Capítulo XXVI
Los Vuelos Programados.
En otra ocasión estando en casa de Chelo, ésta me dijo:
¾ Debes prepararte para el próximo 21 de marzo porque te voy a mandar a volar...
Me quedé pensando si me estaría jugando una broma o me iba a despedir de aquel lugar que tanto me gustaba frecuentar... en donde se presentaban día con día aquellos extraños casos tan interesantes. Reaccionando le dije:
¾ ¡Estoy dispuesto a lo que sea! Si usted me cuida.
¾ ¡Por supuesto que te cuidaré! Allí estaré presente.
Así me seguía presentando los jueves y los domingos. Era yo siempre el primero en llegar acomidiéndome a barrer, a acomodar las flores y a ayudar a Chelo en lo que me mandara.
¾ Muy bien ¾ me volvió a decir un domingo¾ , ya está cerca el día 21. ¿Estás preparado?
¾ ¡Claro que estoy preparado!
Seguí lavando los floreros en tanto ella subió a su habitación.
Luego me senté en una de las bancas. Poco a poco me fui quedando dormido disfrutando de aquella paz y de aquella tremenda energía que se sentía en todo el recinto. Aquella fuerza era también a la vez un delicioso perfume y al mismo tiempo era también un gran chisporroteo de luces blancas y azules... Me quedé dormido y desperté hasta que sentí pasos. Eran las personas del pueblo que empezaban a acomodarse en las blancas bancas.
El domingo anterior al 21 de Marzo, Chelo me volvió a decir que ya todo estaba preparado y que nos veríamos allí en su casa a las cinco de la mañana; que llevara de preferencia frutas para comer y agua para beber. Que no debía cenar la noche anterior y que debía presentarme limpio y dispuesto a salir en astral.
Puntualmente a las cinco de la madrugada me presenté y Chelo ya estaba lista. Enseguida salimos rumbo al cerro de la virgen; nos trasladamos en un automóvil y en un ratito más, nos encontrábamos arriba en medio de la oscuridad...
Primero contemplamos las estrellas. Luego me dijo Chelo:
¾ Vamos a buscar un buen lugar en donde deberás desprenderte de tu cuerpo físico y a ver Dios qué dispone.
Nos sentamos cómodamente sobre unas piedras.
Chelo se acercó y me ordenó cerrar los ojos. Luego empezó a darme pases magnéticos con sus manos...
Con los ojos cerrados veía yo que de las palmas de las manos de Chelo se desprendía una luz blanca... sus manos parecían espejos; al sentir aquellos pases, sentí nuevamente una tremenda energía que me hizo desprender de golpe. Me sentí totalmente fuera de mi cuerpo físico y volví a ver en medio de aquella oscuridad, las lucesitas cintilando y al mismo tiempo algo así como si millones de estrellas de colores prendieran y apagaran.
¾ Vas a tratar de alejarte lo más que puedas de tu físico...
Me ordenó Chelo y luego dijo:
¾ Sin ningún temor deja tu envoltura física.
De pronto sentí que me encontraba muy lejos de mi cuerpo físico... y a la vez estaba allí tan cerca que sentía la presencia de Chelo presta siempre a cuidarme. Así permanecí mucho rato. No sentía cansancio en mi físico, y en mi ser interior sentía aquella felicidad enorme difícil de describir…Era como si alguien que me quisiera mucho, me tuviera allí disfrutando del mejor de los regalos.
Luego escuché allá muy lejos cómo Chelo saludaba a alguien:
¾ La paz sea con usted, mi hermano.
El recién llegado le contestaba:
¾ Y esté con usted, mi hermana.
Aquella persona a la cual había escuchado guardó silencio y no volvió a hablar.
Me olvidé del visitante cuando Chelo me ordenó:
¾ Ahora vas a tratar de levantar tu cuerpo físico sin regresar a él.
Qué extraña orden, me dije a mí mismo sin comprender.
Chelo volvió a ordenar:
¾ Vas a levantar tu cuerpo físico sin regresar a él.
Por más esfuerzos que hacía, yo no podía levantar aquel pesado cuerpo físico que me pertenecía. Chelo volvió a ordenar y repitió aquellos pases magnéticos. Entonces, como si fuera un milagro, sentí cómo mi cuerpo se elevó unos centímetros y así permaneció unos instantes; pero de pronto sentí que estaba sentado nuevamente en aquella piedra.
Escuché imperiosamente la voz de Chelo a volver a intentarlo pero ya no pude. Luego me dijo:
¾ No temas que estamos contigo.
A la vez que volvía con su propia fuerza a hacerme reaccionar. Nuevamente volví a sentir aquel tirón para arriba y entonces mi físico se elevó un poco más. Así estuvimos intentando aquella proeza hasta que por fin sentí que mi cuerpo físico ya estaba flotando tranquilamente unos metros por encima del suelo. Entonces vino el silencio y yo sentía mi cuerpo flotando inmóvil y mi interno a un lado de él. Después de un rato, dijo Chelo:
¾ Vas a regresar aquí abajo y volverás a dejar tu físico en la piedra.
Poco a poco fui bajando y sentí claramente cuando mi cuerpo quedó sentado en la piedra un tanto rígido.
¾ Retírate nuevamente de tu físico ahora más lejos...
Yo, obediente, volví a alejarme mucho más que antes y esta vez sentí cómo mi cuerpo físico quedaba frío y tieso y su respiración era acompasada, pero yo la sentía lejana; es decir, entre latido y latido había un espacio de tiempo mayor.
¾ No te retires totalmente porque es peligroso.
Después de unos minutos me volvió a ordenar:
¾ Regresa y sin tomar posesión de tu envoltura física, vuélvela a elevar; quiero que ahora sea el doble de altura y nada temas porque estamos contigo.
Una vez más sentí el estirón hacia arriba y mi cuerpo físico quedó suspendido como a veinte metros del suelo.
¾ Ahora trata de levantarlo y mecerlo.
Y así lo hice. ¡Qué maravilloso!
Así estuvimos haciendo aquellos trabajos hasta que, allá muy detrás de nosotros empezó a amanecer y los cerros a vestirse de luz. A lo lejos, en medio de montañas se veían los primeros rayos de sol alumbrando el nuevo día.
Enseguida Chelo me ordenó:
¾ Regresa poco a poco a tu físico; despacio porque es muy peligroso.
Pronto estuve dentro de mi cuerpo físico deleitándome de aquella maravillosa experiencia.
¾ Abrirás lentamente tus ojos y luego me dirás cómo te sientes, muchacho.
Fue lo que me dijo Chelo a la vez que me seguía dando aquellos pases. Abrí los ojos y estiré las piernas... moví los brazos y dije a Chelo que me sentía muy bien.
¾ ¡Perfecto! ¿Quieres continuar, o ya lo dejamos así?
Aunque sentía hambre, pues pasaba de las siete de la mañana, dije a Chelo que quería continuar.
¾ Muy bien; caminemos hasta aquellas rocas.
Llegamos a unas rocas que tenían más o menos dos metros de altura. Ella me ordenó sentarme en la falda de aquellas rocas y me pidió prepararme para salir nuevamente en astral. Pronto me inundó la libertad y felicidad que se sienten al hacer este ejercicio.
¾ Levanta de nuevo tu físico.
Así lo hice y ahora con mayor facilidad.
¾ Vas a sentar tu físico arriba de las rocas.
Hice lo que me ordenó, pero por falta de experiencia, había dejado mi físico a la orilla de la roca.
¾ ¡No, no mi hermano! Tenga usted mucho cuidado porque puede ser fatal una caída en un descuido... Mejor baja nuevamente tu físico y nos iremos de aquí; regresa a tu envoltura física.
Luego de unos instantes ya estaba en mi cuerpo físico.
¾ Abre tus ojos y me dirás si te encuentras bien.
Después de unos minutos en que me había quedado pensando en cuántas maravillas verdaderas podemos hacer con la naturaleza que nos ha brindado el señor Todopoderoso, escuché la voz de Chelo que me ordenaba no volver a intentar salir del cuerpo físico.
¾ Es que ya debemos irnos porque no faltarán curiosos que puedan interrumpir nuestras labores y resultaría muy peligroso principalmente para ti, mi hermano.
Entonces pregunté a mi guía:
¾ ¿Y dónde está la persona con la que usted hablaba antes del amanecer?
Ella echó a reír con ganas y me respondió:
¾ No se ha alejado, aquí está, y me extraña que no lo hayas percibido.
¾ Exactamente, como no lo he percibido por eso es mi pregunta.
¾ Pues prepárate porque él está aquí cuidándote.
¾ Le ruego me permita ¾ dije a Chelo¾ , continuar con estas experiencias maravillosas, y pido a la gran Ley universal que nadie venga a interrumpirnos.
Chelo asintiendo con la cabeza dijo:
¾ ¡Que así sea!
¾ Volví a sentarme en el suelo sin importarme que pudiera haber espinas; pues unos nopales estaban muy cerca de mí. Cerré los ojos y voluntariamente me alejé de mi físico... pronto volví a escuchar allá muy lejos las órdenes de Chelo:
¾ ¡Levanta tu físico únicamente cinco metros!
Pronto mi físico ya estaba flotando.
¾ Abandona la posición en la que está tu cuerpo, estíralo, quiero que quede en posición vertical y con los brazos levantados en forma de cruz.
Sentí cómo aquel cuerpo tan tieso y frío no obedecía mis órdenes. Hice un gran esfuerzo y después de unos momentos logré que mi cuerpo quedara en forma de cruz.
¾ Mueve los brazos ¾ ordenó Chelo¾ , acércate más a tu físico sin tomar posesión de él.
Obedecí. Empecé a mover los brazos de mi físico, y ¡oh maravilla!, sentí cómo deliciosamente emprendía el vuelo como si fuera un ave. Mis pies colgaban y estaban inmóviles, mi cabeza tiesa sin movimiento, pero lo más maravilloso era que todo a mi alrededor en mi cuerpo físico y en mi interno había una especie de campo magnético en donde vibraba algo, algún sentimiento desconocido que me pareció el más grande de los amores... quise llorar de felicidad pero la verdad no tuve conciencia de cómo sucedió, pues unos segundos después sentí cómo escurrían por mis mejillas físicas lágrimas de felicidad.
¾ ¡Volar... volar! ¾ Me ordenaba Chelo.
Y yo lo hacía al pie de la letra.
¾ ¡Aléjate y regresa!
Me seguía gritando y su voz la escuchaba muy lejos:
¾ No temas hijo, ése hermano está muy cerca de ti, no temas.
Entonces yo agitaba mis brazos y seguía volando deliciosamente. Podía elevarme y descender. Podía dar vueltas en el espacio y regresar hacia donde estaba Chelo esperándome. Luego, como un susurro escuché que alguien junto a mí también volaba y me llamaba por mi nombre. Una gran luz se encontraba a mi lado derecho, sólo era eso: una gran luz con muchos colores que aumentaba su volúmen y volvía a disminuir.
¾ ¿Satisfecho? ¾ Me preguntó aquella luz.
Entonces dije para mis adentros: Qué extraño, no tiene brazos ni manos y sin embargo siento que me sostiene y me ayuda a volar... Qué extraño que no tenga ojos y sin embargo me ve; no tiene boca y me habla.
¾ ¿Satisfecho? ¾ Me volvió a preguntar aquella maravillosa presencia.
¾ Sí, estoy muy satisfecho y doy gracias a Dios por su infinita bondad.
¾ Bien ¾ dijo la luz¾ , vamos a regresar, que Chelo nos espera.
Sentí cómo deliciosamente aquella fuerza, energía, luz, presencia o lo que fuera me llevaba sin tocar mis manos ni ninguna parte de mi cuerpo físico y me depositó suavemente en el suelo. Mi cuerpo quedó inmóvil de pie en aquel lugar respirando tranquilamente. Entonces volví a escuchar la voz autoritaria de Chelo que me dijo:
¾ Regresa poco a poco a tu envoltura física y abrirás los ojos y me dirás si te encuentras bien.
Obedeciendo sus órdenes pronto estuve en mi físico dándole las gracias.
¾ A mí no debes darme las gracias; es a Dios a quien le debemos todo. Yo sólo soy un humilde instrumento del Señor.
Guardé silencio. Cerré los ojos y agradecí al Todopoderoso por aquella grandeza que me había concedido.
¾ Y bien, ¿quién era ese hermano tan resplandeciente que te acompañó en tu viaje? ¾ Me preguntó sonriendo Chelo.
¾ No sé quién sea.
¾ Lo tuviste tanto tiempo cerca de ti, ¿y no fuiste capaz de preguntarle su nombre?
Comprendiendo mi torpeza, sólo incliné la cabeza.
Luego dijo Chelo:
¾ Debemos alimentar nuestros cuerpos físicos, ¿verdad?
Y sin más, comimos las frutas y bebimos el agua que me parecieron los más exquisitos manjares.
¾ ¿Me permite una sola pregunta, Chelo?
¾ ¡Adelante!
¾ ¿Cuándo volveremos a realizar estas experiencias?
¾ Me temo que no volveremos a intentarlo.
¾ Pero, ¿por qué?
¾ En tal caso tendrás que esperar hasta dentro de un año exactamente en que vuelva el equinoccio de primavera.
¾ Pero, ¿qué tiene en particular? ¿Qué no podemos hacerlo en otras fechas?
¾ No; es que durante el equinoccio de primavera hay fuerzas, energías o estados que no me es permitido revelarte y que actúan directamente con este prodigio que acabas de realizar.
Luego empezó a caminar hasta donde estaba el coche esperándonos.
Ya en el automóvil volví a preguntarle y ella sonriendo me contestó:
¾ No seas ansioso hijo, conténtate con que nuestro gran Padre universal te haya dado este hermoso regalo en esta fecha tan señalada.
Y luego dijo:
¾ Hijo, date cuenta que este trabajo en manos de personas sin escrúpulos es una verdadera bomba de tiempo; no hubo curiosos, pero imagínate lo que pudiera ocurrirnos y el peligro tan grande que pudieras haber enfrentado, pues no estabas dentro de tu cuerpo físico y estabas en las alturas.
¾ ¡Tiene usted mucha razón!
Yo seguí manejando y sintiendo aquella maravillosa felicidad cuando Chelo me dijo:
¾ Y dime hijo, ¿qué sentiste cuando te ordené que subieras tu físico en aquellas rocas?
Yo iba ensimismado con el pensamiento lejos de allí.
¾ No ¾ ella insistió¾ , no pretendas que te crea que no te acuerdas de nada, pues tu espíritu es muy viejo y debido a esto, está muy evolucionado y te aseguro que de todo te acuerdas... ¿Sentiste miedo?
¾ Yo no sentí miedo ni nada, ya que tenía la seguridad que usted me estaba cuidando y que no corría ningún peligro.
¾ ¡Te felicito! Pero quiero que te des cuenta lo peligroso que sería un descuido o que alguien sin protección ni experiencia intentara realizar las experiencias que hemos hecho, pues resulta peligroso... demasiado peligroso tanto para el físico como para el espíritu, pues un pequeño descuido, una caída y muere el cuerpo físico y el espíritu ya no podría volver pasando a otra dimensión, tal vez a la felicidad, tal vez al sufrimiento.
Y sin agregar más, permaneció callada el resto del camino.
Yo seguía pensando en aquel misterioso acompañante. ¿Quién era? ¿Qué hacía en el espacio? Ciertamente sentía su compañía y apoyo, grande apoyo pero, ¿de dónde vino? ¿En qué momento se puso de acuerdo con Chelo para acompañarnos? ¿O acaso era el guía de Chelo...?
Intenté hacer hablar a Chelo, pero me arrepentí al ver que venía con los ojos cerrados, tal vez dormida... o tal vez fuera de su físico.
Durante muchas semanas todo continuó igual. Chelo dedicada a sus enfermos, haciendo caridades y atenta a los trabajos de los jueves y domingos.
Yo no había tenido más experiencias astrales, pero seguía con el mismo entusiasmo. Unas veces con profundo miedo... otras veces con la seguridad de estar protegido, pero seguía el deseo latente en mi corazón. Yo quería volver a volar.
Por fin mi deseo se cumplió una noche de luna.
De pronto, me vi fuera de mi físico. Me veía flotando dulcemente encima de las montañas. Entonces volví a experimentar aquella maravillosa sensación.
Extendí los brazos en forma de cruz, los agité y empecé a volar. Pero ahora tenía la rara sensación de que algo me amenazaba por debajo de mí. Intentaba tomar altura, pero inversamente a mi deseo de subir, bajaba y sentía que algo quería tomarme por los pies para derribarme... Empecé a sentir pavor, al momento que sentía claramente que algo rozaba mis pies. Era tanta la desesperación que no me había dado cuenta que frente a mí estaba Chelo flotando en medio de aquel espacio iluminado por la luna llena.
Chelo extendió sus manos y me tomó, elevándonos muy alto. Así continuamos en medio de aquel maravilloso deleite volando. Luego llegamos a una pirámide que estaba en medio de una amplia planicie. Chelo suavemente me depositó en la parte alta de aquella pirámide que brillaba con una luz plateada que a la distancia reflejaba la luz de la luna. Chelo levantó la mano derecha e hizo un saludo al estilo militar diciendo:
¾ ¡Misión cumplida!
Luego se fue alejando poco a poco hasta desaparecer completamente.
Me había quedado solo en aquella pirámide. De pronto, escuché cantos y me llegó un olor a copal. ¿Pero cómo es esto? Pensé; ¿cómo es posible que ahora estando fuera de mi cuerpo físico también pueda captar olores materiales?
Sin más ni más, escuché aquella voz tan conocida que me dijo:
¾ Se están desarrollando tus sentidos no únicamente en lo material sino también en lo espiritual.
Entonces vi cómo un hombre alto, con un gran penacho de plumas de colores vistosos iba subiendo por una escalinata de piedra y se detuvo hasta donde había algo así como un gran pebetero en donde se quemaba aquel copal que despedía el agradable perfume. El hombre se detuvo a escasos centímetros de aquel pebetero, se hincó, levantó la vista hacia el infinito y así permaneció unos momentos; luego se dirigió con grande voz a unos pocos hombres que estaban reunidos en un grupo circular allá abajo al pie de la pirámide. De momento no pude entender lo que les decía pues hablaba una lengua extraña que en nada se parecía a mi idioma, aquellos hombres estaban igualmente ataviados como el que les hablaba desde arriba. Todos llevaban unos zapatos parecidos a mocasines. Estaban casi desnudos, con tan sólo un taparrabos y llevaban también un penacho de plumas multicolores, pero en la frente llevaban una hermosa piedra verde transparente que lanzaba destellos de luz. La piel de aquellos hombres era morena clara y sus ojos eran como nunca en mi vida había visto ojos iguales, pues eran blancos transparente con la pupila negra.
A una orden del jefe, aquel grupo de hombres se dirigió a un montón de cubos de piedra más o menos grandes; cada hombre se puso frente a cada bloque de piedra fijando su mirada y luego cerrando los ojos aparentemente se concentraban en aquellas piedras las cuales después de unos momentos empezaron a subir y a flotar en el espacio. Luego de otra orden, aquellas piedras se alejaban varios metros siempre flotando y luego regresaban. Aquello duró como media hora, luego cada hombre se sentó en posición de flor de loto cerrando sus ojos y empezaron a subir flotando...
Volvieron a bajar y sin abrir los ojos se pusieron de pie, luego con los ojos cerrados empezaron a levantarse en vuelo y uno a uno fueron penetrando en una puerta que había en aquella pirámide como a veinte metros de altura y así como iban entrando, desaparecían y no los volví a ver. El personaje que parecía ser el jefe, seguía allí encima de aquella pirámide con la vista perdida en el infinito y así permaneció por mucho tiempo.
¿A qué ceremonia había yo asistido? Y así permanecí pensando largo rato...
De pronto, escuché la voz de mi amigo que me dijo:
¾ Esto es parte de tu preparación y desarrollo. Te hemos traído al pasado para que contemples a estos antepasados y su adelanto, pues en tu mundo comúnmente se dice que son indígenas atrasados y primitivos y ya ves que no es tal cosa, pues en lo interno estaban muy desarrollados.