Capítulo XXIV

 

 

 

Los Hermanos Menores.

 

 

 

Muchas veces el gran Maestro Jesucristo nos hablaba del deber de los humanos de respetar a nuestros hermanos menores cuidándolos y amándolos. La primera vez que escuché aquello no comprendí a lo que se refería... pero luego volvió a decirnos:

¾ Tus hermanos menores los vegetales y los animales también vienen a este mundo a evolucionar, y como tú evolucionas, ellos también merecen que les dejes evolucionar. No les hieras, no les destruyas; mejor entrégales cariño y comprensión... Pues, ¿sabes, bendita humanidad? En otros mundos el sembrador antes de depositar la semilla en la tierra lo primero que hace es entregarle amor, luego la bendice y después la deposita... y así cosecha en abundancia. Lo mismo los animalillos, cuando son amados y respetados, corresponden con amor, porque la base de la creación es el amor.

Ya no me acordada de aquella enseñanza...

Volví a salir de mi cuerpo físico. De pronto veía allá a lo lejos una carretera muy negra, muy bien delineada y más allá una curva muy cerrada. Por acá iba una pick-up que en la caja llevaba a un hermoso perro pastor alemán; el dueño iba manejando muy contento, orgulloso viendo por el espejo retrovisor a su perro que brincaba ladrando de un lado para otro. El hombre por un descuido no pudo dar bien la curva y salió disparado aquel noble animal que cayó de cabeza en la cinta asfáltica muriendo instantáneamente. Como pudo el conductor detuvo la camioneta y se bajó corriendo a auxiliar al can. Demasiado tarde... el perro había dejado de existir.

¾ ¿De existir...? ¿Dices tú, "de existir"?

Preguntó mi amigo y prosiguió:

¾ Fíjate muy bien y verás que no es así.

El perro al caer únicamente alcanzó a dar un gemido de dolor. El buen hombre levantó a su perro y lo depositó con mucho cuidado en la caja de la camioneta y así permaneció viéndolo largo rato.

Entonces vi cómo al momento mismo en que el hombre lo levantó, apareció otro perro transparente igual a aquel que había muerto... El chucho veía a su amo y veía también a aquel cadáver; sus nobles ojos no despegaban la vista a su dueño que derramó dos gruesas lágrimas. Entonces aquel perro transparente se acercó a su amo y lamió una de sus manos; el hombre con su otra mano se limpió la mano que había lamido el perro. ¿Casualidad? No, de ninguna manera. Aquel hombre amaba tanto a los animales que se había sensibilizado y lograba captar la presencia de su perro que ya no estaba en el plano físico. Pero el hombre desconocía aquel fenómeno de la naturaleza y sintiendo el roce de aquella lengua astral procedió con naturalidad a limpiarse como si hubiera sido quitarse de encima a un insecto.

El hombre tristemente se puso al volante nuevamente y arrancó la camioneta. El perro transparente quiso seguir junto a aquel cadáver... por momentos se fundía tanto en aquella carne sin vida, que volvían a ser uno sólo carne y cuerpo astral. Luego aquel ser transparente desapareció.

¾ ¿Qué pasa? ¾ Pregunté.

Mi amigo siempre presto, contestó:

¾ En los animales no es tanto el apego a la carne, y como no tienen intereses creados como los humanos, es más fácil que pronto se vayan a continuar con su evolución.

Intrigado, pregunté:

¾ ¿Podrías explicarme el proceso?

¾ Bueno... parece que ya te acostumbraste a que todo se te dé. ¿No crees que ya es tiempo de que tú mismo trates de investigar?

¾ Sí; pero no encuentro el modo de seguir investigando, pues todavía mi falta de preparación es mucha.

Mi amigo sonrió y me dijo:

¾ Todos los humanos están preparados para el conocimiento; pero están sumidos viviendo una vida de fantasía. Una vida que parece más bien un espejismo... se dejan llevar por lo que encuentran en el mundo sin preocuparse de lo que es primordial: del espíritu, y creen más en la materia. Mas la vida verdadera es el espíritu. Pero pasemos pues a lo que ha despertado tu interés...

Enseguida me preguntó:

¾ ¿Deseas que te explique? ¿No crees que mejor sería que tú mismo lo compruebes?

Y sonriendo nuevamente dejó que volvieran aquellas vivencias que más que hablar o explicar, con una escena, un símbolo o una videncia quedaba comprendido todo. Pues bien, de pronto vi otra vez a aquel perro pastor alemán; pero ahora lo veía por encima de un extenso valle... allá muy lejos se veían nubes blancas y un cielo azul. El perro de pie, con su larga cola que colgaba hacia abajo, sus orejas levantadas, su cabeza erguida y sus ojos de un café claro que me veían atentamente; ahora el animal ya no era transparente, sino más bien, material pero muy tenue. Así permaneció largo rato, luego dio media vuelta y empezó a alejarse hacia el oriente. Pronto llegó aquel animal a un lugar suspendido en el espacio en donde estaban reunidos una enorme cantidad de animales de distintas especies, razas y colores.

Allá entre aquellos animales estaban muchos ángeles, y digo ángeles porque no podían ser otra cosa. Aquellos seres eran rubios con cabello largo, su piel sonrosada, ojos azules, verdes o café claro; todos trabajaban rápidamente, unos limpiando los cuerpos de los animales con unas motas blancas que parecían capullos de algodón, otros con extraños aparatos proyectaban energías desconocidas en los animales; otros más también con aparatos desconocidos trabajaban con otros animales como si tomaran medidas en los cerebros, los ojos y los corazones; otros ángeles inyectando en las venas de otros animales unos líquidos multicolores... Yo estaba embelesado contemplando aquellas actividades; los ángeles seguían trabajando sin prestarnos atención a mi compañero y a mí.

Luego vimos cómo otros ángeles hacían maniobras en los cerebros de los animales que a mí me parecieron fantásticas, pues con especie de "goteros" maniobraban rápidamente de un lugar a otro de los cerebros depositando al mismo tiempo unas gotas o más bien energías que al hacer contacto en aquellos cerebros, lanzaban chispas de colores.

¾ ¡Pero, todo esto es increíble! ¾ Exclamé maravillado.

¾ ¡Shhit, silencio! ¾ Dijo mi amigo e hizo la seña para que callara.

Yo guardé silencio.

Luego pasamos a otro lugar en donde otros ángeles recibían a otras especies de animales desconocidos en la Tierra que llegaban en una especie de bandas. Los ángeles tomaban delicadamente a esos animales que tenían clara forma de ser bebés; los acariciaban, los levantaban y los observaban minuciosamente. Aquellos bebés ya tenían bien definido su sexo y los ángeles observaban el funcionamiento interno de los diferentes órganos y sistemas.

En aquel ambiente se respiraba y se sentía un infinito amor que invadía a todo y a todos los seres. Luego, por último, volví a quedar maravillado al contemplar cómo aquellos bebés seguían viajando a través de aquellas bandas que semejaban estar conformadas por energías multicolores como si se tratara de maravillosos arcoiris en movimiento. Luego desprendiéndose de aquellas bandas eran transportados por una corriente magnética que los hacía caer suavemente en unas enormes manos masculinas, las cuales también suavemente los hacían caer en el vientre de aquella mujer que volví a contemplar flotando en el espacio.

¾ Es la Madre Divina, ¿verdad? ¾ Pregunté, pero él guardó silencio.

Yo seguí contemplando cómo toda aquella enorme multitud de seres iban tomando acomodo en el enorme vientre materno de donde pasado un tiempo, luego salían los bebés para ser transportados por otra corriente de energía hacia los diferentes mundos que por millares se veían allá muy lejos.

Me quedé meditando por unos momentos hasta que escuché nuevamente a mi amigo que me decía:

¾ ¡Esta es la Creación! Con lo que se te ha permitido contemplar y que espero lo comuniques a los seres que pueblan tu mundo, serán contestadas muchas dudas.

Volví a sumirme en mis pensamientos, luego contesté a mi amigo:

¾ Tienes mucha razón; esto es necesario que lo sepa el mundo, ya que tenemos tan pobre concepto de los animales.

Mi amigo me interrumpió para señalarme:

¾ Tus hermanos menores.

Y yo continué diciendo convencido:

¾ En mi mundo muchos se sirven egoístamente de los animales indefensos únicamente para enriquecerse; otros con saña los destruyen, y ahora que he visto lo que es la vida, me avergüenzo de cómo la humanidad trata con desprecio e indiferencia a los animales que desvalidos vagan por las calles procurándose el sustento diario.

¾ Sí, es muy cierto. Los animales también tienen distintas misiones en la vida material: unos nos deleitan con sus maravillosos cantos, otros con sus lucidos plumajes, otros ayudando a la evolución, pero otros que están más cerca de la humanidad toman lecciones y experiencias que les servirán de mucho en su evolución cuando también alcancen un nivel similar al del humano, ¿me explico?

¾ Sí. Entiendo todo.

Entonces recordé cómo en cierta ocasión se presentó en aquella casita de oración de Chelo el espíritu de Quetzalcoatl y nos dijo que cuando él estuvo viviendo en estas tierras de América, enseñó a sus hermanos indígenas el respeto y el amor hacia los animales y nos explicó que el caballo y el perro se acercan mucho a la evolución humana porque dentro de poco tiempo algunos de ellos alcanzarán a ser humanos también.

¾ Así es, en efecto. Durante miles de años esos animales se van preparando a través de las consecutivas encarnaciones hasta alcanzar el nivel humano. Se van preparando adquiriendo experiencias reconociendo el lenguaje humano, aprendiendo y grabando en su conciencia cósmica muchos aspectos de la vida del hombre. Ellos observan a los humanos y captan sus sentimientos buenos y malos... se comunican con el hombre a través de la mente cósmica hablándoles por telepatía y sentimientos. Pero, pon atención: además de esos animales muy evolucionados, en los mares de tu mundo existen otros seres aún más evolucionados: los delfines, y casi todas las razas de ballenas que pueden comunicarse entre sí por medio de palabras codificadas, sonidos y telepatía aunados a sentimientos; y lo mismo, pueden comunicarse también con los humanos. Pero esos animales marinos están más alejados de los humanos y sólo de vez en cuando adquieren experiencias de los humanos. Al hombre le hace falta AMOR para poderse comunicar con esos animales marinos plenamente. Amor desinteresado y limpio que habita en el corazón de estos animales, pues al humano le falta el conocimiento pleno de que debe fundirse en el amor de toda la creación siendo un todo con sus hermanos menores los animales y también con los vegetales. ¿Has comprendido...? Pero esta vez quiero que en lugar de contestarme sí, quiero que dentro de ti mismo quede el convencimiento que hagas tuyo el conocimiento profundo.

¾ Sí.

Luego pregunté a mi amigo:

¾ Entonces, ¿esos ángeles siempre se encuentran trabajando?

¾ Contrariamente a lo que pudieras pensar ¾ respondió¾ , los ángeles y todos los seres al servicio de Dios, constantemente están trabajando. No hay nada ocioso en el reino de Dios, pues hasta las partículas más pequeñísimas se encuentran vibrando y los ángeles que acabas de ver, unos manejan la ingeniería celular, otros la ingeniería biológica y así todos tienen una especialidad adquirida a través de edades cósmicas.

De pronto me quedé pensando en la inteligencia que demuestran los caballos y recordé la vez que en un rancho presencié cómo un hombre enseñó a un caballo a aceptar la silla de montar. No fue cosa de un rato, sino que durante varios días aquel joven caballo se sacudía con rebeldía la silla de montar; pero la destreza y la firmeza del hombre lo dominaron hasta que llegó el momento que dócilmente se dejó montar, demostrando en sus ojos que había aprendido aquellas lecciones; luego aquel hombre premió a su caballo dándole un terrón de azúcar.

Mi querido amigo adivinando mis pensamientos, me preguntó:

¾ Y bien, ¿a qué conclusión has llegado? ¿Qué me dices? ¿Habrá inteligencia en el animal, o serán instintos, como dice la humanidad?

¾ Hace mucho que estoy convencido que en todo existe la inteligencia, y mayormente en muchas especies de animales, pues no pueden ser simples instintos.

¾ ¿Quieres ver otra clase de caballos?

¾ Con mucho gusto.

Entonces sentí que alguien a quien no veía me tomó de la mano y empezamos a volar a gran velocidad en el espacio. Volábamos tranquilamente y sentí cómo rodeábamos los mundos que íbamos atravesando. Luego vi a lejos una rara combinación de dos estrellas juntas; una era grande y la otra ligeramente menor... pero lo raro era que las dos estrellas servían de centro gravitatorio, pues alrededor de ellas giraba una veintena de mundos de diferentes tamaños y a su vez alrededor de algunos de aquellos astros, giraban otros tantos más pequeños que sin duda eran satélites o lunas.

Aquellas dos estrellas o soles despedían un fuerte resplandor amarillo-blanquecino y todo el conjunto emanaba una radiación muy curiosa, era como si todo aquel conjunto fuera un sólo ser que respiraba, pues latía y emitía algo así como un murmullo que me pareció era un canto. Nos acercamos poco a poco a todo aquel conjunto y nos detuvimos junto al último de aquellos mundos. Era un mundo tan alejado que aparecía desierto, sin montañas ni mares, era como una grande roca sin ninguna clase de vida.

Luego volamos hasta a otro mundo en donde llegaba la luz de aquellos dos extraños soles en toda su inmensidad. Allí había vegetales desconocidos; algunos eran como los cactos de la Tierra, hojas redondas y grandes pero sin espinas y en medio de cada hoja una flor anaranjada con dos pétalos, y dentro de cada flor había un fruto que daba la impresión de ser una nuez que con toda seguridad era comestible. En ese mundo no había tampoco montañas ni mares, pero sí había muchas nubes blancas que aparentemente en la madrugada soltaban una humedad que llegaba hasta la superficie de la tierra en forma de rocío con el cual se alimentaban aquellas plantas.

¾ ¿De dónde adquieren esa humedad las nubes si no hay mares? ¾ Pregunté.

¾ Todo es diferente en este mundo ¾ dijo mi amigo¾ , observa con cuidado.

Entonces vi la grandeza del Padre manifestada en ese mundo: Abajo de su superficie había diseminadas por todos lados algo así como ampollas de agua en donde por el mismo sistema de evaporación que conocemos en la Tierra, se cargaban las nubes con humedad. Luego ocurrió algo muy bonito, cerca de aquellas ampollas de agua existían muchos conjuntos de casitas como pueblitos en donde vivían unos seres como enanitos con formas parecidas a las humanas pero estaban muy lejos de ser humanos. Aquellos seres más bien eran como una combinación de ranas y lagartijas, pues la cabeza la tenían alargada muy semejante a la de la lagartija y el cuerpo totalmente era cual ranas esbeltas. Aquellos personajes caminaban erguidos en dos patas, eran inteligentes y tenían en sus manos cuatro largos dedos que les servían para desempeñar diversas tareas; en los pies tenían tres largos dedos que usaban para caminar y un cuarto dedo más pequeño que les servía para apoyarse curiosamente ya que me daba la impresión de ver a mujeres caminando con tacones altos. Aquellos seres no hablaban, seguramente se comunicaban por telepatía.

Entonces me dijo mi amigo:

¾ Veo que ya te diste cuenta en qué forma se comunican estos seres. Así te irás dando cuenta que la telepatía es universal y se usa en muchos lugares del cosmos.

Luego vi cómo aquellas criaturas recolectaban frutos de unas extrañas plantas en unos recipientes y los llevaban a una máquina que se encargaba de triturarlos... después de un largo proceso eran convertidos en otros productos que les servían de alimento. El complemento básico de su alimentación era aquella agua.

¾ ¿Te das cuenta de la evolución tan sencilla que reina en este mundo?

Enseguida sentí cómo me volvían a tomar de la mano y volamos otra vez. En unos cuantos segundos llegamos a otro mundo. El ambiente me pareció muy parecido al de la Tierra, pues inmediatamente pude ver que había mares, montañas y atmósfera como la de mi mundo; el cielo también era azul, había casas extrañas y lo más asombroso e increíble: los seres inteligentes que poblaban ese mundo eran ¡caballos!

¡Sí, caballos muy semejantes a los de la Tierra! Pero había una muy grande diferencia entre aquellos caballos de ese mundo y los que existen en la tierra: aquellos caballos, todos sin excepción, eran de color negro y caminaban en dos patas a semejanza de los humanos... vestían uniforme café claro y llevaban botas metálicas que aparentaban ser de un material muy suave semejante al aluminio, pues al caminar se veían muy flexibles; en sus manos llevaban guantes del mismo material brillante y cada mano tenía cuatro dedos. Su pecho era muy distinto al cuerpo humano, aunque se asemejaba mucho, pues en lugar de ser plano, era alargado. Aquellos seres tampoco hablaban, su comunicación era telepática.

¾ ¡Qué aburrido! ¾ Se me salió el comentario sin querer.

¾ ¿Qué cosa? ¿Te parece aburrido la manifestación de la creación en este mundo? Entonces ¿de qué ha servido instruirte tanto?

Sentí vergüenza por aquella llamada de atención y en silencio proseguí observando.

El traje de aquellos seres era de una sola pieza...

Luego vi en un edificio un grupo de los mismos personajes que manejaban una máquinas semejantes a computadoras y tal vez más adelantadas que las de la Tierra, pues con sólo oprimir unos cuantos botones y con ayuda de las órdenes que daban con sus mentes, las máquinas trabajaban a velocidades fantásticas.

¾ Y bien, ¿qué me dices?

No contesté.

Me pareció muy gracioso cómo uno de aquellos seres de pronto emitiendo tan sólo relinchos, la emprendió a patadas contra otro que seguramente se había equivocado en sus labores.

¾ ¿Aquí también entran en juego lo que se entiende por instintos?

¾¾ contestó mi amigo sonriendo¾ . Tienes mucha razón; también aquí tienen esa mala costumbre de emprenderla a puntapiés.

Al salir de aquel mundo vi con extrañeza que estaban estacionadas fuera de la atmósfera unas extrañas naves como nunca había observado otras iguales; eran como edificios de tres pisos. La base era circular y tenía como diez metros de diámetro por tres de alto. No había ventanas; luego seguía un cuadrado y encima una cúpula de material transparente. Intencionalmente me acerqué para observar lo que había adentro.

Allí estaban tres extraños personajes ataviados con trajes de color blanco y unas rayas rojas. Su cara era totalmente la de un felino; con grandes ojos oblicuos de color rojo-dorado, la cara era completamente roja y grandes colmillos sobresalían de sus labios, tenían largos bigotes y sus orejas eran las de un gato... pero esos seres también tenían el cuerpo muy parecido al de los humanos.

¿De qué personajes se trata? ¿Quiénes son esos seres? Pensé, y al momento vino a mí el recuerdo de haber tenido noticia de los hombres jaguar que alguna vez estuvieron en sudamérica. ¿O fue leyenda...?

Mi amigo tomándome de la mano, me dijo:

¾ ¡No te has enseñado a respetar y sigues desatendiendo las órdenes que se te dan!

¾ Permíteme ¾ le dije¾ , ¿no vas a contestar a mi pregunta? ¿No vas a decirme quiénes son esos seres?

Mi amigo no contestó.

Salimos de aquel extraño sistema de mundos y pronto estábamos ya en medio del espacio.

Allí permanecí largo rato admirando aquella inmensidad. Para todos lados se veían aquellas extrañísimas lucesitas ya tan familiares, pero fijándome bien, allá muy lejos se veían aquellos mantos de polvo cósmico o más bien me daba la impresión de que eran multitudes de estrellas muy lejanas... aquellas multitudes vibraban y se movían acompasadamente dando la impresión de seres vivientes que estuvieran respirando.

Luego mi amigo me preguntó:

¾ ¿Has quedado satisfecho? ¿Has comprendido el mensaje oculto en la enseñanza referente a los hermanos menores?

Qué cabeza la mía, pensé, ¿cómo he podido olvidar en segundos a lo que me han traído?

Entonces mi amigo adivinando nuevamente me dijo:

¾ Precisamente por eso me quedé callado, para que asimiles la enseñanza.

Apresuradamente contesté:

¾ Qué razón tiene el gran Maestro Jesucristo cuando nos dice que hay que respetar a nuestros hermanos menores.

¾ Espero que con estas lecciones tengas un concepto más elevado de lo que representan realmente los animales y los vegetales, pues como has visto, en otros lugares del cosmos, los animales y los vegetales han alcanzado niveles muy superiores rebasando a algunas de las razas humanas de la Tierra.

¾ Pero... ¿has dicho vegetales? ¾ Pregunté sobresaltado.

¾ Estoy seguro que ya se te ha llevado a otros mundos en donde los vegetales también ocupan niveles superiores, ¿o no?

Me quedó cierta duda, pues no recordaba de momento haber visto "vegetales superiores" y comenté:

¾ Yo siempre tuve la impresión de que el hombre era la "corona de la creación".

¾ ¿Cómo puedes suponer tal cosa? Te vuelvo a repetir, el cosmos es infinitamente grandioso. Y en él hay miles y miles de manifestaciones pensantes e inteligentes; los seres humanos no son la excepción.

¾ Pero, ¿cómo Dios puede permitir tal cosa?

Y mejor no hubiera preguntado, pues mi amigo me respondió tajante:

¾ Es muy grande tu ignorancia y tu falta de respeto. ¿Recuerdas que tú mismo me dijiste que las manifestaciones inteligentes en los animales son más que instintos? Entonces, si tú mismo estás reconociendo que en los animales hay inteligencia, ¿cómo puedes negar que Dios, siendo la inteligencia suprema no pueda manifestarse también en otra clase de seres vivientes?

Dentro de mí sentía una cierta rebeldía, no podía aceptar aquello, pues en nuestro mundo estamos muy acostumbrados a ver a los animales y los a vegetales como seres inferiores...

Mi amigo nuevamente adivinó mi pensamiento y al instante me dijo:

¾ Yo creo que con lo que has visto, cambiará totalmente tu forma de ver las cosas, pues allí tienes la prueba, no sólo los seres humanos tienen inteligencia.

A pesar de haber contemplado en aquellos otros mundos a aquellas razas diferentes a las nuestras... yo seguía estúpidamente con aquel sentimiento de íntima rebeldía.

De pronto, sin pensarlo, dije a mi amigo:

¾ Entonces ¿por eso se nos dice frecuentemente que no debemos comer carne?

Mi amigo guardó silencio.

Después de unos instantes, dijo simplemente:

¾ El que tenga oídos que escuche, el que tenga ojos que vea y el que tenga raciocinio que trate de ver la realidad.

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