Capítulo XVIII
La Tierra es un organismo vivo.
Pasaron varios días y yo no había podido asistir a aquel recinto en donde recibiera tantas enseñanzas. Un domingo estando en cátedra el divino Maestro se refirió a la necesidad de dejar los vicios y continuar evolucionando sin tropiezos.
Al final de su mensaje nos dijo:
¾ Si me amas ¡alimenta a mis corderos! No les señales, ámales con el amor filial que a ti te he entregado; no lastimes a nadie, y así como tú evolucionas, también déjales evolucionar, ayúdales a evolucionar y trabaja en bien de este mundo, pues recuerda que por él vives y así como tú ya te enseñaste a respetarte a ti mismo, respeta tu vida y tu mundo.
No fue necesario pensarlo, tampoco fue necesario concentrarme en aquello que me intrigaba... Pero una noche, bendita la bondad de Dios, tan sólo con cerrar los ojos contemplé un camino muy blanco y a los lados muchas plantas muy verdes en donde se reflejaba una potente luz muy blanca y con flores de color azul bajito, y más allá un enorme campo cubierto de una neblina azul; y más allá, al pie de una enorme montaña, una neblina color de rosa bajito y encima de aquella montaña estaban unos ojos hermosos que me veían.
Ya estaba desprendido de mi cuerpo físico y continuaba contemplando aquel maravilloso paisaje y aquellos ojos que me veían fijamente. De pronto sentí que una mano me tomaba firmemente de mi mano derecha, sentí un jalón y ya estábamos flotando encima de aquel paisaje y aquellos maravillosos ojos color miel continuaban viéndome. Otro jalón y ya estábamos muy lejos de aquel lugar... Entonces vi en todo su esplendor a mi amado planeta. A lo lejos venían muchas naves, con toda seguridad eran de otros mundos y eran de diferentes formas, las había en forma de huevo, otras eran cilíndricas, otras en forma de pirámide, otras tenían forma de trompo, había unas formadas por tres esferas y unidas por especie de tubos.
Mi amigo me dijo al oído:
¾ Precisamente estas naves son las que a veces se dividen causando el asombro de los que han tenido la suerte de verlas desplazarse por tu mundo; ojalá y tú también tengas esa oportunidad.
Entonces mi amigo y yo nos acercamos a una nave en forma de plato volador; era enorme, color marrón y con grandes ventanales. Nos acercamos y pudimos ver a muchos seres humanos con trajes que parecían hechos de aluminio o platino muy brillante sentados en enormes sillones que miraban atentamente hacia nuestro mundo. Entre los ventanales de la nave y aquellas personas surgieron aquellas escenas y al mismo tiempo grababan también todo lo que se veía a través de aquellas pantallas...
Aquellos seres fijaron sus miradas en los mares de nuestro maravilloso, amado e incomprendido mundo y aparecían reflejados en aquellos cristales muchas variedades de peces de distintos colores; se veían tiburones, mantarrayas y tortugas... luego se veía el fondo de los mares y de repente vi con asombro que aparecía una ciudad submarina que se desplazaba lentamente y recordé al instante que aquellas ciudades submarinas como islas se desplazan por los fondos de los mares como las había visto anteriormente. De aquella ciudad salió un rayo de color verde que en instantes llegó hasta la nave que estábamos contemplando y al pasar aquella luz a través de los cristales de la nave aparecieron unos símbolos extraños que también quedaron registrados en los cristales; luego se reflejaban en aquellos extraños cristales todos y cada uno de los edificios, calles y naves que existían en la ciudad intraoceánica. También se reflejaban los seres humanos que la habitaban y aquellos seres estaban vestidos con uniformes blancos y botas negras; agitaban sus manos y saludaban a sus amigos de la nave estacionada en el espacio.
Los seres de la nave seguían contemplando los inmensos mares de la Tierra; entonces sucedió algo increíble: a través de aquellos cristales se veía que la Tierra tenía movimientos... al principio pensé que era mi imaginación y traté de alejar de mí mismo aquellos pensamientos, pero luego vi cómo aquellas escenas de los mares habían desaparecido y en su lugar se veía todo el globo terráqueo como formado por vibraciones, vibraciones de diferentes colores e intensidades; luego se veía el centro de la Tierra, el núcleo vibraba y tenía movimientos como si fuera un enorme corazón, pues del centro de aquel núcleo salían energías que se diseminaban por todo el cuerpo del planeta y aquellas energías salían del planeta y seguían vibrando hasta llegar a una especie de membrana que cubre a todo el planeta; aquella membrana parecía una envoltura de luces radiantes que vibraba interminablemente.
Luego volví a contemplar otra maravilla: el núcleo del mundo fue adoptando unos movimientos acompasados que parecía como si fuera realmente un corazón viviente y todo el planeta junto con aquella membrana exterior palpitaban. Mi asombro seguía en aumento al contemplar a mi amado mundo realizando aquellos movimientos que parecían respiraciones. ¿Cómo explicar que me parecía que todo el mundo fuera un delicado capullo vibrando, latiendo, respirando tranquilamente en medio del cosmos?
Entonces vi el movimiento de nuestro mundo y desde donde aquellos seres de la nave observaban empezó a caer la noche, se veían los mares oscuros, se veían delineados los continentes... poco a poco en medio de muchas nubes se veían pequeñas manchas que se prendían, indudablemente eran ciudades y pueblos iluminándose. ¡Qué maravillosos paisajes! Al mismo tiempo que era de noche, alrededor del planeta se veía un fuerte resplandor que venía del otro lado del mundo, era el sol que desparramaba su luz y vida por doquier. Aquello era un espectáculo que me llenaba de emoción, era un desbordamiento de amor que sentía que llegaba del cosmos hacia toda la creación. Pronto aquel divino amor que sentía en mi corazón sería sustituido por impotencia y desesperación...
Se movieron todas aquellas naves, por cientos o tal vez por miles, se estacionaron en otro lugar desde donde se podía ver el planeta y ya era de día, el sol se veía en toda su majestuosidad. No sucedía nada y yo aproveché el tiempo dedicándome a observar de cerca a aquellas extrañas naves...
Me acerqué a una nave en forma de cilindro. Carecía de puertas o ventanas; atravesé el material de la nave y al instante ya estaba en su interior. En un extremo de aquella nave había un salón circular en donde estaban infinidad de extraños asientos; en cada uno de los asientos se encontraban unos extraños humanoides de piel azul oscuro y con cabezas grandes; tenían enormes ojos, sin cejas ni pestañas, su nariz muy pequeña y su boca tan sólo una raya; no tenían orejas, solamente un pequeño agujero; sus cuerpos delgados, sus manos finísimas con cuatro dedos y sin uñas; tenían unos ropajes extraños. La sala circular tenía el piso blanco, los asientos y paredes eran también blancos y en el techo aparecía una bóveda que parecía de cristal oscuro; en cada asiento de aquella nave había un instrumento que parecía una caña de pescar en cuyo extremo tenía múltiples extensiones que se movían para un lado y para otro. Aquel instrumento extraño tenía al alcance de la mano un pequeño tablero con botoncitos y cada botón tenía marcados extraños símbolos. Mi sorpresa no tuvo límites cuando de pronto contemplé que uno de los seres oprimía un botón de aquel tablero en su propio asiento y al instante después de un ligero zumbido la cúpula del techo se iluminó y cambió del color oscuro que tenía a un color amarillo y después a color blanco muy tenue. Me quedé pensando... entonces, ¿cómo captan las escenas? Porque acabo de ver cuando llegué que esta nave no tiene puertas ni ventanas, ¿entonces...?
Mi amigo se apresuró a decirme:
¾ Entonces no captaste todo, ¿verdad?
Salimos al instante y vimos que de ambos extremos de la nave había en su superficie como miles de filamentos que se movían de un lado para otro, era como cuando el viento mueve los campos sembrados de trigo.
¾ Pero si al llegar no me di cuenta de esto; yo vi la superficie de la nave totalmente lisa... ¿Cómo ha podido suceder esto?
Mi amigo contestó:
¾ ¿Qué no te diste cuenta que ese ser accionó uno de aquellos botones?
¾ Perdona mi torpeza.
Volvimos a entrar a la nave. Uno de aquellos seres accionó otro botón y todo el techo empezó a zumbar. Aparecieron en el techo paisajes de la Tierra: ahora se veía una gran selva húmeda en la que se escuchaban los cantos de miles de aves asustadas, se veían animales diversos que corrían espantados buscando refugio; luego se veían máquinas derribando árboles y más árboles; otras máquinas levantaban la tierra y otras más emparejaban aquellos extensos campos. Y sucedió algo increíble: se escuchó un débil quejido que provenía del centro de la tierra.
Pero ¿cómo es posible? Me pareció tan extraño que pensé que tal vez sería mi imaginación.
Continué viendo aquellos cuadros que se presentaban en las pantallas de cristal de la nave. Aquellos seres tomaban algunas notas y veían con preocupación aquel salvaje destrozo que los hombres en la Tierra hacían con sus poderosas máquinas. Mientras, otros hombres rociaban combustible entre árboles y hojarasca y luego les prendían fuego; las criaturas de la selva corrían o volaban frenéticamente, algunos pequeñuelos quedaban atrapados entre aquel terrible fuego que levantaba humo y subía al cielo.
¾ ¿Es esta tu civilización? ¾ Preguntó mi amigo¾ ¡Mira a tu alrededor!
Allí estaban las naves de otros mundos registrando todo lo que acontecía en mi pobre mundo. Seguían aquellos extraños seres contemplando con tristeza la destrucción de aquella selva, cuna que había cobijado durante miles de años a tantas variedades de seres vivientes. Entonces escuché claramente un murmullo que venía directamente de aquella parte de la selva que se consumía, era como un conjunto de risas de muchos seres que luego se transformó en amargos lamentos de dolor... Aquello duró largo rato, luego, en medio de cenizas se veían muchos seres de diferentes formas que miraban tristemente lo que había sido su hogar. Unos se estrujaban con desesperación a sí mismos, otros lloraban y gruesas lágrimas corrían por sus caras; otros se veían muy enojados haciendo gestos amenazadores.
¾ ¿Qué significa esto?
Pregunté a mi amigo y él rápidamente me contestó:
¾ Esos seres de diferentes formas que ves allí, son los elementales de los vegetales que han sido exterminados.
Entonces veía yo a aquellos elementales y tenían mucho de humanos, pues había entre ellos: flores con cara humana, cuerpos delgados con forma parecida a la humana y aparentaban estar hechos de neblina muy tenue; otros parecían duendes, como aquellos seres que aparecían en medio de los bosques.
De pronto volví a escuchar un lamento muy fuerte, era como si miles de rayos hubieran caído muy cerca de donde nos encontrábamos y luego un llanto con voz de mujer. No era mi imaginación, aquello era tan real que sentí un estremecimiento, luego ante mis asombrados ojos apareció nuevamente aquel espectáculo que ya había presenciado: Del núcleo de la tierra aquella energía que vibraba se dirigía llena de potencia a donde antes estaba aquel pedazo de selva destruida... aquella energía se movía con inteligencia propia como buscando algo; se regresaba y volvía a llegar hasta la superficie de la tierra, de allí volvía a salir disparada en grandes torbellinos de luces de infinita potencia y llegaba hasta aquella membrana que cubre al planeta... luego se precipitaba hasta el fondo de la tierra hasta llegar al núcleo del mundo y allí se acumulaba y se ponía quieta; después de un tiempo aquella energía buscaba un nuevo cauce, al parecer no lo encontraba y volvía a acumularse en el centro de la tierra.
¾ Maravilloso ¿verdad? ¾ Dijo mi amigo¾ Pero muy triste; esos pobres ignorantes de tus congéneres no saben el grave daño que le están ocasionando a tu mundo. La divina providencia del Señor desde hace mucho tiempo a través de la madre Natura ha estado trabajando siempre en beneficio de los seres y ha dispuesto sabiamente cómo proveer de vida a todos. También ha dispuesto con infinita sabiduría la forma y procedimiento de purificar el aire que respiras, y mira la maldad, la ceguera e inconsciencia del hombre; la ciega ambición y el deseo de poder han dispuesto la aniquilación total de tantos seres que ayudan al bienestar de todo tu planeta.
Los seres de la extraña nave espacial continuaban observando aquella desgracia, y no dejaban de tomar nota de cada uno de los actos. Al mismo tiempo voltearon todos hacia el centro de aquella sala circular en donde había aparecido de no sé dónde un hombre vestido de blanco, de ojos azules y cabello dorado. Luego escuché que le decían:
¾ Necesario es que se les advierta del peligro que corren destruyendo su morada.
Aquellos seres continuaban dialogando. Mientras tanto, mi amigo me tomó de la mano y me llevó fuera de la nave. Allí permanecían las otras naves con sus ocupantes, muchos eran de otras razas pero la mayoría eran humanos y veían con gran tristeza aquel triste espectáculo.
Yo seguía contemplando a mi amado mundo; desde donde me encontraba veía los enormes mares llenos de vida, los continentes en donde moraban millones de seres entregados a sus propias vidas. Desde allí sentía cómo un amor maravilloso inundaba mi ser; por momentos había olvidado aquel triste panorama de la selva destruida cuando de pronto veo en diferentes partes de la Tierra, que grandes extensiones empiezan a secarse mientras en otros lugares caen lluvias interminables... de tanto llover se inundan pueblos y ciudades; crecen los ríos y las aguas arrastran lo que encuentran a su paso. Luego los inviernos van siendo más largos y fríos, escasean los alimentos y en unos lugares secos no se dan cosechas, mientras que en otros lugares de tanta agua las cosechas se malogran. En los lugares secos los animales mueren de hambre y sed mientras que en otros perecen ahogados, y para colmo de males, veo unas máquinas muy sofisticadas dirigidas por hombres del planeta Tierra que hacen explotar en cavernas unas pequeñas bombas muy poderosas que hacen estremecer la tierra...
Y vuelvo a ver cómo desde el centro de la tierra aquellas vibraciones, aquella energía vuelve a buscar su equilibrio y empieza a temblar. Y la tierra en sus capas internas sufre modificaciones y los movimientos internos sacuden con gran fuerza las duras rocas que se vuelven quebradizas y se ven las partes internas de los volcanes. Muy debajo de ellos hay pliegues que se van llenando de lava hirviendo y a la vez formando algo así como grandes venas que buscan la gran arteria del volcán que explota con gran estrépito; así, uno a uno todos los antiguos volcanes entran en terrible actividad.
Entonces veo a la Divina Madre Universal, lleva un gran manto blanco que le cubre la cabeza, mira la terrible desgracia del mundo, llora muy afligida y dice:
¾ Si al menos hubieran dejado el egoísmo... Si se hubieran detenido a tiempo...
Aquel gran conjunto de naves de otros mundos continúa grabando todo. A través de los extraños cristales siguen viéndose las aguas transparentes de los mares... por doquier existe la vida; infinidad de animales de distintas especies en los continentes, en las altas montañas, en los valles, todo es vida.
Me es Imposible describir el amor inefable que siento, la presencia de un sentimiento de bienestar que envuelve todo el espacio, todo el universo, toda la atmósfera de la Tierra, todo el planeta... Aquel amor maravilloso envuelve también a las naves aquellas. Estoy seguro que esas personas de los platillos voladores sienten igual que yo esa corriente de amor que invade a toda la creación.
Escuché dentro y fuera de mí estas palabras:
¾ ¡No destruyan por ignorancia lo que no alcanzan a comprender!
Volteo hacia todos lados buscando al autor de ese mensaje... pero todos aquellos seres de las naves siguen atentos viendo las desgracias de nuestro mundo.
La pesadilla no termina...