XXXI

 

 

 

El Hospital de Alden.

 

 

 

Para aquellos dolores de cabeza que a veces sentía y para aquel insomnio que me daba, recurría a la curación de Chelo. Ella me tocaba la cabeza con sus manos... pero lo más importante era que sus manos despedían una fuerza, magnetismo o poder, y al contacto de aquellas milagrosas manos me sentía maravillosamente bien.

Recuerdo que nos decía:

¾ Si tu mal es muy grande, pídele a la gran Ley universal que te conceda ser trasladado al hospital de Alden.

¾ ¿Y dónde está ese hospital? ¾ La gente preguntaba.

Y ella decía:

¾ Tú pídele al Maestro Jesús, y si él te lo concede, cuando estés en el hospital de Alden, aprovecha, pues los hermanos te curarán. La caridad de nuestro Padre es tan grande que no podemos siquiera comprender el alcance de tanta grandeza.

Muchas veces, con tan sólo acostarme y cerrar los ojos, era trasladado a diferentes lugares sin mi cuerpo físico, y así tuve la oportunidad de conocer el hospital de Alden que nos mencionaba Chelo.

Allá muy lejos en el espacio sideral, en lo más profundo del universo, veía una lucesita muy lejana; poco a poco se iba haciendo grande, luego aquella luz se veía como una gran pelota estática en medio de aquella negra espesura... de pronto, aquello era un gran edificio de muchos pisos que flotaba, y para subir a él, había alrededor muchas escalinatas blancas, tenía columnas color verde y las paredes eran de cristal verde también; había muchos salones con paredes de cristal y pisos de color blanco y muchas camas en donde había enfermos. Las enfermeras y los doctores vestían uniformes blancos y en su gorro y camisa llevaban unas rayitas de color verde. Muchos de los pacientes eran mujeres en estado de ingravidez, pero también había ancianos, muchos ancianos, hombres y mujeres.

De repente me vi nuevamente suspendido en aquel espacio tan oscuro, y allá muy lejos, volví a percibir una lucesita que se fue acercando o más bien yo me acercaba rápidamente a ella. Aquella luz poco a poco se fue haciendo más grande hasta que de pronto distinguí aquel edificio tan conocido: era el hospital de Alden nuevamente. Subí por una de aquellas escalinatas y pasé curioseando por varios salones atestados de enfermos.

Luego estaba frente a una mujer muy vieja sentada en una cama. Aquella mujer tenía su cara con la piel colgada, y cara y brazos desnudos los tenía muy amarillos, sus ojos denotaban sufrimiento; aquella mujer era muy humilde. Se acercó un médico y con una pequeña jeringa le sacó muestras de sangre... luego aquella mujer se recostó en la cama y se tapó con unas sábanas muy blancas. Enseguida vi al médico en un gran laboratorio en donde todos los aparatos parecían de cristal muy fino de color verde y allí sometía a análisis las muestras de sangre. Aquella sangre primero era de un color oscuro y en nada se diferenciaba a la sangre que se puede observar en la Tierra, pero después de unos procesos rápidos en aquellos aparatos, la sangre se volvió transparente y había en la sangre unas chispitas de color azul, pero también había unas estrellitas totalmente negras y esponjosas. Me acerqué un poco más y entonces contemplé al médico que había sacado la sangre de aquel aparato y ahora la analizaba dentro de un pequeño tubo de cristal. Los ojos del médico eran azules y en ellos se reflejaban los procesos a que había sometido la sangre. Luego destapó el tubo, acercó su nariz e hizo la seña de que la sangre olía muy mal. Introdujo el tubo con la sangre a una caja de cristal y allí lo dejó... Regresó con la enferma, le puso la mano en la frente y la enferma se durmió tranquilamente. En una camilla fue trasladada a otro laboratorio en donde con otros aparatos transparentes le hicieron complicados tratamientos en todo su cuerpo; uno de aquellos aparatos se lo habían puesto precisamente en el vientre. La enferma poco a poco se fue volviendo transparente hasta quedar sólo su efigie que aparentaba también ser de cristal.

Me quedé embobado contemplando aquellos prodigios y así permanecí mucho rato hasta que nuevamente mi amable interlocutor me sacó de aquel ensimismamiento.

¾ ¿Qué te ha parecido el tratamiento? ¾ Preguntó.

De momento no supe qué responder, pues realmente no sabía a qué se debían aquellos análisis y aquel tratamiento.

¾ ¿Te fijaste en la enferma? ¾ Volvió a intervenir.

¾ Sí. ¿Y a qué se debe ese color en la enferma? ¿Acaso es lo que llaman en mi mundo anemia? O tal vez estará enferma de hepatitis.

¾ No. La enferma tiene leucemia o cáncer en la sangre.

Luego veía una ciudad y sus habitantes muy despreocupados en sus quehaceres y diversiones. Una fuerte explosión convierte en polvo aquella ciudad y a sus habitantes. Multitudes de espíritus desencarnados en medio de aquel pavoroso espectáculo ven sin comprender el salvajismo en sumo grado desatado en lo que fuera su hogar.

¿Qué significa? ¿por qué fue la explosión? ¿cómo sucedió? ¿cuáles fueron las causas? ¿fue un accidente o fue premeditado? ¿fue la explosión de aquellas míticas ciudades pecadoras Sodoma y Gomorra? ¿o fueron los mártires de Hiroshima y Nagasaki? Y después de un prolongado silencio en que yo seguía contemplando cómo se esparcía aquel terrible fuego hacia todos lados, mi amigo me dice:

¾ Esos pobres seres fueron expuestos a la radiación atómica.

Luego apareció ante mis ojos un hombre de baja estatura totalmente alcoholizado. Al parecer ya tenía muchos años tomando alcohol pues su aspecto denota hinchazón en sus carnes.

Vuelvo a ver a aquel hombre. Pero ahora es más alto, con la misma cara, también gordo, pero ahora su piel es negra... Lo mismo, también es alcohólico. Ahora lo veo caminando por unas calles polvorientas acompañado por una enorme botella de licor cantando alegremente y trastabillando. Por momentos se cae al suelo y se vuelve a levantar... Desapareció aquella escena.

Luego ante mi vista aparecen nuevas escenas: ahora veo otro hombre pero con la misma cara, las mismas facciones de aquel primero que había visto, también gordo. ¡Qué extraño! pensé; siento que esos tres hombres son uno mismo, el mismo espíritu.

Así me quedé pensando hasta que mi amigo dijo:

¾ Ciertamente los tres son el mismo espíritu. Sólo el traje ha cambiado.

¾ ¿El traje?

¾ Sí; sólo cambian las carnes... el "vehículo" con el que vienen al plano físico. Observa, sigue observando.

Entonces aquel hombre que estaba viendo en esta ocasión, aparecía ante una mesa de madera tosca y allí en medio de la mesa estaba una gran cantidad de carne de varias especies. Aquel hombre con gesto de satisfacción comía grandes cantidades de carne. Llenaba muy seguido su boca y por su cara y manos escurría abundantemente la grasa... luego bebía grandes cantidades de licor. Se acercaba nuevamente al fogón y de allí tomaba otros pedazos de carne chamuscada que inmediatamente devoraba. Aquellas escenas del hombre comiendo y bebiendo como un cerdo pasaron muchas veces ante mi vista... Luego veo a ese mismo hombre ya de edad avanzada, su cabeza blanca de canas y caminando casi arrastrándose, pues con gran dificultad mueve sus brazos y sus piernas. Su cara denota un gran sufrimiento.

Aquella escena desapareció y vuelvo a ver aquella cara tan conocida, pero ahora ese ser es una mujer. Aparenta tener cuarenta años de edad, vaga por unas callejuelas sucias y tristes, es alcohólica otra vez, pues la veo trastabillando. En su cabeza lleva un pañuelo negro que cubre sus canas, usa una falda muy amplia de color blanco pero está muy sucia y usa una blusa azul pálido también; es muy humilde. De pronto una multitud de chiquillos con piedras y palos la agreden. Aquella mujer golpeada se sienta en una gran piedra a llorar su desgracia... sufre mucho; con sus manos cubre su cara. Luego aquella escena desaparece.

Me quedo viendo sin mirar... Aparecen otras escenas: veo allá muy lejos una montaña y unos cuantos árboles.

Mi amigo me habla y vuelvo a fijar mi atención en otra escena que aparece ante mis ojos: Ahora es un hogar en donde viven dos esposos jóvenes y tienen dos hijos. La hija mayor es una niña más o menos de nueve años; sufre ataques epilépticos. De pronto la niña se tira al suelo, retuerce los brazos y las piernas, queda boca arriba, grita, solloza, no puede controlar aquellos movimientos, sus ojos se retuercen, grita y parece que se está asfixiando. Aquello dura mucho rato, la madre angustiada permanece viendo a su hija y llora desesperada mientras el padre se entrega al vicio del alcohol.

Luego todo queda en silencio.

Aquella niña ve con tristeza a su padre perdido y a su madre angustiada. La niña llora desesperada... entonces la madre se acerca a la niña y la consuela.

Enseguida veo cómo el cuerpo físico de la niña se va haciendo transparente y sólo queda a la vista todo el esqueleto. Desde la base del cráneo hasta el coxis empieza a chorrear un líquido gelatinoso oscuro. Gota a gota lentamente aquel líquido se escapa por el coxis mientras la osamenta de la columna vertebral se va volviendo esponjosa y quebradiza. En todo el cerebro se ven chispas azules, corrientes que se entremezclan en variadas energías. Aquellos chispazos provocan en los ojos de la niña nuevos movimientos incontrolables, pues los abre y los cierra sin control.

Así van apareciendo muchas escenas de la niña ante mi vista.

Luego se va convirtiendo en adulta y luego en una mujer vieja y enferma. Abandonada, triste y siempre sufriendo... siempre angustiada; muy seguido le dan aquellos terribles ataques.

Muere y vuelve a encarnar. Vuelve a nacer en este mundo. Ahora es un niño muy religioso pero muy delicado de salud. Los médicos le diagnostican leucemia, cáncer en la sangre, nada se puede hacer y el niño desencarna.

Ahora vuelvo a ver a aquella mujer en el hospital de Alden acostada en la cama de blancas sábanas. Se ve su piel muy amarilla y colgada, y con un aspecto terrible de tristeza por el intenso sufrimiento.

El doctor cósmico regresa y saca de la caja de cristal el pequeño tubo transparente donde dejó la muestra de sangre de la enferma, se dirige rápidamente a otros instrumentos extraños también de cristal. En uno de ellos deposita la sangre que se ve transparente con lucesitas azules y pequeñas cruces de color negro esponjoso. El instrumento de cristal es como una caja transparente donde aparece un líquido rojo... la sangre de la enferma y aquel líquido rojo empiezan a girar, a combinarse y después de un rato el líquido queda en calma. Todo es silencio y allí permanece. Ahora el líquido se ha convertido en sangre que me parece es muy fina; veo que en la sangre hay muchos elementos nuevos de distintas formas y aquellas lucesitas azules se han multiplicado. Ahora aparecen unas lucesitas blancas y otras doradas. Las pequeñas cruces negras han desaparecido.

Veo a la enferma recostada en una mesa de operaciones muy blanca. Ella está tranquilamente dormida. Una enfermera y un doctor con vestiduras blancas le han colocado unas agujas muy finas de color dorado en sus muñecas. Aquellas agujas están conectadas a un aparato muy extraño. De las agujas parte hacia adentro del sistema de venas y vasos una fina radiación que va limpiando todo a su paso. Luego el corazón de la enferma se hace más grande y la radiación de luces multicolores hace desaparecer muchos filamentos de color café sucio que había en el corazón. Así aquella radiación va limpiando después los pulmones, hígado, páncreas y todos los demás órganos.

Luego todo queda en silencio. Tanto el doctor como la enfermera guardan respetuoso silencio. La radiación continúa estática por unos instantes... entonces sucede algo fantástico, algo bello y desconcertante: aquella radiación permanece allí sin movimiento y de pronto el corazón de la paciente empieza a latir y a bombear. El médico desconecta las agujas de las muñecas de la enferma, la cual abre los ojos y empieza a sonreír y aquella sonrisa está llena de paz y llena de amor. Ahora ya no está enferma... su cara y su piel ya no están pálidas, su piel ahora es sonrosada y en sus ojos hay chispazos de luz que demuestran mucha vitalidad.

Estoy absorto viendo aquel milagro, aquel prodigio... y de pronto me doy cuenta que la enfermera está frente a mí tomando mis manos y diciéndome:

¾ ¡Alégrate! Pues el Señor ha dado una gran oportunidad a esta hermana. Ya la preparamos para que después de un tiempo vuelva a encarnar en tu mundo o en otro similar según sea la voluntad del Señor.

Siento ganas de llorar y no puedo evitar derramar lágrimas de felicidad.

Poco a poco aquellas escenas van desapareciendo.

Luego aparecen ante mis ojos otras escenas: Ahora veo nubes blanco-dorado y una mano que sostiene una pluma de finísimo oro que escribe extraños símbolos en una página blanca de un libro con lomos dorados... Así permanece aquella escena mucho tiempo. Por momentos entiendo el significado de los símbolos y luego no recuerdo qué quieren decir. Poco a poco va desapareciendo aquello.

Ahora me encuentro en un espacio muy grande y un cielo hermoso... por todos lados se ven estrellas lejanas de diferentes colores.

Siento la presencia de mi amigo y le pregunto:

¾ ¿Por qué dieron la curación a la enferma y no al niño que apareció con leucemia?

¾ Porque la última encarnación de ese ser fue el niño al que te refieres. Aquel niño murió a los once años de edad, y en esa existencia ya no se encadenó. Más bien le sirvió esa encarnación para que aflorara en toda su intensidad la terrible enfermedad. ¿Recuerdas que antes fue una niña que sufría de ataques epilépticos? Pues tampoco en esa vida se encadenó... El tratamiento en el hospital de Alden empezó desde la encarnación en que fue una mujer alcohólica y la agredieron unos chiquillos con piedras y palos, ¿recuerdas?

¾ Sí.

¾ En el hospital de Alden durante tres encarnaciones sucesivas le han estado tratando de eliminar esas imperfecciones tanto de lo físico como de lo interno.

De pronto apareció ante mi vista un bebé muy contento y lleno de vida.

Mi amigo siguió explicándome:

¾ ¡He allí el regalo de Dios! ¡He allí el gran perdón divino! ¡Mira cuán grande es el Amor que Dios regala a sus hijos! Es un amor que no tiene límites, es un amor capaz de entregar todo a sus niños que sordos y ciegos van por la vida y no quieren despertar a la luz y a la verdad. ¿Ya ves que para el Padre no hay imposibles?

¾ Entonces lo que se me ha permitido ver, ¿son las causas de la leucemia?

¾ Realmente esa enfermedad tiene muchas causas diferentes y se presenta también en diferentes formas; sólo has visto algunas de las causas, pues si te das cuenta, a los humanos siempre se les dice que transiten por el camino correcto y no se desvíen, ya que los vicios, las drogas y el mal vivir, sólo conducen a una desgracia segura.

¾ Yo entiendo que esa combinación de comer carne en exceso y tomar alcohol es el motivo, ¿o no?

¾ El enfermo tuvo muchos sufrimientos y tristezas y ésta es la verdadera causa que desequilibró finalmente a sus cuerpos internos produciendo la putrefacción de sus órganos y sangre físicos. ¿Has entendido?

¾ Como que no me ha quedado muy claro.

¾ Primero fue la radiación atómica y luego el efecto del nocivo alcohol que fue desintegrando, destruyendo y destruyendo sus órganos internos, afectando de paso sus defensas del cuerpo físico... pero afectó también en gran manera a su cuerpo vital y demás cuerpos internos dificultando el libre acceso de las energías cósmicas que son tan necesarias para el debido funcionamiento en el plano físico de todo ese conjunto de cuerpos que aunque no se ven, existen, pues todo es un conjunto maravilloso que marcha en afinidad con el cosmos, siempre en beneficio particular de cada ser. Te hemos explicado muchas veces que cada ser lleva en sí mismo un maravilloso tesoro desconocido para la mayoría de los seres de este mundo. Esos tesoros son invisibles, impalpables y difíciles de comprobar en el plano físico. Son los chakras que funcionan maravillosamente cuando el ser evoluciona, pero que se desequilibran llegando a enfermar peligrosamente cuando se dedica a involucionar, es decir, cuando neciamente el ser toma un sendero equivocado: vicios, placeres, vida licenciosa, maldad, venganza, crimen e impudicia. Y al final, sufrimientos, porque finalmente esa es la cosecha, la cruel y tremenda cosecha. Un ser en estas condiciones sólo sufrirá intensamente por haber malogrado el perfecto funcionamiento de los importantes chakras que deben ser aprovechados para seguir evolucionando felizmente hasta alcanzar poco a poco, a través de encarnaciones sucesivas la perfección. Pero dicen en tu mundo: "¿y quién verá todo eso? Mejor es continuar con nuestra vida, pues nadie ha regresado del más allá para decirnos cuál es la verdad".

No supe cuánto tiempo pasó...

Nuevamente aquel ángel del Señor me mostró la columna vertebral de la mujer enferma del hospital de Alden. Aquello era una cosa desconocida por completo: veía toda la parte posterior de la mujer en posición vertical; volví a ver cómo infinidad de lucesitas de muchos colores prendían y apagaban y tenían su origen en el cerebro. En la base del cráneo había un gran resplandor de muchos colores maravillosos y de allí partían también muchos rayos que como un maravilloso abanico salía disparado para todos lados... las lucesitas llegaban hasta el cerebelo, donde se veía claramente una especie de corona de luces de color verde brillante, se detenían y luego emprendían nuevamente su recorrido bajando por toda la columna hasta diseminarse por todos los nervios. Luego, del infinito se recibían unas energías doradas, azules, verdes, amarillas, anaranjadas y rojas, que, vibrando con gran potencia llegaban a unos centros que giraban cual maravillosos remolinos y expandían también por todo aquel cuerpo las energías cósmicas, mismas que se combinaban con el chisporroteo de las lucesitas tan bellas de colores...

Aquellas energías y aquellas lucesitas transitaban por toda la columna vertebral llegando hasta el coxis, luego retornaban interminablemente hasta el cerebro. Enseguida se formó un arco de energía maravillosa de color dorado intenso que venía del coxis al ombligo y del ombligo al corazón, y de allí nuevamente a la base del cráneo en donde se veía algo así como un foquito o lámpara. De pronto aquella lamparilla empezó a crecer y a crecer... Yo veía maravillado aquel prodigio y después de unos momentos vi cómo en aquella lámpara había inscripciones, dibujos o símbolos grabados.

¾ ¿Qué significa esto?

¾ Guarda silencio ¾ Respetuosamente dijo mi amigo.

Yo seguí contemplando aquellas maravillas y noté que algo o alguien que no se veía, le había levantado el pie derecho a la enferma que continuaba tranquilamente dormida; entonces apareció la pluma que ya había contemplado en manos de los ángeles de la Ley. Nos se veía a ningún ser, mas sin embargo, aquella pluma de punta tan filosa pinchó el pie y al instante aparecieron también los símbolos que ya había visto en otros pies. Aparecieron muy lejanas otras escenas que se fueron acercando y las veía al mismo tiempo que la enferma se encontraba de pie y de espaldas hacia mí. Las escenas que contemplaba eran crímenes, vicios, malas acciones, soberbia, orgullo, mentira, traición, gula, lujuria, etc... todos esos desajustes pasaban ante mis ojos como símbolos y al instante entendía su significado.

Aquel conjunto de errores primero eran escenas, luego se fueron transformando en sombras cada vez más espesas y oscuras, mientras tanto la enferma seguía al parecer entregada al sueño. Luego vi cómo poco a poco aquellas sombras iban formando algo así como una capucha que cubrió por completo a la mujer que dormía. La enferma de pronto despertó gritando desesperadamente pidiendo ayuda y aparecieron al momento dos ángeles de alas doradas... con sus manos trataba la señora de deshacerse de aquella negrura que le impedía la respiración; parecía como si aquella negrura tuviera vida e inteligencia propia. La espesa negrura poco a poco le fue invadiendo desde el cerebro hasta el coxis por la columna vertebral y luego fue cubriendo todas y cada una de las ramificaciones nerviosas. Su columna vertebral tomó un color café con negro y se cubrió de una especie de aceite pegajoso e inmundo. La médula espinal aún quedaba de un color blanco-dorado, pero aquella materia pegajosa atacaba queriendo devorar a la médula que también luchaba por sobrevivir.

Luego todo quedó quieto... me acerqué sin querer, o tal vez me acercaron y me llegó un olor nauseabundo de aquella columna vertebral, era como si estuviera junto a un hígado podrido.

Los ángeles permanecían auxiliando a la pobre enferma sosteniéndola con ambas manos. Después la condujeron hasta otro aparato transparente en donde la metieron. Por mil orificios penetró una neblina de color naranja que hizo que poco a poco aquel pobre ser fuera sintiendo alivio, pues abría sus ojos con ademán de agradecimiento y también sus labios se movían. Me acerqué y escuché a aquel ser alabando y bendiciendo el nombre supremo del Creador.

¾ La Ley ha dispuesto que seas testigo de este proceso ¾ Dijo mi amigo.

Tanto la espesa negrura como la materia pegajosa y oscura se fueron diluyendo poco a poco y la enferma pronto se vio libre de aquel sufrimiento.

Se acercaron dos enfermeras y dos médicos a la paciente... Los doctores maniobraron delicadamente hasta que retiraron del cuerpo de la mujer ¡su columna vertebral! Luego la fueron a depositar en un aparato transparente y ésta empezó a vibrar muy fuerte y por momentos adquiría mayor luminosidad.

La enferma había quedado de pie mientras una enfermera masajeaba rápidamente aquel corazón que volvía a brillar con luz dorada y la otra enfermera sostenía en el cerebelo algo que me pareció como una esfera de lucesitas de color verde brillante.

Estaba tan absorto viendo todas esas maravillas, cuando de pronto llegaron los dos médicos con la columna vertebral... rápidamente la acomodaron en su lugar y pronto todo el conjunto de columna-cerebelo-corazón ya estaba latiendo maravillosamente en los respectivos lugares del cuerpo de tan afortunado ser... Y digo afortunado porque cuántas maravillas tenía dentro de sí.

Mi amigo interrumpió mis pensamientos y me llamó la atención diciéndome:

¾ ¡No te vuelvas a equivocar! Tú dices "aquel afortunado ser", mas yo tengo que decirte que todos en el cosmos infinito son afortunados teniendo a tan maravilloso y poderoso Padre que muchos desconocen, pues a todos exactamente igual les ha dotado de las enormes maravillas como acabas de contemplar. Te recuerdo que ya debes regresar a tu físico... tendremos que dejar la lección para otra ocasión.

¾ ¡No! Volvamos a hacer lo mismo de la otra vez; permíteme continuar con estas lecciones, no importa que pasen varios días allá en lo físico.

Mi amigo exclamó con dureza:

¾ ¡Debes ser conforme y obedecer la Ley!

Pasaron varios días en que no había tenido ninguna experiencia más.

Pero llegó la afortunada noche en que me vi nuevamente en el espacio.

Volví a contemplar aquellos pasillos, aquellos ventanales y aquellas camas del hospital de Alden llenas de enfermos...

¾ ¿Estás listo para seguir aprendiendo? ¾ Preguntó mi amigo.

¾ Estoy dispuesto a lo que me permita la gran Ley divina.

¾ ¿Te gustaría conocer el final de aquella enferma?

¾ ¡Sí, cómo no!

Mi ansiedad era mucha. Yo quería saber todo lo que se relacionara con aquel ser, al cual sin querer le había tomado cariño y simpatía.

Volví a entrar a aquella sala de hospital con paredes de cristal verde. La enferma permanecía sola en aquella habitación; no se veían médicos o enfermeras. Entonces apareció un ángel de alas y cabellos dorados... con su mano derecha oprimió la frente de la mujer; ésta abrió los ojos instantáneamente y luego se levantó haciendo a un lado la sábana. Ahora traía puesta una bata blanca y estaba descalza. El ángel la tomó de la mano y se dirigieron a una gran sala en donde había muchos bebés dentro de cápsulas de cristal de color azul... Poco a poco la paciente se fue transformando y disminuyendo de tamaño... ahora era un precioso niño de cabello muy cortito y de color negro. El ángel delicadamente lo metió en una de las cápsulas y aguardó silenciosamente... El bebé permaneció allí dormido tranquilamente. Luego aquel bebé se desdobló, es decir, allí en aquella cápsula de cristal estaba aquel bebé, mientras salía de él mismo, otro bebé exactamente igual que se dirigía lentamente hacia una enorme puerta que de la nada había aparecido frente a él. Aquella puerta tenía forma de arco y más allá se veía una intensa luz dorada; alrededor de aquella luz brillaban enormes piedras preciosas que formaban un nido encima del cual habían aparecido unos hermosos pies de color rosado. El bebé llegó hasta quedar a pocos centímetros de aquellos maravillosos pies y levantando su mirada, sonreía... Yo quería ver a quién pertenecían aquellos pies y hacía esfuerzo pero no pude ver nada, sólo veía detrás de aquellos pies un gran resplandor y una neblina blanco-dorada. Luego aquel bebé se arrodilló y bajó su mirada... Así permaneció largo rato. Una extraña fuerza me apartó de aquella escena hasta quedar como a veinte metros de distancia.

Mi amigo, con un dulce tono me dijo:

¾ Tonto, ¿qué no comprendes de quién son esos divinos pies?

Vino a mí el recuerdo; yo había visto varias veces aquellos pies y no podían pertenecer a nadie más que a Jesús.

De pronto, sin saber cómo, ya estábamos otra vez en el hospital de Alden. Aquel hermoso bebé ahora estaba sonriendo muy contento acostado en una de aquellas camas de sábanas muy blancas; su felicidad era muy grande. Se presentaron dos médicos con extraños aparatos y revisaron al pequeñín. Luego se retiraron satisfechos sonriendo.

Volvió otra enfermera y acercando su cara hacia mí, me dijo:

¾ Si tú crees en milagros, estás contemplando uno muy grande; la leucemia ha desaparecido totalmente y nuestro Señor, el divino Creador, da otra oportunidad a este ser.

Y diciendo eso, se retiró.

Nuevamente veo una ciudad en el mundo Tierra y a una pareja que espera un bebé.

¾ Los médicos se equivocaron ¾ decía el esposo¾ , juraban que nunca podrías encargar un hijo ¡y falta un mes para que nazca nuestro bebé!

Le contesta la futura madre:

¾ Hemos dejado todo en manos de Dios... será lo que Él mande.

Llega el momento del alumbramiento y aquel bebé nace normalmente. Es un hombrecito sano y feliz; sus padres están muy felices también...

Crece el bebé y llega a convertirse en un hombre fuerte y sano. De aquella terrible enfermedad no queda ni el recuerdo.

Entonces le digo a mi amigo:

¾ No comprendo cómo ha sucedido esta maravilla... pues entiendo que nuestro Padre eterno todo lo puede, pero la verdad, no entiendo cómo ha sido borrada esa tremenda enfermedad.

Mi amigo contesta:

¾ Pensamientos, vivencias, experiencias, acciones buenas o malas, todo, todo queda grabado para siempre tanto en los archivos akásicos como en cada individuo.

Entonces recordé cómo en varias ocasiones había visto que en los pies de cada culpable, los ángeles de la Ley con aquella pluma de punta filosa grababan aquellos extraños símbolos... y en algunas ocasiones eran tan fuertes las grabaciones que hasta sangraban los pies.

¾ ¡Bravo! ¾ Exclamó mi amigo¾ ¿Ves cómo ya identificaste lo que se te ha enseñado?

Y continuó diciendo:

¾ Cada efecto tiene su causa; tú ya has visto qué causa las enfermedades, y has sido testigo también de los efectos tan dañinos para el que los provoca. Pero, ¿qué dirías si te dijera una gran verdad cósmica...? Tú, éste o aquél, todos en general pueden borrar sus propias grabaciones.

Un rayo de esperanza cruzó dentro de mí... y esperé a que mi amigo continuara:

¾ Sí, todos pueden borrar sus grabaciones. Recuerda las divinas palabras de Jesús cuando dijo a aquella pecadora: "Te perdono, mas no vuelvas a pecar". Esas breves y sencillas palabras encierran toda una verdad cósmica. ¿Recuerdas la última encarnación de ese ser que padecía leucemia?

Cierto; en su última encarnación fue niño y se le declaró la terrible enfermedad... aunque ya no cometió errores...

Adivinando mis pensamientos, dijo mi amigo:

¾ Exactamente; pero también varias veces antes de desencarnar aquel ser pidió perdón a nuestro Padre, y le rogó le quitara para siempre aquel padecimiento. Los autores de sus días estaban conscientes de que el niño pedía a Dios y le suplicaba, y quedaron desconcertados después de su muerte, pues aparentemente Dios no había querido curar al pequeño y así había muerto. Pero ya te has dado cuenta que no fue así y que el divino Padre le ha entregado una gran oportunidad a ese ser.

Volví a sumirme en un mar de pensamientos...

Es verdad; muchas veces no alcanzamos a comprender el alcance de nuestras súplicas y menos comprendemos la infinita bondad de ese Padre, el mejor de los padres, de ese Dios que es todo Amor.

Y volví a pensar en voz alta:

¾ ¡Qué gran error cometen los que sin saber se quitan la existencia! Pues decimos que no soportamos tantos sufrimientos. Nos dejamos llevar por ese insano convencimiento creyendo que estamos enfermos, apurando el cigarrillo, la cerveza, el licor o simplemente dejándonos morir en vida cuando ahora he comprendido que la vida aún con sufrimientos, problemas y dolor vale la pena vivirla aunque tengamos problemas y dificultades, pues con el tiempo todo pasa y después nada más nos queda el recuerdo... Tomemos consciencia de que Dios existe. Él es el gran doctor y nos puede curar. Él es el gran juez y nos puede juzgar favorablemente. Él es el gran Padre y todo nos lo puede dar. Él es el gran rico y riquezas materiales y espirituales nos puede entregar. Todo nos lo puede dar, tan sólo hay que saber pedirle...

Así continuaba con mi vida llena de experiencias formidables...

Se me había concedido visitar con y sin mi cuerpo físico distintas regiones del cosmos. Me había deleitado como nadie contemplando aquellas formaciones de estrellas; me había bañado en medio de aquel cintilante polvo que existe en el universo, así como con aquella regia luz que emana de los cuerpos celestes. Había visitado muchos planetas. Había descubierto maravillado que en muchos mundos existe la vida en distintas formas y se me había permitido comprobar que la inteligencia no es exclusiva del ser humano... pues muchas veces había visto a otros seres mucho más inteligentes y humildes que nosotros.

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