Capítulo XXX

 

 

 

El que la hace, la paga.

 

 

 

Otra vez desprendido de mi cuerpo físico, me reuní con mi querido amigo que me instruía... éste me daba lecciones y me recordaba la importancia de entregar el despertar a los humanos; de hacerles ver la realidad de sus vidas plagadas de errores.

Y me recordaba la fórmula dorada de poder pagar con amor las deudas pasadas y también las deudas presentes.

¾ Recuerda las palabras del divino Maestro Jesús: "No hagas tesoros en la tierra..." ¾ Siempre me recalcaba.

Yo escuchaba atentamente aquellas valiosas lecciones.

En esta ocasión nos encontrábamos en medio de una cañada por donde corría un río de aguas transparentes, y en su interior nadaba tranquilamente un puñado de peces. A los lados había enormes árboles que despedían un hermoso aroma; también se veía un viejo puente de piedra...

Luego se acercó un joven de cabello rubio y me dijo:

¾ ¿Recuerdas que hiciste una pregunta acerca de un violador-burlador y que no te contestaron? Ahorita es la oportunidad; pregunta a tu amigo, estoy seguro que ahora sí tendrás la respuesta.

Yo me quedé pensando, pues de momento no recordaba aquello.

Enseguida se acercaron tres hermosas muchachas vestidas con uniformes de color verde muy lindo; en sus cabezas llevaban una especie de quepis como los que usan las azafatas de los aviones, traían zapatos de tacón muy relucientes... sus piernas bien torneadas y hermosas, sus ojos café claro y su piel sonrosada; en su mano derecha llevaban una gran cartera color vino y las tres bellas me dijeron a coro:

¾ ¡Es tu oportunidad! Estamos seguras que una gran verdad te entregarán.

Aquellas tres hermosas mujeres parecían azafatas de algún avión y parecía que estaban próximas a abordar alguna nave que estuviera muy cerca de nosotros.

Las tres me dijeron:

¾ Tantas veces lo has pedido, que en este preciso momento estamos ante ti. Cada una de nosotras somos comandantes de misiones que vienen a la Tierra a cumplir ciertos trabajos.

¾ ¿Y de dónde vienen? ¿Cómo se llaman?

Una a una me dieron sus nombres y me dijeron que vienen de la constelación de las Pléyades.

Luego me dijeron:

¾ No hagas esperar más a ese maravilloso ser que se esfuerza en darte lecciones de oro. Recuerda que tú también a tu modo debes entregar al mundo la voluntad del Altísimo.

Y sin más se fueron caminando... dejándome con un mar de preguntas que me gustaría haberles hecho.

Allí seguía contemplando aquel riachuelo y aspirando aquel delicado perfume.

Sentí que alguien me tomaba de la mano y empezamos a volar. Casi instantáneamente perdí de vista aquel paisaje.

De pronto, nos encontrábamos en una ciudad en la que vi a un hombre que se jactaba de haber violado a una muchacha... y seguía escuchando sus motivos y razones:

¾ ¡Pues uno es hombre, qué caray! ¡Y a las que se dejen, yo me las friego! No es la única, ya llevo varias en mi cuenta y no pierdo las esperanzas de volver a fregarme otras más... por allí anda una que me hace "ojitos" y yo ya estoy preparado, ja, ja, ja.

Luego, los amigos con los que estaba, relataban también sus aventuras amorosas... y a cual mas, todos eran una bola de gandules.

Seguí viendo cómo aquel poco hombre sin ningún freno abusaba sexualmente de una y otra mujer... y luego otra, y otra. Después vino el aburrimiento, el cansancio, la edad... pasaron rápidamente los años, llegó la soledad y, por último, desencarnó. Volví a ver a aquel ser aturdido sin saber lo que pasaba en medio de una oscuridad total; era tan espesa la negrura que no se alcanzaba a ver absolutamente nada. Y allí permanecía aquel ser, atrapado.

Pasó mucho tiempo... se hizo un pequeño rayo de luz y luego aquel ser vuelve a nacer.

¡Qué extraño! Ahora es una niña, ¡y tan macho que se veía! Pero ahora sí, sí, precisamente, es una niña...

El tiempo pasa vertiginosamente y aquella niña crece. Después de los siete años de edad empieza a renacer la costumbre, la tendencia, y aquella niña parece hombre. Empieza a comportarse como un hombrecillo, no le gustan las ropas de niña, rechaza todo lo que es femenino... le gustan los carritos, le gusta pelearse con los muchachillos. Así sigue creciendo, a los catorce años empieza a tener pesadillas... sueña que es hombre y afanosamente se busca su órgano sexual masculino. En sueños se ve y se toca aquel órgano masculino... ella no es mujer, es un hombre.

Vuelve a tener aquellas pesadillas. Muchas veces no se encuentra aquel órgano masculino, en su lugar está aquel otro con que la naturaleza la ha dotado y empieza a repudiar aquel órgano, empieza a repudiar sus otros órganos femeninos, empieza a soñar que se aproxima a otras muchachas, empieza a sufrir, a sentir aquella desesperación, aquella impotencia... Ella quiere ser hombre, un hombre hecho y derecho.

Empieza a sentir la tendencia de amar a las mujeres. Todo es inútil. Sus padres se han dado cuenta de aquella inclinación, la llevan con psiquiatras, con doctores... le administran tranquilizantes, le dan libros de educación sexual y le dan sesiones de adaptación.

Los médicos diagnostican "perturbaciones", "cambios de personalidad".

Ella sufre, llora, se desespera... siente un ardor sin límite en sus órganos reproductores y luego una frialdad espantosa. Pide a gritos la muerte. Ante lo inútil de los tratamientos y las terapias, los médicos recomiendan dejarla en paz; se está dañando, está sufriendo.

¾ Espantoso, ¿verdad? ¾ Dijo mi amigo.

¾ Esto es un terrible castigo.

¾ Si tú le llamas así; pero es la ley de causa-efecto-compensación que está actuando. Ese miserable ser tan sólo está pagando con enorme dolor, el mismo dolor que le causó a tantas mujeres que buscando la felicidad cayeron en sus garras en su vida pasada, ¿recuerdas?

¾ Sí, ¡claro que lo recuerdo!

Aún sonaban en mis oídos aquellas carcajadas de satisfacción de aquel burlador y aún sentía en mi interior aquel dolor de aquellas dos madres solteras que habían sido burladas por diferentes galanes.

Pero en todo esto había un problema tan complejo, tan profundo que me atreví a decirle a mi amigo:

¾ En el mundo hay millones de personas que se enamoran, y a veces se enamoran de un amor imposible y prohibido...

¾ La gran Ley universal dispone el equilibrio del nacimiento de los seres de los dos sexos; como tú podrás comprobar, equilibradamente nacen niños o niñas. Pero en tu mundo existe tanto egoísmo, tanta soberbia, que si verdaderamente hubiera una ley que se encargara de organizar los matrimonios, las uniones, no habría ese tremendo desequilibrio, ya que como tú ves en tu propio mundo, hay muchas mujeres solas, hombres solos y también como acabas de contemplar, hay muchos seres que por derecho propio, se dedican a los placeres prohibidos. Pero no condenemos a esos pobres seres que sufren tanto, mejor debes entregar la verdad para que conociéndola, también lleguen a ser libres, ¿no te parece?

Así había concluido aquella amarga lección.

Yo me quedé pensando: Es cierto, todos pagamos en este plano físico; aquí se pagan las burlas y las malas acciones. ¿Cuántas veces en el mundo no nos hemos burlado abiertamente de la desdicha y el dolor de otras personas?

Así estaba pensando cuando volví a escuchar la voz de mi amigo:

¾ Veo que ahora estás comprendiendo verdaderamente la realidad a la que se enfrenta diariamente el ser humano. Respeta a todos los seres para que te respeten a ti... No te burles de nada ni de nadie para que nadie se burle de ti.

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