Capítulo X
Sí hay Vida después de la Muerte.
Fui conducido hasta un sitio que por fuera se veía como una casa común y corriente, pero por dentro había risas y un desenfreno total: hombres con hombres y mujeres con mujeres, una pista de baile, vicios, drogas, mentes desquiciadas, música estridente... y luego, un silencio total.
Enseguida veo a un hombre y a una mujer asistiendo a un moribundo; y llega el instante final. Aquel ser se desprende de su cuerpo físico, ocasión aprovechada por la pareja para despojarle de monedas, joyas y todo lo que de valor encuentran. El espíritu desencarnado parece estar consciente, se encuentra como adormecido pero realmente no es así. Ve como entre sueños su propio sepelio pero él se siente vivo, no puede creer que está muerto.
Luego aquel hombre-mujer ya desprendido de su cuerpo físico creyendo que todavía vive en el mundo material se aferra y sólo él vuelve a escuchar aquella música y vuelve a sentir aquellas presencias que le acompañaron... vuelve a vivir como estuvo acostumbrado, pero sólo él lo vive; sin embargo, aquella casa en lo físico está abandonada y así permanece por muchos meses. Luego, cuando al fin se abren nuevamente sus puertas, todos los que entran en la casa perciben al instante una corriente de aire helado y sienten una presencia.
Un niño de escasos tres años exclama:
¾ ¡Ah, mírenlo con su peluca de mujer!
Otro dice:
¾ Me pareció ver a alguien que se metió al baño...
Una persona más aseguró que sintió que desde la recámara alguien lo veía con dureza.
Ahora pasemos a otra vivencia más:
Veo un sepelio muy triste. Familiares y amigos llorando y lamentando la pérdida del ser que se fue; una misa muy emotiva, coronas de flores, muchas flores... y a la hora final, al último instante, familiares que se desmayan porque no soportan la pérdida irreparable.
El nieto más pequeño, un niño de cinco años esa misma noche, a las once de la noche, se revuelve en la cama, gime, quiere despertar pero no puede; al fin, haciendo un esfuerzo despierta llorando y dice:
¾ ¡Allí, allí está mi abuelito!
Los padres del pequeño sienten un escalofrío y se les paran los pelos de punta.
¾ ¿Qué dices? ¿Qué estabas soñando? ¾ Preguntó la mamá.
¾ ¡Es mi abuelito! ¡Allí está!
Señalando un rincón de la habitación y abriendo tremendos ojos vuelve a decir que está viendo a su abuelito. Ahora el papá del niño le pregunta:
¾ ¿Y qué te dice tu abuelito?
El niño entre sollozos habla:
¾ Me dice que me compren una medallita de cristo rey y me la pongan en el cuello colgada de un listón.
Difícilmente pueden dormir aquellas personas esa noche.
Pero, ¿realmente se ha ido el abuelito? Lo dudo mucho, porque después de unos días otro familiar ha declarado que también lo ha estado soñando, y luego otro y otro más. La esposa dice que a cada noche siente su presencia; ha sentido que alguien llega y se mete en la cama.
En otra oportunidad, vuelvo a viajar:
Es un gran campo santo o cementerio. Es medianoche y veo dos discos voladores enormes. Allí permanecen estáticos en la atmósfera emitiendo muchos rayos de luces directamente al cementerio. ¿Qué buscan? ¿qué hacen? ¿qué les llama la atención? Todas estas preguntas vienen a mi interior y nadie me contesta. Por lo visto mi amigo no está cerca de mí en esta ocasión porque sólo reina el silencio.
De pronto me veo cerca de una de aquellas naves; tienen un gran domo circular de color plateado brillante, dentro del domo transparente hay tres hombres con trajes plateados acomodados en sillones metálicos observando con detenimiento unos grandes cristales en donde son proyectados paisajes, casas, escenas de familias, etc. Aquel disco tiene por debajo algo parecido a un gran diamante que por momentos brilla y luego se vuelve oscuro; es un aparato que capta muchas escenas. Alrededor de aquel diamante hay muchas aberturas circulares por donde salen rayos de luz, y aquella maravillosa luz capta escenas también.
Los rayos de luz que emite la nave captan físicamente todo lo que contiene aquel cementerio. Pero aquel diamante está captando en otras dimensiones y aquellos tres personajes están observando a muchos seres humanos ya desencarnados que permanecen allí.
Aquellos rayos son capaces de captar diversos grados de vibraciones que emite la materia: piedras, tierra, materia en descomposición y transformación; todo es captado y registrado quedando grabado en aquellos cristales. Y aquel diamante capta a los humanos desencarnados que por medio de ondas telepáticas son interrogados.
Veo que un hombre desencarnado, delgado y pálido es interrogado, y puedo captar claramente aquella conversación:
¾ ¿Cómo te llamas?
Aquel espíritu no contesta.
¾ ¿Por qué te encuentras en este lugar?
¾ Porque aquí vivo.
¾ ¿No te parece desagradable este lugar? ¿No te gustaría vivir en otro lugar más agradable?
No contesta.
¾ Pero dime, ¿te gusta vivir aquí?
¾ Cómo no ha de gustarme, si aquí tengo todo lo que poseo.
Y haciendo un ademán, el desencarnado muestra dinero en abundancia y propiedades. Aquella voz que le interroga le dice:
¾ ¿No te das cuenta que esto ya no existe? ¿No te das cuenta que tú ya no vives en tu carne física y todo esto es sólo un espejismo? Todo lo ha creado tu mente, pero ya no existe para ti.
¾ ¡No, no me digas eso! Porque yo viviré junto a mis riquezas todo el tiempo que yo quiera.
Luego desaparece aquel ser.
Así, aquella máquina capta a muchos seres con distintas tendencias materiales: el político engañando a las multitudes; el ratero robando; la prostituta pecando; la cocinera cocinando; el avaro contando y cuidando su dinero; el matón tirando balazos; el drogadicto tirado, abandonado y sufriendo la tortura del cruel vicio; el pobre lamentando su mala suerte; el religioso orando...
Luego estoy observando algo muy curioso: una joven madre desencarnada allí en aquel panteón relatando a la voz que le interroga:
¾ Tengo dos pequeñas hijas que están al cuidado de mi marido; él sale a trabajar dejándolas en la guardería, mi esposo sufre y yo sufro más cuando lloran mis niñas; no me puedo alejar de aquí porque al mismo tiempo estoy en mi casa cuidando a mi familia... No, no es agradable estar en este sitio de lágrimas y dolor, pero también de soledad.
Al estar narrando todo aquello, como por encanto, aquella máquina portentosa está registrando escenas, lugares, personas; se ve aquella casa, el esposo y las dos niñas; luego el hombre trabajando; las niñas en la guardería. ¿Cómo es posible? ¿Qué tecnología están usando estas personas tan adelantadas? ¡Esto no puede ser! Pero aquella máquina sigue grabando otras escenas tan reales... Todo es verdad. Entonces la voz le pregunta a aquella joven madre:
¾ ¿Te gustaría estar en otro lugar mejor que éste?
Ella contesta:
¾ Frecuentemente allá muy lejos veo un jardín en donde hay finas y olorosas flores, me acerco y he visto a Cristo Jesús y me da su mano, siento una gran felicidad, pero es más fuerte el dolor que siento al abandonar a mi familia.
¾ Pero ya nada puedes hacer por ayudarles y estar con ellos; ellos tienen que seguir con su destino en el plano material, decídete y sigue a Jesús.
Aquella buena madre solloza y de pronto la veo que se acerca a sus dos pequeñas depositando un beso en sus frentecitas; las dos niñas sonríen dulcemente; el esposo está dormido soñando con su adorada esposa, ve que se acerca y los dos se funden en un interminable abrazo; llega el momento de la despedida... el marido llora, y ella se aleja serenamente. De pronto aparece Jesús y le da la mano a aquella buena mujer y desaparecen. Todo ha quedado grabado en la máquina de aquellos seres de otro mundo.
Luego cesan aquellas luces. El diamante tampoco emite luces; todo vuelve a quedar como antes y las dos naves se alejan silenciosamente. Primero lentamente y luego acelerando tremendamente desaparecen del espacio infinito.
Yo me quedo pasmado y mil preguntas se revuelven dentro de mí. Entonces interviene mi amigo y me dice:
¾ De acuerdo a la intensidad del apego de cada ser en el plano material, es más largo o más corto el tiempo que permanecen allí anclados sin progresar, sin pasar a otra dimensión. Se estacionan allí en la cuarta dimensión. Pero no permanecerán eternamente, pues, te repito, de ellos mismos depende salir de ese estado mental-dimensional.
¾ ¿De dónde provienen los seres de las naves?
¾ Hasta este momento muchos en tu planeta niegan que pueda haber vida en otros mundos, pero, los mundos, los planetas habitados en la inmensidad del cosmos son como las arenas de los mares. Es tan grandiosa la creación del ser omnipotente, que los humanos al no concebir tanta grandeza prefieren negar lo que no alcanzan a comprender.
¾ Pero, ¿qué es lo que hacían los seres en ese panteón? ¿Qué buscaban? ¿O es acaso que sólo estaban curioseando?
¾ No; te hemos dicho que la muerte no existe, que todo en el cosmos es relativo y estos seres de otro mundo han venido al tuyo en plan de estudios, pues ya tenían referencias de que aquí desconocen muchas de las verdades cósmicas y para ellos este asunto de los panteones y de los seres humanos desencarnados y estacionados en este plano les ha parecido muy interesante. Es por eso que como acabas de observar, dialogaron con varios de ellos y les hicieron ver la necesidad de continuar evolucionando en los planos superiores, pues como te has dado cuenta, ya no tiene objeto seguir creyendo que aún viven en el plano físico. ¿Me explico?
Y continuó mi amigo diciéndome:
¾ En el mundo de esos viajeros del tiempo y el espacio, el final, la despedida, la muerte, el viaje, o como quieras llamarle, ya no se toma en sentido trágico como están acostumbrados ustedes en la tierra; para ellos es tan sólo un paso necesario; pasan del plano físico a las dimensiones superiores y retornan con nuevos cuerpos físicos y continúan con su plan de estudios siempre evolucionando.
La voz guardó silencio mientras yo me encontraba sumido en mis pensamientos, pues muchas preguntas tenía que hacer, pero de momento rechazaba aquello de que la muerte no existe.
Luego mi amigo me preguntó amablemente:
¾ ¿Te gustaría comprobar en otro plano lo que te acabo de explicar?
¾ Sí.
Salimos de aquel lugar y al instante estábamos suspendidos en medio del espacio sideral... Volví a ver millones de lucesitas de colores y volvimos a estar de pronto junto a un grupo de ángeles con cabello y alas doradas y vestidos con ropajes vaporosos de distintos colores.
Mi querido maestro tomó la palabra:
¾ Primero tenemos que pedir permiso y si la gran Ley te lo concede, entonces nos trasladaremos a uno de aquellos mundos más evolucionados.
Rogué a mi amigo indicarme la forma de pedir el permiso. Y de pronto, vi a un ángel en medio de aquel maravilloso espacio hincado y con sus dos manos unidas cerca de la barbilla.
Yo hice lo que veía, me hinqué y adopté la misma posición, luego elevé la mirada y rogué a Dios todopoderoso me concediera la entrada a uno de aquellos mundos superiores del cosmos.
Así estuve un buen rato en aquella posición. Luego sentí que alguien me tomaba de la mano y volábamos muy lejos de donde nos encontrábamos.
Allá muy lejos contemplé un mundo de color verde; rápidamente nos acercamos a un inmenso valle lleno de vegetación, seguimos acercándonos y pronto estábamos junto a un grupo de gentes de estatura muy alta, fácilmente rebasaban los dos metros de altura, aquellos seres humanos vestían ropas de distintos colores y estilos, en nada se diferenciaban a los humanos de la Tierra, salvo que todos ellos eran de piel muy clara, tenían el cabello y los ojos de un negro profundo y hablaban un lenguaje que a mí me pareció muy simple, no había palabras demasiado elaboradas y todo lo entendía perfectamente.
Así permanecí observándolos por un buen rato hasta que noté que uno de ellos me observaba. Pero, ¿cómo es posible? Me pregunté a mí mismo, si muchas veces yo mismo estando fuera de mi físico no puedo siquiera; entonces, ¿cómo es que ese ser me está observando?
Aquel hombre se dirigió a la muchedumbre que estaba reunida allí, todos voltearon hacia donde yo estaba, pero, indudablemente también a mi amigo lo veían, pues el que parecía ser el jefe, sacó de entre sus ropajes un pequeño aparato en forma de una cajita cuadrada en donde había muchos botoncitos y accionando uno, al instante aquellos botones empezaron a girar y luego a iluminarse.
¾ Y bien, ¿a qué debemos el motivo de tu visita? ¾ Preguntó el jefe.
Mi amigo contestó:
¾ La gran Ley universal nos ha concedido permiso para visitar este mundo; el hermano que está aquí presente es un estudiante del planeta Tierra y solicitó venir en plan de investigación, venerable maestro.
Yo nunca había escuchado a mi amigo dirigirse en tal manera a otras personas y me quedé extrañado. El maestro contestó:
¾ Este humilde siervo del Señor les da la bienvenida y se pone a su servicio en lo que ustedes puedan necesitar.
Enseguida accionó otros botones de aquella cajita dirigiéndola hacia mí y dijo:
¾ Tenemos el deber de registrar a cada uno de nuestros visitantes.
Al instante apareció entre aquel maestro y yo a una distancia de más o menos dos metros, algo así como una silueta luminosa de muchos colores demasiado parecida a mi cuerpo físico y a un lado todos mis datos: nombre, país de origen, mundo de procedencia, galaxia, universo, edad, color de piel, ojos, etc.
Todos los datos habían quedado en aquella imagen. Luego accionó otros botones que volvieron a emitir muchas lucesitas de colores y agregó:
¾ Tenemos tus registros y aquí quedarán.
Con el deseo muy íntimo de conocer a mi misterioso amigo le pregunté al maestro atrevidamente:
¾ ¿Y a mi acompañante no lo registrarán?
¾ No es necesario, pues él también es siervo del Señor.
Entonces sin medir consecuencias le dije al maestro:
¾ Desearía conocerlo y verlo como yo me he visto mediante vuestro instrumento.
El maestro sonrió y movió la cabeza. Accionó nuevamente aquellos botones y apareció ante mi vista una efigie humana con colores muy intensos, yo esperaba ver su cara y conocerlo pero... nada de eso, sólo aquella efigie luminosa.
¾ ¿Conforme?
¾ ¿Cómo es posible que usted se dirija a nosotros en perfecto español?
¾ Desde que ustedes llegaron a nuestro mundo nos preparamos para recibirlos hablando tu propio idioma, pues tenemos instrumentos que nos permiten entender y hablar diversos idiomas; pero como te lo habrán explicado ya en tu mundo, estando desprendido de tu cuerpo físico no es necesario que hables o pienses en español, como todos estamos conectados a la gran Conciencia Cósmica Universal, es tan sólo desearlo y entiendes en ti mismo lo que te hablamos en el idioma universal, ¿estamos de acuerdo?
Entonces pregunté:
¾ Pero, ¿cómo supieron que vendríamos?
¾ Nuestra evolución se encuentra en un nivel superior al tuyo y nuestra sensibilidad también; aquí contamos con otros sentidos que ustedes no conocen pues en tu mundo utilizan únicamente cinco de ellos. Sabemos de antemano a qué han venido, pues tu interés por buscar la verdad te impulsa a adquirir el conocimiento acerca de la muerte, ¿verdad?
Me quedé pensativo y contesté humildemente:
¾ Es verdad, aunque no entiendo cómo hicieron para saber...
¾ No perdamos el tiempo ¾ dijo el maestro pidiendo que lo acompañara.
¾ Pero, ¿y mi amigo, qué no nos acompañará?
Mi amigo contestó al instante que no podía dejarme solo y que él también nos acompañaría, pero que por esa ocasión dejaría que aquel maestro dirigiera las lecciones.
Todos nos dirigimos rápidamente por una avenida y vi muchas hileras de casas y edificios muy bellos; en medio, un gran bulevar en donde había pequeñas plantas llenas de flores y frutos muy extraños pero muy bonitos. Llegamos a un edificio de varios pisos, era un hospital. Luego entramos a un cuarto en donde en una extraña cama reposaba un hombre muy parecido a mis acompañantes pero muy delgado y con una mirada y expresión de tranquilidad. Enseguida llegaron un hombre y una mujer acompañados de dos niños; aquel hombre les sonrió y les hizo ademán que se acercaran, todos sonreían y entablaron un diálogo, al final del cual, el hombre hizo ademán de bendecirlos, cerró los ojos y luego dejó de respirar... tuvo un leve estremecimiento y quedó rígido. Aquellos cuatro seres sin llorar permanecieron allí un rato.
Luego se presentó un hombre vestido de blanco y acercó un aparato desconocido en su pecho y luego en su cerebro y dijo a las cuatro personas que ya se había ido. Éstos se acercaron, contemplaron unos instantes a su ser querido, luego tomaron asiento y aguardaron silenciosamente. Apareció una luz azul que salía de una pared e iluminó el cadáver. Entonces, sucedió algo increíble, en medio de aquella luz empezó a dibujarse la figura transparente de aquel que había dejado su carne; el ser transparente fijó su mirada en sus cuatro familiares, movía sus labios y tal pareciera que aquellos comprendían lo que les decía... así permanecieron hasta que poco a poco fue desapareciendo aquella figura.
El hombre vestido de blanco se retiró y luego vinieron otros dos y se llevaron en una camilla el cuerpo; lo trasladaron a otra sala en donde había una máquina de un metal parecido al platino; abrieron una puerta de la cual salió una especie de camilla metálica; depositaron el cuerpo y silenciosamente la camilla entró y se cerró la puerta. Llegó otro hombre que activó unos botones que había al lado de la puertita y la máquina empezó a vibrar. Al otro lado de la máquina había dos grandes cristales en donde se veía la camilla y el cuerpo sin vida. Se proyectaron unas luces de colores que parecían tener inteligencia propia pues se movían en diferentes direcciones, luego se acercaban y se retiraban del cadáver. Después de un rato, el cuerpo empezó a desmoronarse como si estuviera hecho de polvo.
El maestro me dijo que dirigiera mi vista al techo de la cámara; allí se había formado una niebla de vapor. El guía me explicó que aquellos eran los líquidos que me preocupaban y que aquel ser había sido convertido en polvo. Luego que los vapores se condensaban convirtiéndose nuevamente en líquidos junto con el polvo, serían depositados en la tierra para que siguieran con su natural proceso de transformación.
¾ Observa con cuidado hacia el interior de la cámara ¾ me pidió el maestro.
Allí estaba el ser que acababa de desencarnar; era exactamente igual a como yo lo había visto aún en su carne material. El maestro me dijo que lo siguiera y nos dirigimos a otro salón en donde se encontraban tranquilamente sentados los cuatro seres que habían asistido a la despedida de su familiar.
El maestro entró en la habitación y yo le seguí; luego tomó asiento y recomendó a los otros cuatro que cerraran sus ojos y se prepararan. El maestro se levantó y dio ciertos pases magnéticos cerca de los ojos y la cabeza de los presentes... mientras en el centro de la habitación iba apareciendo poco a poco una luz que primero era de color blanco y luego muchos colores maravillosos.
¾ ¡Abran los ojos! ¾ Ordenó el maestro.
Y como la cosa más natural, se pusieron a contemplar aquella maravillosa luz que iba adquiriendo forma humana y quedó frente a los presentes un maravilloso ser envuelto en un vaporoso manto de color azul. Poco a poco se iba aclarando aquella figura hasta quedar totalmente la divina presencia del gran Maestro de maestros Jesucristo, el Dios del amor y del perdón, el camino, la verdad y la vida. Enseguida apareció junto a Jesús, aquel ser que acababa de desencarnar. El divino Jesús levantó su mano derecha y tocó la frente de aquel hombre. Aquel espíritu poco a poco fue desapareciendo y después de un rato desapareció también el Maestro Jesús dejando una paz y una tranquilidad indescriptibles.
Nuevamente se me permitía ver a aquel maravilloso Ser, aquellos ojos color miel, aquella tranquila mirada llena de amor.
¾ Espero que estés satisfecho y hayas asimilado la enseñanza ¾ dijo el guía.
Di gracias al Eterno y agradecí también al maestro de ese mundo y pregunté:
¾ ¿Puedo hacer una pregunta?
¾ Sí.
¾ Entonces ¿ustedes pueden comunicarse directamente con sus fallecidos?
¾ Aunque tú no estés desencarnado podemos comunicarnos contigo, ¿o no es así? Nosotros nos comunicamos con los seres queridos ya fallecidos cuantas veces queramos; así, ellos y nosotros continuamos evolucionando y aprendiendo siempre cosas nuevas.
¾ ¿Me permite usted otra pregunta?
¾ Adelante.
¾ Ese ser divino y maravilloso es Jesucristo, ¿cómo es que se manifiesta también entre ustedes?
¾ Tu pregunta es muy elemental, el Hijo de Dios es Hijo y es Dios a la vez y para Él no existen las distancias pues vive y existe en todo lugar. Él es el poder y la vida. ¿Esto te parece extraño?
¾ No; es que no esperaba esta maravillosa sorpresa.
¾ Si te preparas, aprenderás mucho más. ¿Tienes más preguntas?
¾ ¿En todo el universo tienen el convencimiento de que la muerte no existe?
¾ No en todo, todo varía en el cosmos; hay muchos mundos más atrasados que el tuyo y hay otros del mismo nivel evolutivo, así como existen otros mundos más y más evolucionados.
Mi amigo intervino en ese momento:
¾ Perdona que te interrumpa, pero debo recordarte que no debemos abusar del permiso que se te concedió.
Yo me encontraba tan a gusto en aquel mundo recibiendo aquellas lecciones, pero muy a mi pesar me despedí del maestro; lo mismo hizo mi amigo y pronto estuvimos nuevamente en otra parte del universo y mi momentánea tristeza por haber abandonado aquel mundo pronto fue olvidada al sentir cómo deliciosamente me sentía transportado en medio de aquel enjambre de lucesitas que por todos lados cintilaban.
¾ ¿Estás bien? ¾ Preguntó mi amigo.
¾ Sí, perfectamente.
Me sentía inundado de una enorme felicidad que me embargaba cuando estaba desprendido de mi físico, pues es una felicidad que no se puede comparar con nada del mundo material.