Capitulo XIV

 

 

 

La Madre Divina llora.

 

 

 

En el mismo viaje se me siguió instruyendo de la siguiente manera:

¾ La Madre Divina llora por el destino amargo de la humanidad. Stella Maris, la madre divina, es la Naturaleza; y ella es el divino espíritu de la creación. Ella lleva en su vientre universal enjambre de mundos, constelaciones, universos, cosmos todos. Ella, la virgen del mar, la virgen del Carmen, lleva en su vientre la nueva humanidad que será como el trigo nuevo que brota de la espiga dorada por los rayos del sol. Y en el nuevo milenio descenderá de las alturas aquel que fue, es y será eternamente. Bajará rodeado de luz y acompañado por ángeles y querubines, y en su reino no habrá más injusticias. Y la nueva humanidad se preocupará por vivir con su creador en paz; y los dulces ojos de Jesús los verá la humanidad y su sonrisa iluminará el cielo, la tierra y el mar... Y la humanidad de este mundo tendrá un rápido progreso, y esa humanidad se preocupará más por la evolución de cada uno de los humanos que por las riquezas y el poder, y todo lo que ahora existe ya no será y todo será el comienzo de una grandiosa civilización basada en el amor y el respeto entre unos y otros.

De pronto vi a una hermosa mujer morena llorando, y me dije: Tal vez sea que ha perdido a su esposo.

Ella volteó a mirarme, y sus lágrimas eran como cristales muy transparentes.

Me alejé de ella... pero ella me seguía con la mirada. No hablaba, tan sólo miraba.

Y me detuve en un espacio de la Tierra en donde había restos de una hoguera; froté mis manos, y de mis manos salía una energía que no se veía pero aquella hoguera revivió, y se formaron tres letras desconocidas o más bien símbolos, y las tres formaron el nombre del Señor Rey del Universo.

Luego se me dijo:

¾ Ve y escribe todo cuanto has visto. Porque la reina llora por lo que viene; ella conoce el porvenir de la humanidad.

Y de repente vuelvo al infinito y veo un cielo azul-verde. Y de un punto en el espacio después de un lapso de tiempo aparece una señora muy humilde; llega hasta mí a través del espacio sin caminar... y me presenta una hilera de casas muy humildes suspendidas en el espacio. Se detiene junto a una casa en donde hay multitudes fuera de ella; gentes enfermas que solicitan ayuda... y veo paralíticos, cojos, mancos, ciegos...

Y aquella buena señora me dice:

¾ ¿Hasta cuándo te esperarán...? ¿Hasta cuando los curarás?

Y yo le pregunto:

¾ ¿Es que debo curarlos?

Ella me contesta:

¾ Es que todos en el mundo están sufriendo enfermedades del alma y del corazón... La verdad los hará libres; cúrales, háblales y entrega esto que te doy.

Y aquella mujer, aquella señora tan humilde me dice:

¾ El tiempo se agota, el tiempo sigue su curso, y aquellos que tienen la misión de ayudar, guiar y curar no quieren cumplir. Para este final de milenio esta humanidad debería estar ya liberada de pestes, guerras, ceguera moral y espiritual; la humanidad debería estar preparada conscientemente para ser examinada como un alumno estudioso que se prepara para aprobar el curso y pasar al grado de maestría. Todos los males que aquejan a esta humanidad deberían ya haber desaparecido, porque hace dos mil años que vino Jesús, dejó las bases que sirven de sustento para forjar una civilización superior; con su doctrina de amor dejó todo: Amaos los unos a los otros y perdonaos, con estas sencillas palabras pudiste haber aprobado todo el curso, porque mira, el amor es el Alfa y el Omega, es el principio y el fin, es el motor de la creación, es la fuerza potente que crea desde el animal más pequeñito hasta el animal más enorme, el amor lo es todo en la creación; el amor creó los mundos y los universos.

Y veo en medio del universo al gran Maestro Jesús; y lo veo con sus manos y sus pies extendidos... y con su voz diciendo a toda la humanidad:

¾ Ven, sígueme, deja que yo te guíe, porque el tiempo se acabó; y aquellos que siguieron a la serpiente antigua perecerán, y aquellos pocos que me siguieron a mí no morirán. Aquellos en los que la fortaleza de espíritu está, más fuertes serán, porque yo soy el Alfa y el Omega y de antaño me conociste y me seguiste y nunca me olvidaste. Bendito seas, porque las multitudes hoy son engañadas por la serpiente antigua, a ella le han creído y mis enseñanzas olvidaron; se dejaron deslumbrar por las falsas ilusiones. Y odio, rencor, sed de venganza y guerras injustas han exterminado a mis corderillos, y olvidaron mis antiguas palabras que son de hoy y de siempre: Dejad que los niños se acerquen a mí. Contra mis palabras sencillas antepusieron el mal y por millones de seres fueron destruidos, hoy mismo la bestia salvaje se apresta para la última batalla en este mundo. Olvida el odio, aquel al que odias es tu hermano, háblale, dile de su error y juntos los dos perdónense y ámense; errar es de humanos dicen en tu mundo, recuerda que tú tampoco eres perfecto... Y en la nueva edad todas las criaturas del Señor serán clarividentes y entenderán el lenguaje de los animales, y amarán y respetarán a la naturaleza, pues ahora esos animalillos se comunican con los humanos, mas no les entienden porque sordos y ciegos están para una realidad superior. El ser humano se encuentra ahora atrapado por las pasiones, la avaricia, la ambición y la venganza... caminos equivocados que son como espejismos.

Y de repente en medio de aquel diálogo, veo una lagartija que se arrastra, y mi amigo me dice:

¾ Lagartija e infrasexo son la misma cosa, los dos se arrastran y el infrasexo es la misma degeneración humana. Y ay del que cayera en el infrasexo; pero tened cuidado, porque algunos infrasexuales vienen a este mundo a pagar con lágrimas y dolor el tremendo daño, la soberbia y sus pecados contra natura de pasadas vidas, y aquellos tal vez tengan perdón, pero no aquellos que por su propia voluntad siguen el camino desviando a otros. En épocas y encarnaciones pasadas fueron soberbios, personas que siendo ricas y poderosas nunca tuvieron compasión de los dolientes, personas muriendo de hambre y necesidad, mientras que aquellos acumulaban más riquezas y más poder hastiándose de comodidad y buenas comidas y mirando con desdén a los que sufren. Comerciantes poniendo precio al hambre de los pueblos, poderosos que se autonombran defensores de los derechos de los pobres y en lugar de procurar el bienestar a aquellos dolientes trabajan en su propio bienestar y sólo luchan para obtener poder y más poder. ¿Es eso preocuparse por los que necesitan? Por eso la Madre Divina llora, porque las multitudes sufren, porque unos pocos entienden su mensaje y las multitudes sordas y ciegas están.

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