Capítulo XXIX
El Infra.
Estando en una ocasión fuera de mi cuerpo físico, me llevaron nuevamente a recibir instrucción. Esta vez fui llevado a un antro de vicio.
La alegría se desbordaba entre todos los concurrentes, por todos lados se escuchaban risas y palabras alegres... diversidad de personas que bebían. Luego, al son de estruendosa música, muchos de los asistentes se dejaron llevar en aras de las pasiones desbordadas.
En aquel antro de perdición se veía cómo se entregaban unos con otros cometiendo actos que ellos estaban seguros eran sanos. Allí se "desinhibían" y dando rienda suelta seguían en aquellos actos sensuales y apasionados.
Pasaban las horas y los parroquianos se fueron poco a poco de aquel lugar. Ya avanzada la madrugada, aquella alegría había sido sustituida por borrachera, llanto y dolor. Parecía que la alegría hubiera servido de acicate para el desbordamiento posterior de tanta amargura.
En un rincón de aquel antro estaba un grupo de mujeres que lloraban amargamente, unas con las pinturas descompuestas en su rostro, otras despeinadas, otras con los vestidos desgarrados, otras sin zapatos; unas gritaban desesperadas llorando su desgracia, otras se burlaban de la vida y otras más quebraban botellas contra los filos de las mesas retaban a duelo a los pocos borrachitos que permanecían allí.
¾ ¿A qué me has traído a este lugar? ¾ Pregunté a mi amigo, pero éste no contestó.
Aquellos parroquianos hacían esfuerzo por despertar de su borrachera y haciendo frente a la agresión se defendían como podían.
De pronto, una de aquellas mujeres con su pelo alborotado, llorando y gritando maldiciones, botella en mano, atacó a uno de aquellos hombres desgarrándole una mano con el vidrio. El dolor lo hizo reaccionar y de un manotazo derribó a la atrevida mujer, y ofensas, improperios y maldiciones le llovieron a la caída.
Luego aquel grupo de mujeres adoloridas se abalanzó contra aquel hombre herido... instantes después varios policías intervenían imponiendo el orden.
Después de aquel incidente, aquel grupo de mujeres continuaron llorando y maldiciendo el día en que habían nacido... insultando y maldiciendo a todos los hombres de la tierra. De ninguna manera habían abandonado ese sentimiento de venganza feroz y así continuaron durante horas, unas llorando, otras riendo amargamente, otras acariciando el filo de aquellas botellas rotas.
El herido se había retirado con mirada amenazadora y había jurado vengarse profiriendo maldiciones.
¾ ¡Por favor! Compañero, por favor dime qué significa todo esto.
Entonces mi amigo habló:
¾ Son las consecuencias de las pasiones desbordadas; son las combinaciones de la alegría mal entendida, el humo de las drogas, los vapores del alcohol y principalmente es el grito de la conciencia de aquellas pobres niñas que desde hace mucho tiempo han sido pisoteadas sin ninguna consideración. Imagínate una hermosa rosa blanca que ha sido arrojada al fango en donde muchos marranos la pisotean sin detenerse; y date cuenta que a aquellos marranos acostumbrados a vivir en el fango no les importa nada la blancura y la fragancia de aquella rosa, e imagínate también a esos mismos marranos pisoteando a una hermosa perla dorada que por error cayera también entre sus patas en medio de aquel fango pestilente.
Al momento comprendí aquel mensaje: muchas veces había visto en los planos superiores del cosmos cómo cada uno de los hijos del Señor brilla con esas luces multicolores; había visto también cómo los chakras colocados en los cuerpos de los hijos de Dios vibran y brillan con fuerza tremenda con las energía provenientes directamente del Padre. ¡No!, no era justo que aquellos pobres seres con vestidos femeninos, aunque pecadores, fueran pisoteados y expuestos a tanto mal... sin querer ya estaba pensando internamente y dando mi opinión. Y pensé: de cualquier manera ellas son culpables, ¿por qué no se retiran de ese horrible pecado?
Mi amigo intervino:
¾ Tú piensas así porque como dicen vulgarmente en tu mundo, no vives en su pellejo. Pero ellas no lo saben, para ellas es su forma de vivir, y en esa forma se ganan el pan de cada día.
¾ ¡Tal vez les guste esa forma de vivir equivocadamente!
¾ ¿Entonces no has comprendido el mensaje...? Debes comprender que en este mundo hay alguien a quien le gusta ver perdidos a los hijos de Dios.
¾ ¡Qué cobardía! ¡qué maldad! ¡qué injusto! Mi Dios no debería permitir este sufrimiento, este dolor.
Ahora veía a un grupo de hombres en aquel mismo antro de vicio. Algunos tenían sus carnes pudriéndose en medio de un olor asqueroso; otros apurando vasos de licor se dejaban llevar por unas sombras oscuras y a la vez asquerosas que los incitaban a tomar más y más alcohol. Mientras otros eran impulsados por otros no menos horribles y asquerosos engendros demoníacos a continuar fornicando con otro grupo de mujeres igualmente desfiguradas y que lucían en sus cuerpos internos unas llagas que destilaban una pus sanguinolenta.
Unas luces manchadas con sombras negras y café oscuro anunciaron de pronto el espectáculo estrella de aquella noche. Al instante salieron a escena unas mujeres de figuras provocativas. Al compás de una música excitante y sensual incitaban a los asistentes al pecado. Aquellos seres estaban tan embebidos contemplando aquel espectáculo que no se daban cuenta que detrás de aquellas mujeres vibraban y bailaban unos asquerosos demonios mitad mujer y mitad hombre.
Aquello era desquiciante, la música sensual y provocativa había hecho que un enorme agujero negro se formara al pie de aquellas bailarinas... allí en medio de aquel agujero tremendamente oscuro seguía bailando la figura principal. De pronto, sus movimientos se paralizaron y cayó al suelo; al instante su espíritu o real ser había caído en aquel agujero negro el cual como si se tratara de un bocado, devoró en instantes a aquella desdichada. Luego desaparecieron tanto el agujero negro como la bailarina quedando en medio de aquella nefasta pista de baile el cuerpo sin vida de aquel pobre ser. Las demás personas de aquel antro de perdición, acostumbradas a las tragedias, siguieron bebiendo y divirtiéndose. El grupo de bailarinas, todas, se detuvieron espantadas... alcohol, masajes, respiración de boca a boca... Todo fue en vano. Aquella infeliz había sido devorada por aquel perverso agujero negro que se había presentado allí precisamente.
¾ ¡Un infarto! ¡Fue un infarto! ¾ Gritaron los presentes, alarmados.
¾ ¿Qué objeto tiene contemplar estas tragedias? ¾ Pensé en voz alta¾ ¡Al fin y al cabo cada cual vive su vida como le da la gana!
¾ Veo que sigues pensando equivocadamente como lo hace la mayoría en este mundo.
De pronto sentí una gran pena en mi corazón y tuve ganas de llorar. Tenía razón mi amigo; esto que estaba presenciando era una terrible tragedia.
¾ ¿Te das cuenta que ese pobre ser que ha desaparecido ya no volverá a tener ninguna oportunidad? Él mismo se ha entregado voluntariamente a su fracaso y a su perdición. Nuestro Señor, el Padre Todopoderoso siempre está presto a proporcionar y entregar lo mejor de sí mismo para todos sus hijos; el Padre sufre cuando sus hijos se pierden y así como los que son padres en el plano físico luchan incansablemente por el bien de sus hijos, así también el Padre que está en los cielos da lo mejor a sus hijos. Pero cuando esos mismos hijos se retiran de la protección y del amor del Padre, ellos mismos se colocan en el peligro, ellos mismos rechazan el amor y la protección de nuestro divino Padre. No es el Padre quien los castiga, no es el Padre quien los rechaza, el Padre siempre les llama, les cobija y les cubre con el amor universal.
Mi amigo guardó silencio y yo me puse a pensar: Vale la pena conocer todo esto, vale la pena haber sufrido lo que me ha pasado en la vida a cambio de poder transmitir a la humanidad todo esto que es la verdad.
Ahora veía a una joven muy bella que había caído en aquel antro de perdición. Reía y gozaba y luego sufría desesperadamente igual que las otras mujeres que había visto llorar.
Pronto aquella juventud y belleza se habían transformado y ahora se le veía acabada, ojerosa, aburrida y enferma; había adquirido no una, sino varias enfermedades terribles. Las medicinas y atenciones de especialistas ya nada pudieron hacer. Desencarna y la veo en aquella oscuridad espantosa en donde no se distingue nada. Aquel pobre ser se muestra indiferente. Después de un tiempo, llegan unos ángeles de alas doradas y ropajes luminosos y se llevan a aquel pobre ser desvalido. La llevan a un punto en el espacio sideral. Pronto vuelvo a contemplar aquel hospital tan conocido, es el hospital de Alden. Aquel ser es depositado en una máquina; a través de un fino cristal se contempla su cuerpo astral. Un médico pincha con finísimo bisturí los órganos internos de aquel cuerpo y salen de su hígado y páncreas unos líquidos sanguinolentos mezclados con una pus pestilente manchada de negro, luego aquel médico hábilmente pincha los órganos reproductores y... ¡cosa increíble! Salen deslizándose grandes cantidades de bichos pequeños y asquerosos que no tienen parecido a ninguno de los animales que existen en la tierra, ¡son las horribles sabandijas de que hablan los antiguos! Aquellas sabandijas son depositadas en un cristal. Se presenta otro médico con unos cristales que cubren sus ojos, son una especie de lentes muy especiales; y contempla cómo aquellas sabandijas en aquel cristal son expuestas a una radiación con luces de colores. Un débil zumbido se escucha y aquellas sabandijas desaparecen en medio de la radiación. Luego los órganos internos son limpiados y desmanchados con unos líquidos desconocidos. Poco a poco aquella enferma va adquiriendo un color sonrosado; poco a poco todo su ser interior se va rejuveneciendo. Entonces se ve su cara, sus manos y todo su cuerpo con una piel reluciente y fina. Luego aquella mujer vuelve a nacer, crece y vuelve a caer en la prostitución... vuelve a perderse y luego muere.
Se le vuelve a dar aquel maravilloso tratamiento en el hospital de Alden; pero ahora por más tratamientos, por más luchas que se le hacen, aquellas sabandijas no tienen fin... le son retiradas de sus órganos reproductores y como una verdadera plaga vuelven a nacer, se vuelven a reproducir, vuelven a infestar todo su cuerpo. Los médicos mueven la cabeza dando a entender que todo es inútil; aquella enferma ya no tiene salvación. Se ha hecho lo que se ha podido. También en el hospital de Alden suelen agotarse los recursos. La enferma también ha agotado sus defensas, se ha dejado llevar en muchas de sus encarnaciones por el espejismo y la ilusión que le ha presentado siempre el camino anchuroso de la vida.
Y me dice mi amigo:
¾ Han vuelto a triunfar las tendencias.
La mujer vuelve a nacer en este mundo. Ahora vive una vida normal, pero se hace presente en su cuerpo el terrible cáncer. Aparece precisamente en sus órganos reproductores y avanza con rapidez. Medicina nuclear, radiaciones, remedios... todo en inútil. Aquel organismo está infectado por aquellas sabandijas que como una peste avanzan incontenibles en aquel desdichado ser. Sólo la medicina del Amor del Todopoderoso es capaz de detener el avance del cruel flagelo que mina la salud de aquella desdichada mujer.
¾ ¿Pero cómo puede intervenir el divino amor celestial, si aquel ser por su propia voluntad se ha echado a perder?
Y me dice mi amigo:
¾ ¿Recuerdas lo que te he dicho muchas veces? La voluntad de cada ser humano es un don sagrado que no se puede violar, porque así aprende, a veces con dolor y a veces placenteramente las lecciones muchas veces amargas de la vida. Recuerda también lo que se te ha dicho infinidad de veces: El ser humano retorna nuevamente al mundo físico a seguir evolucionando, pero la misma tendencia de otras existencias interviene, los apetitos vuelven a despertar y aquella tendencia lo vuelve a hundir en el fango de su propia vida. Un ladrón que ha sido ladrón en muchas existencias pasadas, volverá a nacer y sentirá nuevamente el impulso de apoderarse de las cosas ajenas... la cleptomanía es ya una costumbre, la persona siente emoción y gozo al volver a robar. Un alcohólico volverá a sentir el deseo y el deleite de ingerir licor. Un comerciante volverá a ser comerciante y volverá a sentir el impulso de lograr más y más ganancias, muchas veces en perjuicio de sus semejantes. El avaro volverá a atesorar riquezas, dejará de comer y sus riquezas alimentarán su avaricia... y así sucesivamente.