Capítulo XXV
Extrañas Presencias.
A mis familiares y amigos les platicaba de mis experiencias y de mi interés en los ovnis y los extraterrestres, y les hablaba de la realidad: que existen otros hombres, otros mundos... Algunos se burlaban abiertamente, otros me consideraban loco y sólo unos pocos, poquísimos me escuchaban con interés.
Un día fui a visitar a mi padre a su taller. Después de los consabidos saludos, mi querido padre me dijo:
¾ Hijo, a ti que te gustan los ovnis, te voy a decir lo que un amigo me acaba de platicar: que una noche llegó hasta la casa de mi amigo una señora de nombre Sofía, la cual le preguntó:
¾ ¿Me das un ride?
¾ ¿Pues adónde quieres ir? Si son las once de la noche.
¾ Ándale, llévame, pues tengo que estar lo más pronto posible en el rancho "fulano".
Como eran unos quince kilómetros, el buen hombre no se negó a llevar a la señora a su destino... pero, mucho antes de llegar al rancho, de repente la señora le dijo:
¾ ¡Bájame aquí! ¿Cuánto te debo?
Era un lugar lleno de nopales y mezquites y todo era oscuridad.
¾ Pero... ¿cómo te voy a dejar aquí sola?
Apresuradamente doña Sofía bajó del coche y se encaminó hacia la parte trasera del mismo... El señor estuvo esperando allí un rato. De pronto, como a diez metros del auto, se levantó un gran remolino de luces y arena que giraban estrepitosamente; una gran luz blanca pasó encima del carro golpeándolo con la arena. Al momento de pasar encima del coche aquella luz, el hombre sintió según sus palabras: "Como si una tremenda energía le oprimiera su cabeza; como si a fuerzas le hubieran puesto un casco"... Aquella luz siguió girando hacia arriba y se perdió en el espacio en medio de la noche.
El hombre quedó aturdido, y después de unos diez minutos, ya repuesto de la impresión, arrancó el coche... no había avanzado más que unos cien metros, cuando de pronto frente a él aparecieron muchas lucesitas que giraban, lucesitas de colores que él pensó serían los ojos de animales, pues creyó que habría vacas y caballos en aquel lugar, y que tal vez con las luces del coche les brillaban los ojos... Grande fue su sorpresa al contemplar cómo en medio de aquella cerrada oscuridad, las lucesitas empezaron a dar vueltas. ¡Era una gran nave que medía más o menos cincuenta metros de diámetro! Tenía forma de plato y giraba dando vueltas. De pronto, se iluminaron unos grandes ventanales y la nave salió disparada hacia el espacio…Por el susto, nuestro hombre chocó su carro contra unos mezquites, pero tuvo todavía tiempo de bajar y contemplar cómo aquella enorme nave regresó hacia él dando una rápida vuelta en el espacio; entonces, el hombre sintió pavor y se metió en el automóvil... aquella nave dando otra vuelta se remontó al cielo y no volvió más.
Muy asustado, horas después dijo mi amigo que llegó preguntando a casa de la señora:
¾ ¿Y Sofía, dónde está Sofía?
Sus hijos le dijeron:
¾ Usted se la llevó; al contrario, usted díganos en dónde está, porque no ha regresado.
Así volvió día con día y la señora no había regresado...
Justo treinta días después, encontró a Sofía en su casa.
¾ ¿Dónde te has metido? ¿Adónde fuiste? ¿Qué misterio te traes? ¿Qué son esas luces que por poco y me matan...?
¾ No seas exagerado ¾ le contestó Sofía¾ . Son mis amigos y me han llevado a un mundo maravilloso en donde no existe el odio ni la maldad. Es un mundo lleno de paz y felicidad en donde todos trabajan para todos... Allí les importa una sola cosa: el bienestar de todos, y adoran a un sólo Dios. ¿Y sabes quién es ese Dios? El gran Maestro Jesucristo; el Dios del amor y del perdón, el camino, la verdad y la vida...
Luego doña Sofía no pudo aguantar reír a carcajadas:
¾ ¡Ja, ja, ja, te veías muy gracioso pelando tamaños ojones y con el pelo de punta!
¾ ¡¿Y cómo sabes tú eso; acaso me viste?!
¾ ¡Claro que te vi! ¡Y a mí se me hace que hasta te hiciste pipí de puro miedo!
Así estuvieron platicando toda la noche de aquel mundo maravilloso al que la habían llevado...
¾ ¿Y quiénes son tus amigos?
¾ Mira ¾ le dijo Sofía¾ , son unos hombres altos, como de 1.80 mts., son rubios y de ojos claros, visten unos trajes espaciales de color platino brillante; sus naves son discos voladores con grandes ventanales...
Interrumpiendo la emocionante plática, Sofía volteó hacia uno de sus hijos y le ordenó:
¾ ¡Hijo, tráeme los "gemelos" para mostrarle a éste, el mundo al que me llevaron!
Instantes después se presentó su hijo y le entregó unos binoculares. Luego salieron al patio.
¾ Mira... ¿ves aquella estrella...? Fíjate bien... a un lado se le ve una estrellita.
El hombre esforzándose, pues se le movía el pulso, alcanzó a ver una estrellita al lado de la otra estrella.
Luego, Sofía le dijo:
¾ Esa estrella es Júpiter, y esa estrellita es el mundo al que me llevaron mis amigos. Ellos me mostraron cuatro mundos que giran alrededor de Júpiter y el mayor es su hogar...
Seguidamente, Sofía dijo un poco triste a su acompañante:
¾ ¿Sabes? A ti porque eres mi amigo y te conozco desde hace muchos años te he platicado mi aventura... pero tendré que irme de aquí, pues el sacerdote ha recomendado a las personas que donde sea que me encuentren, deben golpearme o apedrearme, que porque lo que yo he visto y narrado, son cosas del "diablo".
Así terminó mi padre el relato de la aventura de su amigo con la señora Sofía.
Yo me di a la tarea de buscar a doña Sofía y con suerte la encontré en su casa. Le pregunté de su aventura y le expuse que me interesan sobremanera los ovnis y sus ocupantes. Inútiles fueron mis súplicas. Ella sólo se limitó a decir que aquella aventura era verdadera y que le pidiera a la Gran Ley Universal se me permitiera verlos, pues ellos existen y que no volvería a hablar de eso nunca más.
Volví a ir a su casa a buscarla pero ya no la encontré.
Pudo más el fanatismo y la ignorancia.
Si ella se hubiera propuesto, ¡cuántas cosas importantes se hubieran conocido!