Capítulo XII

 

 

 

Tendencias humanas.

 

 

 

En una ocasión, desde muy temprano me había levantado con el pensamiento fijo en aquel hermano cuya voz muchas veces me acompañaba en mis viajes astrales y esperaba con ansia llegara la noche para ver si la gran Ley universal me concedía uno de aquellos grandiosos regalos.

Llegó la noche, me acosté desde temprano y cuando todo quedó en silencio, volví a escuchar aquella voz tan conocida que me dijo:

¾ ¿Estás listo para salir?

¾¾ contesté al instante.

Esta vez no me llevó a lugares elevados y hermosos como ya era costumbre, fui llevado a una casa material muy elegante; todo era lujo y riqueza, automóviles lujosos, una casa preciosa, hermosos pájaros de distintas razas cantaban y alegraban aquella mansión. Llegó el chofer, sacó una elegante maleta y la guardó en la cajuela de un automóvil, luego regresó y esperó en el pórtico al dueño de aquella mansión.

Después de un rato salió de una habitación un estrafalario ser mitad hombre y mitad mujer. Gestos y ademanes de mujer aunque con cuerpo de varón; abordó aquel coche y al poco rato llegaron a un elegante hospital. Todo estaba preparado. Los médicos aseguraban que no habría ningún riesgo y que la operación tenía que ser un éxito total.

Después de administrarle algunos medicamentos, aquel ser cayó en un pesado sopor; al instante su espíritu se desprendió de sus carnes; aquel espíritu estaba confundido, con las manos cubría su cabeza, por momentos sollozaba, luego reía y luego el remordimiento y la desesperación lo atormentaban. Todas esas emociones volvían a repetirse y al parecer aquel espíritu más y más se confundía; luego quedaba como fuera de sí, como pensando cosas muy vagas mientras los médicos maniobraban quitándole sus órganos masculinos e implantándole otros aparentemente femeninos...

Después de mucho rato, aquel ser se recuperaba en una sala en donde permanecía solo; ninguno de sus familiares o amigos había acudido a prodigarle algún cariño. Aquel ser se sentía deprimido. Al parecer aquella operación había sido todo un éxito y aquel ser que antes era varón, ahora era "mujer".

¾ ¡No, no te engañes! ¾ Me dijo mi amigo¾ Observa con cuidado y te darás cuenta de la realidad.

Entonces de repente su cuerpo se volvía transparente y aparecía totalmente masculino con todos sus órganos. No, en el etéreo no había nada que hubiera perdido, allí permanecían sus órganos masculinos. Aquel paciente se revolvía inquieto en su cama e inconscientemente se tocaba aquel lugar en donde estaban aquellos órganos perdidos. Estaba semidormido y se tocaba allí como si realmente nada hubiera cambiado, pero, por momentos por encima de aquellas gasas se tocaba y percibía aquel monstruoso cambio. A veces reía complacido y satisfecho y luego rompía en amargo llanto.

¾ ¿Qué significa esto? ¾ Pregunté a mi amigo.

¾ Espera, que todavía no has visto nada.

Se presentó un doctor y le preguntó al paciente:

¾ ¿Se siente usted bien?

El paciente no contestó; echó a reír y aquella risa, aquellas carcajadas eran amargas expresiones de dolor... pero no era dolor físico, era un dolor que le salía del alma.

El doctor comprendió lo que pasaba y agregó:

¾ En unos instantes vendrá el psiquiatra y platicará con usted.

Y dando media vuelta abandonó el lugar.

Unos momentos más tarde se presentó otro médico; era el psiquiatra, y empezó así:

¾ Esto que le pasa es el proceso normal. Necesitamos que ponga todo de su parte para irlo adaptando a su nueva personalidad.

¾ ¿Personalidad? ¾ Preguntó el paciente.

¾ Sí, recuerde la preparación que le hicimos; nosotros le dijimos claramente que el cambio no es un juego, es definitivo y necesita irse acostumbrando al cambio.

El paciente sonrió y dijo:

¾ Bueno, al fin ya soy lo que siempre quise ser.

Miraba en el espejo sus carnes y por momentos sonreía satisfecho de aquella acción, pero luego rompía en amargo llanto.

Así pasaron algunos días y lejos de irse acostumbrando, poco a poco le fue dominando un siniestro sentimiento de acabar con su existencia. Poco a poco había llegado a odiar aquel cuerpo que en sueños él sentía completo y con sus atributos de varón. Luego se reprochaba a sí mismo diciendo: ¿De qué ha servido todo esto? Ahora soy más desdichado que antes.

Aquello era un tormento que poco a poco fue acabando con su salud. Médicos, psiquiatras, medicinas, atenciones... pero nada de eso servía, pues aquel problema era del alma, no era del cuerpo físico.

Pregunté a mi amigo:

¾ Si su cuerpo está en perfectas condiciones, entonces, ¿por qué se siente enfermo?

¾ Es un proceso de autodestrucción, pues ha violado leyes eternas. Pero espera, para que continúes analizando.

Aquel pobre ser lloraba desesperadamente; se tocaba su cuerpo ahora transformado en mujer y un sordo y potente sentimiento de culpa lo hacía sufrir. Tomaba desesperadamente los medicamentos que le había recetado su psiquiatra pero todo era inútil, los medicamentos sólo atontaban su cerebro y aquello que sentía en lo más profundo de su alma lo hacía padecer.

Quise preguntar algo pero mi amigo me calló:

¾ ¡Silencio! Continúa observando.

Entonces aquello que observaba cambió rápidamente. Apareció un niño pequeño que vagaba por una calle muy antigua de una ciudad muy vieja. Aquel niño era huérfano, como de siete años de edad, vestido con andrajos, de aspecto raquítico, que había tocado para pedir un mendrugo de pan en una casona; allí le dieron alojamiento y allí creció y se hizo hombre. En ese mismo lugar fue privado de su hombría y presentado ante el rey, el cual lo aceptó en su estado de eunuco y fue obligado a cuidar a las concubinas de aquel malicioso rey.

Aquel ser luego encontraría la forma de vengarse de su infortunio.

En el grupo de concubinas dedicadas a complacer en todo al rey, un día comentaron que el perverso verdugo había caído enfermo y no había quien hiciera el "trabajo" de privar de su hombría a un prisionero. El eunuco se presentó ante el rey y pidió hacer aquel vil y monstruoso servicio a cambio de su libertad.

Aquel asunto parecía sencillísimo, pues los prisioneros eran seres desprovistos de toda consideración y su sufrimiento a nadie importaba. Así que se procedió a la salvaje "operación". Su víctima gritaba y lloraba y en su desesperación se había desgarrado muñecas y tobillos con las fuertes cuerdas con que estaba amarrado. Aquel pobre ser no soportó y quedó desmayado; en cuanto despertó, crueles dolores le desgarraban el alma; las heridas se le infectaron y el cruel "médico" le echaba sal y los dolores eran más intensos.

Pasó el tiempo y poco a poco aquel desdichado sanó de las heridas físicas, pero las heridas del alma nunca sanaron. Luego pasó a ocupar el lugar de su perverso verdugo cuidando a las concubinas del rey. Aquel infeliz miraba a aquellas hermosas mujeres, se desesperaba y su impotencia lo hacía llorar. Así pasaron los años y nunca volvió a sonreír... en el fondo de su alma guardaba la tristeza que arrastraba en aquella desdichada existencia.

Pero, ¿qué había pasado con aquel médico improvisado? Con aquella acción había buscado el favor de aquel soberano y terminó por convertirse en el castrador oficial del reino después de la muerte del antiguo verdugo. Se había vuelto salvaje y feroz; nunca se le escapó ningún prisionero y aquel ser continuó practicando aquel trabajo inhumano y cruel hasta que llegó el último instante de su vida. La parca se presentó y cortó el hilo de su existencia.

Su propia conciencia con crudeza le hizo ver todas sus malas acciones. Aquel ser palideció y se sintió avergonzado cuando su propia conciencia le hizo ver lo ruin y mezquino de aquellas prácticas. Entonces gritó que no era culpable, porque en esa forma, "decentemente" se había ganado el pan de cada día. Se presentaron los ángeles de la ley y revisaron sus pies encontrando las marcas de tantos errores cometidos en esa y en otras encarnaciones. Unánimemente todos los ángeles y su propia conciencia dijeron: ¡Culpable! E hicieron que contemplara aquel fardo pesado de culpas que aparecía en sus espaldas.

Aquel desdichado se desesperaba, lloraba, reía, pero todo fue en vano. Entonces pasaron ante su vista eterna con todo detalle todas y cada una de sus encarnaciones pasadas. Volvió a ver como siempre lo había hecho al término de cada existencia física cuántos horrores y cuántos errores había cometido en todas sus vidas... Había privado a sus víctimas del derecho a ser hombres libres, del derecho de poder procrear y tener como compañera a una dulce y tierna mujer que con sus mimos les hicieran olvidar las penas de la vida; del derecho de ser hombres, de ese derecho sagrado que les da el divino creador.

Luego todo quedó en silencio y aquel culpable gritó con todas sus fuerzas:

¾ ¡Tengo algo a mi favor!

Todos los presentes esperaron que hablara:

¾ ¡Yo también fui privado de mi hombría y eso habla a mi favor!

¾ Tienes mucha razón ¾ dijo uno de aquellos ángeles de la ley¾ , ese acto contra tu ser habla a tu favor; pero mira, son más tus errores que aquello que puedas alegar a tu favor; como puedes ver, la balanza se inclina y son más tus faltas que tus buenas obras.

Entonces apareció una balanza muy antigua en donde fueron depositadas sus buenas y sus malas obras y definitivamente era mayor el peso de las malas acciones.

La conciencia de aquel ser declaró:

¾ Debo aceptar que eres culpable y que no tienes perdón.

El ángel guardián de aquel infeliz ser se acercó y le susurró al oído:

¾ Pídele perdón al gran creador del universo.

Eso fue todo y se retiró.

Aquel ser estuvo pensando hasta que al fin humildemente suplicó a nuestro señor Jesucristo:

¾ Perdón...

Y pidió clemencia por tantas ofensas; por tantos crímenes. Se presentó el Maestro Jesús; levantó al culpable, le perdonó todo y le dijo:

¾ Mi niño, no vuelvas a pecar.

Y con su manto secó sus lágrimas dulcemente. Al contacto de tan majestuoso ser, aquel culpable se estremeció y juró no volver a cometer aquellos crímenes.

Entonces aparecieron ante todos los presentes unos extraños símbolos que parecían letras desconocidas; aquel ser estuvo contemplando los símbolos sin entender su significado, luego, maravillosamente junto a cada símbolo aparecieron unas letras que se fueron acercando y formando palabras y apareció el significado de cada símbolo: Los pecados que no son perdonados: Dar muerte a los semejantes, el aborto y la perversión de los inocentes, pues estos pecados son graves ofensas al Espíritu Santo.

Se presentaron dos ángeles de alas doradas y se llevaron a aquel ser; luego en medio de una neblina dorada fue desapareciendo el Maestro Jesús. Enseguida, uno a uno, todos los ángeles de la ley fueron desapareciendo y todo quedó en silencio.

Después de todo esto pregunté a mi amigo:

¾ De acuerdo a lo que he visto, ¿cómo ha podido entonces transformarse aquel cruel individuo en este ser que ha sido mutilado y que quiere ser mujer?

¾ Todo es muy sencillo, como te darás cuenta, aquella fue su última encarnación y vivió mutilado mucho tiempo; así que durante ese tiempo fue desarrollando tendencias y fue alimentando un odio feroz y gozaba haciendo sufrir a sus víctimas; ahora esas mismas tendencias se reflejan poderosamente en esta existencia, por eso llegó a esa fatal determinación, quitarse sus órganos masculinos con los que el Creador le había provisto rebelándose a su destino y a los designios del Todopoderoso. Rechazó la oportunidad de enmendar sus errores y pagar con la bendita moneda del amor lo que había destruido; por eso ahora sufre intensamente porque su conciencia le reprocha y le hace ver duramente el error en el que nuevamente cayó. ¿Me explico?

¾ ¡Cuántos errores cometemos! Errores tan grandes que es imposible ponerles remedio.

Mi amigo me escuchaba en silencio y yo dije:

¾ Pido se me permita saber lo que sucedió con aquel pobre ser al que le echaban sal en sus heridas.

¾ Acostúmbrate a pedir con humildad a la gran Ley divina y si la ley te lo concede, entonces debes dar las gracias.

Entonces apareció ante mi vista aquel pobre ser que también había sido mutilado. Había sido llevado a ocupar el lugar del eunuco muerto, su cruel verdugo; allí veía a aquellas hermosas mujeres, las concubinas del malicioso rey. Su impotencia lo hacía llorar y así se enamoraba de una y otra, pues a cual más, todas eran bellas...

Pasaron los años y aquel infeliz vivía su edad madura y nunca había perdido la atracción por las mujeres; las deseaba, pero era imposible convivir con tan siquiera una de aquellas damiselas. Un mal día trajeron a una joven que lloraba su desgracia, pues no aceptaba el destino que el cruel rey había dispuesto para ella. Un criado entró anunciando la llegada del rey y aquella hermosa joven corrió a refugiarse en los brazos del eunuco sollozando. El sólo contacto de aquella tibia piel hizo que el hombre que llevaba dentro aflorara en toda su intensidad... gozó el perfume de aquellas finas ropas, se deleitó con aquella virgen que lo abrazaba y dejó que sus sueños guardados por tanto tiempo se desbordaran... quiso entregarle un beso pero, a un grito del rey, dos guardias corrieron y lo hicieron preso. Aquel pobre infeliz aún sumido en aquel delicioso sueño no quiso despertar y fue llevado al patio principal en donde fue ejecutado. Así desencarnado vagó entre aquellas hermosas mujeres por mucho tiempo hasta que la ley dispuso que volviera a encarnar nuevamente en el mundo.

Nació de nuevo y se convirtió en un niño que creció y ya hecho un hombre volvió a aflorar en él el normal deseo por las mujeres. Vivió una larga vida, amó a las mujeres y ellas lo amaron; la gran Ley divina en esa forma le recompensaba su infortunio pasado.

En cambio, aquel pobre desgraciado continuaba con sus sentimientos de culpa, con aquella impotencia, con aquel fatal deseo de acabar con su existencia.

¿De qué había servido aquella operación, si veía su cuerpo mutilado grotescamente y aquello lo hacía sufrir? Si sentía muy dentro de sí mismo el grito de su propia conciencia y esto lo desquiciaba, lo atormentaba y a cada momento veía que se abría un pozo profundo y negro presto a devorarlo.

Con razón el divino Maestro nos decía frecuentemente la necesidad de hablar a los pobres que están a punto de quitarse la existencia. Cuánta sabiduría tienen las palabras del bienamado Jesús y cuánta la ignorancia de nosotros los seres humanos.

Entonces mi amigo me dijo:

¾ Recuerda que Sodoma y Gomorra viven nuevamente en el mundo y tienes el deber de hablar para que se ponga remedio a este mal; pues así como hay miles de hombres rechazados y condenados por la humanidad por padecer este terrible mal que es la homosexualidad, así también hay muchas mujeres que padecen de lo mismo. Y todo mundo se pregunta: ¿De dónde viene? ¿De dónde procede? ¿En dónde radicó la falla? ¿Cómo se presentó el desajuste? ¿Serán los genes? ¿Será la sangre? ¿Será el destino? ¡No, mi hermano! La verdad está en las tendencias adquiridas durante cada encarnación y allí entra la ley de causa-efecto-compensación. Mueren, se van, pero retornan con las mismas tendencias, con los mismos apetitos, con los mismos gustos, con las mismas inclinaciones.

¾ Pero, yo creía que eso que pasa con esas personas son disposiciones de la Ley o fallas de la naturaleza.

¾ No, mi hermano, cada ser tiene voluntad y pensamiento que le son propios y cada cual marca su destino, sigue sus tendencias libremente llegando al error y como tú mismo has comprendido, hay errores a los que ya no se les puede dar marcha atrás.

Ya no supe qué contestar, me sentí tan pequeñito, tan indigno de recibir aquellas lecciones que sentí ganas de llorar al sentir en mi corazón la grandeza de nuestro divino creador.

Mi amigo guardó silencio; pues estoy seguro que aunque yo no lo veía, él sí me observaba. Yo quería seguir preguntando y me detuve, quería que las lágrimas se derramaran libremente... ahora sentía el verdadero amor divino, un amor desconocido en el mundo.

La voz de mi amigo se dejó escuchar:

¾ La ley del Padre es tan perfecta que en cada encarnación las víctimas de los asesinos están tan cerca de ellos, pero todos están ciegos y no comprenden ni alcanzan a ver que aquellas víctimas son las mismas de ayer y vienen a cobrar lo que se les debe. Dios es el amor universal y si cada uno de ustedes llevara en su corazón el verdadero amor, ninguno se equivocaría y alcanzarían a ver cuán fácil es liquidar sus deudas pasadas. Las naciones enteras serán juzgadas, los individuos como personas serán juzgados, los pueblos serán juzgados porque nadie es capaz de perdonar ni de amar verdaderamente. La ley divina les da la oportunidad de liquidar sus deudas con amor también a los países como conjunto, ya que en tu mundo hay mucha necesidad, pues pueblos enteros padecen gravemente de hambre y los países ricos nada hacen por remediar ese dolor, primero están sus intereses egoístas. ¿No te has dado cuenta que mi Padre en muchas partes del globo da a manos llenas el sustento y todo es acaparado por el más fuerte? ¿Cómo es posible que aún en este tiempo en que se acerca el final de todo, pueda continuar una situación así? ¿Por qué no se distribuye equitativamente lo que produce la naturaleza? ¿Por qué no se tratan todos los seres humanos como verdaderos hermanos? Si todo lo ha hecho el Excelso Padre en beneficio de todos sus hijos... Si todo lo entrega mi Padre para que por igual todos sus hijos disfruten de todo, ¿por qué no se trabaja con ahínco en beneficio de todos? ¿Hasta cuándo, hasta cuándo dejaran de ser los mismos mentirosos, egoístas y vengativos? Como alumno que estás aprendiendo lecciones, necesitas un buen jalón de orejas para que entiendas que de una vez por todas debes despojarte de ese fardo pesado de culpas que llevas arrastrando, pues ya es tiempo de que salgas de la oscuridad y la mentira para que vivas dentro de la verdad y la luz; con el amor dentro de ti es imposible que te equivoques, no veas la mancha del hermano, no vaya a ser que la mancha tuya sea más negra que la de tu hermano.

Ahora sí sentí un nudo en la garganta y grité:

¾ Todas estas palabras, todos estos consejos, estas reglas morales me recuerdan las palabras de ¡Jesús de Nazaret! Entonces ¡Tú no eres una simple voz! ¡Eres .....!

La voz calló. Todo quedó en silencio. Algo muy grande se movía en mi pecho, quise decir su nombre pero aquella voz continuó diciendo:

¾ Niño, niño, mi niño amado, para mí todos son mis pequeñitos y necesario es que venga a sacudirles para que despierten; a todos les amo por igual, yo amo al que ha caído y al que se ha levantado, yo no vengo a marcarte en tus errores, vengo a esclarecer tus dudas para que puedas librarte de tus males, yo no soy el juez severo que viene a condenarte, te traigo el despertar para que seas libre, porque te he dicho mil veces: la verdad te hará libre. Quiero la regeneración del hombre, no su perdición.

Mi entusiasmo no se agotaba... varias veces por semana visitaba a aquella venerable anciana Chelo, que muchas veces se ponía a platicar con nosotros de tantas cosas importantes. Nos decía que tenía la intención de ir a conocer las ruinas de nuestros antepasados los mayas, los aztecas, que ella había soñado que después de conocer aquellas ruinas sería "levantada", no comprendí aquella palabra y le pedí me aclarara lo que quería decir aquello. Chelo sonrió y a su vez me preguntó:

¾ ¿Sigues teniendo viajes por las noches, hijo?

¾¾ contesté con gran alborozo.

¾ ¡Desmaterialízate! Deja todo, porque todo en el mundo se queda; desnudos venimos y así tenemos que irnos, ¿no te parece?

Yo continuaba escuchando con respeto y mucha dedicación aquellas divinas palabras de Jesús a través de labios y cerebro humanos. Trataba de compartir con mis familiares y amigos aquello tan fabuloso que estaba viviendo, pero la mayoría únicamente se burlaba de mí...

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