Capítulo XVI

 

 

 

Terrícolas Exiliados.

 

 

 

Y una noche como cualquier otra, se me volvió a mostrar otro planeta.

Fui a una ciudad en donde hay construcciones de cantera, casas, edificios, calles... ¡y lo que voy viendo! Hombres y mujeres muy bien vestidos con trajes como los de la Tierra. Los hombres de colores azul, verde y gris muy finos y las mujeres con las mismas telas de los trajes de los hombres pero con faldas y sacos; todos ellos con movimientos militarizados caminan gallardamente con el pecho levantado. Son personas altas, más o menos 1.80 mts. de estatura, son rubios, de ojos verdes o azules y sin bigotes ni barbas. Aquellas personas son más o menos un grupo de 80 ó 100.

Aquel mundo tan parecido a la Tierra, es otro planeta muy diferente, pues hay extensas llanuras muy secas y la tierra de ese mundo es de color rojo intenso. Veo unos cuantos automóviles muy parecidos a los carros alemanes bmw o mercedes benz de la década de los 70’s.

Así estoy contemplando ese mundo, haciéndome mil preguntas.

En la lejanía se ven unas cuantas nubes blanco-amarillo, y aquel color rojo de la tierra parece fundirse con la atmósfera que también se ve de color rojizo, pero más arriba se contempla un color azul pálido y mucho más arriba un intenso color azul.

¿Cómo podrán vivir esas personas que acabo de ver? Pues aparentemente en ese mundo sólo existe esa ciudad... no veo por ningún lado vegetación, lagos ni mares, todo parece un desierto. Entonces, ¿qué hay? ¿Cuál es la realidad de este mundo?

En esos momentos quisiera que mi amigo se presentara y me explicara como ya me tiene acostumbrado, pero no, no aparece, no siento su presencia. Tal parece que esta ocasión sólo me toca observar.

Sí, me siento solo. Siento el impulso de volar y pronto estoy dando vueltas alrededor de aquel mundo... todo es desolación; por todos lados veo solamente aquella tierra roja seca, no hay ningún ser viviente, excepto aquellos seres humanos y aquella ciudad que aparenta estar desierta.

Luego estoy viendo una carretera hecha de un material que parece piedra azul y no tiene más que unos kilómetros de extensión. Curiosamente esa carretera llega hasta un agujero abierto en medio de aquel desierto, por ella transitan unos cuantos automóviles que se dirigen hacia aquel agujero, penetran y desaparecen...

Me acerco y veo algo maravilloso: en las entrañas de aquel planeta existe una ciudad; es como un gran domo de cristal. En el interior hay habitaciones, jardines, huertos, animales diversos pero desconocidos que se pasean tranquilamente entre aquellas casas extrañas y en toda la ciudad, y nadie los molesta.

Como mi curiosidad es mucha, me acerco a uno de aquellos edificios; hay unos seres diferentes a los humanos, tienen forma humana, pero al verlos de cerca, no, no son humanos, son unos seres pequeños de estilizada figura y cabeza grande, manipulan unas máquinas diferentes y con ellas producen todo lo que necesitan.

Los seres viven en ciudades subterráneas de su mundo.

¡Qué extraño! De pronto me siento transportado a través de un tubo que parece hecho de un material plástico diferente a lo acostumbrado en la Tierra, llego a un lugar muy iluminado, es un túnel subterráneo; en el techo de aquel túnel se ve la tierra roja suelta y porosa, pero por algún procedimiento desconocido no se derrumba, no se cae, y entre aquella tierra salen infinidad de raíces gruesas y delgadas de color verde pálido y muchos de aquellos humanoides están pegados a aquellas raíces succionando un líquido lechoso al parecer muy nutritivo que les sirve de alimento.

De pronto una fuerza tremenda me saca de aquel mundo y me veo flotando en la atmósfera del extraño mundo... Enseguida me regresan a la Tierra.

A la noche siguiente pido a la gran Ley universal me permita regresar en plan de estudios a ese misterioso mundo. Nuevamente me veo flotando en la atmósfera de aquel mundo; siento que existe oxígeno para respirar, aunque en este estado no necesito aire para vivir siento que se puede respirar.

¾ La paz sea contigo.

Escucho aquella voz tan familiar de mi amigo. Y contestando su saludo, atropelladamente le formulé muchas preguntas.

¾ Momento... momento, todo a su tiempo ¾ me contestó.

¾ Pero... ¿qué mundo es este?

¾ Estamos en un mundo de la constelación de Antares. ¿Recuerdas la ciudad que viste tan parecida a las que conoces en la Tierra? Pues bien, te ha tocado visitar este mundo para que conozcas algo que te parecerá increíble: En esa ciudad habita un grupo de seres humanos traídos de tu mundo; vivieron en la Tierra en la segunda guerra mundial... ellos habían logrado comunicarse con los habitantes de este mundo y de otros de esta constelación, y habían obtenido técnicas y fabricado naves cósmicas con las que lograron trasladarse a otros planetas de tu mismo sistema de mundos, siempre auxiliados y protegidos por estos seres que tú has visto. Luego lograron llegar a este mundo y después de varias visitas, retornaron a tu mundo, pero la última vez ya no se les permitió ni siquiera entrar en tu mundo, se les rechazó, pues en el cosmos hay una Confederación de seres que se dedican a proteger y ayudar en su evolución a los mundos, y los seres humanos que has visto, son guerreros y retornaban con la intención de continuar con la salvaje guerra que había exterminado a muchos millones de seres humanos, pero ahora con mayor capacidad destructora; sus protectores no tuvieron más remedio que regresarlos a este mundo y acondicionarles una ciudad hecha a semejanza de las de tu mundo, y aquí los tienes, tal vez algún día puedan retornar a la Tierra, o tal vez nunca puedan regresar.

¾ Pero han pasado muchos años, más de cincuenta, y los veo a todos muy jóvenes. ¿Cómo han podido conservar sus cuerpos en ese estado? Pues parece que los años no han pasado por ellos.

¾ Si te fijas bien no están tan jóvenes como dices.

Era cierto, aquellas personas aparentaban tener 45 ó 50 años.

Luego, mi amigo me dijo:

¾ Debes saber que en este mundo rigen otras leyes y el envejecimiento también se presenta más lentamente; los seres de este mundo conocen sistemas para conservar los cuerpos y alcanzar largas edades.

Entonces recordé que entre aquellos seres humanos de aquel mundo no había visto ni jóvenes ni niños y mi amigo me dijo:

¾ Claro que tienen descendientes, mas ellos están siendo preparados en otro de los mundos de este sistema, y estos humanos que ves aquí, también se preparan tecnológicamente y están muy avanzados, pero han olvidado el reino del espíritu y a Dios.

¾ ¿Y los seres naturales de este mundo también son salvajes?

¾ Estos seres, tecnológicamente son muy avanzados, pero carecen de sentimientos y ellos indistintamente practican el bien y el mal.

¾ Pero, ¿cómo es eso? Yo creía por lo que he aprendido en mi mundo que los seres son buenos o malos.

Mi amigo sonrió y contestó:

¾ También en tu mundo hay muchos humanos que son iguales a estos seres, pues practican el bien y el mal de acuerdo a como les conviene y luego se visten de hipocresía; pero estos seres no son así, ellos no experimentan sentimientos y les da igual hacer bien o mal, ¿me entiendes?

Aquello no había sido totalmente comprendido, insistí y mi amigo me contestó:

¾ Muchos de los humanos de la Tierra proceden bien, pero luego salta la bestia que llevan dentro y actúan mal, pero su propia conciencia les hace el reclamo y es cuando actúan hipócritamente arrepentidos. Pero en estos seres, como han desarrollado más las ciencias que lo divino, no hay arrepentimiento y siguen actuando según les plazca.

-¾ Y los humanos que viven en este mundo ¿qué comen?

Entonces recordé haber visto en aquella ciudad subterránea muchos animales desconocidos y al instante adivinando mis pensamientos, mi amigo me dijo:

¾ Exactamente, esos seres terrícolas comen animales y vegetales.

¾ ¿Pero, son iguales a los de la Tierra? Me refiero en cuanto a la carne que se acostumbra comer en la Tierra.

¾ Los vegetales realizan, como tú sabes, la fotosíntesis, y son más o menos iguales a los terrestres; y los animales que aquí ves, aunque diferentes a los de la Tierra, también se alimentan de vegetales; entonces la respuesta la dejo a tu criterio.

Me quedé pensativo... Mi amigo intervino diciéndome:

¾ ¿Recuerdas que también vistes granjas y huertos?

¾ Granjas no recuerdo haber visto, pero huertos sí vi algunos.

¾ Los seres de este mundo viajan constantemente por el cosmos y les gusta traer "recuerdos"; y así han traído a este mundo diferentes especies de seres a los que les prodigan cuidados y les impulsan a la procreación.

De pronto me tomó de la mano y me llevó a otra caverna profusamente iluminada. Allí estaba un enorme cristal, que, cual si fuera una pared, retenía grandes cantidades de agua. Por detrás de aquel cristal había una gran cueva con paredes de piedra y por todos lados estaba alumbrada con luces multicolores predominando el color verde. Junto a aquella pared de cristal estaban dos hombrecillos como los que había visto al llegar a aquel extraño mundo en la ciudad subterránea; uno llevaba en sus manos algo así como una pistola que emitía vibraciones, el otro llevaba una cajita circular, y al oprimir un pequeño botón, ésta emitía un sonido muy parecido a campanillas... así estuvieron observando hasta que de lo más profundo de aquella caverna o llamémosle más bien, acuario, aparecieron muchas clases de peces; algunos idénticos a los que habitan en los mares de la Tierra y otros muy distintos. Unos peces en lugar de aletas tenían grandes alas...

Luego entre aquella multitud de peces, aparecieron muchos pececitos extraños que al acercarse descubrí que tenían forma humana. Aquellos seres se acercaron nadando y pronto pude contemplar que aquellos seres eran unas verdaderas maravillas. Los estaba viendo y no lo podía creer. ¡Allí estaban, eran sirenas! Parecía como si aquellos seres hubieran sido sacados de un libro de fantasías.

Las hembras tenían la cola larga totalmente de pez; unas llevaban su cola color verde, las otras eran azules, otras con su cola dorada, otras con cola de color marrón... de la cintura para arriba eran totalmente humanas y tenían hermosos senos, sus brazos y manos bien formados y hermosos, su cabeza adornada con hermoso pelo dorado; tenían nariz pero aparentemente no les servía para respirar.

Mi amigo me hizo una observación:

¾ Fíjate bien en sus oídos.

Me quedé observando a una de aquellas hermosas sirenas, y al pasar nadando impulsándose por su hermosa cola y sus brazos, vi que detrás de sus orejas tenía unas aberturas como branquias que se movían acompasadamente y junto al nacimiento del pelo tenía una multitud de hoyitos por donde salía en corriente el agua. Estuve observando a aquellos seres maravillosos, y me di cuenta que también había varones, los cuales eran iguales pero tenían marcadas diferencias, pues las colas de ellos eran de color pardo, su piel también era clara, pero sus brazos y manos eran más fuertes, y su pelo era de color rojizo.

¾ ¿Y no tienen descendientes?

¾ Claro que sí ¾ dijo mi amigo.

Entonces fijé mi atención, y entre aquellos seres había muchos seres parecidos a ellos pero eran transparentes y pequeñitos que nadaban junto a sus progenitores siempre alertas volteando para todos lados.

¾ ¿Y cómo se reproducen?

¾ Se reproducen exactamente como los delfines de tu mundo, con la diferencia que en cada parto nacen una multitud de bebés, los cuales no todos alcanzan la madurez, pues por diversos motivos perecen a corta edad.

Aquellos dos humanoides seguían entretenidos manipulando sus instrumentos... De repente aquella multitud se asustó, nadaban para todos lados, luego formando un gran conjunto daban vueltas hasta formar un gran circulo quedando los pequeñitos en medio, luego se veía que venía otro ser igual, idéntico a aquellas sirenas, me había parecido que no alcanzarían más de un metro de longitud y aquel ser era mucho mayor, pues fácilmente sobrepasaba el metro y medio de la cabeza a la cola; sus colores eran muy diferentes, pues todo su cuerpo era una combinación de café, dorado y negro, sus brazos parecían más gruesos y musculosos, pero su cara no era humana, su cabeza aparentaba ser humana pero calva, tenía dos ojos transparentes con fondo negro y tenía una horrible boca de pescado, no tenía nariz, sólo dos agujeros muy próximos a los ojos. Aquella era la causa del alboroto de aquellas hermosas sirenas; la bestia atacaba a los pequeños seres que buscaban refugio entre sus mayores... nuevamente se escucharon las notas que parecían campanillas y aquel monstruo se detuvo en seco; aprovechando aquel momento, la multitud de preciosas sirenas se alejó hacia el fondo de aquella caverna. El horrible monstruo se retiró también al fondo de la misma.

¾ ¿Y qué comen esos seres? ¾ Pregunté.

¾ Ellos comen vegetales y pequeños pecesillos. Los habitantes de este mundo, los que has visto manipulando esos aparatos, también les proveen de alimento y les traen diversos vegetales. Y las sirenas, como tú les llamas, de aquí mismo obtienen pecesillos.

¾ ¿Quisieras decirme cuál es el origen de estas sirenas?

¾ Hace muchos siglos, los seres de este mundo, en su ir y venir por el universo trajeron unos ejemplares de un planeta donde casi el 90% es agua; es un mundo que pertenece a un sistema solar de la constelación de la osa menor... los primeros seres no pudieron vivir pero volvieron a traer otros, y han logrado poco a poco su supervivencia y su reproducción.

¾ Pero, ¿y el monstruo?

¾ En cierto modo, es parte esencial de la vida de las sirenas; ya te dije que esas sirenas se reproducen en forma exagerada, y como en cada parto nacen infinidad de pequeñuelos, si no fuera por ese monstruo, en poco tiempo no cabría tal cantidad en el acuario, ¿me explico?

Me vio titubear y me dijo:

¾ Debes recordar que en el universo rigen otras leyes diferentes a las que tú conoces. Tal vez te parezca cruel, pero sin la presencia de ese monstruo, todas las sirenas morirían en poco tiempo, pues cierta radiación etérica que despide el monstruo es recibida por las sirenas, formando una simbiosis perfecta. ¿Recuerdas las enseñanzas de las abejas?

Entonces recordé cómo los zánganos sirven de alimento a las abejas reinas.

¾ En tu mundo ¾ dijo mi amigo¾ aún queda el recuerdo lejano de los días en que los marineros de vez en cuando veían sirenas en los mares.

Mi curiosidad fue mayor, y él continuó:

¾ En la Tierra desconocen muchas cosas... Pero, primero te llevaré a explorar ciertos lugares que debes conocer.

Me tomó de la mano nuevamente y pronto salimos de aquel mundo en donde estaban aquellos terrestres en el exilio. Hubiera querido continuar con esas enseñanzas, pero tenía que regresar a mi físico, pues el amanecer llegaba rápidamente a aquella ciudad en donde yo vivía.

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