Capítulo XV

 

 

 

Demonios del bajo astral.

 

 

 

En otra ocasión fui despertado a media noche.

Escuché la bendita voz de mi amigo que me dijo:

¾ Prepárate porque esta vez vamos a ir muy lejos.

Me levanté dejando el tibio nido con un gran entusiasmo dentro de mí. ¿A dónde iremos? Pensé, y al instante aquella voz que parecía conocer hasta lo más hondo de mis pensamientos y sentimientos, contestó:

¾ Vamos a ir más allá de los confines de este universo.

Me sentí nuevamente adormilado, experimentando una felicidad muy viva...

No supe cuándo, pero de repente nos encontrábamos fuera de la atmósfera de este mundo.

Luego me dije a mí mismo: Qué bonito, no necesito vehículos ni naves; estos viajes son maravillosos, no se comparan con nada de lo que he conocido en la Tierra.

¾ Efectivamente ¾ contestó mi amigo¾ . Con tan sólo desearlo y ya estás fuera de tu mundo.

Sí; al momento estábamos muy lejos de la Tierra. Allá muy lejos se veía brillar una gran estrella de color azul; yo sentía una gran atracción por ella. Aquel mundo estaba en medio de un gran resplandor que emitía el sol... Bendito sol, desde allá muy lejos veía al sol del tamaño de una naranja y emitía un gran resplandor, una luminosidad circular muy grande, era una luz de un amarillo tenue acompañada de fuerte vibración... similar a lo que se ve en las carreteras cuando hace mucho calor. ¡Bendito sol! Volví a exclamar; qué gran misión la de ese astro maravilloso. ¡Esto es increíble! ¿Cómo puede uno siquiera imaginarse que ese astro es la fuente de vida de todo ese sistema de mundos? ¿Cómo puede uno valorar ese prodigio? ¿Quién te colocó allí para que sirvas de sostén a tantos seres que deambulan en la tierra sordos y ciegos ignorando tu maravillosa misión?

Aquel espectáculo en verdad era una gran maravilla, todo lucía como a través de un cristal purísimo y en todo ello se sentía el latir de la vida. La felicidad que yo sentía emanaba de aquel sol maravilloso. Quería continuar embelesado contemplando, continuar bebiendo, aspirando, deleitándome con aquello que en verdad era un hermoso alimento... pero aquella voz nuevamente me dijo:

¾ ¿Estás listo?

Con dolor de mi corazón le dije que estaba dispuesto a ir donde quisiera llevarme y me dispuse a seguirle, y eché una última mirada a aquel maravilloso espectáculo.

Luego volví a contemplar aquellos ojos maravillosos, aquella serena mirada, primero eran sólo los ojos, pero poco a poco se fue formando todo el rostro del bienamado Jesús. Al principio abarcaba el sol; luego aquel maravilloso rostro abarcaba todo el sistema de mundos... al instante sentí el impulso de hincarme y adorarle.

Entonces escuché otra voz muy cerca y muy fuerte que me dijo:

¾ ¡Ante mí de pie, y de rodillas ante mi Padre!

Al mismo tiempo sentí una terrible fuerza que me impidió hincarme.

Entonces comprendí que aquellos majestuosos labios no se habían movido para hablarme, pero su voz de trueno había llegado hasta mí, y pensé: ¡Cuán grande es el amor de Jesús! Cuán grande es su respeto hacia el Padre; cuán ignorantes y ciegos hemos sido. Cuánta razón tiene el mundo cuando dicen que si viéramos al Padre no podríamos soportar su presencia. En cambio Jesús, es tanto su amor por nosotros que se manifiesta hasta a los que somos menos que basura.

Las preguntas se multiplicaban en mí; aquello que acababa de ver, aquel resplandor tan grande, aquella vibración que parecía como cuando la calma vibra en la tierra y a lo lejos se ven ondulaciones...

Aquella felicidad que sentía dentro y fuera de mí. ¿Qué significaba todo esto? Entonces es cierto, muy cierto cuando dicen en el mundo: Dios está en el cielo, en la tierra y en todo lugar. Entonces es cierto también que hasta debajo de las piedrecillas podemos encontrar vida...

¾ Sí, es cierto ¾ se dejó escuchar la voz de mi amigo.

¾ Todo esto que contemplas ¾ continuó¾ , es un débil reflejo de la realidad, porque efectivamente, Dios está en todo lugar. Y esa felicidad que inunda todo tu ser es porque sientes dentro de ti la energía y la presencia de Dios.

¾ Es cierto; siento deseos de llorar de felicidad.

Así permanecí no sé cuánto tiempo; pensando, tratando de asimilar todo aquello que se presentaba tan espontáneo ante mis ojos. ¿Mis ojos? Bueno, ¿cómo explicar aquello que me pasaba? Cómo entender yo mismo, cómo decir que mi cuerpo físico había quedado allá muy lejos, pues yo no había salido de la sala de mi casa. Allí se me había ordenado que me preparara para salir, nada más. Y como he dicho, al instante sentí como un hormigueo muy sutil por todo mi ser, un ligero tirón hacia arriba y mi cuerpo físico había quedado inmóvil en un sillón, respirando acompasadamente... y maravillosamente por momentos lo veía allá muy lejos.

Yo no sentía miedo ni tenía temor que mi cuerpo físico fuera a morir al no estar dentro de él. Ya me había acostumbrado a que después de las lecciones, sencillamente por mi libre deseo, tan sólo volvía a mi cuerpo físico acercándome a él e introduciéndome. Así, en esta ocasión seguía pensando en aquellas maravillosas cosas que me sucedían.

Mi amigo permanecía en silencio. Luego, respetuosamente me dijo:

¾ ¿Ya estás listo?

¾ Sí.

¾ Entonces, ¡vámonos!

Y tomándome de una mano salimos juntos.

Aquí voy a explicar algo fundamental: Siempre que yo salía de mi cuerpo físico, al encontrarme en el astral o mundo del alma, mi cuerpo interno se volvía muy liviano; las barreras tan conocidas de tiempo y espacio allá no se conocen, tan sólo con querer volar ¡ya se encuentra uno volando! Con tal sólo quererlo y desearlo se traslada uno a muchos millones de kilómetros.

Ahora comprendo; con razón dicen los ingenieros siderales: "En segundos recorremos años luz de distancia". Y sí, es verdad, muchos de los viajeros del cosmos conocen este secreto. Pueden entrar y salir de esas dimensiones desconocidas por el hombre de la tierra; y como en esas regiones astrales, repito, no existe ni el tiempo ni el espacio, entonces es cierto que en segundos recorren años luz de distancia.

¾ Pero, ¡ojo, mucho ojo! ¾ Dijo mi amigo¾ Para poder adquirir esa tecnología, primero hay que despojarse del yelmo que lleváis en la cabeza y no os deja pensar claramente; primero hay que respetar a la creación y comprenderla. Amando a los seres inferiores de la creación, permitiéndoles que continúen con su propia evolución, no destruyéndolos. La razón es muy clara, si amas a los animalillos y a los vegetales, entonces amarás y respetarás también a vuestros semejantes; y respetando la ley de causa-efecto-compensación todo será más fácil viviendo todos en armonía, y entonces el progreso vendrá más rápido a la Tierra... se debe respetar muy íntimamente a los elementos.

Me quedé pensando; pues no había comprendido esto último. Luego, mi amigo dijo:

¾ No olvides que la naturaleza en cierta forma también es infinita y hay muchos elementos desconocidos por los seres de tu mundo; hay que amar a esos elementos también, hay que respetarlos y poco a poco os irán entregando sus secretos. ¿Me he explicado?

¾ Sí, claro, todo lo he entendido.

¾ Bueno, parece que se te olvidó que vamos a otro lugar, ¿no es así?

¾ Sí, ya se me había olvidado.

Enseguida llegamos a un espacio muy grande, inmenso; aquel lugar estaba iluminado por una tenue luz blanquecina, como la luz de la luna. Algunos lugares estaban oscuros y otros mucho más oscuros, con una oscuridad espesa, tenebrosa... Lo primero que me llamó la atención fue que de aquel lugar tan oscuro salían levantándose manchas aún más oscuras que se reflejaban por aquella luz blanquecina. Nos acercamos más y más... Luego sentí cómo una mano me había tomado firmemente de mi brazo derecho mientras otra mano hacía una especie de masaje en mi corazón, el cual estuvo a punto de paralizarse al sentir una ráfaga de viento helado... al mismo tiempo vi que se me acercaban unos asquerosos monstruos con distintas formas horribles y sentía aletazos helados en mi cabeza que me producían gran dolor.

¾ No les demuestres miedo ¾ dijo mi acompañante.

Entonces aquellas dos manos me sostuvieron con una energía que me sacudía; al instante sentí dentro de mí una fuerza y una confianza muy grande y pensé con determinación: ¡No podrán hacerme nada malo!

Desde allí veíamos cómo por millares aquellas sombras diabólicas volaban, se arrastraban y brincaban todas en desorden; unos aullaban y otros maldecían.

No sé cuánto tiempo estuvimos allí. De pronto sentí como un mareo y otra vez una de aquellas dos manos al instante volvió a masajear mi pecho, volviendo a sentir nuevamente aquella fuerza tan grande en mi corazón. Nos alejamos adentrándonos en aquella región intermedia y allí permanecimos.

¾ ¿Qué significan esos monstruos? ¿En dónde estuvimos? ¾ Pregunté.

¾ Es una de las regiones más bajas del astral; allí están los verdaderos demonios que gustan de vivir en las sombras, la estulticia y la muerte.

Estando en aquella región intermedia en donde todo estaba entre sombras, me quedé viendo una especie de plaza; era un espacio con piso de piedra labrada de color blanco y alrededor había paredes altas de piedra blanca también, y en el fondo, del lado derecho, una puerta grande con arco; de repente de allí salió un bramido, un rugido que se esparció por todo aquel lugar. Al instante mi ser se sobrecogió de terror y espanto; aquel bramido espantoso volvió a dejarse escuchar. Luego empezaron a salir muchos seres humanos, hombres y mujeres, ancianos y adultos con ropajes hechos jirones... en sus caras se veía reflejado el espanto de haberse enfrentado a esa pesadilla.

Entonces vi allá en el espacio un valle muy grande donde todo era como si estuviéramos en algún lugar de la Tierra; allí había muchos seres humanos, hombres y mujeres descalzos, algunos con unos mantos muy viejos hechos jirones, otros con un simple taparrabos muy viejo; la mayoría eran ancianos que caminaban con dificultad. Pero más allá se veían otros hombres y mujeres perturbados; unos con mirada perdida, otros traían entre sus manos una piedrecilla, otros estrujándose los cabellos... Más allá había muchos seres que lloraban con estremecedores lamentos, otros corrían y daban alaridos, otros brincaban, otros se pellizcaban sus carnes como queriendo arrancárselas a pedazos y otros con el rostro desencajado vociferaban lanzando puñetazos a diestra y siniestra.

¾ ¿Qué significa ésto? ¾ Cuestioné a mi interlocutor.

¾ Son los cuerpos astrales que son atormentados por aquellas bestias que vibran en los más bajos niveles de conciencia.

Enseguida vi que de una región muy oscura salían unas bestias diabólicas de diferentes formas que atacaban a aquellos infelices, los cuales se defendían cubriéndose la cabeza con ambas manos. Aquellas bestias vociferaban, se burlaban, volaban, brincaban y adquirían nuevas y horribles formas y al acercarse traspasaban los cuerpos de aquellos desgraciados. Sus víctimas sentían como una corriente que les traspasaba y sentían un dolor intenso que los dejaba helados. Al parecer aquellos pobres seres no tenían defensa alguna contra los embates de aquellas espantosas y diabólicas bestias que sentían gran deleite haciendo sufrir a sus víctimas.

¾ ¿Por qué tanto sufrimiento y por qué tanto dolor?

Mi amigo me dijo:

¾ Silencio, sigue observando.

Entonces vi que cada uno de aquellos dolientes seres tenía su doble físico en la Tierra. ¡Allá en aquel valle se encontraba su etérico y en la Tierra su yo físico!

¾ ¿Cómo es posible? Si son dos lugares tan distintos y alejados, ¿cómo es posible que estén conectados?

¾ Es necesario que tú contemples, porque es necesario que la humanidad conozca esto.

Allí seguía el triste clamor de aquellos seres atormentados por los horribles demonios; esos pobres seres eran locos, dementes, estaban extraviados de la mente.

Mi bendito acompañante me dijo:

¾ Si pones atención, esos demonios atacan por igual a cuerdos y dementes. Vienen a la Tierra y hacen con los humanos lo que les viene en gana incitándolos al mal...

Interrumpí a mi amigo:

¾ ¿Qué no hay manera de detenerlos? Yo creo que no tienen derecho de inmiscuirse entre los humanos, ¿o sí?

¾ Esos seres viven en el bajo astral y sólo personas que tengan el don de la clarividencia los pueden captar.

¾ ¿Y cómo se les puede combatir ya que son invisibles?

¾ Primeramente no les debes tener miedo; debes tener mucha confianza en el Rey del universo, ya que en sus manos está el destino del mundo y del mortal; y para defenderse de los embates de esas bestias es muy sencillo: Dios les ha entregado a todos por igual la fuerza y el poder del recto vivir, del pensar y actuar bien rechazando los bajos instintos, la lujuria, el deseo de venganza, en sí, todo el mal, todo lo sucio y lo bajo, ya que ellos actúan en lo más bajo de la creación... Actúan en las mentes desquiciadas: al asesino lo incitan a continuar matando, al vicioso a caer en lo más bajo de los vicios, al intrigante lo incitan a continuar con sus más bajas y crueles intrigas y así sucesivamente. ¿Me has comprendido?

Yo continuaba viendo aquel cuadro tan triste y pregunté a mi amigo:

¾ Pero, dime, ¿qué se puede hacer para que esos demonios no atormenten más a esos pobres seres?

¾ Tu deber es entregar a la humanidad de tu mundo la verdad. Mas te diré una cosa que es fundamental: ¿Recuerdas que el divino Maestro Jesús, hace dos mil años expulsaba los demonios de los pobres enfermos atormentados frente a las multitudes?

¾ Sí.

¾ Pues bien, en este tiempo, en la Tierra hay muchos hombres y mujeres que ya traen en sí mismos la facultad de la curación y pueden en el nombre del Altísimo, sacar o expulsar a esos demonios que atormentan a los pobres seres desquiciados y aunque pudieran ser muy poderosos esos demonios intrusos, con esa facultad que les ha entregado Dios pueden realizar milagros y pueden quedar sus hermanos sanos y salvos.

Al instante recordé cómo Chelo curaba a los locos desahuciados por la ciencia del mundo. Me quedé pensativo preguntándome a mí mismo: ¿Y quiénes serán esos que pueden curar a esos enfermos?

Y mi amigo como siempre, adivinando me dijo:

¾ Son miles y miles los seres que pueden hacerlo; pero la mayoría, o tienen miedo, o de plano no quieren hacerlo, pues recuerda que dar es recibir; y si tú das, tarde o temprano recibirás.

No comprendí.

¾ Disculpa mi hermano, pero cómo está eso, que no me quedó muy claro.

¾ Sencillamente te digo que todos pueden expulsar a esos demonios intrusos siempre y cuando lo hagan en el nombre de Dios.

Sin querer me acordé que en muchas ocasiones había visto a Chelo curando y había visto cómo sus manos despedían una luz vibrante que las hacía verse como espejos, al mismo tiempo que los enfermos experimentaban ciertos desprendimientos de sus cuerpos físicos, y esa luz los curaba de sus padecimientos.

¾ ¡Bravo! ¾ Dijo mi amigo¾ ¿Ya ves cómo has sido testigo de los prodigios que puede realizar el ser humano cuando actúa para el bien de sus hermanos que sufren?

¾ Eso que llamas luz ¾ me explicó¾ , es la esencia crística que ha depositado el divino Rey en las manos de cada uno de sus hijos para que curen a todos sin excepción... Pero primero aparece la duda, luego la pereza, luego la negación de ustedes mismos y nadie se decide a actuar, dejando que esos pobres seres que sufren sigan atormentados por esas salvajes e inmundas bestias. Si fe tienes en tu Jesús, puedes mover de su lugar una montaña... Si fe tienes, puedes curar y dejar sanos a tus hermanos.

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